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Amañar las elecciones en EEUU es casi imposible. Trump quiere cambiar eso
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¿Nacionalizar el recuento?

Amañar las elecciones en EEUU es casi imposible. Trump quiere cambiar eso

Trump ha dicho que los republicanos deberían "nacionalizar" las elecciones. Pero antes hay que saber que el sistema estadounidense es tan descentralizado que son los 50 estados los que lo gestionan

Foto: Ilustración: Ainara Rúa.
Ilustración: Ainara Rúa.
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Si algo hemos aprendido de estos 12 meses de Administración Donald Trump 2.0. es que hay que tomarse en serio sus amenazas, aun cuando vengan con la capa de la mayor estupefacción e incredulidad posible. La última, un comentario sobre la necesidad de "nacionalizar" el voto en "al menos" 15 estados de EEUU.

"Los republicanos deberían decir: ‘Deberíamos tomar el control de las elecciones. (...) Los republicanos deberían nacionalizar el voto (...) Si no lo hacen, los republicanos no volverán a ganar unas elecciones", declaró en una entrevista con un podcaster de extrema derecha, Dan Bongino, director del FBI hasta su reciente renuncia. Pese al revuelo causado, no se detuvo allí, y el miércoles defendió: "Mirad algunos lugares, la terrible corrupción de las elecciones… el gobierno federal no debería permitirlo, el gobierno debería intervenir".

Por supuesto, las declaraciones de Trump no son un exabrupto aislado, sino que son parte de su estrategia general para deslegitimar tanto las elecciones que perdió en 2020 como, y esto es mucho más importante, las que están por venir: las primeras, las elecciones de medio mandato (midterms) el próximo 3 de noviembre.

Para entender el alcance de la propuesta de Trump hay que leerla en dos niveles. Primero, el ataque en sí mismo contra un elemento del sistema electoral estadounidense que hace que, paradójicamente, sea uno de los más difíciles de amañar del mundo gracias a su extrema descentralización. Segundo, la gota china; la de que cada declaración sobre la necesidad de "arreglar" el proceso electoral "corrupto", se llegue a cumplir o no, ilegal o no, le permitirá más adelante impugnar un resultado desfavorable en las elecciones. Y habrá gente que estará de acuerdo.

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Pero antes hay que comprender cómo funciona el sistema electoral en Estados Unidos. En realidad, en EEUU no existe una elección nacional única y centralizada, sino 50 procesos estatales simultáneos, gestionados de forma independiente. Cada uno con sus leyes, sus funcionarios, sus máquinas de conteo de papeletas y sus requisitos de inscripción propios para permitir el voto. Aunque genera otras disfuncionalidades, como una de las noches electorales más largas y caóticas del mundo desarrollado, actúa como cortafuegos natural. Amañar unas elecciones estadounidenses en su totalidad es una tarea logísticamente casi imposible: no hay un botón central que controlar.

Esta descentralización está garantizada en la Constitución, que apenas da al Congreso (y nada al presidente) el poder de establecer unas normas generales para los comicios, pero deja el resto en manos de los estados, condados y municipios. Viene por su precedente histórico: los estados de EEUU son previos a la formación del país, y parte de ese pacto de cesión de soberanía para convertirse "en Estados Unidos de América" fue que las particularidades de cada estado fueran respetadas, explica Barry Burden, profesor de Ciencias Políticas y director del Centro de Investigación Electoral de la Universidad de Wisconsin.

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Para "nacionalizar" (legalmente) cualquier parte del proceso sería necesaria una enmienda a la Carta Magna, algo que "es muy improbable que suceda, ya que habría resistencia incluso entre algunos republicanos del Senado, que quieren preservar ese poder estatal para organizar sus comicios", apunta por su parte Rick Hasen, autor del libro 'Election Meltdown: Dirty Tricks, Distrust, and the Threat to American Democracy' ('Colapso electoral: juego sucio, falta de confianza y la amenaza a la democracia estadounidense'), a El Confidencial.

Pero ya sabemos que Trump juega muchos pasos por delante en su estrategia y que no está pensando necesariamente en un proceso oficial y con todas las de la ley. En este contexto, el problema es que la mayoría de la gente no entiende cuál es exactamente el fraude.

"En EEUU, apenas existe el fraude de voto", sostiene Charles L. Zelden, autor de varios libros sobre elecciones en Estados Unidos. "Lo que sí hay es fraude electoral", y Trump juega con ambos conceptos.

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En su entrevista con Dan Bongino, Trump enmarca sus declaraciones sobre que los republicanos deben "controlar las elecciones" en sus ataques a los inmigrantes. Según él, los demócratas están logrando que inmigrantes no ciudadanos voten en las elecciones, y ese "fraude de voto" impedirá que los republicanos vuelvan a ganar unos comicios en EEUU.

