Con sus discursos en Davos, Macron y Carney se erigen líderes de la resistencia europea frente a Trump
Mientras París pide responder con decisión a EEUU utilizando el llamado ‘bazuca comercial’, Italia y otros actores, como la Comisión Europea, buscan rebajar tensiones
Este martes en Davos, el presidente francés Emmanuel Macron dio un discurso que dejó alucinados a unos cuantos. Quizá ayudó el hecho de que lo diera tocado de unas gafas reflectantes estilo aviador, pero también por el contenido. En su alocución, Macron regaló un mensaje directo al estadounidense Donald Trump en varios titulares: en Europa, sostenía, preferimos "el respeto a los matones", "la ciencia al 'politicismo'", y el "Estado de derecho a la ley de la brutalidad".
"Tener un lugar como Europa, que es predecible, leal y donde se sabe que el manual del juego es el Estado de derecho, es un buen lugar".
President Macron slams President Trump,
— Farrukh (@implausibleblog) January 20, 2026
"We do prefer respect to bullies"
"We do prefer science to politicism"
"And we prefer rule of law to brutality"
"Having a place like Europe which is predictable, loyal, and where you know the rule of the game is the rule of law, it's a… pic.twitter.com/4uTvh4kfMw
Preguntado sobre si todavía se puede considerar a Trump "un aliado", el francés señaló: "Le corresponde a él dar la respuesta, aunque en efecto no es un comportamiento que corresponde a esa calificación". "No hay que dejarse impresionar" y "hay que mantener la calma" frente a las acciones del mandatario estadounidense, "calmados" manteniéndonos "en nuestros principios", pero "sin bajar los ojos, ni ceder a la ley del más fuerte ni a una técnica de intimidación".
Macron no ha sido el único en lanzar la advertencia. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, recogió el testigo de su homólogo francés y fue incluso más lejos al asegurar que el "viejo orden mundial" no va a recomponerse. En su opinión, las grandes potencias han desmantelado el sistema internacional basado en normas, lo que obliga al resto de países a coordinarse frente a ese nuevo escenario. Carney sostuvo que el mundo no atraviesa una transición, sino una "ruptura", en la que la integración económica se ha convertido en un arma geopolítica.
"No se puede seguir viviendo bajo la ficción del beneficio mutuo cuando la integración se convierte en una fuente de subordinación", afirmó, antes de señalar que Canadá está recalibrando sus relaciones exteriores ante este nuevo escenario. Según el líder canadiense, las grandes potencias han vaciado de contenido el orden multilateral que ellas mismas impulsaron.
Estos discursos son solo loss últimos ejemplos de una de las dos "escuelas" que dividen a la Unión Europea en su estrategia para tratar a Trump y muy especialmente, los esfuerzos por parte del inquilino de la Casa Blanca por anexionarse Groenlandia, territorio dependiente de Dinamarca. Macron, que pide responder con "dureza a la dureza", y la italiana Giorgia Meloni, que aboga en su lugar por un enfoque más práctico de calmar a la bestia.
Hay consenso respecto a cuál es el interés común europeo en un momento crítico que puede poner en riesgo la Alianza Atlántica: retener a EEUU dentro de la OTAN y ganar algo de tiempo mientras la Unión Europea y sus Estados miembros tratan de prepararse en el frente militar para poder gestionar el vacío que Washington dejará en algún momento en la seguridad europea. Sin embargo, hay dos recetas diferentes para conseguirlo, dos escuelas de pensamiento muy alejadas.
Las diferencias han quedado a la vista con el anuncio por parte de Trump de una imposición de aranceles del 10% a los Estados miembros que participaron en el despliegue de efectivos danés en Groenlandia: Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. Los aranceles se comenzarán a aplicar el 1 de febrero de 2026 y, si se mantiene la oposición europea a ceder la soberanía de Groenlandia a Washington, subirán hasta el 25% a partir del próximo 1 de junio.
Ante este nuevo ataque americano, las dos recetas han quedado claramente diferenciadas. Por un lado están los países que consideran que hay que mostrar mano dura con los Estados Unidos, que la actual Casa Blanca solamente entiende el lenguaje de la fuerza. Francia lidera este grupo, y su presidente, Emmanuel Macron, ya ha llamado a poner el instrumento anti-coerción (ACI) sobre la mesa. Esta herramienta nunca se ha utilizado y daría a los Veintisiete amplios poderes para tomar represalias contra Estados Unidos si consideran demostrado que ha usado el comercio como una forma de coerción política frente a la UE.
