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La caída de Maduro parece una mala noticia para Putin. No lo demos todavía por sentado
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pierde a su socio... ¿y gana influencia?

La caída de Maduro parece una mala noticia para Putin. No lo demos todavía por sentado

Rusia ha condenado la operación militar de EEUU en Venezuela y la captura de Maduro, pero no ha habido ninguna acción significativa para defender a su gran aliado latinoamericano

Foto: El presidente de Rusia, Vladímir Putin, y Nicolás Maduro, en mayo de 2025. (Reuters/Alexander Zemlianichenko)
El presidente de Rusia, Vladímir Putin, y Nicolás Maduro, en mayo de 2025. (Reuters/Alexander Zemlianichenko)
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"Más unidos que nunca". Con estas palabras, Nicolás Maduro reafirmaba hace semanas sus buenas relaciones con Rusia y con el presidente Vladímir Putin. Meses antes, en mayo, el venezolano fue recibido con entusiasmo por el líder del Kremlin para asistir al desfile por el Día de la Victoria en Moscú. Esa relación se selló en el plano militar con el envío a Caracas del avión militar ruso Ilyushin Il-76, después de la escalada de tensiones y los ataques a presuntas "narcolanchas" venezolanas. En plena escalada de tensiones entre EEUU y Venezuela, el ministerio de Relaciones Exteriores del Kremlin afirmaba que el país apoyaba a sus aliados y que estaba listo "para responder adecuadamente a las solicitudes de nuestros socios ante las amenazas emergentes".

Pero, en solamente unas horas, los abrazos entre mandatarios y las palabras de apoyo quedaron atrás. El sábado, las fuerzas de Washington lanzaban una operación militar en el territorio y capturaban al líder venezolano y a su esposa, Cilia Flores, para trasladarlos a Nueva York y ser juzgados por narcotráfico y posesión de armas. Rusia respondió a la acción militar estadounidense y la consideró una "agresión armada profundamente preocupante y condenable". También mostró su solidaridad con el pueblo venezolano y apoyo "a la línea del liderazgo bolivariano". Si alguien esperaba una mayor implicación de Putin o una respuesta militar sobre el terreno para defender a Maduro, estaba equivocado.

Caracas y Moscú firmaron en 2024 un "tratado de asociación estratégica" y Putin considera a Maduro uno de sus grandes aliados en América Latina. Los vínculos entre ellos son militares, comerciales y culturales. Pero otros países aprendieron, antes que Venezuela, que estos vínculos no siempre implican que Rusia contesta a una llamada de socorro política.

"A raíz de los acontecimientos en Ucrania, las capacidades de Rusia han cambiado", decía el presidente armenio, Nikol Pashinyan al medio POLITICO tras la derrota de su país frente a Azerbaiyán en 2023. Sobre el papel, Moscú estaba obligada a defender a Armenia por un pacto de seguridad, pero Vladímir Putin giró la cara a su presunto aliado. Y, en junio, cuando Estados Unidos atacó el programa nuclear iraní —después de un acuerdo de cooperación entre Moscú y Teherán— el Kremlin se limitó a mostrar preocupación por las consecuencias de la ofensiva de Washington.

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Después de la operación militar estadounidense en Venezuela, el futuro político pende de un hilo. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ha tomado las riendas del país mientras Trump inicia la "transición" bajo su control que anunció este sábado. Este domingo, la ahora mandataria invitó al Gobierno de EEUU a trabajar conjuntamente en una "agenda de cooperación". Pero, al mismo tiempo, Trump recordó que podría haber un segundo ataque en el país si los líderes actuales "no cumplen". "Seguimos preparados", aseguró. Pero, ni siquiera en ese escenario se espera una acción representativa por parte de Moscú.

"No habrá un aumento del apoyo militar, y mucho menos el envío de tropas. Putin no ha intervenido porque carece de capacidad para hacerlo. Rusia no dispone de bases militares en Venezuela ni en su entorno inmediato, ni mantiene una presencia naval en el Caribe. Además, no existe ningún tratado de asistencia militar mutua que obligue a Moscú a actuar en defensa de Venezuela, lo que limita aún más sus opciones de respuesta", explica Alexandra Sitenko, analista política centrada en geopolítica euroasiática y doctora en Estudios Globales por la Universidad de Leipzig, a El Confidencial.

"La operación estadounidense del 3 de enero demostró una superioridad táctica abrumadora. Los compromisos actuales de Rusia en Ucrania, combinados con su incapacidad demostrada para proyectar poder de manera efectiva en Armenia, por ejemplo, hacen pensar que una escalada militar significativa en el hemisferio occidental sea prácticamente imposible", añade Ruslan Trad, investigador experto en política rusa de Atlantic Council, a este periódico.

La inmovilidad de Vladímir Putin en los últimos días ha planteado el verdadero impacto que puede haber tenido para el líder ruso la pérdida de su socio político. Alexandra Sitenko subraya que, durante más de tres décadas, ambos países han tejido una densa red de vínculos económicos, técnicos y culturales cuya disolución sería costosa y compleja.

Maduro, un 'activo' simbólico para Putin

Al menos hasta este fin de semana, entre los dos países seguían vigentes proyectos militares como la fábrica de municiones Kalashnikov que abrió sus puertas el pasado julio en el estado de Aragua. "Además, Rusia participa en cinco grandes proyectos petroleros en Venezuela, intereses que difícilmente estaría dispuesta a abandonar. Moscú hará todo lo posible en el plano político para preservar su presencia en el país y proteger estos activos estratégicos", sostiene la investigadora.

