La cifra que decantará la balanza: a cuántas personas mató Irán (y las opciones de EEUU)
Irán batalla para ocultar la verdadera magnitud de la masacre: después de todo, puede ser la cifra que decante la balanza de un ataque a Irán, con Donald Trump más resuelto que nunca
Una protesta anti Trump en Estambul. (Reuters/Kemal Aslan)
La niebla del bloqueo de internet empieza a disiparse y aparecen los monstruos que dejó la represión. Una y otra, y otra foto en redes sociales, con un mensaje parecido: “Su nombre era Hossein Tehranchi. Empezaba su treintena y era músico. Fue asesinado por las fuerzas de [Alí] Jamenei el 19 de enero”. “Diana Bahadori, una ‘motera’ e influencer de 19 años, asesinada el 8 de enero”. Y así hasta, al menos, 3.117 identificados, con nombres y apellidos, según la lista oficial del Gobierno iraní, que incluye también a los fallecidos entre las fuerzas de seguridad.
La cifra real puede ser mucho mayor. La organización HRANA, cuyas cifras han sido fiables en anteriores protestas, asegura haber verificado 6.000 víctimas y tener más de 17.000 muertes bajo investigación, lo que arroja un total de 22.000 en apenas tres semanas. Otras estimaciones, basadas en fuentes médicas, alcanzan las 33.000 o más. Testimonios de morgues, cementerios y hospitales de todo el país hablan de enterramientos apresurados, cadáveres desaparecidos o transportados en furgonetas sin marcar, revelando los esfuerzos de las autoridades para ocultar la verdadera magnitud de la masacre: después de todo, puede ser la cifra que decante la balanza de un ataque a Irán en el momento más delicado para los líderes de la república islámica y con un Donald Trump más resuelto que nunca.
El reloj del fin de los ayatolás parece acelerarse ahora que Donald Trump ha ‘cumplido’ con sus planes en Venezuela.
Hace dos semanas, cuando todo parecía listo para un ataque (de desconocidas proporciones), el momentum desapareció: los aliados estadounidenses del Golfo presionaron para evitar una ofensiva contra Teherán que ninguno en la región deseaba (excepto Israel), y existía el pequeño problema logístico de que Estados Unidos había movilizado importantes recursos militares que serían utilizados como plataforma de lanzamiento de un hipotético ataque contra Irán… al Caribe. Tanto, que incluso llegó a filtrarse que Washington había consultado a sus colegas europeos por inteligencia sobre posibles objetivos dentro del país persa.
“Me han dicho que las muertes en Irán están parando. Han parado y que no hay planes de ejecuciones", justificó Trump.
Hoy, la mecha vuelve a acercarse al polvorín. Estados Unidos ha desplazado una importante cantidad de buques de guerra y aviones militares a Oriente Medio, y las amenazas han subido de tono. Incluso los aliados europeos han dado señales de que apoyarán un eventual ataque. “Tenemos muchos barcos muy grandes y potentes navegando hacia Irán ahora mismo. Y sería fantástico si no tuviéramos que usarlos”, dejaba caer Trump.
Los mismos aliados estadounidenses en el Golfo apenas tuvieron tiempo de desempacar las maletas antes de tener que volver a Washington para intentar convencer a Trump de la desescalada.
El problema de Trump con Irán es, sin embargo, el mismo que hace dos semanas. No es Venezuela, y una operación rápida como la captura de Nicolás Maduro (con resultados similares de dejar el gobierno intacto en manos de una sucesora complaciente) es imposible, coinciden los analistas.
Así que están los barcos, está la inteligencia, pero la duda es qué hacer con ellos para evitar, como ha dejado claro Trump, una nueva larga guerra en Oriente Medio: atacar el programa nuclear iraní, atacar su arsenal de misiles balísticos, provocar el colapso del gobierno de los ayatolás, o una combinación de las tres cosas. La opción ideal para Washington pasaría por encontrar un objetivo que golpee al gobierno con la suficiente fuerza para que no tenga más opción que acceder a las demandas de EEUU.
“Dos cosas para evitar un ataque: Número uno, nada de armas nucleares. Y número dos: dejar de matar manifestantes”, declaró Trump.
Investigación forense
Irán ha tomado todas las medidas posibles para que no se conozca el alcance de la masacre, y sumir al país en la oscuridad informativa durante semanas ha sido solo uno de ellos. Y sin embargo, hay cifras que empiezan a salir a la luz, y lo hacen mediante investigaciones en el terreno u otras a miles de kilómetros de distancia, con fotografías de satélite, reconstrucción forense y otras fuentes de inteligencia abierta (Osint).
