Cuba tiembla ante la captura de Maduro y las amenazas de EEUU: "Sin Venezuela tendremos aún menos combustible"
Si cae el chavismo, La Habana perdería los pagos en petróleo y dinero que recibe de Caracas por las decenas de miles de cubanos que trabajan en Venezuela bajo condiciones de semiesclavitud
Cubanos en La Habana convocados por el régimen a mediados de octubre de 2025 para rechazar la escalada de EEUU contra el chavismo. (Reuters/Norlys Pérez)
En 2019, Washington exigió a La Habana que cesara su cooperación militar con Caracas, vínculo que se encargó de articular la represión violenta de protestas populares en Venezuela, purgas dentro del ejército y espionajes internos para depurar el control chavista, según desveló Reuters también en 2019. La respuesta de la Cancillería cubana a la exigencia estadounidense fue decir que “no existían tropas cubanas en Venezuela”, algo que seis años después queda desmentido con la muerte de los 32 militares que protegían a Maduro.
La Habana vino a confirmar lo que Marco Rubio dijo horas antes: “Todas las personas que protegían a Maduro eran cubanos”. Suena a disparate que un país casi ocho veces menor, con mucha menos población y peso en el plano internacional, y dependiente energética y económicamente de Venezuela informe primero que el chavismo sobre las bajas sufridas en la captura de su líder. La explicación a esto también la dio Rubio: “Es sorprendente cómo esta pobre isla asumió y colonizó a Venezuela. Y ese es uno de los grandes problemas que tienen los venezolanos, obtener la independencia de Cuba en materia de seguridad. Si yo viviera en Cuba ahora estaría preocupado”.
La respuesta de Cuba fue convocar marchas multitudinarias para respaldar a su aliado. Miguel Díaz-Canel, el designado por Raúl Castro para liderar el Partido Comunista (único legal) de la isla, arengó a los congregados con la clásica retórica inflamada que llevan 67 años escuchando los cubanos. Se le vio sofocado y alterado, como salió en televisión nacional el 11 de julio de 2021 para atajar unas protestas gigantescas que también lo pusieron a prueba. Sabe que sin Maduro se las verá difícil para mantener su poder, ese que tiene a la mayor isla del Caribe sin apenas electricidad, transporte, alimentos o medicinas.
“Todo el mundo tiene miedo con el problema del combustible, porque ahora que cogieron a Maduro nos podemos ver más apretados con eso”, explica a este diario una auxiliar dental de la ciudad de Colón, a 180 kilómetros al este de La Habana. “Yo misma no sé si podré trabajar hoy, porque en la clínica de aquí no sé si habrá combustible para echar a andar el generador eléctrico que nos permite ver a los pacientes”.
¿Por qué la captura de Maduro atemoriza a La Habana?
No es la primera vez que el régimen cubano pasa por una situación de este tipo, pero cuando sobrevivió a la caída del campo socialista Fidel Castro estaba vivo, tenía uno de los mejores ejércitos del continente y su tecnología militar no era tan dispar con la de EEUU gracias al suministro soviético. A raíz de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961, Castro creó un sistema de defensa nacional que perseguía la “invulnerabilidad militar” y se conocía como “guerra de todo el pueblo”, porque involucraba a toda la población y no solo a los hombres en edad de reclutamiento.
Cada uno de los 168 municipios de la isla tiene un “comité militar” con dotaciones que pueden llegar a varias decenas de soldados, cada una de las 14 provincias tiene varias unidades militares con cientos o miles de soldados, y existen tres ejércitos con capacidades aéreas y terrestres independientes. Todo ese andamiaje se nutre de la mayor partida presupuestaria del régimen y de un sistema de reclutamiento obligatorio para los jóvenes varones. Durante décadas esa estrategia funcionó como persuasión, pues unida a la cercanía con EEUU y el aislamiento que confiere la insularidad, se generó cierto efecto de contención desde el Pentágono. Hoy tampoco invadir Cuba sería un paseo para el Ejército estadounidense, pero la captura de Maduro demuestra que hay nuevas alternativas.
Trump alardea de que las reglas del juego están cambiando. Ahora lo mismo mata a un gran general que “anula” la capacidad militar de Irán, y luego bombardea Nigeria, promete anexionarse Groenlandia o amenaza al presidente de Colombia. El régimen cubano también sabe que su copioso pero atrasado arsenal soviético poco puede hacer frente a operaciones quirúrgicas como la sacudió a Caracas este 3 de enero. Si todo lo anterior no bastara para que La Habana se llame a capítulo, también está el factor Marco Rubio, un cubanoamericano que lleva muchos años ascendiendo en el organigrama republicano gracias a una base electoral que ahora le exige materializar su discurso frontal contra La Habana. Sus padres, nacidos en la isla, fueron de los primeros en llegar a Florida para construir una comunidad de exiliados que ha devenido en una de las minorías más empoderadas de todo EEUU, tanto económica como políticamente.
