Llamada a París y Washington: Tres áreas de colaboración entre el G7 y el G20 en 2026
A París no le resultará fácil colaborar con la administración Trump, pero aún puede encontrar áreas significativas para la cooperación entre el G7 y el G20
Los responsables políticos franceses tendrán un 2026 muy ajetreado al presidir el G7. Mientras Estados Unidos asume la presidencia del G20 de manos de Sudáfrica, los funcionarios franceses se están devanando los sesos para averiguar cómo pueden colaborar con el presidente Donald Trump con el objetivo de tender puentes entre los dos grandes foros internacionales.
Teniendo en cuenta las habituales reprimendas de Trump a los aliados del G7 y la lista bastante exótica de prioridades del G20 estadounidense (desregulación, combustibles fósiles e IA), la colaboración entre París y Washington difícilmente será un camino de rosas. Sin embargo, no todo está perdido: Francia y Estados Unidos bien podrían encontrar puntos de encuentro en tres ámbitos.
1. La lucha contra los desequilibrios económicos globales
Francia ha hecho una apuesta inusualmente audaz para su presidencia del G7: tratar de movilizar a sus socios en torno al objetivo de (como mínimo) construir un diagnóstico común sobre los desequilibrios económicos globales y (idealmente) crear herramientas conjuntas para abordarlos. En términos sencillos, esto significa responder al creciente dominio global de China en la fabricación de muchos bienes de consumo.
La buena noticia es que la ambición de París podría captar la atención de Washington. La Administración Trump lleva tiempo instando a sus aliados —desde Europa hasta Japón y Australia— a adoptar políticas destinadas a empujar a Pekín hacia una economía más impulsada por el consumo. Además, abordar los desequilibrios globales encaja perfectamente con la prioridad estadounidense de fomentar la seguridad económica y el de-risking, es decir, reducir la dependencia de China para el suministro de bienes críticos.
Sin embargo, el camino práctico hacia una mayor colaboración franco-estadounidense para reducir los desequilibrios globales parece accidentado. En primer lugar, un posible acuerdo comercial entre Estados Unidos y China —por ejemplo, una reducción de los aranceles estadounidenses a las importaciones chinas a cambio de compras chinas de soja y aviones estadounidenses— haría que la prioridad francesa del G7 de abordar los desequilibrios globales se desmoronara rápidamente.
En segundo lugar, el impulso francés para afrontar estos desequilibrios podría chocar con un obstáculo estructural en Estados Unidos: cualquier intento significativo de corregirlos exigiría reducir el consumo o la inversión internos para achicar el déficit comercial estadounidense. No es un proyecto que ningún presidente estadounidense —y menos aún Donald Trump— vaya a abrazar a corto plazo.
Para mantener a Estados Unidos a bordo de sus planes para el G7, los responsables franceses podrían inspirarse en el Think7 (el grupo oficial de participación del G7 para think tanks) y centrar sus esfuerzos en dos sectores prioritarios para las iniciativas de seguridad económica de EEUU.
El primero son los semiconductores "legacy", donde China ya controla un tercio del suministro global y está aumentando rápidamente su capacidad de producción. Posibles propuestas del G7 destinadas a señalar una demanda pública de chips fabricados en el G7 podrían atraer la atención estadounidense. El segundo sector es el farmacéutico: las empresas chinas controlan aproximadamente la mitad del suministro global de algunos productos básicos prioritarios, como los precursores de antibióticos
Posibles propuestas francesas para cartografiar los cuellos de botella críticos de las cadenas de suministro farmacéuticas probablemente interesarían a Estados Unidos. Como valor añadido, estas iniciativas también podrían allanar el camino para una mayor colaboración con miembros del G20, como India.
2. Ayuda al desarrollo
El segundo posible ámbito de colaboración entre la presidencia francesa del G7 y la presidencia estadounidense del G20 es la ayuda al desarrollo. Sobre el papel, la idea puede parecer contraintuitiva: Washington ha dejado claro que ayudar a las economías en desarrollo no está entre sus prioridades (véase: las decisiones de EE. UU. de recortar los presupuestos de USAID).
Sin embargo, la última Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos dibuja un panorama más matizado. En el documento, Washington considera que las economías occidentales no tienen un plan coherente para desplegar sus vastos presupuestos de ayuda en las numerosas economías en desarrollo donde China está avanzando rápidamente. Este diagnóstico abre una estrecha vía para que Francia logre sumar a Estados Unidos a un posible impulso del G7 en materia de ayuda al desarrollo.
