¿OTAN musulmana? Así están cambiando las alianzas militares en un Oriente Medio en llamas
Riad e Islamabad pactaron defensa mutua y Ankara negocia sumarse, impulsando un eje militar propio ante guerras regionales y dudas sobre Washington, con disuasión nuclear paquistaní y cooperación industrial creciente en juego
Un soldado de las fuerzas de seguridad turcas (Reuters)
El pasado 6 de enero, una delegación militar saudí de alto nivel mantuvo un encuentro de alto nivel en Ankara. Según explicó el propio Ministerio de Defensa turco, el Cuartel General del Mando de las Fuerzas Navales de Turquía acogió "la primera Reunión de Coordinación de Cooperación de las Fuerzas Navales de Turquía y Arabia Saudita". Era el penúltimo gesto de la creciente mejora de las relaciones entre los ejércitos de ambos países, después de años de desconfianza y roces en todo Oriente Medio, en los que turcos y saudíes habían apoyado con frecuencia a facciones rivales en los múltiples conflictos y crisis regionales.
Pero la verdadera bomba llegaría pocos días después: dos exclusivas de la agencia Bloomberg han revelado cómo el mapa de alianzas militares está evolucionando a toda velocidad en esta parte del mundo. El pasado septiembre, Arabia Saudí y Pakistán firmaron un acuerdo de defensa mutua, en el que "cualquier agresión" contra uno de los países será considerada un ataque contra todos, una cláusula similar al Artículo 5 de la OTAN. Y ahora, según este medio, Turquía se dispone a unirse a este pacto formal.
De acuerdo con las fuentes de Bloomberg, identificadas como "personas familiarizadas con el asunto", las conversaciones entre turcos, paquistaníes y saudíes se encuentran en fase avanzada y es muy probable que suceda. "La expansión de la alianza tendría sentido porque los intereses de Turquía se solapan cada vez más con los de Arabia Saudí y Pakistán en el sur de Asia, Oriente Medio e incluso África", dice el medio citando a dichas fuentes.
Las guerras de Gaza y Yemen, los ataques israelíes -y estadounidenses- por toda la región, la creciente inestabilidad global e incluso la crisis de Irán -que podría desestabilizar toda la zona y enviar millones de refugiados a los países vecinos- son algunos de los motivos por los que un proyecto militar conjunto entre estas potencias que permita coordinar respuestas unificadas tiene sentido. Pero el principal motivo, según los expertos, es la incertidumbre creada por Washington, que ya no es visto como un socio particularmente fiable por estos países, en los tres casos estrechos socios militares de Estados Unidos.
"Mientras EEUU prioriza sus propios intereses y los de Israel en la región, las dinámicas cambiantes y las consecuencias de los conflictos regionales están llevando a estos países a desarrollar nuevos mecanismos para identificar a amigos y adversarios", afirma el analista estratégico Nihat Ali Özcan, del ‘think tank’ turco TEPAV, en el artículo de Bloomberg. Y según Özcan, cada uno de los miembros aportaría diferentes capacidades a la alianza: mientras Arabia Saudí aporta el músculo financiero, Pakistán ofrece un paraguas nuclear, misiles balísticos y tropas, al tiempo que Turquía proporciona amplia experiencia militar y una industria de defensa puntera.
Esta complementariedad sería una de las claves. "¿Por qué Turquía consideraría unirse al pacto de seguridad entre Pakistán y Arabia Saudí? En mi opinión, la respuesta más probable está relacionada con la disuasión nuclear. Porque para Turquía, buscar el apoyo convencional de estos países no es muy lógico, dada la importancia de las garantías de seguridad que se les brindarían a cambio", ha explicado Sinan Ülgen, exdiplomático turco y director del Centro de Estudios de Economía y Política Exterior (EDAM) de Estambul, en sus redes sociales. "Estos países no tienen una capacidad revolucionaria [adicional] en la guerra convencional si se consideran las propias capacidades de Turquía. Por lo tanto, esta búsqueda podría basarse en la disuasión nuclear que Pakistán puede proporcionar. Ante las crecientes dudas sobre la credibilidad de la disuasión nuclear de EEUU [en apoyo de sus aliados], Turquía podría estar buscando un paraguas nuclear adicional", indica.
