El juicio del siglo ya ha empezado y no sabemos cuándo acabará: Maduro y Flores se declaran inocentes
La duración del juicio es incierta. La defensa de Maduro puede argumentar que, como jefe de Estado, este tiene inmunidad. Algo que también intentó, sin éxito, Manuel Noriega, el dictador panameño capturado en 1989
El presidente venezolano Nicolás Maduro, capturado, es escoltado mientras se dirige al juzgado federal Daniel Patrick Moynihan de Manhattan. (REUTERS Adam Gray)
"¿Es usted Nicolás Maduro Moros?", preguntó el juez Alvin Hellerstein. "Sí", respondió el imputado. "Todo lo que diga puede ser usado en su contra. Veo que tiene un abogado, el Sr. Pollack. Si no puede pagar uno, el Gobierno le proporcionará uno gratis. ¿Conocía estos derechos?".
Pese a la erosión democrática de los últimos meses, Estados Unidos sigue siendo un Estado de derecho. Y el autócrata de Caracas, aunque lo hayan convertido por la fuerza de las armas en un trofeo humano, en el protagonista de un reality show con helicópteros y agentes armados, es, sobre el papel, un acusado más.
El líder depuesto de Venezuela y su mujer, Cilia Flores, se declararon no culpables de los cargos que se les imputan, cuatro para él y tres para ella, relacionados con la conspiración para el tráfico de cocaína y la tenencia de metralletas y otros dispositivos destructivos. Durante la comparecencia, celebrada a mediodía en la corte federal de Manhattan, una persona presente en la sala se puso en pie y dijo en español: "Pagarás en nombre de Venezuela".
El futuro de Maduro y de Flores es incierto, pero no tan incierto como el de Venezuela. El 17 de marzo tienen que presentarse de nuevo ante el juez. Entre sus prioridades está recibir tratamiento médico, dado que ambos están en la sesentena y parece que se magullaron durante la operación de captura. A Maduro se lo veía cojear al salir de la furgoneta de policía en Manhattan.
El abogado de la pareja, Barry Pollack, es un letrado penal de Washington con 30 años de experiencia; entre otros casos, llevó el de Julian Assange, fundador de WikiLeaks y, en su momento, uno de los hombres más buscados del mundo. Pollack renunció, por el momento, a solicitar la opción de libertad bajo fianza para la pareja.
El que también tiene bastante experiencia es el juez Hellerstein, de 92 años. Está acostumbrado a otros casos de alto voltaje, como varios de los relacionados con los atentados a las Torres Gemelas en 2001. El magistrado dictaminó que el Gobierno de George W. Bush revelara las imágenes de las torturas en la prisión de Abu Ghraib, en Irak, y, recientemente, bloqueó las deportaciones de estudiantes propalestinos y el envío de detenidos venezolanos al gulag CECOT, en El Salvador.
La duración del juicio es incierta. Según la agencia AP, la defensa de Maduro puede argumentar que, como jefe de Estado, este tiene inmunidad. Algo que también intentó, sin éxito, Manuel Noriega, el dictador panameño capturado en 1989. El Gobierno de EEUU no reconoce a Maduro como presidente legítimo. Los cargos que se le imputan pueden acarrear entre 30 años de prisión y cadena perpetua.
Es posible que, durante el juicio, la pareja siga residiendo en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una bestia cuadrada que alberga más de 1.300 reclusos y que tiene mala reputación. Los problemas de violencia, como los apuñalamientos entre los presos, y de mantenimiento, con prolongados cortes de luz, han hecho que diversos jueces rechazaran, en el pasado, que los procesados se quedaran allí.
Por otro lado, esta cárcel, situada a pocos bloques de una zona industrial reconvertida en parque de ocio para las familias, tiene también su paseo de la fama. Aquí se han quedado el último gran jefe de la mafia neoyorquina, John Gotti; Jeffrey Epstein, Sean "Diddy" Combs, Luigi Mangione o Joaquín "El Chapo" Guzmán. Maduro, dado su perfil, estará aparte.
Nueva York había amanecido con la imagen de Maduro saliendo, engrilletado, subiéndose a un helicóptero, aterrizando en un helipuerto, bañado por la luz suave del amanecer, encaramándose a una furgoneta, etc. Otra escena más para esa cadena de memes que, de manera semiplanificada —dadas las imágenes que nos facilitan las autoridades— se está creando desde la madrugada del sábado.
El chándal gris de marca Nike que Maduro llevaba a bordo del buque anfibio americano que lo sacó de Venezuela, donde vimos al autócrata con los ojos tapados y sosteniendo una botella plástica de agua, está agotado en EEUU. Y el propio Maduro parece jugar según las reglas. No sabemos qué pasa por su mente, pero en algunas instantáneas se le ve relajado, incluso feliz, posando con agentes de la DEA y con los pulgares en alto, como si se dispusieran a ver un partido de fútbol americano con unas alitas de pollo y unas Budweisers.
Las inmediaciones de la corte federal, situada en un edificio gris del Bajo Manhattan, se convirtieron en un avispero de manifestantes, policías y, sobre todo, periodistas y camarógrafos. Ya había sucedido en muchas otras ocasiones, como cuando el propio Donald Trump compareció ante el juez después de manipular la contabilidad para ocultar el pago de una coima (dinero a cambio de silencio) a una actriz porno con la que se había acostado (lo sustanció la justicia). Pero nunca a estos niveles.
Los centenares —o puede que miles— de periodistas se arremolinaban con sus micrófonos, trípodes, técnicos curtidos y gruñones y plataformas para elevarse un poco durante las conexiones en directo. Algunos hacían sonidos labiales para vocalizar bien en el frío y otros tecleaban en su portátil encima de un contenedor de basura.
El paseo de la fama de la justicia de Nueva York tiene una nueva estrella. Hasta ahora, quizás y con permiso de Trump, la de mayor renombre.
"¿Es usted Nicolás Maduro Moros?", preguntó el juez Alvin Hellerstein. "Sí", respondió el imputado. "Todo lo que diga puede ser usado en su contra. Veo que tiene un abogado, el Sr. Pollack. Si no puede pagar uno, el Gobierno le proporcionará uno gratis. ¿Conocía estos derechos?".