¿Una ONU paralela? Trump presenta su "Consejo de Paz" para Gaza junto a 19 países
Entre los mandatarios que firmaron la carta fundacional se encontraban dos primeros ministros de países que pertenecen a la Unión Europea: el húngaro Viktor Orbán y el búlgaro Rossen Jeliazkov
El presidente de EEUU, Donald Trump, muestra la carta fundacional del "Consejo de Paz" durante la inauguración del organismo en Davos. (EFE/Gian Ehrenzeller)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inauguró oficialmente este jueves en el Foro Económico Mundial de Davos su Consejo de Paz, la piedra angular de la segunda fase del plan de paz en Gaza que fue aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU a finales del año pasado. Se trata de un organismo, según el propio mandatario, compuesto por al menos 59 países y tendrá como misión supervisar tanto la reconstrucción de Gaza como su futura gobernanza. Trump ha indicado, además, que el Consejo podría extender su actuación a otras regiones si lo considera necesario, funcionando como una suerte de instrumento de supervisión de la paz a nivel global.
Durante la presentación, Trump calificó al Consejo como “uno de los cuerpos más trascendentales jamás creados” y agradeció a los 19 líderes y representantes que le acompañaron en el escenario que sus países hayan unido al organismo. Entre estos mandatarios, que firmaron la carta fundacional, se encontraban dos primeros ministros de países que pertenecen a la Unión Europea: el húngaro Viktor Orbán y el búlgaro Rossen Jeliazkov. El resto de países firmantes fueron, por orden de rúbrica, Bahrein, Marruecos, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Indonesia, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Pakistán, Paraguay, Catar, Arabia Saudí, Turquía, Emiratos Árabes Unidos, Uzbekistán y Mongolia.
Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado este jueves desde Bruselas que España ha decidido no participar en la Junta de Paz por «coherencia», al señalar que la iniciativa «está fuera del marco de Naciones Unidas» y «no ha incluido a la Autoridad Palestina».
El líder del Consejo será el propio Trump, la única voz capaz de decidir quiénes o no pueden formar parte de este comité y dónde se celebrarán las votaciones. El presente ha afirmado que hasta 59 países han mostrado interés en unirse al organismo, sin embargo, todavía no existe una lista definitiva más allá de los asistentes al evento. "Muchos más se unirán", garantizó el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, en un discurso posterior.
En efecto, lo que empezó como una selecta lista de "elegidos" ha acabado convirtiéndose en toda una amalgama de países invitados, lo que abre una pregunta: ¿está buscando la Casa Blanca, en realidad, fundar una ONU paralela?
Entre los países invitados, pero que se han negado en rotundo a unirse al Consejo, se encuentran Noruega, Suecia o Francia. En el caso francés, las razones esgrimidas son que el plan de Trump se deja sin responder "importantes interrogantes", especialmente "respecto a los principios de la estructura de las Naciones Unidas", que "no se pueden poner en cuestión bajo ninguna circunstancia". Trump no se tomó bien el rechazo y amenazó con un 200% de aranceles al vino francés. Según reportó Bloomberg, España ha sido invitada, pero hasta el momento no ha dado una respuesta oficial.
Además de ese nutrido Consejo, la organización cuenta un "comité ejecutivo fundador", con nombres del círculo de confianza de Trump, como Rubio, el multienviado Steve Witkoff o su yerno, Jared Kushner, quien ha estado dentro de los procesos de negociación de paz tanto de Ucrania como de Gaza. También forman parte del grupo Ajay Banga, presidente de Grupo del Banco Mundial, Robert Gabriel, asesor de Trump durante su última campaña electoral y el empresario multimillonario Marc Rowan. Estos nombres serán responsables de un área clave para la estabilización del enclave, con la misión de "supervisar" al hipotético gobierno palestino tecnócrata, que quedaría completamente supeditado.
La segunda fase del plan de paz para Gaza ha entrado en vigor sobre una base extremadamente frágil. Los requisitos de la primera fase —la liberación de todos los rehenes y la instauración de un alto el fuego permanente— ni siquiera se han cumplido. El cuerpo del rehén israelí Ran Gvlin sigue en el enclave y, apenas cinco días después de que Donald Trump anunciara el inicio de esta nueva etapa, Israel volvió a violar el alto el fuego al matar a al menos tres palestinos en Gaza, entre ellos un adolescente de 16 años. Tres muertes que se suman a los más de 460 palestinos muertos bajo el fuego israelí desde que el alto el fuego entró en vigor en octubre del año pasado.