La posibilidad de que la adhesión de Turquía a este pacto llegue a buen puerto ha llevado a especulaciones sobre si esta coalición podría convertirse en el núcleo de una especie de ‘OTAN musulmana’, una alianza basada, además de en los intereses comunes, en una cosmovisión y unos valores compartidos, algo no tan diferente de lo que une a Europa, Canadá y -al menos hasta recientemente- a EEUU en la zona del Atlántico Norte. Los avances en las negociaciones muestran que esta posibilidad podría ser mucho más sólida que la de que llegue a existir la cacareada ‘OTAN árabe’, que nunca termina de consolidarse debido a la animosidad entre muchos de los diferentes países del mundo árabe.
"Aunque el pacto saudí-paquistaní formaliza lazos militares de larga data, la decisión de hacerlo -y el intento de Turquía de unirse- ha sido claramente acelerada por recientes ‘shocks’ regionales", como la guerra de Israel contra Hamás y otros miembros del llamado ‘Eje de la Resistencia’ en Gaza y en países vecinos, el ataque israelí contra líderes de Hamás en la capital de Qatar, o el bombardeo estadounidense de Irán, señala Gönul Tol, analista del Instituto de Oriente Medio (MEI) de Washington. "Desde la perspectiva de Ankara, el unirse a este pacto refleja ciertas ansiedades compartidas. Turquía está particularmente alarmada por las acciones israelíes que van contra sus intereses en Siria, Líbano y Gaza y reverberan cada vez más a lo largo del Mediterráneo Oriental. Para Ankara, este gesto sirve a dos propósitos: institucionalizar una cooperación militar ya robusta con Riad e Islamabad, y enviar un mensaje político de solidaridad musulmana dirigida a constreñir el comportamiento de Israel. Diplomáticos turcos creen que una confrontación ‘intra-musulmana’ abierta solo restaría energía a esa tarea", escribe Tol en un reciente análisis.
Dicha cooperación entre turcos, saudíes y paquistaníes ya es relativamente sólida en el ámbito de la industria militar. Turquía ya vende drones de guerra a ambos países, y está tratando de convencer a ambos estados de que se unan al programa de desarrollo de su caza Kaan de quinta generación. Además, se sospecha que durante la guerra entre India y Pakistán de la pasada primavera, Ankara podría haber colaborado con Islamabad proporcionando información de inteligencia y algunas capacidades técnicas adicionales.
Aún así, Ülgen es escéptico. "Aún considero altamente improbable que Turquía se una a este pacto que incluye una cláusula de defensa mutua. La razón es no solo que Turquía es un miembro de la OTAN, sino que los beneficios potenciales para Ankara son probablemente mucho mayores que los riesgos que implica este pacto, desde el punto de vista del conflicto regional", dice este experto a El Confidencial. "El único motivo racional para Ankara sería asegurar la disuasión nuclear extendida de Pakistán. Pero incluso en ese caso el objetivo sería poco realista, dada la ausencia de un enemigo común", señala.
Más allá de un Irán potencialmente agresivo e intervencionista en la región (y de mayoría chií), es difícil ver quién podría ser visto como adversario colectivo para estas tres potencias suníes. Ni la India, ni Qatar, ni los Emiratos Árabes Unidos cumplen ese requisito. Ni siquiera Israel podría ser señalado abiertamente como un enemigo, dado que ninguno de los tres estados puede permitirse confrontar abiertamente a EEUU. De hecho, según Ülgen, Turquía se arriesga a perder completamente como socio comercial y diplomático a una India con la que por lo general mantiene muy buenas relaciones.
Este experto también cuestiona la probabilidad real de la extensión del paraguas nuclear paquistaní a Turquía: "Hay que plantear contra quién se arriesgaría o no Pakistán a un conflicto nuclear, incluso a nivel táctico, por el bien de la seguridad de Turquía. Siendo realistas, Pakistán utilizaría su capacidad disuasoria nuclear para su propia defensa contra países como EEUU, Israel y Rusia, que poseen capacidades nucleares superiores. Pero usarla para defender a un tercer país de una forma que lo convertiría en un objetivo es un asunto completamente diferente", escribe en su cuenta de X.