El vídeo es de una cámara vertical del móvil y muestra el interior de un edificio con varias bolsas de cadáveres. En Londres, la investigadora de Forensic Architecture – una asociación que investiga masacres, de Gaza a Sudán – Samaneh Moafi identifica la localización. Es la morgue de Kahrizak, una de las principales de Teherán. Es el día 11 de enero. A partir de ahí, la organización ha recopilado todos los vídeos disponibles, grabados por familiares desplazados para recoger a sus muertos (que tenían que buscar ellos mismos entre las bolsas abiertas en el suelo), y ha logrado mapear al menos 298 cadáveres, geolocalizados cada uno de ellos.
“Esta investigación, que identifica casi 300 cadáveres en una sola localización, en un solo día, nos ayuda a pintar la imagen completa de lo que está pasando en Irán”, explica Moafi a El Confidencial. La experta no ve descabelladas las estimaciones de varias decenas de miles de represaliados. “Teherán no es una excepción. Hemos visto vídeos similares de otras muchas ciudades del país, morgues más pequeñas a las que se invitaba a la familia a buscar a sus familiares entre los cuerpos tendidos en el patio. Hemos visto también vehículos muy similares a los utilizados para transportar cadáveres en la morgue de Kahrizak de Teherán en otras ciudades, llevándolos al cementerio. Es posible ver esos patrones en la manera que gestionan los cuerpos”, describe. Forensic Architecture continuará con nuevas investigaciones para poner datos a las masacres concretas.
Y si Moafi lo vio en vídeo, personas como Nasrin (pseudónimo) lo vivieron en directo. Su testimonio, cedido a El Confidencial, dibuja efectivamente el alcance de la represión iraní de las protestas.
“Fue inimaginable. Disparaban gases lacrimógenos y balas, balas reales. La gente huía por todas partes. Nos resguardamos en una tienda y vimos que a ambos extremos de la calle había oficiales disparando [a la gente atrapada en medio], y luego lo celebraban con cánticos religiosos. Cuando todo quedó en silencio, trajeron furgonetas y se llevaron a los cadáveres y los detenidos. Solo en esa calle había cientos de personas”, recuerda.
“Les dije a mis familiares, que me acompañaron a la manifestación: es una guerra”.
¿Efecto sorpresa?
La pregunta ahora es si esa guerra seguirá siendo la del gobierno iraní contra los manifestantes, o entrará Estados Unidos. Fuentes israelíes con conocimiento de las evaluaciones militares estadounidenses aseguran a El Confidencial que Washington se encuentra en condiciones de lanzar una ofensiva a corto plazo, aunque aún estaría sopesando los costes políticos y priorizando la identificación de objetivos de alto valor operativo. Según estas fuentes, el factor sorpresa sería determinante para el éxito de la operación.
Además del reputado portaaviones USS Abraham Lincoln, que ya está cerca de Ormuz, bombarderos estratégicos B-2 de la Fuerza Aérea estadounidense ya habrían sido desplegados desde bases en el Pacífico, lo que indicaría un elevado nivel de preparación. Las primeras fases del ataque, aseguran las fuentes, podrían ser incursiones aéreas contra objetivos navales iraníes con el objetivo de impedir el tránsito por el estrecho de Ormuz. De forma simultánea, misiles de crucero Tomahawk serían lanzados contra objetivos en profundidad dentro del territorio iraní cuyos objetivos no han sido revelados.
El plan contemplaría, además, operaciones cibernéticas destinadas a interrumpir el suministro eléctrico y las comunicaciones, lo que dificultaría la obtención de información inmediata sobre lo que sucede sobre el terreno. En este escenario, los reportes militares llegarían directamente a la Casa Blanca y el control del relato público, 30.000 muertos o no, quedaría en manos del propio presidente.
La niebla del bloqueo de internet empieza a disiparse y aparecen los monstruos que dejó la represión. Una y otra, y otra foto en redes sociales, con un mensaje parecido: “Su nombre era Hossein Tehranchi. Empezaba su treintena y era músico. Fue asesinado por las fuerzas de [Alí] Jamenei el 19 de enero”. “Diana Bahadori, una ‘motera’ e influencer de 19 años, asesinada el 8 de enero”. Y así hasta, al menos, 3.117 identificados, con nombres y apellidos, según la lista oficial del Gobierno iraní, que incluye también a los fallecidos entre las fuerzas de seguridad.