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Primero Venezuela, ahora México: EEUU usa la carta del petróleo para ahogar a Cuba
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El nuevo embargo

Primero Venezuela, ahora México: EEUU usa la carta del petróleo para ahogar a Cuba

Tras semanas de presión por parte de EEUU, la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció que su gobierno había detenido, al menos temporalmente, los envíos de petróleo

Foto: Fotografía que muestra vehículos haciendo fila en una estación de combustible en La Habana, Cuba. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Fotografía que muestra vehículos haciendo fila en una estación de combustible en La Habana, Cuba. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
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Casi un mes después de la intervención militar de Estados Unidos en Caracas y de la posterior captura de Nicolás Maduro, seguimos sin imágenes claras de lo ocurrido. No hemos visto ataúdes de las víctimas, ni testimonios de las familias que las lloran, ni una sola foto filtrada en redes de esas que suelen tomar los primeros en llegar a una catástrofe. Tampoco hay homenajes ni revueltas en las calles de los países directamente afectados —Venezuela y Cuba—, dos regímenes poco dados a la discreción cuando se trata de exhibir fuerza en el espacio público. Lo que sí empieza a perfilarse con nitidez es el efecto dominó internacional de la operación, un encadenamiento de consecuencias en el que ya han caído algunas fichas.

El próximo objetivo de Washington parece ser el de dejar sin combustible a Cuba para provocar el colapso de su dictadura. La operación militar en Venezuela no ha llevado, al menos por ahora, la democracia al país, pero sí una nueva nacionalización de los campos petrolíferos del país... para Estados Unidos. Bajo el control de Washington, los viejos aliados de la ALBA (Alianza Bolivariana) que creó Hugo Chávez se quedan sin su principal fuente de gasolina. Eso incluye tanto a la isla caribeña como a Nicaragua. Y no contenta con esto, la administración de Donald Trump también está presionando para que ninguna nación del entorno vaya en su auxilio.

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, anunció el martes que su gobierno había detenido, al menos temporalmente, los envíos de petróleo a Cuba. El motivo alegado para la pausa fue técnico, supuestamente como parte de las fluctuaciones generales en los suministros de petróleo. Sheinbaum aseveró que se trataba de una decisión soberana no tomada bajo presión de Estados Unidos. “La decisión de cuándo se envía, cómo se envía, es una decisión soberana y está en términos de lo que defina Pemex (empresa petrolera mexicana) en función de los contratos, o ya en todo caso del Gobierno”, declaró la mandataria. Sin embargo, a pocos se le escapa que este pasado 29 de enero la Casa Blanca publicó una nueva orden ejecutiva en la que sacaba a pasear la amenaza de sus aranceles para "cualquier nación que haga importaciones directas o indirectas de petróleo a Cuba".

En todo caso, la respuesta mexicana supone un terremoto en los dogmas de la izquierda del país, aunque algunos dentro de la formación populista ya parecían apuntar a ese interesado cambio quizá para suavizar el golpe. “Sin ignorar esa relación y esa historia que nos une, yo creo que ahora hay que empezar a ponderar cuestiones más mundanas, más terrenales, y entre ellas, sin lugar a dudas, revisar la conveniencia de continuar dando (el petróleo)”, expresó el senador Ricardo Sheffield, del gobernante partido Morena, el pasado 13 de enero.

Foto: eeuu-ya-vende-el-petroleo-de-venezuela-y-estos-son-los-ganadores-por-ahora

Cuba fue siempre una línea roja de la política mexicana. Durante décadas, desde la hoy llamada Ciudad de México se marcó ahí una clara divergencia con Washington que mantuvieron todas las administraciones. El embargo de Estados Unidos a la isla caribeña nunca fue secundado por México, ni siquiera en los peores momentos de la Guerra Fría. Solo durante los dos sexenios del conservador PAN se restringió con la venta preferente o subsidiada de combustible que hasta hace nada volvía a estar vigente.

Sin embargo, ante las presiones constantes de la Casa Blanca parece, simbólicamente o no, que se ha doblegado ese mantra de su diplomacia. Eso sí, nadie sabe durante cuanto tiempo se ha cortado el grifo mexicano en este momento crítico para La Habana. Quizá todo es maquillaje para contentar a un presidente de EEUU que amenaza con aranceles y hasta con marines a todo el que no se pliega a sus intereses. “Hemos eliminado el 97% de las drogas que llegan por agua y ahora vamos a empezar a atacar la tierra en lo que respecta a los cárteles. Ellos están controlando a México”, dijo el neoyorquino recientemente en entrevista con Fox News.

Foto: trump-pospone-los-aranceles-a-mexico

“Es un tema que llevan directamente desde arriba. Nos quedamos con lo que ha dicho la presidenta”, dice a este medio una fuente de Pemex. La presidenta insiste que la decisión solo tiene que ver con lo económico y no lo político porque sabe que admitir que Washington ha forzado la medida supondría un incendio entre las filas de su partido, Morena, la mayor parte de cuyos seguidores apoya al régimen creado por Fidel Castro.

