El 'momento Marco Rubio': el arquitecto de la captura de Maduro ha aprendido el juego de Trump
Sin ser una figura del movimiento MAGA, el secretario de Estado ha conseguido la confianza del presidente de EEUU para hacer avanzar su propia agenda con éxito y sin granjearse grandes enemigos
No es casualidad que cuando Donald Trump aseguró que Estados Unidos "gestionará" Venezuela, su secretario de Estado, Marco Rubio, se mantuviera firme a su derecha durante la comparecencia ante los medios. El jefe de la diplomacia estadounidense ha sido el que ha capitaneado la campaña dentro de la Administración Trump que ha culminado en el descabezamiento del régimen venezolano.
"Este es el sueño de Marco", explicaba una fuente cercana a la Casa Blanca al medio estadounidense Político sobre la exitosa operación de Estados Unidos para capturar a Nicolás Maduro. Rubio ha conseguido materializar una de las mayores ambiciones de su carrera política. Hijo de inmigrantes cubanos y senador durante 10 años por Florida, donde hay una gran diáspora de refugiados venezolanos, ha sido un firme defensor de la necesidad de impulsar un cambio de régimen en Venezuela. Algo que también considera un paso necesario para asfixiar hasta la desaparición a la dictadura cubana, la caza mayor para los descendientes de exiliados en Miami procedentes de la isla caribeña.
Una vez nombrado secretario de Estado en este segundo mandato de Trump, no se ha preocupado por ocultar esta fijación, aunque ha tenido que hilar muy fino para no toparse con la oposición frontal del ala MAGA del Partido Republicano, los fieles a Trump que pugnan por el abandono de las políticas intervencionistas de EEUU en el tablero global.
Su visión geopolítica encaja más con las posturas tradicionales más militaristas de los republicanos estadounidenses. Ha impulsado una enorme presión sobre Venezuela a la vez que ha intentado revertir las tendencias más prorrusas de la Administración Trump y mantener cierto apoyo a la Ucrania de Zelenski. También sigue considerando aliados clave a los países europeos de la OTAN, lo que le diferencia de otras importantes figuras del Gobierno estadounidense, como el vicepresidente, J.D. Vance.
Precisamente por esta postura más tradicionalista, Rubio afrontó suspicacias de otros miembros de la coalición Trump al asumir el mando del Departamento de Estado. Para superarlas, ha tenido que hacer verdaderos contorsionismos dialécticos respecto a las opiniones que defendía en su etapa en el Senado. O directamente las ha contradicho. Todo ello para ganarse la confianza de su presidente, con el que protagonizó duros enfrentamientos cuando ambos compitieron en las primarias republicanas de 2015. Y así lo ha conseguido, puesto que Trump ha dicho de Rubio nada menos que "será recordado como el mejor secretario de Estado en la historia de Estados Unidos".
Su ‘adaptación al medio’ le ha permitido impulsar su agenda dentro de la Administración con rotundo éxito sin que se haya granjeado grandes enemigos, dejando atrás las suspicacias iniciales. Todo ello, mientras ha acumulado un enorme poder. Desde el pasado mayo ostenta también el cargo de asesor de Seguridad Nacional, una doble responsabilidad que solamente había asumido en la historia el emblemático y controvertido diplomático Henry Kissinger.
Ahora también ha recibido el encargo de pilotar la Venezuela posterior a Maduro y buscar su sucesor, de acuerdo con la agencia Bloomberg, que cita a funcionarios estadounidenses que no identifica. No es un papel que le resulte ajeno, puesto que, además de liderar toda la campaña de presión estadounidense contra Venezuela en los últimos meses, también ha sido quien ha mantenido los canales de comunicación abiertos con el régimen para intentar negociar el siguiente capítulo para el país. Un capítulo sobre el que Trump solo ha asegurado que Venezuela estará "gobernada" por EEUU hasta que haya un gobierno que responda a los intereses americanos.
"Lo que es más importante ahora es ver qué significa lo de que van a estar mandando en Venezuela. ¿Cuál será el papel de EEUU? Porque ese es el problema. El momento en el que rompes otro país ¿ahora qué pasa?", señala Alana Moceri, profesora de Relaciones Internacionales de IE University. Aunque "Rubio tiene que tener mucho cuidado en no decir cosas que no puede decir, porque esta Casa Blanca es muy sensible a las filtraciones", parece que "no hay mucho plan ahí", advierte. "De alguien como Rubio, que tiene tanta experiencia en el Gobierno, se espera algo más", agrega.
Lo que sí que cada vez está más claro es que en ese nuevo capítulo no aparecerá el nombre de la opositora María Corina Machado. Rubio la ha descartado "porque no está presente dentro del país". A la vez, ha estado en contacto "directamente" con la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, tal como explicó Trump en su rueda de prensa del sábado.
Ya desde antes de la captura del líder chavista ha intentado coordinar una transición a un nuevo régimen que responda a los intereses de EEUU. Unos intereses que no pasan necesariamente por una Venezuela democrática. Trump ya mostró su interés en llegar a un acuerdo con Rodríguez que permita a Washington explotar los recursos naturales del país, especialmente el petróleo. La inteligencia estadounidense no cree que Machado cuente con los apoyos suficientes dentro del país como para ganarse al Ejército y evitar un conflicto civil.
