Es noticia
Los líderes sacan en Davos los cuchillos contra Trump y entierran las alianzas que todos conocíamos
  1. Mundo
en Davos nunca pasa nada... hasta que pasa

Los líderes sacan en Davos los cuchillos contra Trump y entierran las alianzas que todos conocíamos

El foro de Davos se convirtió este martes en un altavoz para líderes como Macron y Carney, que han elevado el tono frente a las ambiciones territoriales de Trump en Groenlandia

Foto: Carteles de Estados Unidos en Davos. (Reuters/Denis Balibouse)
Carteles de Estados Unidos en Davos. (Reuters/Denis Balibouse)
EC EXCLUSIVO

A primera vista, la conferencia de este año en Davos no parecía diferente a la de sus ediciones anteriores. Las calles tranquilas de esta ciudad balneario de Suiza se empezaron a llenar de todoterrenos, de hombres vestidos de ejecutivos y mujeres con ropa de diseño. Los carteles de los patrocinadores del Foro Económico Mundial acaparan los escaparates y los trabajadores públicos limpian la nieve de la entrada del Centro de Congresos al que han empezado a acudir los principales líderes mundiales para debatir sobre los problemas globales más urgentes.

Este año, sin embargo, muchas cosas han cambiado. No se nota en las vestimentas y en la organización del encuentro. Pero este año, en un mundo sumido en la agitación geopolítica por las acciones de Donald Trump, Davos enfrenta el desafío de sus contradicciones internas.

El foro ha sido tradicionalmente un espacio para mostrar un mundo unido a través de las economías y mercados abiertos. No es la primera vez que genera escepticismo por su formato dedicado a las personas más ricas y poderosas del planeta. Este año no iba a ser diferente. Pero el espacio ha acabado siendo el punto de encuentro en el que varios líderes internacionales han elevado el tono frente a la hostilidad del presidente estadounidense hacia el concepto de cooperación multilateral. Especialmente, después de intensificar sus amenazas para hacerse con el control de Groenlandia.

"Espíritu de diálogo" es el lema presentado para una edición en el que este término ha adquirido un nuevo significado. Trump tuvo su manera especial de dar comienzo al foro de Davos antes de su discurso previsto para este miércoles y compartió en redes sociales conversaciones privadas con el presidente francés, Emmanuel Macron, y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Además, compartió imágenes generadas por IA en las que aparece plantando una bandera en Groenlandia. La imagen muestra un cartel de madera que dice: "Groenlandia, territorio estadounidense. Establecido, 2026".

Foto: union-europea-eeuu-aranceles-groenlandia-1hms

Primero fue Macron el que, sin mencionar la publicación de esos mensajes privados, instaba en su discurso en Davos a mantener la calma frente a las acciones del mandatario estadounidense y que "no hay que dejarse impresionar". Tras ser preguntado sobre si todavía se puede considerar a Trump "un aliado", el francés señaló: "Le corresponde a él dar la respuesta, aunque en efecto no es un comportamiento que corresponde a esa calificación".

Era solo una antesala de lo que posteriormente diría Mark Carney en su discurso en el foro celebrado en la ciudad suiza. El primer ministro de Canadá aseguró que el "viejo orden mundial" no volvería a recomponerse e invitó a otros a unirse frente a "las grandes potencias" que han desmontado un mundo basado en normas, en referencia a las políticas del presidente estadounidense. Para Carney, los últimos acontecimientos que han hecho saltar por los aires los principios geopolíticos no son una transición, sino una clara ruptura en la que las grandes potencias están utilizando "integración económica como un arma". "No se puede vivir con la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de la subordinación", continuó.

Según el canadiense, de la misma forma que el poder del sistema comunista en el este de Europa desapareció cuando la sociedad empezó a dejar de seguir las normas impuestas por los Gobiernos, "es el momento en el que las empresas y los países" se rebelen contra las grandes potencias. Y así, con estas palabras, el primer ministro Carney confirmaba la ruptura de aquellas alianzas que han dominado Occidente durante más de 30 años.

Con un tono aparentemente más conciliador, Ursula von der Leyen sugería en su intervención de este martes que la UE tomaría medidas para reforzar su seguridad ante la crisis y para estudiar cómo fortalecer sus alianzas de seguridad. En Davos, dio uno de los discursos más rupturistas desde el inicio de las tensiones entre Bruselas y Washington. "Europa debe acelerar su impulso hacia la independencia, desde la seguridad hasta la economía, desde la defensa hasta la democracia. El mundo está en cambio permanente. Necesitamos cambiar con él", aseguró.

La UE continúa sin su 'Atlas'

Trump advirtió recientemente que impondrá nuevos aranceles a las naciones europeas que se opongan a su estrategia en Groenlandia y vinculó su ambición territorial a que no fuera galardonado el año pasado con el Premio Nobel de la Paz. Los líderes de Bruselas, por su parte, se reunirán este jueves para discutir medidas conjuntas para afrontar la crisis abierta con Estados Unidos. Antes, este miércoles, el republicano dará su discurso en Davos, el más esperado en los cuatro días del foro económico.

Pero, esta vez, el encuentro europeo podría marcar un nuevo hito en las relaciones con Washington, hasta ahora marcada por las muestras de poder del republicano para obligar a los europeos a ceder ante sus caprichos.

En Europa, la idea de avanzar hacia una independencia en materia económica y de defensa, tal y como planteaba Von der Leyen, está cada vez más extendida. Pero estas iniciativas, aunque ya estén sobre la mesa, tardarán años e incluso décadas en implementarse.

