Los ayatolás mantienen el pulso con los iraníes (y con Trump)... pero ¿hasta cuándo?
Las recientes manifestaciones en todo el país han puesto al régimen de los ayatolás contra las cuerdas, pero el camino hacia una transición sigue todavía lleno de incógnitas
La imagen de una joven cortándose el pelo en las calles de Irán fue una de las más importantes de 2022. Lo hicieron miles de mujeres en señal de protesta contra el Gobierno y el régimen de los ayatolás, y de tristeza por la muerte de la joven Mahsa Admini a manos de las autoridades. Casi cuatro años después, una mujer anciana camina por esas mismas calles con la boca ensangrentada. "No tengo miedo. Llevo muriendo por este país 47 años", grita en un vídeo difundido en redes sociales.
Este es uno de los momentos capturados desde que estalló hace dos semanas una nueva ola de protestas en Irán. Las redes sociales se han llenado de fotografías y vídeos de las miles de personas que han tomado las más de 200 localidades en todo el país reclamando un cambio en el Gobierno dominado por los ayatolás. Según la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), más de 30 personas han muerto por la represión de las autoridades y más de 2.000 han sido detenidas.
Teherán ha prometido que no cederá a las presiones de los manifestantes y, desde este jueves, el país se encuentra sumido en un apagón que los analistas han interpretado como una herramienta de represión del régimen para aislar a los manifestantes y que no se comuniquen con el exterior. Pero, por ahora, los iraníes prometen no abandonar las protestas con las que empezaron el pulso con las autoridades para forzar un cambio político.
Un relato de un testigo de las protestas compartido en redes sociales describía la situación de máxima tensión en las calles de Teherán este pasado jueves, donde se registraron varios enfrentamientos con la Policía y los Basij, una fuerza paramilitar al mando del ayatolá Alí Jamenei. "Ojalá viniera ayuda de fuera del país ahora mismo. La gente tiene las manos vacías, y los Basij disparan. Desde niños de 6 y 7 años hasta hombres de 70, todos estaban en las calles. A nadie le importó y se enfrentaban a las balas con las manos vacías", afirma.
El régimen iraní se encuentra, una vez más, ante un gran desafío que pone a prueba su supervivencia. Lo consiguió en 2022 a pesar de la intensidad de las manifestaciones y ahora promete seguir el mismo camino. En cambio, muchos iraníes sostienen que, esta vez, las cosas son distintas. "El sistema iraní ha conseguido sobrevivir, pero el cambio parece ya inevitable. El colapso del régimen es posible pero sigue sin estar garantizado", explica Alex Vatanka, investigador especializado en política iraní en el Middle East Institute en Washington, a El Confidencial.
La presión al Gobierno iraní aumentó todavía más desde el exterior el pasado 3 de enero, cuando el presidente venezolano Nicolás Maduro fue capturado por Estados Unidos. Horas antes de esa operación militar, Donald Trump lanzaba una advertencia directa a Teherán: "Si Irán mata violentamente a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, Estados Unidos de América vendrá a rescatarlos. Estamos preparados y listos para partir", aseguró.
Mientras el foco internacional estuvo durante días en la captura de Maduro y en los próximos pasos de EEUU y el chavismo en Venezuela, en Irán, las protestas tuvieron su propia evolución en las calles. El estallido estuvo motivado inicialmente por la caída de la moneda iraní, el rial, y la pérdida de confianza de la población en que el gobierno sea capaz de estabilizar la moneda. Además, el país lleva meses afrontando una inflación rampante y las consecuencias de la guerra de 12 días con Israel y Estados Unidos.
'No solo es la economía, estúpido'
El estallido de estas protestas no tuvo lugar, por lo tanto, en un campus universitario o en una plaza simbólica, sino en el corazón de la economía del país: el Gran Bazar, un centro comercial en el centro de Teherán. En esos días, la economía estuvo en el centro del debate. Pero, poco a poco, ese descontento fue evolucionando y adquirió una nueva dimensión. En un vídeo publicado en redes sociales por activistas iraníes, los iraníes empezaron a romper bolsas de arroz y tirarlas al aire en la ciudad de Abdanan.
Es un acto que podría considerarse temerario en un país en el que los productos básicos se han vuelto inasequibles para una gran parte de la población por la inflación rampante y el colapso del poder adquisitivo. Pero, en este caso, fue un acto de valentía. "Cuando quienes luchan por ganarse la vida se niegan a llevar arroz a casa, es un acto político. Es un rechazo a la humillación, la corrupción y un sistema que priva de alimentos a la gente mientras enriquece a quienes ostentan el poder", apuntaba la activista iraní Masih Alinejad en una publicación.
Ahora, la economía es una razón más dentro de una amalgama de motivos para intentar forzar un cambio en el país. "La causa es el agotamiento político. Lo que estamos viendo es una brecha que se amplía rápidamente entre una dirigencia envejecida que gobierna a través de la ideología y el control, y una sociedad —especialmente los iraníes más jóvenes— que ya no cree que el sistema pueda ofrecer estabilidad, dignidad ni un futuro. El colapso no es solo del rial, sino de la confianza", explica Alex Vatanka, investigador especializado en política iraní en el Middle East Institute en Washington, a El Confidencial.