Eso no significa que el departamento de Rubio pretenda entregar el control del país a Delcy, sino que la actual vicepresidenta serviría como figura para estabilizar Venezuela, extraer sus riquezas, reducir el tráfico de drogas y frenar la salida de refugiados hacia EEUU. "Esperamos ver cambios (...), pero los más inmediatos son aquellos que son intereses nacionales de Estados Unidos. Esa es la razón por la que estamos involucrados", explicó Rubio en una entrevista este domingo en la NBC, donde también aseguró que va a "juzgar a las personas por lo que haga". También advirtió que "si no toman las decisiones correctas, Estados Unidos mantiene múltiples mecanismos de presión, incluido el embargo de petróleo".
Presentar la captura de Maduro como un interés nacional de Estados Unidos ha sido precisamente la maniobra que ha permitido a Rubio colocar en la misma página a toda la esfera ideológica y de intereses que rodea a Trump. No se ha presentado como un cambio de régimen, sino como la ejecución de una orden judicial de detención para llevar a un fugitivo ante un tribunal de Nueva York. El objetivo establecido no ha sido extender la democracia por el mundo, sino frenar el narcotráfico y la inmigración ilegal hacia Estados Unidos. Todo ello mientras aparece la oportunidad de explotar los recursos petroleros del país, una obsesión de Trump desde su primer mandato. Un marco cuyo éxito ha quedado demostrado por la ausencia de críticas de la parte más aislacionista de la coalición MAGA.
"Él tiene que jugar el juego de Trump y para ello tiene que tener mucho cuidado", advierte Alana Moceri, recordando cómo otros aliados muy cercanos al presidente estadounidense han acabado expulsados de la Administración. Sin embargo, la profesora de IE University cree que Rubio acepta hacer estos equilibrios porque "lo de Venezuela es algo muy importante personalmente y, en parte por eso, está en política".
Derrocar a Maduro para asfixiar a La Habana
La importancia "personal" para Marco Rubio de descabezar el régimen en Venezuela responde, sin embargo, a otro fin: "Todo gira en torno a Cuba: cualquier cosa que él pueda hacer para debilitar al régimen cubano", según explicaba a The New York Times un funcionario estadounidense bajo condición de anonimato. Por ello, ya en 2019, cuando aún era senador, aseguraba en una entrevista que una consecuencia "bienvenida" de un cambio en Venezuela sería una dictadura cubana muy debilitada.
Un efecto dominó que volvió a recordar este sábado en la primera comparecencia tras la captura de Maduro. "Si yo estuviera en el gobierno de La Habana, estaría preocupado", señaló el secretario de Estado para explicar que se trataba de un golpe directo a la inteligencia cubana en Venezuela. "Les hemos ganado la partida. Todos esos guardias que ayudan a la protección de Maduro, incluso lo que se conoce de la agencia de espionaje venezolana, estaba lleno de cubanos".
La obsesión de Rubio con la infiltración de la inteligencia cubana en la seguridad de Venezuela es consecuencia del fracaso de las protestas de 2019 contra Maduro. Según ex altos cargos de la Casa Blanca, fueron los servicios secretos cubanos los que alertaron al líder chavista de los planes en su contra y ayudaron a aplastar cualquier tipo de disidencia.
Además, ambos países mantienen una estratégica alianza económica que se remonta a los tiempos de Fidel Castro y Hugo Chávez. Fue entonces cuando Venezuela suministraba grandes cantidades de petróleo con importantes descuentos a la isla. A cambio, Cuba envió agentes de inteligencia para sostener al régimen chavista y trabajadores médicos para apuntalar el débil sistema sanitario del país.
Sin embargo, todo el apoyo a Cuba ha decaído ante el estrangulamiento económico que las sanciones estadounidenses han supuesto para Venezuela. De acuerdo con datos de Reuters, el régimen cubano recibe una cuarta parte de petróleo de lo que obtenía cuando Chávez estaba en el poder. De igual forma, la llegada de médicos cubanos ha descendido.
Pese a todo, la política anticubana de EEUU, de cuyo epicentro en Florida surgió la carrera política de Marco Rubio, está convencida de que acabar con esta alianza es la clave para tumbar al régimen cubano. "No voy a comentar nuestros próximos pasos ni sobre nuestras políticas actuales al respecto. Pero no somos muy partidarios del Gobierno cubano y creo que eso no es un misterio", remataba este domingo Rubio en la entrevista con la NBC.
No es casualidad que cuando Donald Trump aseguró que Estados Unidos "gestionará" Venezuela, su secretario de Estado, Marco Rubio, se mantuviera firme a su derecha durante la comparecencia ante los medios. El jefe de la diplomacia estadounidense ha sido el que ha capitaneado la campaña dentro de la Administración Trump que ha culminado en el descabezamiento del régimen venezolano.