En cualquier caso, los movimientos tectónicos en el panorama militar en la región son innegables. Según otra exclusiva de Bloomberg, Arabia Saudí también está ultimando un acuerdo con Somalia y Egipto para crear una coalición militar. El presidente somalí Hassan Sheikh Mohamud viajará pronto a suelo saudí para formalizar el pacto, de acuerdo con este medio.
En esta ocasión, el objetivo de esta ‘coalición del Mar Rojo’ sería limitar la creciente influencia regional de Emiratos Árabes Unidos, hasta fecha reciente un estrecho socio de Arabia Saudí pero cuyas relaciones se han agriado en los últimos meses, después de que Riad ordenase a Abu Dabi retirar sus tropas de Yemen. La semana pasada, Somalia canceló todos los acuerdos de seguridad y de uso portuario con los Emiratos, después de que los servicios de inteligencia emiratíes exfiltraran a un líder separatista yemení de territorio somalí, lo que Mogadiscio ha calificado de "violación de su soberanía".
Egipto, que es un importante socio de Somalia y el año pasado firmó un acuerdo de cooperación en seguridad y capacitación de funcionarios somalíes, también se ha convertido en un férreo adversario de los EAU. Ambos países apoyan a facciones enemigas en las guerras de Libia y Sudán.
Por su parte, Turquía, aunque por motivos geográficos no puede formar parte de esta coalición, es uno de los principales apoyos exteriores de Mogadiscio, e incluso mantiene tropas de pacificación en el país, donde ocasionalmente son objeto de atentados yihadistas. Así, coincide con Arabia Saudí y Egipto en su interés por estabilizar Somalia. Pero allí, uno de los principales elementos disruptores está resultando ser también Israel, que a finales de diciembre se convirtió en el primer país del mundo en reconocer la región separatista de Somalilandia como un estado propio, una medida que fue inmediatamente condenada por Riad, El Cairo y Ankara.
De todos modos, el hecho de que la ‘coalición del mar Rojo’ se haya creado para contrarrestar la pujanza de los Emiratos Árabes Unidos hace difícil para Turquía el formalizar algún tipo de nexo entre ambas alianzas. "Ankara no puede permitirse una postura abiertamente anti-EAU", indica Tol. "Los intereses de Turquía residen en equilibrar sus relaciones con Arabia Saudí y los Emiratos. Tampoco es probable que el pacto de defensa saudí-paquistaní -incluso con la posible participación de Turquía- se transforme en una ‘OTAN Musulmana’. Se entiende mejor como una señal política: una aserción de solidaridad musulmana en respuesta a lo que estos países ven como las acciones desestabilizadoras de un Israel cada vez más imprudente. De forma crucial, Ankara preferiría tener a los EAU dentro de este esquema en lugar de fuera, a pesar de sus diferencias persistentes con Abu Dabi", apunta esta experta.
Así, aunque no se puede hablar de enemigos comunes para todos estos países, sí pueden ponerse de acuerdo en la existencia de amenazas colectivas más o menos fluidas, y trabajar en estrategias conjuntas. La creación simultánea de dos focos de cooperación militar entre países musulmanes ya muestra la profundidad de los cambios en este entorno, y la reacción de los principales actores del vecindario para reposicionarse ante ellos. Oriente Medio ya es otro.
El pasado 6 de enero, una delegación militar saudí de alto nivel mantuvo un encuentro de alto nivel en Ankara. Según explicó el propio Ministerio de Defensa turco, el Cuartel General del Mando de las Fuerzas Navales de Turquía acogió "la primera Reunión de Coordinación de Cooperación de las Fuerzas Navales de Turquía y Arabia Saudita". Era el penúltimo gesto de la creciente mejora de las relaciones entre los ejércitos de ambos países, después de años de desconfianza y roces en todo Oriente Medio, en los que turcos y saudíes habían apoyado con frecuencia a facciones rivales en los múltiples conflictos y crisis regionales.