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Viaje a la Francia vacía, donde los narcos intentan suplantar al Estado
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Pagar vacaciones, ayudar en mudanzas

Viaje a la Francia vacía, donde los narcos intentan suplantar al Estado

Crece la preocupación por la voluntad de los grupos de narcotraficantes de ofrecer favores a los vecinos a cambio de su silencio. En la localidad meridional de Bagnols-sur-Cèze han organizado fiestas infantiles y ayudado en mudanzas

Foto: Un parque en Bagnols-sur-Cèze, con un grafiti que reza "Bienvenidos a la Gitani (mafia local). (Enric Bonet)
Un parque en Bagnols-sur-Cèze, con un grafiti que reza "Bienvenidos a la Gitani (mafia local). (Enric Bonet)
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El asesinato a finales de noviembre en Marsella de Mehdi Kessaci, hermano del político y activista de izquierdas Amine Kessaci, dejó a Francia petrificada. Era la primera vez que una banda de narcotraficantes mataba a sangre fría por motivos políticos en el país vecino. Las fuerzas de seguridad priorizan el móvil de que el asesinato de ese joven, de 18 años, se trató de "una advertencia" hacia su hermano mayor. Amine es un conocido actor de la lucha contra el cáncer que representa la droga para esta ciudad portuaria, donde murieron hasta 49 personas en 2023 a causa de los ajustes de cuentas entre bandas.

A pesar de que la violencia descarnada acapara los titulares, otra realidad sobre el mundo de la droga preocupa cada vez más a las autoridades francesas: la imbricación y el control social que estos grupos ejercen sobre determinados barrios. Los expertos debaten sobre si estas organizaciones delictivas actúan como mafias. Por consiguiente, se preguntan si han creado "un vínculo asociativo" con los territorios donde están implantados y eso ha provocado "una subordinación" y "omertá" por parte de sus habitantes. Se trata de uno de los principales criterios para describir una mafia, según la definición moderna establecida por la legislación en Italia en 1982.

El nombre de Bagnols-sur-Cèze ha tenido el triste honor de aparecer en los últimos meses en los medios galos como un ejemplo de este "poder social". En esa localidad, situada a 30 kilómetros al noroeste de Aviñón (sudeste de Francia) y con poco más de 18.000 habitantes, un grupo de narcotraficantes se ha dado a conocer por comprar la paz social de los vecinos del barrio de los Escanaux, donde la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

En ese céntrico distrito se halla un oneroso punto de venta de drogas, que genera unos ingresos diarios de entre 10.000 y 30.000 euros, según datos policiales. Su apariencia choca con el tópico de que los vendedores de estupefacientes actúan en los lugares más sórdidos y recónditos de los barrios periféricos. Hace falta andar poco más de diez minutos desde la estación de trenes o el Ayuntamiento para llegar al lugar donde venden cannabis, cocaína, éxtasis… Y uno difícilmente puede perderse, puesto que los mismos narcos marcaron con grandes flechas negras en las paredes allí donde instalaron su campo base.

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El autobautizado como el "horno" se encuentra entre dos torres con un aspecto algo decrépito al lado de un campo de fútbol. En uno de los laterales del césped venden droga con poca discreción, en el otro hay una escuela y una sala de espectáculos. Cuando uno se acerca allí, sorprende la presencia de un grafiti. "Welcome to the Gitani (Bienvenidos a la Gitani)", escribieron con grandes letras blancas en mayúsculas en uno de los muros del pequeño estadio.

"Si necesitáis cualquier ayuda, os invitamos a contactarnos"

Gitani es el mismo nombre del grupo local de narcotraficantes implantado de manera ostensible en ese barrio. Esa misma banda firmó una carta que dejó en los buzones de los vecinos de esas torres. Pedía en esa misiva perdón por las "molestias sonoras" y las "eventuales degradaciones". Además, prometía a los vecinos poner a su disposición a unos jóvenes "motivados" para ayudarles a hacer arreglos en sus pisos, hacer una mudanza o llevarles las bolsas de la compra.

