Todo lo que dificulta el esperado ataque de EEUU a Irán (y qué podría pasar)
Parecía que el ataque de EEUU a Irán era inminente y, sin embargo, no pasó. Una de las razones fue la presión de los aliados de EEUU en el Golfo y las limitaciones militares
Donald Trump parecía tener muy claras sus intenciones en Irán. Este miércoles parecía incluso convencido de dar un paso más allá y actuar militarmente para frenar la violencia en las protestas contra el régimen ayatolá. Algunos funcionarios aseguraron que la intervención parecía "inminente" y podría darse antes del jueves. Washington incluso instó a sus ciudadanos que estuvieran en el país a salir inmediatamente por tierra. Poco después, Teherán anunciaba el cierre del espacio aéreo para todos los vuelos comerciales, alimentando todavía más la teoría de que el presidente estadounidense estaba más que listo para su operación en suelo iraní.
Pero, de manera sorpresiva, Trump aseguró que la represión contra los manifestantes por parte del Gobierno iraní, que ha asesinado a más de 3.000 personas según varias ONG, había cesado. "Y no hay ningún plan de ejecuciones, ni una ejecución, me lo ha dicho una buena fuente", dijo. Sin dar más detalles sobre esa fuente, alejaba —por ahora— un ataque contra Teherán.
No debería, sin embargo, descartarse del todo este escenario. En junio, antes de que el Ejército estadounidense lanzara una ofensiva aérea contra instalaciones nucleares iraníes, Trump dijo en un comunicado que tomaría una decisión al respecto "en dos semanas". En realidad, en ese momento ya tenía decidido que ese ataque se llevaría a cabo. El mismo funcionario que afirmó este miércoles que las 24 horas podrían ser cruciales para esa escalada, reconocía que la imprevisibilidad de la administración Trump "forma parte de la estrategia".
Desde que empezaron las protestas masivas en Teherán y en otras ciudades del país, en diciembre, el presidente estadounidense amenazó a las autoridades con una intervención militar. Este martes, anunció que había cancelado todas las reuniones con funcionarios iraníes y aseguró: "La ayuda está en camino".
Los primeros en reaccionar a ese hipotético ataque que parecía cercano fueron los aliados de Trump en el Golfo, como Arabia Saudí y Qatar, que presionaron a Washington para que tomara el camino diplomático dentro de su estrategia para acabar con la violencia en las calles iraníes. Las principales monarquías de la región temen las consecuencias que podría tener una hipotética intervención. Desde una escalada militar entre Irán y EEUU hasta un colapso político en la República Islámica, la preocupación es que ponga entre las cuerdas su propia seguridad.
Además, temen el papel de Israel en el conflicto, que no ha mostrado su rechazo a la intervención estadounidense. "Neutralizar el régimen actual, ya sea mediante un cambio de régimen o una reconfiguración interna del liderazgo, podría traducirse en la hegemonía sin precedentes de Israel, lo cual no beneficiará a los Estados del Golfo", afirmó Bader al-Saif, profesor adjunto de historia en la Universidad de Kuwait, a The New York Times.
Opinión Desde Tel Aviv llegaron en los últimos días más señales de ese ataque ordenado por Donald Trump. Los sistemas de defensa antiaérea han permanecido en alerta máxima desde el pasado fin de semana. Los hospitales, además, recibieron instrucciones para prepararse ante una posible respuesta iraní tras las amenazas de Teherán de que tomaría represalias contra Israel y bases militares estadounidenses si Washington actuaba militarmente.
Este viernes, el director de la agencia de espionaje israelí Mossad, David Barnea, llegó a Estados Unidos para reunirse con el enviado especial de EEUU, Steve Witkoff, y hablar sobre situación en Irán, según dijo una fuente israelí a Axios.
También como medida preventiva, Estados Unidos anunciaba este miércoles la retirada de "algunos efectivos" de Al Udeid, la mayor base aérea estadounidense en Oriente Medio, situada a las afueras de Doha. Después de que Trump anunciara que le "han dicho" que Irán ya no mataría a más manifestantes, se dio la orden de aplazar el resto de la evacuación.