Pese a ello, el presidente estadounidense insiste en seguir adelante con el acuerdo, adentrándose ahora en una de sus fases más complejas y que más dudas genera: la designación de un consejo tecnocrático para el Comité Nacional para la Administración de Gaza, el desarme de Hamás y la creación de ese "Consejo para la Paz".
La carta fundacional de ese Consejo de la Paz apuntala las esperanzas de Trump con respecto al mismo. El Consejo aparece descrito como "una organización internacional que busca promover la estabilidad, restablecer una gobernanza fiable y legítima, y asegurar una paz duradera en zonas afectadas o amenazadas por conflictos". Es decir, no solo tendrá que trabajar en la Franja, sino que se puede trasladar a cualquier parte del planeta que lo requiera, siguiendo siempre los principios de la 'pax' trumpiana. Es decir, prácticamente una ONU paralela.
Ya durante la tarde del martes con motivo del primer aniversario de su segundo mandato, Trump definió el nuevo Consejo como un proyecto "increíble" y volvió a cuestionar la eficacia de la ONU, a la que acusó de no haber contribuido a resolver ninguno de los conflictos en los que él intervino. "Ojalá la ONU pudiera hacer más", afirmó Trump. "Ojalá no necesitáramos una junta de paz, pero con todas las guerras que resolví, la ONU nunca me ayudó en ninguna", reiteró.
No es la primera vez que Trump ataca a las Naciones Unidas. En septiembre del año 2025, en la 80ª asamblea de la ONU, aseguró que "las Naciones Unidas no estaban ahí para nosotros. No estaban ahí". "Lo pensé realmente después de los hechos, no durante las negociaciones, que no fueron fáciles. Siendo así, ¿cuál es el propósito de las Naciones Unidas?", se preguntó retóricamente. Además, aseguró que la ONU "no solo no está resolviendo los problemas", sino que "está creando nuevos problemas que nosotros debemos resolver", insistió.
En esta nueva ONU de Trump, sin embargo, ser miembro del "Consejo de Seguridad" permanente no dependerá de la importancia histórica o geopolítica, sino del pago de 1.000 millones de dólares, según adelantó Bloomberg, que los países deberán abonar para adquirir un asiento permanente en la Junta de la Paz.
En ese Consejo, así como en una estructura inferior, el "Comité Ejecutivo para Gaza" incluye países que han levantado ampollas en el ejecutivo de Israel. Este, con una composición similar a la del "Comité Ejecutivo Fundador" (con la exclusión de Rubio, Banga y Gabriel), incluye también a figuras como el primer ministro de Catar, Ali al Zawadi; el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan, y el jefe de la inteligencia egipcia, Hasán Rashad, representantes de países a los que Benjamín Netanyahu había intentado vetar.
El gobierno del primer ministro israelí ha denunciado públicamente que en ningún momento ha sido informado sobre este proceso y que este ejecutivo "contraviene" su política. A Washington, sin embargo, no ha parecido importarle.
Una fuente citada por Axios ha asegurado que Netanyahu no fue consultado sobre la composición del comité: según la fuente, si Israel quiere que Estados Unidos se encargue de Gaza, será "a nuestra manera" y añadió que Netanyahu debe centrarse en Irán mientras Washington maneja el proceso en el enclave. "No vamos a discutir con él [Netanyahu]. Él hará su política y nosotros seguimos adelante con nuestro plan. Realmente no puede oponerse a nosotros", sentenció.
¿Una suerte de cascos azules?
Pero hay una parte clave que queda por resolver enteramente, que es la composición definitiva de la "fuerza internacional de estabilización", un brazo armado que mantendrá la seguridad de Gaza y se encargará de entrenar a una policía palestina. Según el plan original, la idea sería mandar tropas internacionales, pero no hay tantos estados que hayan aceptado la invitación.
Países como Emiratos Árabes Unidos —que mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde los Acuerdos de Abraham— se han opuesto directamente a formar parte de esta Fuerza. Funcionarios del Gobierno de Mohamed bin Zayed, presidente emiratí, aseguraron que el país no participaría al no ver "un marco claro para la fuerza de estabilidad". A Emiratos le siguieron otros países como Jordania o Azerbaiyán por las mismas razones. El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ya aseguró que la aplicación de este cuerpo de seguridad debía "tener plena legitimidad internacional" para apoyar a los palestinos en Gaza.
