¿Es Marruecos un narcoestado? Cumple algunas características, según un libro publicado en Francia
'Mohamed VI, el misterio' es el título de la obra del veterano periodista Thierry Oberlé sobre el monarca alauí. Analiza la peculiar manera de gobernar del rey y hace revelaciones sobre el tráfico de cannabis y ahora también de otras drogas a Europa
El autor, Thierry Oberlé, con su libro 'Mohamed VI, el misterio'. (Editorial Flamarion)
¿Es Marruecos un narcoestado? Thierry Oberlé, veterano periodista francés, se hace esta pregunta en un libro, Mohamed VI, el misterio(Editorial Flamarion), que salió a la venta en Francia este miércoles. El autor recuerda la definición de narcoestado que da el Fondo Monetario Internacional (FMI) y responde que cumple varios de los requisitos para serlo, pero no todos.
Oberlé, especializado en el norte de África y el Sahel, publica ahora una nueva obra dedicada al rey de Marruecos, un jefe de Estado todopoderoso y peculiar que se ausenta mucho de su país, tiene unos amigos íntimos expertos en artes marciales y cuya fortuna ha crecido exponencialmente. Su manera de gobernar está cubierta por un halo de misterio. De ahí el título de la obra en la que resume y analiza cómo funciona el reino alauí y aporta novedades sobre el tráfico de droga.
Marruecos “es un importante proveedor de estupefacientes (primer productor mundial de cannabis, según la ONU); experimenta una elevada corrupción (5% de los parlamentarios han sido llevados a los tribunales estos últimos años) y padece unos niveles preocupantes de pobreza (puesto 120 de 193 en el índice de desarrollo humano)”, escribe el autor.
Marruecos satisface, por tanto, tres condiciones, pero “el peso del narcotráfico en su economía es, en cambio, discutible”. El Departamento de Estado llegó a afirmar en 2016 que equivalía al 23% de su PIB, recuerda. El dato es controvertido. “Si los beneficios generados por el narcotráfico son astronómicos, sus ganancias se reparten por varios continentes” y no sólo las absorbe Marruecos, matiza Oberlé. El dinero de la droga es, junto con el turismo y las remesas de los inmigrantes, “una de las principales fuentes de divisas del reino”.
“Dopado por la cocaína, la MDMA (droga sintética) y los medicamentos”, que se añaden al cannabis, “el tráfico se ha convertido ya (...) en una entidad híbrida, ultraviolenta y fuera de control”, recalca el autor. Es así “en Francia, como en el resto de Europa, y sobre todo en los Países Bajos, el imperio de la Mocro Mafia”. Esa violencia alcanza a España, por ejemplo a Barbate (Cádiz) donde en 2024 fueron asesinados dos guardias civiles por narcotraficantes.
El desafío para Europa no es sólo la exportación masiva de cannabis desde Marruecos, y más recientemente de otros estupefacientes más dañinos. Es también la conversión del reino alauí, “junto con Dubai, en el país refugio de las figuras del narcotráfico”, según Oberlé. Muchos de ellos son hijos del Rif, poseen patrimonios superiores a los 10 millones de euros “y trabajan a distancia” desde el norte de Marruecos.
Oberlé revela dos conversaciones en 2024 de dos sucesivos ministros del Interior de Francia, Gérard Darmanin y Bruno Retailleau, con su homólogo marroquí, Abdelouafi Laftit. “El 99% de los grandes traficantes internacionales buscados por Francia encuentran refugio en los Emiratos Árabes Unidos o en el norte de África. Ayúdennos”, fue el mensaje que transmitieron a Laftit. En vano.
El autor recalca la “escasa diligencia de las autoridades marroquíes para ejecutar las notificaciones rojas de Interpol”. Cuando hay una respuesta marroquí, esta suele ser: “¿Tienen ustedes pruebas?”. Sostiene el periodista que la cooperación judicial franco-marroquí depende estrechamente de la buena relación política.
Prueba de ello es que Félix Bingui, jefe del clan Yoda, uno de los mayores narcotraficantes de Marsella, solo fue detenido en marzo 2024 “tras la reanudación de los contactos entre Emmanuel Macron y Mohamed VI” interrumpidos durante una larga crisis. Bingui fue finalmente extraditado a Francia casi un año después tras el reconocimiento por Macron de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
Abordar en profundidad el tráfico de droga con las autoridades de Marruecos es prácticamente imposible. Cuando se intentaba, “se cerraban como ostras”, comentó Bernard Bajolet, que fue, en tiempos del presidente François Hollande, director de la Dirección General de Seguridad Exterior, el principal servicio secreto francés.
Oberlé arroja también dudas sobre la eficacia de la cooperación antiterrorista que brinda Marruecos a Francia. Recuerda, por ejemplo, que el marroquí Abdelhamid Abaaoud, el cerebro y autor de los atentados de noviembre de 2015 en París, que causaron 130 muertos, no fue localizado gracias a la información de inteligencia marroquí, como se dijo desde Rabat. Fue abatido gracias al chivatazo de una joven apodada Sonia. “En el plano operativo, la colaboración marroquí nunca ha permitido frustrar un atentado en suelo francés”, asevera al periodista un exresponsable de los servicios secretos franceses.
Al margen del narcotráfico y del terrorismo, Oberlé revela que Mohamed bin Zayed, presidente de los Emiratos Árabes Unidos y emir de Abu Dabi, participó, en noviembre de 1975, en la multitudinaria Marcha Verde que permitió al rey Hassan II adueñarse de gran parte del Sáhara Occidental, hasta entonces colonia española.
Cuando era adolescente, su padre le envió a Marruecos, con una falsa identidad, para que hiciera una cura de humildad. Vivía solo, se lavaba su ropa y se ganaba la vida trabajando de camarero en un café. Así se explica que los Emiratos fueron el primer país árabe que reconoció la marroquinidad del Sáhara Occidental y abrió en 2020 un consulado en El Aaiún, la capital de aquel desierto.
¿Es Marruecos un narcoestado? Thierry Oberlé, veterano periodista francés, se hace esta pregunta en un libro, Mohamed VI, el misterio(Editorial Flamarion), que salió a la venta en Francia este miércoles. El autor recuerda la definición de narcoestado que da el Fondo Monetario Internacional (FMI) y responde que cumple varios de los requisitos para serlo, pero no todos.