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Para otros analistas como Ruslan Trad, Maduro representaba para Putin un activo de bajo coste relativo pero de gran valor simbólico, más que un aliado verdaderamente crucial. Específicamente, Caracas cumplía varias funciones para Moscú, como demostrar su capacidad como gran potencia dentro de la esfera de influencia de Estados Unidos.

Y el hecho de perderle supone un golpe al prestigio ruso. "La incapacidad de Moscú para proteger a un Estado aliado expone los límites prácticos de la proyección de poder ruso fuera de su entorno. Venezuela era útil en términos de prestigio y para incomodar a Washington, pero no era esencial para la seguridad ni para los intereses económicos de Rusia", resume Ruslan Trad.

La caída de Maduro podría incluso tener beneficios políticos para Putin. El enfrentamiento entre Washington y Caracas puede desviar la atención estadounidense de Europa, después de meses de presión para llegar a un acuerdo de paz en Ucrania. En diciembre, la Casa Blanca publicó su Estrategia de Seguridad, en la que confirmó que buscaba una "estabilidad estratégica" con Rusia y criticaba a los aliados europeos. Para Estados Unidos, el continente europeo se encamina hacia el "suicidio civilizacional", en un documento que el Kremlin elogió por estar alineado con su visión.

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En esa misma visión, en cambio, Moscú ha ido reduciendo gradualmente su interés en Venezuela en los últimos años, sobre todo después de iniciar la invasión a gran escala en Ucrania. "El hecho de que EEUU haya trasladado más del 10% de sus activos navales al Caribe ya es, en cierto sentido, una victoria para Putin", declaró James Story, exembajador de Estados Unidos en Venezuela y socio fundador de Global Frontier Advisors, una consultora geopolítica, a The Washington Post.

Más allá de las limitaciones militares que apuntan los expertos, el presidente ruso no estaría dispuesto a entrar en un conflicto abierto con su homólogo estadounidense, en un momento en el que espera avanzar hacia un acuerdo de paz con Washington que sea favorable para Moscú. En algunos editoriales de medios estadounidenses no ha pasado desapercibida la relación entre los dos líderes y las similitudes en su manera de ver el mundo.

Desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca en enero de 2025, tomó una postura favorable hacia el líder del Kremlin y le avaló en varias ocasiones ante la mirada atónita del presidente Volodímir Zelenski. Recientemente, también le ha criticado por no ceder ante algunas de las condiciones de Kiev para avanzar hacia la paz, pero pocos analistas vaticinan un conflicto entre los dos mandatarios. Algunos incluso creen que la operación estadounidense en Venezuela les ha acercado.

"El ‘secuestro’ de Maduro fue una burla, pero una burla particular y que resulta familiar para cualquiera que haya prestado atención a Putin", sostiene el columnista M. Gessen en un artículo de opinión para The New York Times. Gessen argumenta que el presidente ruso ha afirmado que su invasión de Ucrania fue una misión para liberar al pueblo de ese país y para defender la soberanía de su país.

"Putin incluso ha afirmado que Ucrania se ha apropiado ilegítimamente de infraestructura creada por su nación (bueno, por la Unión Soviética, a la que Putin confunde con Rusia), al igual que Trump afirmó falsamente que Maduro perpetró el mayor robo de propiedad estadounidense en la historia al nacionalizar la industria petrolera que empresas estadounidenses habían ayudado a construir", afirmó.

Sin embargo, otros expertos opinan que Moscú se ha mostrado inquieto por la demostración de fuerza de Washington tras su operación militar en territorio venezolano. Frente a Putin, cuya arma predilecta es la intimidación, Trump "acaba de demostrar su determinación y su afán de escalada", declaró Kirill Rogov, investigador del Instituto de Ciencias Humanas de Viena, a Le Monde. "Esto tendrá un fuerte impacto en el Kremlin y la élite rusa", añadió Rogov, fundador del sitio web de análisis Re: Russia.

Poco después de que Nicolás Maduro fuera capturado y trasladado a Nueva York, los periodistas preguntaron a Volodímir Zelenski su opinión sobre la operación. Con una sonrisa irónica, respondió: "Si se puede hacer esto con dictadores tan fácilmente, Estados Unidos sabe qué hacer a continuación". No hicieron falta subtítulos para entender que se refería a Vladímir Putin, quien enfrenta una orden de arresto de la Corte Internacional de Justicia por crímenes de guerra.

"Más unidos que nunca". Con estas palabras, Nicolás Maduro reafirmaba hace semanas sus buenas relaciones con Rusia y con el presidente Vladímir Putin. Meses antes, en mayo, el venezolano fue recibido con entusiasmo por el líder del Kremlin para asistir al desfile por el Día de la Victoria en Moscú. Esa relación se selló en el plano militar con el envío a Caracas del avión militar ruso Ilyushin Il-76, después de la escalada de tensiones y los ataques a presuntas "narcolanchas" venezolanas. En plena escalada de tensiones entre EEUU y Venezuela, el ministerio de Relaciones Exteriores del Kremlin afirmaba que el país apoyaba a sus aliados y que estaba listo "para responder adecuadamente a las solicitudes de nuestros socios ante las amenazas emergentes".

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