Este tipo de fraude, por el que se producen votos ilegales vía inmigrantes, explica Zelden, es menos que anecdótico, como ha sido demostrado una y otra vez.

Por poner unos ejemplos: una auditoría del secretario de Estado de Georgia identificó que, de los 8,2 millones de personas inscritas para votar en el estado, solo 20 no eran ciudadanos, y que de esos 20, solo 9 habían intentado votar alguna vez. Según el Centro Brennan, la tasa de suplantación de identidad de votantes en persona sería del 0,00004% del total de votos emitidos, y de los 250 millones de votos emitidos por correo entre 2000 y 2020, apenas hubo 193 condenas penales.

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"Esto no significa que sea imposible manipular el resultado de una elección. Más bien, la mejor manera de manipular una elección no es mediante el fraude de voto, sino mediante el fraude electoral. El fraude electoral ocurre cuando quienes organizan y dirigen una elección manipulan el sistema para lograr los resultados deseados", continúa Zelden.

Es decir, cambiar normas estatales para dar forma a los distritos electorales y concentrar el voto a un lado u otro (el conocido proceso de gerrymandering), o para desincentivar el voto de determinados grupos sociales ampliando los requerimientos para registrarse y votar. Algo que la Administración Trump 2.0. ha tenido muy claro desde que llegó al poder y está escrito en el Proyecto 2026, pero que se ha ido acelerando en los últimos meses.

El esfuerzo extraordinario para redibujar las circunscripciones electorales comenzó en Texas, pero se ha expandido ya a los estados demócratas, como California, que este miércoles recibió el visto bueno de la Corte Suprema para reorganizar su mapa electoral de manera que la dispersión del voto republicano le favorezca. La batalla por la redistribución de distritos electorales se ha trasladado ahora a los estados de Maryland y Virginia, dominados por los demócratas, y Florida, de mayoría republicana. Las impugnaciones judiciales en curso también podrían afectar los límites de los distritos electorales del Congreso en Nueva York, Luisiana y otros lugares.

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Va más allá. La semana pasada, agentes del FBI se incautaron de papeletas y otros registros de voto de 2020 en un centro electoral del condado de Fulton (Georgia). Y en Minnesota, la fiscal general Pam Bondi envió una carta de tono intimidatorio a cargos demócratas en la que afirmaba que rebajarían las actuaciones de ICE si les entregaban los datos electorales del estado.

En realidad, el Departamento de Justicia ha demandado a casi la mitad de los estados para intentar obtener sus censos completos —con información personal sensible— con el objetivo de construir una base de datos nacional de votantes. Según The New York Times, el departamento estaría recopilando datos de más de 30 estados (incluyendo, entre otros, números de la Seguridad Social y datos de permisos de conducir) bajo el argumento de verificar si hay voto ilegal de inmigrantes indocumentados.

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"Irónicamente, todos los esfuerzos supuestamente destinados a convencer al pueblo estadounidense de que las urnas eran seguras [con reformas sobre la limitación del voto] han tenido el efecto contrario", concluye Zelden. "Convencidos de que donde hay humo debe haber fuego, quienes expresan constantemente advertencias sobre el fraude electoral parecen haber condicionado a muchos votantes, en particular a los republicanos, a esperar fraude electoral en las elecciones. Si a esto le sumamos los constantes comentarios de Trump… Es comprensible que los votantes asuman que el fraude electoral determinará el resultado de las elecciones".

Y ahí viene el segundo nivel de Trump. En el que da igual si consigue o no establecer legalmente sus reformas, pero el campo ya está sembrado para poder defender que las elecciones son fraudulentas y actuar en consecuencia. Como poco, el propio Trump ya admitió que lamentaba no haber mandado a la Guardia Nacional a hacerse con las máquinas de voto en las elecciones de 2020. ¿Sería tan extraño que considere que debe mandar a ICE, que va camino de convertirse en el mayor cuerpo paramilitar de EEUU, para "asegurar" las elecciones? ¿Cómo de libres y justas serán esas elecciones con agentes en los centros de voto?

A menor confianza en el sistema, más fácil será contestarlo cuando sea necesario.

Si algo hemos aprendido de estos 12 meses de Administración Donald Trump 2.0. es que hay que tomarse en serio sus amenazas, aun cuando vengan con la capa de la mayor estupefacción e incredulidad posible. La última, un comentario sobre la necesidad de "nacionalizar" el voto en "al menos" 15 estados de EEUU.

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