Nadie duda de que hay una coerción por parte de Washington, porque, de hecho, la Casa Blanca no está escondiendo que ese sea el objetivo de sus aranceles: está siendo totalmente transparente al respecto. Sin embargo, utilizar el ACI sería, a ojos de muchos aliados, un movimiento escalatorio que solamente empeorará la situación. En cambio, para los defensores de su uso, si Europa no decide activarlo en este momento perderá credibilidad y el instrumento ya no valdrá. Porque precisamente es una herramienta que tiene una función disuasoria: que otros socios sepan que si usan el comercio para intentar forzar a la UE o a algunos de sus socios en cuestiones políticas habrá una respuesta muy contundente. Si en un caso extremo los Veintisiete renuncian a usarlo, ¿cuándo lo harán?
"El ACI ha estado en marcha desde hace un año, y sabemos cómo usarla y cuándo usarla, y su función principal es disuasoria. En el interés de cumplir con esa disuasión, a veces solamente mencionar una cierta herramienta cumple con esa función. El ACI es una de las herramientas a disposición de la UE", ha defendido este lunes un portavoz comunitario. Sin embargo, los líderes europeos por ahora no están de acuerdo ni siquiera en mencionarlo para probar si EEUU considera creíble su uso, y eso, de inicio, ya hace poco creíble que vaya a activarse en el futuro.
En realidad la posición francesa va más allá de la cuestión comercial. Es una escuela de pensamiento que bebe directamente del gaullismo, de la idea de que Europa debe alejarse de los Estados Unidos y que para recuperar la soberanía el primer paso es tener claro que el grandeur es una cosa que se debe proyectar incluso cuando no se tiene ninguna herramienta para hacerlo real.
En el otro extremo se encuentran los países que abogan por una línea blanda, por mantener el diálogo constructivo con Estados Unidos y buscar evitar el conflicto. Dentro de este grupo se encuentran, por ejemplo, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, o la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, que está jugando un papel especialmente destacado. La líder transalpina llamó el pasado domingo a Trump y se ha esforzado en insistir en que todo se trata de un error de comunicación y que se puede arreglar sin una gran crisis.
Pero este grupo ya se impuso en la negociación que acabó con el acuerdo comercial de este verano, cuando la UE aceptó que Washington impusiera aranceles del 15% a las exportaciones europeas, además de hacer compras energéticas y a la industria militar americana. Los críticos con esa negociación, entre los que se encontraba Francia y otros defensores de una mayor mano dura, consideraron entonces que las concesiones hechas habían mostrado debilidad por el lado europeo y que alimentarían a que la Casa Blanca buscara nuevas cesiones en el futuro. Sienten que ahora se está demostrando su tesis y piden un cambio de estrategia.
Luego hay casos particulares, como por ejemplo es Alemania. El Gobierno se encuentra dividido entre los socialdemócratas (SPD), que controlan el ministro de Finanzas y que están a favor de que el ACI siga sobre la mesa, y los democristianos (CDU), entre ellos el canciller Friedrich Merz, que quieren evitar la escalada. Berlín fue clave para que la negociación comercial del verano terminara con el pacto suscrito por Von der Leyen con Trump en Escocia a finales de julio.
Punto medio
Por ahora los líderes europeos van a buscar una tercera vía. Los embajadores representantes permanentes de los Veintisiete se reunieron este domingo y discutieron un primer posible paquete de respuesta, que consistiría en contramedidas por valor de 93.000 millones de euros, unas represalias que quedaron escondidas en un cajón cuando la UE decidió aceptar un acuerdo comercial con EEUU.
Este jueves los jefes de Estado y de Gobierno se reunirán en Bruselas en una cumbre extraordinaria que tendrá como objetivo coordinar posiciones y tratar de ponerse de acuerdo respecto a la estrategia a seguir. En la capital comunitaria se intenta también calmar los ánimos y ganar tiempo. Un portavoz del Ejecutivo comunitario ha pedido "contención" y un liderazgo "responsable" para no empeorar la situación de Groenlandia.
Este martes en Davos, el presidente francés Emmanuel Macron dio un discurso que dejó alucinados a unos cuantos. Quizá ayudó el hecho de que lo diera tocado de unas gafas reflectantes estilo aviador, pero también por el contenido. En su alocución, Macron regaló un mensaje directo al estadounidense Donald Trump en varios titulares: en Europa, sostenía, preferimos "el respeto a los matones", "la ciencia al 'politicismo'", y el "Estado de derecho a la ley de la brutalidad".