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Las masivas protestas de Irán rescatan al eterno príncipe heredero: Reza Pahlavi
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Resurgimiento del nacionalismo

Las masivas protestas de Irán rescatan al eterno príncipe heredero: Reza Pahlavi

La ausencia de figuras capaces de articular un liderazgo alternativo dentro y fuera del país ha contribuido a que Pahlavi emerja como una de las pocas opciones visibles para encabezar una eventual transición

Foto: Una persona con una foto de Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha de Irán. (Reuters/Benoit Tessier)
Una persona con una foto de Reza Pahlavi, el hijo exiliado del último sha de Irán. (Reuters/Benoit Tessier)
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Las protestas en Irán continúan acorralando al régimen islamista de los ayatolás, mientras la violencia entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad no cesa. Las pocas imágenes que llegan desde el país persa —debido al bloqueo de internet— muestran a miles de manifestantes tomando las calles de las principales ciudades del país. Las ONG y los grupos de derechos humanos estiman que —tras dos semanas de movilizaciones— el número de muertos supera ya los 500, aunque la cifra no se puede confirmar.

El país, habituado desde hace años a protestas esporádicas que han acabado sofocadas por las fuerzas de seguridad, afronta ahora un ciclo de movilizaciones que muchos consideran distinto. La población, exhausta por una crisis económica cada vez más asfixiante, la represión sistemática del régimen y la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad, parece haber cruzado un umbral de hartazgo que podría haber marcado ya un punto de inflexión. Enfatizado aún más por las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de intervenir en el país.

En este contexto de creciente represión, Washington ha elevado el tono y la oposición iraní en el exilio ha intensificado sus llamamientos a una intervención internacional. Trump aseguró que el Gobierno chií quiere negociar con el ejecutivo estadounidense, aunque advirtió que Washington podría actuar antes de que se celebre cualquier tipo de encuentro. "Parece que están empezando a hacerlo", afirmó al ser preguntado sobre si Irán había cruzado su "línea roja" al matar a manifestantes. "Lo estamos analizando muy seriamente. El Ejército lo está evaluando y estamos barajando algunas opciones muy contundentes. Tomaremos una decisión", añadió Trump a bordo del Air Force One.

La advertencia no es nueva. La semana pasada, el mandatario estadounidense ya había amenazado con intervenir si el régimen iraní reprimía las protestas con fuego real. "Les digo a los líderes iraníes: más les vale que no empiecen a disparar, porque nosotros también empezaremos a disparar", declaró el viernes durante una reunión con ejecutivos del sector petrolero en la Casa Blanca. Por ahora, el presidente ha intensificado la presión económica, anunciando este lunes que cualquier país que haga negocios con la república islámica "pagará un 25% de aranceles en todo su comercio con Estados Unidos".

Foto: trump-ofrece-la

Las declaraciones de Trump han tenido un impacto significativo entre los manifestantes y la diáspora iraní. Reza Pahlavi, hijo del último sha de Irán y la figura más visible de la disidencia fuera del país, ha respaldado públicamente una posible intervención estadounidense para apoyar las protestas. Pahlavi ya había adoptado una postura similar durante los 12 días de intercambio de fuego entre Teherán y Tel Aviv.

"Ellos saben que Trump no los va a abandonar, como ha ocurrido en el pasado. Por eso están empoderados: por la esperanza de que [el presidente de Estados Unidos] les respalde", afirmó Pahlavi en una entrevista en el programa Sunday Morning Futures de Fox News, en referencia a los manifestantes. "Estoy listo para liderar, pero la elección dependerá de la gente", añadió. "Mi trabajo es asegurarnos de que conseguiremos la transición. Soy una fuerza unitaria. Por eso la gente proclama mi nombre, porque confía en mí", sostuvo.

Según el opositor, las advertencias de Trump han envalentonado a la población frente a las autoridades y él mismo ha animado a Trump a intervenir en Irán "de la misma forma" que en Venezuela. "Estoy preparando mi retorno a nuestra patria para poder estar a vuestro lado en el día de la victoria de nuestra revolución nacional. Creo que ese día está cerca", ha dicho Pahlaví este sábado en sus redes sociales.

Nacido en Teherán en 1960 y heredero al trono antes de la revolución de 1979, Pahlavi vive en el exilio desde que su padre, Mohamed Reza Pahlavi, fue derrocado y se instauró la República Islámica, hoy liderada por el ayatolá Alí Jamenei. Preguntado directamente si deseaba que Estados Unidos eliminara al líder supremo, respondió que "el pueblo de Irán ha reaccionado positivamente y claramente a la promesa de una intervención", añadió. "Tenemos que cortar la cabeza de la serpiente para siempre. La única solución es que este régimen caiga definitivamente y que el pueblo iraní pueda liberarse", sostuvo.

Durante años, Reza Pahlavi ha sido una figura profundamente divisiva dentro de la oposición iraní, donde amplios sectores rechazan cualquier intento de restaurar la monarquía derrocada por su pasado autoritario. Además, la agenda política del heredero del sha ha estado marcada durante largo tiempo por posiciones ultraconservadoras y una cercanía explícita al Gobierno israelí de Benjamin Netanyahu, con quien se reunió en el año 2023. La ausencia de figuras capaces de articular un liderazgo alternativo dentro y fuera del país, sin embargo, ha contribuido a que Pahlavi emerja como una de las pocas opciones visibles para encabezar una eventual transición.

Foto: ayatolas-mantienen-pulso-frente-iranies-trump

En este contexto, las protestas han enaltecido más su figura. Una situación que hasta hace poco podría haber sido difícil de imaginar. Un informe del Think Tank Brookings Institution, publicado en el año 2009, ya adelantaba que Pahlavi no podía ni siquiera ser una opción porque no existía un "movimiento monárquico" serio en el país. Pero ahora todo parece haber cambiado. Al menos en apariencia.