Cuba es un elemento que va a ser difícil de manejar para la presidenta. Ella ha tenido muy diversas explicaciones de por qué apoyamos a Cuba. La principal es que siempre lo hemos hecho y que lo hacemos por razones humanitarias y estamos en contra del bloqueo. Hoy, cuando ella explica por qué hemos dejado de vender petróleo, resulta que las razones humanitarias desaparecen en un momento en el que podrían ser mucho más justificables. Porque hoy lo que está pasando en Cuba es aún más grave en términos del deterioro de lo que era hace un mes o hace un año”, explica Antonio Ocaranza, director de OCA reputación y ex portavoz del presidente Ernesto Zedillo, a El Confidencial.

¿Las bases de Morena pueden rebelarse si se le da la espalda a Cuba? “Eso va a ser muy difícil de tragar para los grupos más cercanos a la 4º Transformación (nombre que dio López Obrador a su acción de Gobierno) y a la presidenta, que son fervientes seguidores de Fidel y de Cuba. ¿Cómo le explicas internamente a ese grupo que estás cumpliendo con un contrato y, como no te pagan, ya no les das petróleo? Eso nunca estaba en la mesa”, señala Ocaranza.

Foto: trump-conexiones-aereas-venezuela-reapertura

Ahí será muy importante ver qué sucede en los próximos meses. Venezuela ha sido un aviso claro a toda la región. Es evidente que en Latinoamérica, como pasa en otras partes del globo, este segundo mandato Trump está descolocando a todos. Ya no solo amenaza, sino que en ocasiones interviene, y eso es una novedad.

Por contra, sigue existiendo la sensación de que las relaciones con la Casa Blanca requieren paciencia y dejar que cada incendio diario que se crea se apague solo. “Yo creo que México va a seguir vendiéndole petróleo a Cuba, no creo que sea una decisión final. Creo que muy probablemente esta decisión haya tenido que ver con otras cosas y México va a seguir tratando de mostrar esa cara de solidaridad, de apoyo, como ellos le han llamado hasta ahora. Y, probablemente, el Gobierno de Estados Unidos lo permita. Las cantidades de petróleo que manda México a Cuba son muy pequeñas comparadas con las que mandaba Venezuela”, explica a este medio el analista político Carlos Castañeda.

El tema también entró en el debate político interno. Los tiempos cambian y hoy todos corren a colocarse sobre la sombra que más cobija. Los dirigentes actuales del PRI, el partido que gobernó ininterrumpidamente México durante más de 70 años, exigían que se acabara con regalar petróleo a Cuba apelando a lo patriótico: “El gobierno de Morena no puede ni debe seguir destinando petróleo para sostener a la dictadura cubana, un régimen que no respeta los derechos humanos ni la democracia (...) Mientras el gobierno de Morena regala petróleo a Cuba, millones de familias en nuestro país pagan una gasolina carísima que golpea el bolsillo de los mexicanos y frena la economía”, dice en un mensaje el presidente del PRI, Alejandro Moreno. El dirigente rompía así con políticas de su propio partido, que durante décadas mandó combustible subvencionado al régimen de Fidel Castro.

Descifrar si la presión por Cuba crecerá o no es complicado. Como con los narcos. Como con los acuerdos con China. ¿Un movimiento como Morena que apela tanto a la patria, al antiimperialismo, ha acabado rindiendo pleitesía a Washington? “La presidenta, hasta cierto punto, da la línea discursiva y trata de mantener un orden y un control sobre ese mensaje. Se dice, por ejemplo, que después de la incursión de Estados Unidos y la detención de Maduro, el expresidente López Obrador expresó en Twitter (X) su rechazo. Eso no le gustó a la presidenta. ¿Por qué? Porque rompe un poco la estructura de control. Y la presidenta no quiere allá afuera loquitos que ideológicamente le compliquen la relación con EEUU. Le ha costado mucho trabajo presentarse como una persona responsable, que puede dialogar y tomar decisiones”, señala Ocaranza.

Es cierto que Sheinbaum ha sabido contener a Trump al no entrar en su juego, pero sorprende el silencio desde CDMX ante la catarata de ataques, algunos vejatorios, que llegan de Washington. Antes de llegar al poder Andrés Manuel López Obrador (AMLO), desde el Gobierno del PRI de Peña Nieto se transmitía directamente a los medios internacionales, en pequeñas reuniones, el mensaje de que sus ataques constantes a los vecinos gringos eran un peligro para las claves relaciones entre ambos países. Sin embargo, AMLO, como su sucesora, Sheinbaum, han bajado completamente el tono ante las acometidas de Trump con las que ambos han lidiado.

Cuba es, desde, luego un escollo complicado, como podría serlo una intervención militar estadounidense en suelo mexicano, o la exigencia de extradición de ciertos narcos entre los que se podrían encontrar políticos del propio Morena. Pero de alguna manera, como se ha hecho popular en el fútbol, la percepción es que la estrategia diplomática de México con Washington es ir "partido a partido".

Casi un mes después de la intervención militar de Estados Unidos en Caracas y de la posterior captura de Nicolás Maduro, seguimos sin imágenes claras de lo ocurrido. No hemos visto ataúdes de las víctimas, ni testimonios de las familias que las lloran, ni una sola foto filtrada en redes de esas que suelen tomar los primeros en llegar a una catástrofe. Tampoco hay homenajes ni revueltas en las calles de los países directamente afectados —Venezuela y Cuba—, dos regímenes poco dados a la discreción cuando se trata de exhibir fuerza en el espacio público. Lo que sí empieza a perfilarse con nitidez es el efecto dominó internacional de la operación, un encadenamiento de consecuencias en el que ya han caído algunas fichas.

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