“Cuba parece que está a punto de caer”, dijo Trump cuando su Administración comenzó a publicar imágenes de Maduro encapuchado. “No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todos sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano. Muchos cubanoamericanos van a estar muy contentos con nosotros”. Como en Cuba la población apenas sobrevive por la mala gestión de un régimen que controla la mayor parte de la economía, Trump de momento descarta emplear la fuerza para lograr un hipotético descabezamiento de la cúpula castrista: “No creo que necesitemos ninguna acción”.
Si dentro de EEUU no se ha justificado (como en conflictos anteriores) la tensión y el elevadísimo gasto que ha supuesto la ofensiva contra Venezuela, y por ende no se ve con buenos ojos, en el caso de Cuba sí existe un lobby histórico que lleva décadas promoviendo intervenir de alguna forma en la isla. “Trump tuvo los pantalones políticos que no había tenido nadie”, dijo la congresista republicana María Elvira Salazar. “Esto es un símbolo que va a tener consecuencias en todo el mundo, no solo en nuestro hemisferio, porque ahora todos saben que con este presidente y con EEUU no se puede jugar”, remató Carlos Giménez, otro miembro republicano de la Cámara de Representantes de EEUU.
Según reportó Reuters a principios de diciembre, La Habana buscó un contacto con Washington para explorar cómo quedaría la región en un escenario con Maduro fuera del poder. Al ver el crecimiento de la escalada, también envió refuerzos para que Maduro ampliara el papel de los guardaespaldas cubanos en su equipo de seguridad personal, y entraran más oficiales de contrainteligencia cubanos en el Ejército de Venezuela, según reportó The New York Times, también en los primeros días de diciembre. Quizás en ese momento ya la contrainteligencia cubana (una de las más elogiadas del planeta) tenía claro que era inminente una acción estadounidense, pues como reconoció la misma CIA, la captura de Maduro se coordinó y ensayó durante meses, y contó con información ofrecida por “un miembro del Gobierno chavista”.
Hugo Chávez, el mejor amigo del pueblo cubano
También podría barajarse la posibilidad de que el propio régimen cubano haya condicionado de alguna forma la captura de Maduro, pero sería darse un tiro en el pie antes de saltar a un abismo político. Después de casi 30 años de colaboración, para La Habana un chavismo descabezado sería como pisar terreno desconocido.
“Estoy en varios grupos de WhatsApp y ahí los debates sí son intensos, pero la calle está tranquila”, explica a El Confidencial cómo se vive desde Cuba este momento Helen Ochoa, una socióloga residente en la ciudad de Cienfuegos. “Yo sigo estando absolutamente feliz y creo que es el inicio de un proceso de democratización paulatina, pero sé que ya hay criterios divergentes y muchos escépticos. El totalitarismo no se desmantela estructuralmente de un día para otro cuando el poder militar está intacto. Para evitar el caos 'revolucionario' los cambios deben ser estructurales. Soy optimista porque nunca ha estado más cerca el final de estas dictaduras. Venezuela tendrá elecciones y Cuba pasará también un proceso de transición”.
Además del clásico lema infantil “Pioneros por el comunismo, seremos como El Che”, en las escuelas cubanas también se tatuaba a fuego que Hugo Chávez era el mejor amigo de Cuba. Y no se trata de cualquier honor, porque el régimen cubano ha tenido muchos amigos en los últimos 30 años para sobrevivir a la embestida que representó la caída del campo socialista. Por solo mencionar algunos ejemplos de la región, Evo Morales, el matrimonio Kirchner, Rafael Correa, Manuel Zelaya y Daniel Ortega también estrecharon lazos íntimos con La Habana.
Solo Lula Da Silva y Dilma Rousseff engrosaron tanto como Chávez las arcas cubanas con un multimillonario contrato de servicios médicos. Los ingresos derivados de las “misiones internacionalistas” ascendieron a 8.500 millones de dólares en 2018, pero ese mismo año todo se derrumbó con la elección que ganó Jair Bolsonaro en Brasil. Ahí se desencadenó la crisis que arreció más tarde el cierre del turismo por la pandemia y una serie de polémicas decisiones macroeconómicas tomadas por el régimen. De ellas ha querido zafarse La Habanacondenando a cadena perpetua al ministro de Economía que las lideró.