Irán no es Venezuela
La presión de los aliados de Washington en el Golfo puede haber sido uno de los factores clave para que el presidente estadounidense diera marcha atrás —al menos temporalmente— a esa intervención militar. Pero también jugaron otros factores logísticos, como sus opciones limitadas a nivel militar.
El Pentágono envió en otoño sus portaaviones, las plataformas desde las que podría haber lanzado el ataque, y otros buques de guerra al Caribe para su operación en Venezuela, en la que acabó capturando a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero. La administración "simplemente no cuenta con los recursos en la región para lanzar un ataque cinético completo sin riesgo de represalias", dijo una persona cercana al Gobierno estadounidense a medios locales. "Esto supone un riesgo para la misión, puede suponer un riesgo para la fuerza y, sin duda, para los objetivos, si los comandantes combinados no cuentan con las fuerzas necesarias", añadió Daryl Caudle, jefe de operaciones navales de EEUU, a The Wall Street Journal.
Aun así, las fuerzas de Washington cuentan con lanzamisiles en Oriente Medio que han navegado recientemente por las aguas del Mar Rojo y la Armada tiene al menos un submarino lanzamisiles en la región, según informaciones compartidas por The New York Times.
Los posibles objetivos del ataque a Irán podrían incluir de nuevo el programa nuclear del país y las instalaciones que albergan misiles balísticos. Algunos analistas ven también la posibilidad de que se lanzara una ofensiva limitada contra un cuartel del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) o alguna instalación naval pueda ser atacada.
Mucho antes de que Trump pusiera una pausa a esa operación, esta ya generaba temores por las dudas de si podría realmente afectar al régimen de los ayatolás. "La finalidad principal sería enviar una señal política de condena manteniéndose por debajo del umbral de la guerra", afirma Marina Miron, investigadora en el Departamento de Estudios de Defensa en el King’s College de Londres, a El Confidencial. Los medios estadounidenses citaban a funcionarios que apuntaron que esta fue una de las advertencias que recibió Trump por parte de sus asesores cuando decidió dar marcha atrás en su hipotética operación inminente.
Estos ataques podrían tener además como consecuencia (no deseada) una unión del sentimiento nacionalista y se descartaría la posibilidad de deserciones dentro de las fuerzas de seguridad de Teherán. “Desde una perspectiva estratégica, además, la falta de claridad respecto a los objetivos políticos de Washington —en particular, si persigue o no un cambio de régimen y a qué liderazgo se dirigiría el mensaje— limitaría el impacto real del ataque, reduciéndolo a una demostración de fuerza de alcance político restringido”, continúa Miron.
Todavía menos probable parece ahora una operación mucho más amplia para "decapitar" al líder ayatolá Ali Jamenei, después de que las fuerzas de EEUU capturaran a Maduro y a su esposa y los trasladaran a Nueva York con varias acusaciones relacionadas con el narcotráfico. Pero las condiciones que permitieron esa operación militar en Venezuela no se dan en Irán. En primer lugar, este objetivo contradice los objetivos de Washington según su documento de estrategia de seguridad nacional, en la que no se especifica que el cambio de régimen en Teherán sea una prioridad.
Asimismo, la proximidad geográfica entre ambos países y el acceso directo y rápido a aguas internacionales facilitó la acción militar, una situación alejada de la de Venezuela. Por otro lado, Irán carece de una oposición unificada y organizada que pueda gobernar en el caso de una caída de Jamenei. "La falta de una alternativa clara y legítima —ya sea una figura del sistema o una opción externa como Reza Pahlavi— subraya las limitaciones estadounidenses en la gestión de procesos de reconstrucción estatal, lo que convertiría este escenario en uno de alta incertidumbre y difícil sostenibilidad a largo plazo", aclara Marina Miron.