Israel, por su parte, ni siquiera contempla que Turquía pueda formar parte, a pesar de que Washington sí. "No habrá botas turcas en el presente, en el pasado o en el futuro", aseguró la portavoz del Gobierno israelí, Sosh Bedrosian. "Sobre todo en la Fuerza Internacional de Estabilización". Pero esto puede ser una línea roja para que más países musulmanes decidan sumarse a la Fuerza.
Por otro lado, junto con Indonesia, Marruecos será uno de los principales contribuyentes con tropas a la Fuerza Internacional de Estabilización. Preguntadas sobre su participación en esta fuerza, las autoridades marroquíes han declinado responder. A falta de conocer más detalles, no ha trascendido cómo será la forma de operar o si se asemejarán a los actuales cascos azules de la ONU que actúan para mantener la paz, teniendo únicamente la capacidad para usar la fuerza en legítima defensa o para proteger a los civiles.
"Estados Unidos está dejando claro que no se trata de un proceso negociado", apunta Leyla Hamad, investigadora asociada al Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), a El Confidencial. "Es un diseño impuesto, incluso para Israel, que pretende gestionar Gaza como un expediente técnico, no como un conflicto político", apunta. "La propia lista de nombres ya dice mucho de cuáles son los planes reales para Gaza", defiende.
Según la experta, se trata de un órgano "compuesto por figuras que no tienen ninguna relación con Gaza ni con la sociedad palestina. No es una Junta de Paz, es una Junta de supervisión. No hay palestinos con poder de decisión". "Se trata de administrar Gaza desde fuera, no de reconstruirla con los gazatíes", lamenta.
La semana pasada, los 15 miembros palestinos del Gobierno tecnócrata (permitidos por Washington) se reunieron por primera vez en El Cairo, según confirmó uno de los funcionarios a The Times of Israel, en lo que habría sido uno de los principales pasos para iniciar la segunda fase. Uno de los diplomáticos árabes implicados en el proceso explicó al mismo medio que el Comité Nacional para la Administración de Gaza "es solo un grupo de 15 personas" y que necesita funcionarios públicos para funcionar. "Israel está bloqueando tanto a los empleados de Hamás como a los de la Autoridad Palestina", añadió.
"Lo mismo ocurre con la policía. Si Israel rechaza a los vinculados a la Autoridad Palestina, lo único que queda son los que dependen de Hamás", insistió el diplomático. Pero en el plan de Trump —y en la política israelí— la presencia del grupo islamista es una línea roja.
Durante la ceremonia de inauguración, Ali Shaath, responsable del comité tecnocrático palestino, anunció en un en un mensaje de vídeo emitido ante los delegados que el paso fronterizo de Rafah, entre Gaza y Egipto reabrirá la próxima semana. “Este es un paso real y marca una nueva dirección”, afirmó, aunque advirtió de que queda mucho trabajo por delante y que nada será fácil. El cruce de Rafah era el único que no estaba controlado por Israel antes de la guerra y permanece cerrado desde mayo de 2024, cuando el Ejército israelí tomó el control del lado gazatí.
Un desarme con trabas
El desarme de Hamás sigue siendo otro de los puntos más complejos del plan. En su discurso de este jueves, Trump volvió a lanzar un ultimátum al grupo para acelerar el proceso "por las buenas o por las malas", pero hasta el momento no hay ningún acuerdo definitivo sobre el proceso de desarme.
Según el plan auspiciado por el republicano, Hamás renunciará por completo a las armas pesadas y, en cuanto a las pequeñas, estaría considerando poner en marcha un programa de "recompra" en el que los propietarios entregarían rifles, pistolas y ametralladoras a cambio de dinero. Pero la realidad es que los analistas dudan de cómo se va a aplicar este proceso ni de cómo se podría aplicar de forma realista ese objetivo, ya que, entre otras razones, al grupo le interesa mantenerse armado.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inauguró oficialmente este jueves en el Foro Económico Mundial de Davos su Consejo de Paz, la piedra angular de la segunda fase del plan de paz en Gaza que fue aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU a finales del año pasado. Se trata de un organismo, según el propio mandatario, compuesto por al menos 59 países y tendrá como misión supervisar tanto la reconstrucción de Gaza como su futura gobernanza. Trump ha indicado, además, que el Consejo podría extender su actuación a otras regiones si lo considera necesario, funcionando como una suerte de instrumento de supervisión de la paz a nivel global.