El investigador comparte con los manifestantes esa sensación de que el régimen no podrá salir airoso de esta crisis. "El sistema ha sobrevivido a ciclos repetidos de protestas mediante la represión y concesiones tácticas, pero esa estrategia está llegando a sus límites", aclara.
"Lo que se siente diferente hoy no es el optimismo revolucionario, sino la desesperación: la sensación de que la reforma gradual es un callejón sin salida. Eso hace que los resultados sean más volátiles. La trayectoria más probable a corto plazo es un endurecimiento del régimen más que un colapso inmediato, pero el malestar acumulado está erosionando de forma constante los cimientos del control", añade en declaraciones a este periódico.
En un contexto de triple crisis, la economía y el conflicto político se suman a la amenaza de la presión militar por la presión de Estados Unidos e Israel. El verano pasado, la guerra de 12 días contra Irán sacudió los cimientos del poder nuclear de Teherán. Meses después de la operación estadounidense Operación Martillo de Medianoche, Trump no ha descartado una nueva acción militar.
Tampoco descartó hacerlo en Venezuela y Nicolás Maduro acabó siendo capturado y trasladado a Nueva York para ser juzgado por presuntos crímenes de narcotráfico. Ahora, Washington ha tomado la tutela política del país hasta una transición con el chavismo todavía en el poder.
"En el caso iraní, Estados Unidos cuenta con la capacidad de eliminar a los principales liderazgos, pero si la estrategia se limita a sustituir unas élites por otras dentro del mismo sistema, el resultado será la continuidad del statu quo. Si Trump prioriza objetivos geopolíticos, como hizo en su momento el expresidente Jimmy Carter durante la Revolución iraní, lo único que se produciría sería un reequilibrio del poder interno. Por ello, es necesario seguir la evolución de los acontecimientos con cautela", apunta Daniel Bashandeh, analista político especializado en Oriente Medio e Irán, a El Confidencial.
La sombra de un viejo rey
Lejos de las ciudades y de los pueblos bajo el régimen iraní, Reza Pahlevi ha empezado a tener voz en las protestas. El hijo del depuesto sha de Irán, que se presenta como el príncipe heredero en el exilio, se ha convertido en una opción para la transición democrática si cae la República Islámica. Lo han propuesto varios analistas y, por supuesto, él mismo.
Pavhlevi instó a los manifestantes desde Estados Unidos que gritaran desde sus ventanas a las 20:00 hora local de este jueves y viernes para mostrarles su apoyo. "Con base en su respuesta, anunciaré los próximos llamados a la acción", declaró Pahlavi en un video ampliamente compartido.
Sin embargo, el hijo del antiguo sha de Irán tiene pocas cartas para convertirse en la imagen de la transición iraní. Pahlevi no cuenta con una organización significativa dentro del país y una gran parte de sus apoyos provienen de la diáspora. Por otro lado, las encuestas apuntan a que el movimiento monárquico está muy lejos de ser ampliamente apoyado en el país.
"Con Jamenei en el poder, las posibilidades de una apertura o reforma estructural son prácticamente inexistentes"
Por ahora, todo cambio sigue pasando por los ayatolás, pero los puntos de vista positivos apuntan a que, una vez más, esta vez hay algo diferente. Hasta ahora, la República Islámica ha respondido de manera directa a los ataques recientes de Israel y ha demostrado que dispone de la capacidad militar para hacer frente a las agresiones. Ya no es así. "El régimen atraviesa un momento especialmente delicado. Ya no cuenta con el poder regional que le otorgaba el llamado eje de la resistencia, el cual funcionaba como un mecanismo de disuasión y alejaba las amenazas de sus fronteras", continúa Bashandeh.
"A ello se suma la ausencia de reformas políticas significativas y la postura oficial de no ceder ante las protestas sociales. En este escenario, mientras Jamenei permanezca en el poder, las posibilidades de una apertura o reforma estructural son prácticamente inexistentes", concluye.
Los analistas concuerdan en que Irán podría tomar ahora tres posibles caminos: Jamenei acepta el cambio, la intervención extranjera lo impone o las protestas lo fuerzan. Para conseguir este tercer escenario, los manifestantes seguirán en las calles, a pesar de la represión y del apagón generalizado, pero con un lema que repiten en las calles de todo el país: "¡Muerte a Jamenei!".
La imagen de una joven cortándose el pelo en las calles de Irán fue una de las más importantes de 2022. Lo hicieron miles de mujeres en señal de protesta contra el Gobierno y el régimen de los ayatolás, y de tristeza por la muerte de la joven Mahsa Admini a manos de las autoridades. Casi cuatro años después, una mujer anciana camina por esas mismas calles con la boca ensangrentada. "No tengo miedo. Llevo muriendo por este país 47 años", grita en un vídeo difundido en redes sociales.