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Olvida Moscú, piensa en sus repúblicas: la bestia escondida en las tripas de Rusia
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Olvida Moscú, piensa en sus repúblicas: la bestia escondida en las tripas de Rusia

El analista ucraniano Valerii Pekar cree que la presión sobre el Kremlin no llegará de Moscú, sino de la influencia de las repúblicas que conforman la Federación Rusa

Foto: El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en su discurso de Nochevieja. (EFE/EPA/Mikhail Metzel)
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, en su discurso de Nochevieja. (EFE/EPA/Mikhail Metzel)

Durante tres minutos y con las murallas del Kremlin de fondo, Vladímir Putin pronunciaba su tradicional discurso de Nochevieja. Su mensaje de final de año llegaba al pueblo ruso después de unos meses intensos en los que Donald Trump ha presionado para poner fin a la guerra en Ucrania. Se han presentado planes, se han celebrado cumbres y hasta ha habido concesiones. Pocas, en el caso de Rusia, que ha mostrado una mínima disposición a ceder en las negociaciones.

En su último vídeo de 2025, el presidente ruso no dedicó más de medio minuto a su guerra en Ucrania. Se dirigió a los soldados rusos, que estaban asumiendo la responsabilidad "de luchar por su patria, por la verdad y la justicia", y aseguró que el pueblo ruso creía en la victoria. También describió a Rusia como "una gran familia fuerte y unida" que lucha por un futuro mejor.

Algunos analistas llevan tiempo preguntándose si en ese futuro "mejor" para el país se incluye a Vladímir Putin. Ese debate entró en una nueva dimensión después de la caída de otro líder, el venezolano Nicolás Maduro, capturado en una operación militar estadounidense que ha hecho saltar por los aires las reglas del derecho internacional. El presidente ucraniano Volodímir Zelenski, preguntado por los periodistas por su opinión de la captura de Maduro, dijo: "Si se puede hacer esto con dictadores tan fácilmente, Estados Unidos sabe qué hacer a continuación". No hicieron falta subtítulos para entender que se refería a Vladímir Putin, quien enfrenta una orden de arresto de la Corte Internacional de Justicia por crímenes de guerra.

Los 'kremlinólogos' llevan tiempo estudiando el funcionamiento del sistema ruso y los métodos de presión más efectivos para poner al líder contra las cuerdas. Una de esas tesis se aleja geográfica y políticamente de Moscú para acercarse a los vastos territorios que conforman la Federación Rusa.

Foto: zelenski-revela-su-plan-de-paz-de-20-puntos-ucrania-se-abre-a-una-desmilitarizacion-del-donbas

Valerii Pekar, profesor adjunto en la Escuela de Negocios Kyiv-Mohyla y autor de varios libros sobre Rusia, ha centrado una parte de sus estudios en esta teoría, base fundacional de su ONG Descolonización. El ucraniano compartió un plan académico en un encuentro con periodistas en Kiev al que acudió El Confidencial. En una segunda entrevista, detalla las claves de este método de presión. Y reitera que, a diferencia de las recientes declaraciones de Donald Trump, un acuerdo "justo y duradero" para la paz en Ucrania está muy lejos de los propósitos de Año Nuevo de Putin.

PREGUNTA. Para muchos analistas es casi una certeza que Putin no está interesado en la paz en Ucrania. ¿Cree usted que existe alguna posibilidad de que acepte un acuerdo de paz?

RESPUESTA. Existen algunas razones objetivas por las que Moscú no puede detener la guerra, sino que debe intensificarla. La razón económica es que Rusia ha puesto su economía en modo de guerra y carece de inversiones para volver a una economía en tiempos de paz. La razón política es que todas las élites rusas de alto nivel son beneficiarias de la guerra y quieren proteger sus ingresos extraordinarios.

La razón social es que Putin debe mostrar algún tipo de victoria a la población, pero no tiene nada que mostrar, lo que en la cultura política rusa significa que un dictador fracasado es ilegítimo. La razón militar (probablemente la más importante) es que Moscú tiene 700.000 soldados profesionales en la guerra y no puede simplemente enviarlos de vuelta a sus ciudades deprimidas y sin empleo, porque destruirían el Estado, como ocurrió en 1917.

P. ¿Cuál sería la manera más efectiva de ejercer presión sobre Putin y frenar la guerra?

R. Rusia continuará la guerra mientras sea capaz de hacerlo, y solo se detendrá cuando ya no pueda continuar. Para frenar a Moscú (y sus planes agresivos hacia Europa) es necesario privarla de los ingresos del petróleo, principalmente deteniendo las exportaciones de petróleo por el mar Báltico, que se realizan mediante petroleros obsoletos e inseguros que navegan bajo banderas falsas y con seguros fraudulentos, lo que supone una amenaza para el medio ambiente.

placeholder Valerii Pekar. (Ukraine Media Center)
Valerii Pekar. (Ukraine Media Center)

P. Las garantías de seguridad son uno de los puntos más importantes en el borrador de un acuerdo de paz. ¿Cree que Putin será capaz de aceptar que Ucrania reciba estas garantías?

R. No creo que las fuerzas de otros países vayan a luchar por Ucrania. Por eso, las únicas garantías de seguridad posibles para Ucrania son una economía innovadora, poderosa e integrada en la UE, y unas fuerzas armadas ucranianas que reciban todo el equipamiento necesario, producido tanto en Ucrania como en el extranjero, para proteger el país.