Según explica Daniel Bandaseh, analista político especializado en Oriente Medio, "durante mucho tiempo Pahlavi fue una figura que resultaba indiferente para los iraníes, pero poco a poco se ha ido erigiendo como un factor cohesionador ante la ausencia de una oposición organizada dentro del país", añade. De hecho, por primera vez en décadas su nombre está resonando en las protestas junto con el grito de "muerte al dictador".

"Muchos iraníes son conscientes de que, en este punto, podría ser el único pegamento capaz de unir fuerzas para acabar con la República Islámica", sostiene. Sin embargo, "sin una organización dentro de Irán, sin proyecto y con la cohesión del régimen actual, sus posibilidades son difíciles ", añade. "Se escuchan cánticos a su favor y la gente ha respondido a sus llamamientos. Aunque a muchos no les guste su figura ni lo que representa, las dinámicas internas y estas últimas protestas han acelerado todo el proceso", sostiene.

"Sectores que antes eran claramente detractores ahora estén dispuestos a respaldarlo"

El analista subraya que el mensaje de Pahlavi sobre una eventual transición democrática ha sido clave para ampliar su base de apoyo. "El futuro es incierto, pero su apuesta declarada por una transición democrática para Irán ha hecho que incluso sectores que antes eran claramente detractores ahora estén dispuestos a respaldarlo", indica.

Pahlavi, ¿una opción realista?

Sin embargo, otras voces aseguran que la reaparición de la figura Pahlavi no indica necesariamente un apoyo al regreso de la monarquía. Un análisis del analista Bobby Gosh en la revista Time sostiene que, en realidad, la aparición de consignas a favor de Pahlavi refleja un sentimiento de nostalgia por la estabilidad previa a la revolución, amplificado por lo que algunos describen como campañas en redes sociales con cuentas falsas y contenido generado por inteligencia artificial. De hecho, la aparición de gritos como "Ni el sha ni el clero" indica que muchos iraníes rechazan tanto a la República Islámica como la restauración de Pahlavi.

En este sentido, la estrategia de comunicación del príncipe en el exilio se basa en gran medida en la legitimidad internacional. No es casualidad que su agenda incluya contactos políticos y apariciones públicas en Estados Unidos. Esto incluye su posible visita a Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida (que aún no ha sido confirmada).

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Hasta el momento, Washington no ha mostrado ningún respaldo explícito a ningún líder en el exilio. Esta cautela por parte de Estados Unidos es otro reflejo más de un dilema histórico en la política estadounidense hacia Irán. Un respaldo demasiado visible a Pahlavi correría el riesgo de reforzar la narrativa del régimen, que siempre ha presentado la disidencia como producto de la injerencia extranjera. Al mismo tiempo, la ausencia de interlocutores claros dificulta que Occidente imagine una transición ordenada.

Incluso dentro de la oposición, Pahlavi es una figura que levanta ampollas. Una parte de la diáspora lo ve como un recurso que es capaz de hablar con los gobiernos y las instituciones internacionales en un lenguaje tranquilizador. Otros, en cambio, lo ven alejado de la realidad social iraní e incapaz de unir la amalgama de ideologías dentro de la oposición. Desde la parte secular hasta la republicana, étnica, feminista o estudiantil.

La cuestión central sigue siendo que Pahlavi funciona más como símbolo que como líder, ya que encarna la idea de un Irán diferente, no religioso y con proyección hacia el exterior. Pero, precisamente por ello, arrastra consigo el peso de un pasado no resuelto y el riesgo de que se mezcle la nostalgia con un proyecto político sin raíces reales en el país.

"Estamos viendo una movilización masiva de la iranidad frente al islam político"

Aún es demasiado pronto para saber si el heredero del sha será capaz de convertir su visibilidad en una capacidad real para influir en los acontecimientos. Por ahora, su papel es el de un espejo que refleja las aspiraciones, las contradicciones y las incertidumbres de un país que busca una salida a su presente sin tener aún una idea sobre su futuro.

Abbas Amanat, profesor de historia en la Universidad de Yale, añadió a The Washington Post que "este régimen es capaz de reprimir a los manifestantes, sobre todo porque no existe una fuerza de oposición organizada y determinada". Respecto a Pahlavi, aseguró, además, que "a pesar de toda la publicidad que recibe, es un espejismo engañoso" porque "no posee ni la personalidad ni el respaldo organizado necesarios".

Más allá de quién puede liderar el país, el trasfondo de las protestas apunta a una fractura más profunda que está consiguiendo reavivar los símbolos nacionalistas. "Vemos una protesta masiva de la identidad iraní frente al islam en Irán", sostiene Bashandeh. "Se ven símbolos aqueménidas, el estandarte de Kaveh, el león, el sol y el faravahar", indica.

"La República Islámica ha priorizado el islam, tanto en la religión como en la política, por encima y en detrimento de lo persa. Ahora la población y el monarca reivindican esta herencia persa muy arraigada en la población. Y este apoyo también se da entre creyentes musulmanes. Apelar a la iranidad es un elemento cohesionador que intenta aprovechar el príncipe", asegura. "Es un choque identitario muy potente, una reivindicación nacional y cultural frente a la República Islámica", concluye.

Las protestas en Irán continúan acorralando al régimen islamista de los ayatolás, mientras la violencia entre los manifestantes y las fuerzas de seguridad no cesa. Las pocas imágenes que llegan desde el país persa —debido al bloqueo de internet— muestran a miles de manifestantes tomando las calles de las principales ciudades del país. Las ONG y los grupos de derechos humanos estiman que —tras dos semanas de movilizaciones— el número de muertos supera ya los 500, aunque la cifra no se puede confirmar.

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