Para explorar esta vía, los responsables franceses podrían hacer una oferta directa a sus socios del G7: establecer un mecanismo financiero para contrarrestar la inversión china en regiones donde la huella de Pekín se está expandiendo con rapidez, como África, el Sudeste Asiático y América Latina. Para atraer a los estadounidenses, la propuesta francesa debería centrarse en sectores prioritarios para las empresas estadounidenses, como las infraestructuras 5G, la IA y los semiconductores. También podría enfocarse en reutilizar herramientas existentes (como las garantías de crédito a la exportación o los préstamos al desarrollo), en lugar de desbloquear nuevos recursos financieros.
USAID puede estar en soporte vital, pero la Casa Blanca quiere mantener algunas regiones prioritarias fuera de la órbita de China. En estos tiempos de competencia geoeconómica global, enmarcar la ayuda al desarrollo como un activo tiene más posibilidades de ser escuchado en Washington que los llamamientos tradicionales a la solidaridad.
3. Acceso a minerales críticos
El acceso a minerales críticos es un tercer ámbito para la cooperación G7-G20. Sin embargo, pese al gran interés por este asunto en todas las capitales del G7, el reto para Francia es que el enfoque estadounidense sobre el abastecimiento de minerales críticos no es precisamente colaborativo. Por el contrario, favorece acuerdos exclusivos para empresas estadounidenses, destinados únicamente a cadenas de suministro con base en Estados Unidos.
Los recientes acuerdos comerciales de Estados Unidos con Camboya y Tailandia ejemplifican esta estrategia clásica de "America First": subrayan la necesidad de que las empresas estadounidenses aseguren contratos de proveedor único (léase: excluyendo a empresas no estadounidenses) para desarrollar yacimientos de minerales críticos en estos países.
Un pacto comercial bilateral entre Estados Unidos y China complicaría aún más la ecuación francesa al conceder a las empresas estadounidenses un acceso preferente a minerales chinos y dejar al resto de países del G7 luchando por asegurar suministros.
Francia aún tiene una carta que jugar: impulsar el establecimiento de normas de producción vinculantes para los minerales críticos producidos en suelo del G7 o utilizados en cadenas de suministro con base en el G7, incluso a través de la contratación pública. Gran parte del trabajo preparatorio para este plan ya existe: las economías del G7 pidieron la creación de este tipo de normas durante la presidencia canadiense del G7 en 2025. Sin embargo, la versión de 2025 de esos planes prevé que las normas sean no vinculantes, lo que significa que tienen pocas posibilidades de aplicarse.
El reto para los responsables franceses será presentar las iniciativas del G7 no como restricciones a la libertad de acción estadounidense, sino como multiplicadores de fuerza en las competiciones geoeconómicas globales que Estados Unidos ha decidido librar.
Francia podría abordar este desafío con una propuesta para diseñar normas obligatorias para los minerales críticos que se produzcan en suelo del G7 o se utilicen en sus cadenas de suministro. Este plan, planteado por el Think7, ayudaría a tranquilizar al sector privado al garantizar que habrá demanda de minerales producidos en el G7 (y, por tanto, más caros), lo que posiblemente contribuiría a desbloquear inversiones privadas en suelo del G7.
Si esta idea gana tracción, un posible paso siguiente podría ser la creación de reservas estratégicas de minerales críticos gestionadas por el G7, basándose en los planes estadounidenses para establecer este tipo de reservas a nivel nacional. Si tales propuestas chocarían o no con el impulso desregulador de Estados Unidos, es una cuestión abierta, pero los franceses pueden considerar que merece la pena intentarlo.
Para su presidencia del G7, París no necesita que Washington lidere; solo requiere que los estadounidenses no ejerzan el veto. El desafío para los responsables franceses será presentar las iniciativas del G7 no como restricciones a la libertad de acción estadounidense, sino como multiplicadores de fuerza en competiciones globales que Estados Unidos ya ha decidido librar, y en ámbitos donde la presidencia estadounidense del G20 podría lograr avances. Si la presidencia francesa del G7 consigue esto, podría —contra todo pronóstico— encontrar un socio dispuesto en la Administración Trump.
*Este artículo fue publicado originalmente en el European Council for Foreign Relations (ECFR) por Agathe Demarais con el título original 'Call to Paris and Washington: Three areas of collaboration between the G7 and G20 in 2026'
Los responsables políticos franceses tendrán un 2026 muy ajetreado al presidir el G7. Mientras Estados Unidos asume la presidencia del G20 de manos de Sudáfrica, los funcionarios franceses se están devanando los sesos para averiguar cómo pueden colaborar con el presidente Donald Trump con el objetivo de tender puentes entre los dos grandes foros internacionales.