Desde este jueves, otras opciones para presionar a Irán como los ciberataques contra las instituciones del país o imponer más sanciones contra el país parecen más probables. Esta semana, Trump anunció aranceles del 25% a los países que comercian con Irán, pero no especificó cómo se implementarían. La administración también está considerando la posibilidad de enviar Starlink, las terminales para el servicio de internet satelital de Elon Musk. "Podríamos intensificar la presión de diversas maneras. El margen de maniobra [para que el presidente actúe] es pequeño, pero la gente está indignada", dijo un funcionario estadounidense a POLITICO.
Una presión prolongada sin un ataque militar podría ayudar a cohesionar la oposición iraní bajo un liderazgo común y reforzar su capacidad de desafiar al aparato de seguridad del régimen. En caso de éxito, apunta Marina Miron a este periódico, esta estrategia podría permitir a los manifestantes aumentar significativamente la presión interna.
El dilema del 'qué viene después'
Este escenario conlleva un menor riesgo inmediato en comparación con una intervención militar directa, pero el principal desafío sigue vigente en la gestión de la transición política posterior. El expríncipe heredero de Irán, Reza Pahlavi, ha intentado posicionarse en las últimas semanas como un candidato para liderar el país a través de una transición democrática. Pahlavi ha vivido exiliado en Estados Unidos desde que su padre, Mohammad Reza Pahlavi, el último shah de Irán, fue derrocado en 1979.
Por ahora, no está claro hasta qué punto figuras externas como el príncipe serían aceptadas como líderes legítimos, "y la imposición de una restauración monárquica al estilo pre-1979 parece poco viable en el contexto actual iraní", añade Miron. "Es más probable que emerjan actores moderados desde dentro del propio país, aunque la fragmentación de la oposición y la coexistencia de intereses divergentes dificultarían la formación de un gobierno estable", asevera.
Otros expertos ven como un escenario probable que una presión prolongada pueda acabar con el ayatolá Jamenei. "La Guardia Revolucionaria podría tomar temporalmente el poder, pero tampoco queda claro qué vendría después. Otras opciones como que se llegue a un acuerdo entre EEUU e Irán también puede ser posible, aunque eso signifique una parálisis de la estructura política y problemas económicos para los iraníes", sostuvo Ahmad Hashemi, director del Programa de Oriente Medio y Asia Central del Instituto de Política Global (GPI), en un encuentro online con medios internacionales.
La contención de las protestas reafirmaría la supervivencia del régimen iraní
Las protestas parecen haber disminuido su intensidad en los últimos días, especialmente en centros urbanos como Teherán. En este escenario, el Gobierno iraní y su liderazgo religioso podrían contener las manifestaciones mediante una combinación de represión selectiva y concesiones limitadas, aunque sus probabilidades de éxito dependerán de de la capacidad de las autoridades para calibrar cuidadosamente el uso de la coerción y, al mismo tiempo, introducir reformas controladas que eviten una escalada del descontento social. Esta perspectiva, según Marina Miron, no sería interpretada necesariamente como un fracaso para el régimen, sino una reafirmación de su lógica de supervivencia política, ya observada en episodios anteriores como las protestas de 2022.
Para los iraníes, este "final" tendría un impacto ambivalente. "A corto plazo, podría contribuir a una relativa estabilización interna y regional, pese a no satisfacer las demandas profundas de los sectores movilizados. A largo plazo, sin embargo, la ausencia de reformas estructurales reales podría perpetuar las tensiones sociales y políticas latentes", concluye la investigadora.
Donald Trump parecía tener muy claras sus intenciones en Irán. Este miércoles parecía incluso convencido de dar un paso más allá y actuar militarmente para frenar la violencia en las protestas contra el régimen ayatolá. Algunos funcionarios aseguraron que la intervención parecía "inminente" y podría darse antes del jueves. Washington incluso instó a sus ciudadanos que estuvieran en el país a salir inmediatamente por tierra. Poco después, Teherán anunciaba el cierre del espacio aéreo para todos los vuelos comerciales, alimentando todavía más la teoría de que el presidente estadounidense estaba más que listo para su operación en suelo iraní.