Las palabras de Trump llevan tiempo siguiendo la senda de la ruptura con Bruselas. Fue evidente en el documento de Estrategia de Seguridad Nacional publicada a finales de 2025 y en la que Casa Blanca cuestionaba si algunos países europeos seguían siendo aliados "confiables". El documento sostenía además que el continente se enfrentaba a la "grave perspectiva de una desaparición de la civilización" si continúa en la misma senda política. Y rompe casi definitivamente con las alianzas creadas después de la Guerra Fría.

Foto: filtraciones-amenazas-davos-trump-europa-groenlandia

La nueva doctrina se posiciona contra la idea de que EEUU sea el líder de un orden mundial unipolar creado tras el colapso de la Unión Soviética. En cambio, arroja que los asuntos de otros países "solo nos incumben si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses".

Esta reorientación tiene consecuencias de gran alcance para la política de seguridad estadounidense, según apunta Anna Wieslander, directora para el norte de Europa de Atlantic Council. “Es probable que los aliados más cercanos de Estados Unidos en Europa sean los que sientan los efectos con mayor intensidad, ya que la NSS enfatiza que 'ya no es la época en que Estados Unidos apuntalaba todo el orden mundial como Atlas' y exige que Europa asuma la responsabilidad principal de su propia defensa", explica en un análisis.

Han sido meses de guerra arancelaria, de amenazas, de nuevas estrategias que ponen a Europa contra las cuerdas y hasta de burlas por parte de Donald Trump. A pesar de que muchos en Europa quieren restablecer esa relación, sería difícil recomponerla. "Volver al nivel de confianza que vimos antes requeriría, creo, un cambio generacional", dijo Rosa Balfour, directora de Carnegie Europe, a The New York Times. "El ataque a Europa no proviene solo de un individuo, se ha convertido en una ideología".

El escándalo 'Dunhammer'

Europa está viviendo una de las semanas más difíciles de su relación transatlántica, que se plantea como la máxima expresión de esos meses en los que una gran parte de los jefes de Estado y líderes europeos miraban incrédulos la debacle en las relaciones con uno de sus principales líderes.

En Dinamarca, llevan meses sin poder esconder su asombro. "No ha sido fácil hacer frente a una presión del todo inaceptable de nuestro aliado más estrecho desde tiempos inmemoriales, pero muchas cosas apuntan a que lo más difícil está por venir", dijo Mette Frederiksen, la primera ministra del país.

Hace poco más de un año que esa relación había estado marcada por una cooperación sin condiciones. También en asuntos de espionaje que se convirtieron en grandes escándalos dentro de las esferas europeas. En 2021, una investigación publicada en varios medios europeos arrojó que los servicios secretos daneses colaboraron con Estados Unidos para espiar a líderes como la, en ese momento, canciller alemana, Angela Merkel.

El caso salió a la luz después de una investigación interna sobre el acuerdo de colaboración entre Washington y Copenhague en materia de espionaje. El objetivo de las pesquisas era esclarecer si el EEUU de Barack Obama había abusado de ese pacto al tener acceso a escuchas o mensajes que pertenecían a la inteligencia danesa.

Foto: europa-venecia-independencia-estrategia-comercio-1hms

Además de a Merkel, otros líderes alemanes y escandinavos estuvieron afectados por el llamado "caso Dunhammer" entre 2012 y 2014 que provocó el malestar entre los socios europeos. La entonces ministra de Defensa danesa, Trine Bramsen, se limitó a decir que la "escucha sistemática" entre los aliados europeos era "inaceptable". Sin embargo, Copenhague siguió en el punto de mira porque muchas evidencias constaban que tenían conocimiento de la operación que puso de relieve el alcance del acuerdo de espionaje entre Estados Unidos y Dinamarca, hasta para involucrar a sus socios.

Ni siquiera el alcance de este vínculo fue suficiente para evitar que Donald Trump anunciara sin tapujos su intención de tomar la isla por sus recursos naturales y su ubicación estratégica en el Ártico. Y este comportamiento se ha convertido en un símbolo de la relación con Europa, marcada por sus muestras de poder para obligar a los europeos a ceder ante sus caprichos.

"Utilizar lo que esencialmente es una guerra económica con aliados no tiene precedentes de esta manera", dijo Ian Lesser, director de la oficina de Bruselas del think tank German Marshall Fund, a The New York Times.

Este martes, además de los discursos en Davos de algunos líderes mundiales, Donald Trump celebraba el primer aniversario de su regreso a la Casa Blanca. Esa misma madrugada empezó con las polémicas publicaciones en redes sociales sobre Groenlandia y los mensajes privados de Macron y Rutte. Fue solo el principio de un día lleno de sorpresas que acabó con una larga comparecencia en la que presumía de sus presuntos logros políticos. Al final de su discurso, los periodistas preguntaron al presidente estadounidense hasta dónde sería capaz de llegar para hacerse con el control de Groenlandia. "Ya lo descubriréis", respondió.

A primera vista, la conferencia de este año en Davos no parecía diferente a la de sus ediciones anteriores. Las calles tranquilas de esta ciudad balneario de Suiza se empezaron a llenar de todoterrenos, de hombres vestidos de ejecutivos y mujeres con ropa de diseño. Los carteles de los patrocinadores del Foro Económico Mundial acaparan los escaparates y los trabajadores públicos limpian la nieve de la entrada del Centro de Congresos al que han empezado a acudir los principales líderes mundiales para debatir sobre los problemas globales más urgentes.

Donald Trump Unión Europea
El redactor recomienda