Es importante recordar un punto que muchos políticos todavía no han entendido. Putin no tiene ambiciones territoriales en Ucrania. Rusia no necesita territorios porque ya tiene muchos propios que están subdesarrollados y abandonados. El objetivo final de la guerra ha sido declarado muchas veces por Putin: es la existencia misma del Estado ucraniano y de la identidad ucraniana. Por eso Rusia solo se detendrá cuando se agoten los recursos para la guerra.

P. Una gran parte de sus análisis están centrados en la importancia que pueden tener regiones de la Federación Rusa como Yakutia, visto por muchos como una zona deshabitada, pero que tiene en realidad un gran potencial económico. ¿Qué papel pueden jugar estas regiones en un futuro cambio de Gobierno en Rusia?

R. Existen dos requisitos previos para cualquier desarrollo político en las regiones colonizadas. Primero, la escasez de dinero que Moscú puede redistribuir para comprar la lealtad de las élites locales. Esto solo puede lograrse eliminando las exportaciones de petróleo, mediante sanciones, etc. Segundo, Occidente debe enviar señales a las élites locales de que cree en la democratización a través de iniciativas regionales, y no a través de la muerte de Putin.

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Europa ya ha enviado la primera señal de que la desimperialización, la descolonización y la refederalización son condiciones necesarias para el establecimiento de la democracia en Rusia y de una paz sostenible a través de varias resoluciones aprobadas en 2024 en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (APCE).

La APCE incluso pide que se busque la aplicación en Rusia de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales. Sin embargo, este primer paso no ha sido respaldado por los gobiernos ni por los parlamentos.

P. ¿Hemos visto recientemente, o estamos viendo ahora, algún indicio de movimiento político?

R. Los líderes regionales en Rusia actúan con extrema cautela porque se están jugando la vida. Por ello, nadie hará nada hasta recibir una señal política clara por parte de Europa. Sería mucho peor si la señal de apoyo a la descolonización y desimperialización de Rusia no llegara desde Europa, sino desde China o desde el Estado Islámico.

P. Tanto la OTAN como varios gobiernos europeos llevan tiempo alertando de una escalada entre Rusia y Occidente cuando acabe la guerra en Ucrania. ¿Crees que estaríamos en el mismo escenario si Putin no estuviera al mando del Kremlin?

R. La única forma de detener la escalada es el reequilibrio del poder entre Moscú y las élites regionales descrito anteriormente. Mientras Rusia siga siendo un imperio hipercentralizado, escalará el conflicto, porque se trata de un imperio en la última etapa de su declive y, por tanto, una guerra victoriosa es la única forma de posponer su caída inevitable.

"Mientras Rusia siga siendo un imperio hipercentralizado, escalará el conflicto"

P. ¿Puede imaginarse una Rusia sin Putin en este momento?

R. Puedo imaginar una Rusia como imperio después de Putin, pero con un “Putin 2.0” al mando, y con la misma política. Pero también puedo imaginar una nueva Rusia genuinamente federal y no imperial, o incluso una constelación de nuevos Estados independientes (basados principalmente en las identidades nacionales de los pueblos colonizados, así como en fuertes identidades locales de regiones lejanas como Siberia, de forma similar a Canadá), que garantizarían una paz sostenible y un desarrollo democrático, y que crearían numerosas oportunidades económicas para las democracias europeas y asiáticas.

P. La reciente operación de Estados Unidos en Venezuela ha provocado un debate sobre la ruptura del derecho internacional y una reconversión del orden mundial. ¿Qué piensa sobre este debate?

R. El orden mundial se rompió hace mucho tiempo, cuando Rusia invadió Ucrania en 2014, se anexionó Crimea y no recibió una respuesta adecuada por parte de la comunidad internacional; e incluso antes, en 2008, cuando Rusia invadió Georgia. En 2022, Rusia invadió Ucrania con un enorme ejército, pero los líderes del mundo democrático siguen sin imponer sanciones realmente significativas. Por lo tanto, afirmar que el orden internacional se rompió con la operación en Venezuela no es serio. ¿Acaso la invasión de un país con medio millón de soldados no rompe el orden mundial, pero el despliegue de unas pocas decenas de soldados sí?

P. Vladímir Putin ha perdido a un aliado en Venezuela, pero la amenaza en Europa sigue latente. ¿Podría cambiar la toma de Maduro los planes de Rusia en Europa?

R. Europa recibió un mensaje claro en marzo de 2025: ya no era un socio prioritario para Estados Unidos. Los líderes europeos no quisieron escuchar este mensaje, pero el dictador ruso lo entendió perfectamente. Desde entonces, ha organizado más de un centenar de actos de sabotaje y terrorismo en países europeos. En esencia, la guerra ruso-europea ya ha comenzado. Si España cree que está demasiado lejos, debo señalar que los ciberataques, los ataques con drones, la guerra electrónica, las operaciones psicológicas a través de las redes sociales, la intimidación de líderes políticos, el sabotaje y el terrorismo no reconocen distancias ni fronteras.

Durante tres minutos y con las murallas del Kremlin de fondo, Vladímir Putin pronunciaba su tradicional discurso de Nochevieja. Su mensaje de final de año llegaba al pueblo ruso después de unos meses intensos en los que Donald Trump ha presionado para poner fin a la guerra en Ucrania. Se han presentado planes, se han celebrado cumbres y hasta ha habido concesiones. Pocas, en el caso de Rusia, que ha mostrado una mínima disposición a ceder en las negociaciones.

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