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"Si necesitáis cualquier ayuda, ya sea financiera o de otro tipo, os invitamos a contactarnos", les recomendaban. Pocos meses después de que repartiera esa carta, la Gitani organizó en abril del año pasado una fiesta con castillos hinchables, vendedores de helados y mostradores donde los niños podían cazar patos de plástico. Esa celebración no solo marcó a los habitantes, sino que también alertó a las fuerzas de seguridad. La Oficina de Antiestupefacientes puso como ejemplo lo que ocurrió en Bagnols-sur-Cèze como una demostración de que algunos distritos galos se han visto corroídos por la lacra de la droga.

"Cuando mi mujer vuelve de hacer la compra, (los jóvenes que regentan el punto de narcotráfico) le han propuesto más de una vez de llevarle las bolsas y subirlas hasta nuestro piso", explica Younes, de 38 años, que vive en un bloque de viviendas cercano al lugar donde venden estupefacientes. "También me han ofrecido dinero, pero lo he rechazado", dice este trabajador en una fábrica de rosquillas, quien reconoce su "miedo a que esto dé una buena imagen de los narcos y que se conviertan en un ejemplo para mis hijos".

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Mientras uno se pasea por los Escanaux, puede encontrar con preocupante facilidad a habitantes que justifican la acción de los narcos. "Lo que hacen esos chicos no está del todo bien, pero tampoco agredirán a la primera chica que pasa por la calle en minifalda", afirma la camarera de uno de los pocos bares de la zona. Dice "tener más miedo de la policía que de los jóvenes" que se dedican a vigilar el punto de deal. Esos mismos chavales entran en ese local como si estuvieran en territorio afín. Toman un café sin pagarlo. Y no dudan a echar a este reportero al enterarse de que es un periodista.

La estrategia de "plata o plomo"

"Creo que se inspiran de la estrategia de Pablo Escobar en Colombia. Esta consiste en sobornar a la población para que se calle o se muestre más reticente a la hora de colaborar con la policía", asegura la comisaria Célia Bobet, responsable de la misión de policía en la Mildeca, organismo vinculado a la jefatura del Gobierno y encargado de coordinar la política de lucha contra los estupefacientes. Según explica este alto cargo a El Confidencial, "antes las redes criminales intentaban actuar con gran discreción para no llamar la atención, mientras que ahora no dudan en mostrarse en público lanzando fuegos de artificio tras una noche exitosa en su comercio ilegal o con ráfagas de kalasnikov para amenazar a alguien".

Recurren, de hecho, "a la estrategia de plata o plomo" en que combinan las represalias "con otras medidas más suaves con las que intentan comprar la complacencia de la población", sostiene Bobet. Este tipo de funcionamiento “lo observamos sobre todo en el sur de Francia, pero también hay casos en la región de París. El conjunto del territorio galo se ve afectado por esta tendencia”, añade esta comisaria. Ella que lleva las riendas del programa Limits (Límites) con el que el Gobierno ha impulsado proyectos sociales en 30 localidades con el dinero recuperado en acciones contra el narcotráfico.

Además del mediático caso de Bagnols-sur-Cèze, se ha tenido constancia de que grupos de narcos instalaron piscinas hinchables en los barrios norte de Marsella, una de las zonas más pobres y peor equipadas en servicios públicos en la segunda localidad del país. En una barriada en Cavaillon, otra banda puso una piscina, un castillo hinchable y trampolines para el fin de semana del 14 de julio (fiesta nacional) de 2023. Las autoridades locales prohibieron a finales del pasado verano una distribución de material escolar organizada por el "FV Gang" en la localidad meridional de Orange. "Y recientemente hubo una ‘acción social’ del mismo estilo en Nimes", afirma Bobet.

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"Se trata de acciones puntuales. Estamos muy lejos de la situación en Colombia, donde los cárteles en la época de Escobar podían organizar torneos de fútbol o construir barriadas", matiza el criminólogo Michel Gandilhon, autor del libro Drugstore. Drogues illicites et trafics en France. Este investigador universitario en el CNAM considera "exagerada" y "poco pertinente" la idea de una "mexicanización de Francia", formulada a finales de 2024 por el entonces ministro del Interior, el conservador Bruno Retailleau.

