Marco a la vista: qué sabemos (y qué no) del nuevo plan para Groenlandia
No ha trascendido ninguna certeza sobre un posible acuerdo, pero Trump afirmó en una entrevista con Fox News que, aunque los detalles todavía están siendo negociados, "en esencia, consiste en un acceso total"
Manifestantes contra Donald Trump en Nuuk, Groenlandia. (Reuters/Marko Djurica)
Y finalmente, al borde del abismo, Donald Trump pisó el freno. Tras semanas de escalada retórica sobre Groenlandia, amenazas de aranceles a varios aliados europeos y una insistencia obsesiva en que Estados Unidos necesita “poseer” la isla más grande del mundo, el presidente estadounidense anunció desde Davos que ya hay un “marco para un acuerdo futuro” sobre el territorio y que ya no sería necesario utilizar la fuerza ni castigar económicamente al viejo continente.
¿En qué consiste ese marco? No ha trascendido ninguna certeza, pero el presidente de Estados Unidos afirmó en una entrevista con Fox News al mediodía de este jueves que, aunque los detalles todavía están siendo negociados, "en esencia, consiste en un acceso total", uno sin "final ni límite de tiempo". "No vamos a tener que pagar nada, vamos a tener acceso total a Groenlandia, todo el acceso militar que queramos", aseveró.
Son declaraciones que parecen indicar enormes concesiones para la Casa Blanca, si no fuera por el hecho de que, en esencia, esas son condiciones de las que Washington ya goza en la isla. Desde 1951, existe un acuerdo de defensa entre Estados Unidos y Dinamarca que permite al primero desplegar tropas en Groenlandia, construir y operar instalaciones militares y designar “áreas de defensa” si lo considera necesario para la seguridad común. Un pacto que no fija un techo de efectivos ni exige contraprestaciones económicas directas a Estados Unidos.
Por eso, cuando se habla de un nuevo marco de acuerdo, la pregunta inevitable es: ¿nuevo en qué sentido? Bloomberg reportó en la tarde del jueves que este pacto preliminar contempla el despliegue de misiles estadounidenses en la isla, la concesión de derechos mineros orientados explícitamente a excluir intereses chinos y un refuerzo de la presencia de la OTAN en el Ártico. Son, todos ellos, elementos que ya estaban sobre la mesa desde la semana pasada en Washington, cuando una delegación danesa se reunió con el vicepresidente de EEUU, J. D. Vance, y el secretario de Estado, Marco Rubio, según fuentes cercanas las conversaciones citadas por el rotativo.
Si el marco se limita a estos tres pilares, cumpliría con una de las hipótesis que más tiempo lleva circulando entre diplomáticos y analistas: una actualización del acuerdo de 1951. Más tropas, más sensores, más infraestructuras, mayor cooperación en la vigilancia del Ártico y un papel reforzado para Groenlandia en el sistema antimisiles que Trump ha bautizado como Golden Dome (Cúpula dorada). Todo ello sin alterar el estatus jurídico de la isla ni su soberanía formal.
Este sería un escenario relativamente fácil de asumir para Nuuk, Copenhague y el resto de socios europeos, pero difícilmente explica los meses de presión política, amenazas comerciales y obsesión de Trump por Groenlandia, quien hace apenas un día se negaba a descartar el uso de la fuerza para adquirir el territorio. Resultaría extraño ver al magnate contentándose con un caramelo tan pequeño.
Trump on the Greenland framework: "Essentially, it’s total access. There’s no end — there’s no time limit...
Otra posibilidad, más polémica, es la que fuentes cercanas a la Casa Blanca describieron a The New York Times como un "modelo Chipre". Es decir, que Dinamarca ceda soberanía sobre pequeñas áreas concretas para que Estados Unidos establezca bases militares bajo control directo. El modelo remite a un arreglo nacido en 1960, cuando Chipre obtuvo la independencia del Reino Unido tras décadas de dominio colonial. Como parte del acuerdo, Londres retuvo la soberanía plena sobre dos enclaves militares, Akrotiri y Dhekelia, que pasaron a constituirse como territorios soberanos bajo control británico. A diferencia de un arrendamiento o de un acuerdo de uso, estas áreas son, legalmente, territorio del Reino Unido, con administración, fuerzas armadas y jurisdicción propias, y se concibieron como piezas clave para la proyección militar británica en el Mediterráneo oriental y Oriente Próximo.
No está claro hasta qué punto esta idea forma parte real del marco del que habla Trump o si fue simplemente una hipótesis explorada en conversaciones informales. El propio entorno del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha negado que se discutiera formalmente una transferencia de soberanía. Y la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, rechazó de pleno cualquier posibilidad de concesiones territoriales, por pequeñas que sean. "La OTAN es plenamente consciente de la postura del Reino de Dinamarca. Podemos negociar sobre todo en el ámbito político: seguridad, inversiones, economía. Pero no podemos negociar sobre nuestra soberanía", manifestó Frederiksen en un comunicado publicado el jueves por la mañana.
Alex LearyDaniel MichaelsBertrand BenoitRobbie Gramer
Más allá de las vías ya mencionadas, nadie se atreve a aventurar qué podría contener el marco. Por ahora, ni Washington, ni la OTAN, ni las capitales europeas han detallado compromisos o calendarios. El lenguaje utilizado, desde luego, apunta a que se trata de un proceso todavía incipiente y que el acuerdo real todavía tardará en cerrarse.
También queda pendiente uno de los puntos más delicados del debate: el papel de Groenlandia como actor político. Aunque sigue formando parte del Reino de Dinamarca, la isla cuenta con un amplio autogobierno y una sensibilidad extrema ante cualquier decisión tomada desde fuera. Dirigentes groenlandeses han reaccionado con una mezcla de enfado y temor al ver cómo se discute su futuro en foros internacionales sin su participación directa. "Debemos enfatizar que estamos en un momento difícil, un momento estresante, y no podemos descartar que pueda escalar a algo aún peor", manifestó el miércoles Jens-Frederik Nielsen, el primer ministro groenlandés.
En declaraciones a la BBC, Aaja Chemnitz, legisladora procedente de Groenlandia en el parlamento danés, manifestó este jueves que "la OTAN no tiene, bajo ningún concepto, derecho a negociar nada sin nosotros, Groenlandia". "Nada sobre nosotros, sin nosotros", sentenció.
Y finalmente, al borde del abismo, Donald Trump pisó el freno. Tras semanas de escalada retórica sobre Groenlandia, amenazas de aranceles a varios aliados europeos y una insistencia obsesiva en que Estados Unidos necesita “poseer” la isla más grande del mundo, el presidente estadounidense anunció desde Davos que ya hay un “marco para un acuerdo futuro” sobre el territorio y que ya no sería necesario utilizar la fuerza ni castigar económicamente al viejo continente.