Hasta 2020 habían pasado por Venezuela más de 220.000 profesionales cubanos, por los que Caracas ha pagado tanto en petróleo como en metálico. Teniendo el precedente de lo ocurrido cuando el régimen cubano dejó de cobrar por los médicos que tenía en Brasil, si finalmente el chavismo cae y los cubanos que trabajan en Venezuela tienen que regresar a la isla, el castrismo quedaría muy tocado porque perdería la que lleva siendo su gallina de los huevos de oro durante casi tres décadas. Vale recordar que el régimen cubano se queda con entre el 70% y el 90% de los salarios de esos trabajadores, los despoja de sus pasaportes para evitar que se fuguen y les impide mantener relaciones sentimentales mientras dure su contrato. A solo horas de reportarse la captura de Maduro, las autoridades cubanas ordenaron activar los planes de evacuación de sus profesionales, sin que hasta el momento se sepa qué pasará con ellos.
Ya no es la época de la bonanza petrolera de Chávez, pero lo poco que llega a Cuba desde Venezuela resulta vital para que el régimen cubano siga sobreviviendo a duras penas. Cuando murió Chávez en 2013 yo estudiaba el bachillerato en una escuela para internos de la ciudad de Matanzas, y el pánico cundió en la escuela porque no sabíamos de dónde saldría el petróleo para mover los trenes y autobuses que nos transportaban hacia nuestras lejanas casas. Varias generaciones de cubanos, prácticamente todas las que hemos nacido después de la toma de poder de Fidel Castro en 1959, hemos sufrido en carne propia los vaivenes de la relación entre Caracas y La Habana, porque el chavismo se erigió como una versión sudamericana del castrismo. Cuando Chávez aún coqueteaba con gobernar, lo primero que hizo fue ir a Cuba en 1994 a ver a Castro para hablar sobre cómo mantenerse en el poder y aupar al movimiento de izquierda internacional.
Con la muerte de Chávez y de Castro se acrecentó el desmoronamiento de sus regímenes
Juntos crearon la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA) en respuesta al proyecto de libre comercio conocido como ALCA, que impulsó la Administración Bush a comienzos de siglo. A la postre, el ALBA jamás se tradujo en relaciones económicas más ventajosas para la región y terminó convertida en una tribuna propagandística más que se dirigía desde La Habana. Países como Chile, que sí abrazaron el ALCA o tratados comerciales similares con EEUU, sí experimentaron notables despegues en su economía.
Con la muerte de Chávez y de Castro se acrecentó el desmoronamiento del prestigio internacional de los regímenes que habían creado. Maduro, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel jamás conectaron plenamente con sus respectivas sociedades, llamadas siempre a soportar violaciones de derechos humanos y una escasez perenne de insumos básicos. Esos tres sucesores carecen del carisma con el que sus predecesores mantuvieron envilecidos a millones durante décadas, y esa desafección se nota también en las alianzas internacionales.
Amén de que el régimen islamista de Irán permanezca debilitado por los constantes ataques y amenazas de EEUU e Israel, y de que Putin apenas pueda encargarse de su guerra con Ucrania, Teherán y Moscú hace mucho que apenas mueven ficha con seriedad por sus aliados caribeños. En el último lustro, por ejemplo, el nexo entre el Kremlin y La Habana ha divagado entre falsas promesas de créditos e inversiones millonarias rusas, y amagos de colocar armamento nuclear en la isla para reeditar un escenario como el que llevó a la Crisis de los misiles de octubre de 1962.
Otro claro ejemplo de que el eje autoritario global ha abandonado completamente a las pateras ideológicas de Cuba y Venezuela, radica en que aliados históricos como Vietnam o China han exigido a La Habana cambios profundos para proteger sus inversiones en la isla. Las alianzas de estos regímenes ya no son leales ni inquebrantables. Si en 2018 Kim Jong Un recibía en Corea del Norte a Díaz-Canel con un desparpajo poco común, en 2024 La Habana estableció relaciones diplomáticas con Seúl. Chávez alardeaba en sus ruedas de prensa de que Washington no tenía tanto petróleo como él, pero ahora se lo ofrecieron en bandeja a empresas estadounidenses incluso antes de la captura de Maduro.
Los tiempos cambian. Desde este tipo de gobiernos autoritarios se están limitando las bravuconadas y las posturas intransigentes ante EEUU. Delcy Rodríguez ya rebajó el tono contra Washington y parece dispuesta a cooperar con Trump. La Habana, Managua, Teherán y Moscú, por solo citar varios ejemplos de aliados que juraban rasgarse la piel si Venezuela era agredida, reaccionaron con la boca pequeña a la captura de Maduro.