Preocupante fenómeno del 'narcoturismo'

Pese al carácter incipiente de esta filantropía interesada, "se trata de una tendencia muy preocupante", advierte Bobet. No solo pretende que la población local mire hacia otro lado, sino también puede servir como medio de reclutamientos de jóvenes de las banlieues. "He visto cómo en algunos barrios de Marsella les ofrecen pelotas de fútbol a los adolescentes", asegura la periodista Coralie Bonnefoy, coautora del libro Marseille sous emprise. "Los narcotraficantes no son para nada unos benefactores. Solo pueden hacer favores con una mínima parte del dinero que ganan si eso les sirve para reclutar a chavales", añade la coredactora jefa del diario digital Marsactu.

El aumento del consumo de cocaína en Francia —la consume con regularidad el 2,7% de la población, porcentaje superior al 2% en Estados Unidos— "ha comportado que prácticamente se haya triplicado el volumen de negocio que representa el mercado de la droga, pasando de 2.500 millones de euros anuales en 2010 a 7.000 millones en la actualidad", recuerda Gandilhon. Esta cantidad ingente de dinero atrae a muchos jóvenes, muchos de ellos menores de edad y que abandonaron sus estudios. Hasta el punto de que las bandas logran reclutar a su mano de obra criminal más allá de las barriadas donde están implantadas.

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"El fenómeno del 'narcoturismo' es algo que observamos con claridad en Marsella. Solo hace falta ir a los juicios rápidos en los tribunales (…) y allí se ve que los pequeños actores del narcotráfico son jóvenes que proceden de todos lados, ya sea de otras grandes ciudades (París, Grenoble…) o de zonas rurales", explica Bonnefoy. A muchos de ellos los contratan a través de las redes sociales prometiéndoles que ganarán 100 o 150 euros al día con los gastos de comida y alojamiento pagados. "Piensan que podrán hacerse unos ahorros y comprarse unas zapatillas de marca trabajando unos pocos días", sin ser conscientes del infierno en que se meten, afirma la periodista de Marsactu.

De hecho, "hubo un caso reciente de un joven que llegó a Marsella en tren a las siete de la mañana para trabajar como vigilante en un punto de venta de droga y por la noche ya lo habían asesinado", recuerda esta reportera. Katia Yakoubi es una asistenta social y una activista que recorre desde hace años los barrios del norte de la ciudad foceana. Admite que más de una vez le han impedido el paso con su vehículo y la han controlado jóvenes narcos que imponen su ley en algunas de esas zonas: "Hasta una vez en que les dije que no iba a dejar que me inspeccionaran, porque yo no era la intrusa, sino ellos".

Según la expresidenta de la asociación local Adelphi’cité, "los puntos de venta de droga aparecen en los lugares vacíos. Los narcos se aprovechan de la pobreza y de aquellas zonas y categorías de la población que fueron abandonadas por la sociedad y el Estado". Esta lógica se reproduce en localidades marcadas por fuertes desigualdades como Marsella, pero también "hay cada vez más puntos de deal en zonas rurales empobrecidas y donde escasean los servicios públicos", como lo ilustra el ejemplo de Bagnols-sur-Cèze. Es un fenómeno tentacular cuya banalización e imbricación preocupa cada vez más en Francia. De ello depende la dificultad para erradicarlo.

El asesinato a finales de noviembre en Marsella de Mehdi Kessaci, hermano del político y activista de izquierdas Amine Kessaci, dejó a Francia petrificada. Era la primera vez que una banda de narcotraficantes mataba a sangre fría por motivos políticos en el país vecino. Las fuerzas de seguridad priorizan el móvil de que el asesinato de ese joven, de 18 años, se trató de "una advertencia" hacia su hermano mayor. Amine es un conocido actor de la lucha contra el cáncer que representa la droga para esta ciudad portuaria, donde murieron hasta 49 personas en 2023 a causa de los ajustes de cuentas entre bandas.

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