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El camino judicial del "narco" Maduro y sus cartas a jugar desde su búnker de Nueva York
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Hablará ante el juez

El camino judicial del "narco" Maduro y sus cartas a jugar desde su búnker de Nueva York

Trump anunció el sábado la captura del dirigente venezolano, se le trasladó a Nueva York y allí espera recluido en el MDC de Brooklyn, donde afrontará cargos por narcoterrorismo, armas y conspiración con posibles penas de cadena perpetua

Foto: El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (c), escoltado por agentes de la Administración para el Control de Drogas (EFE)
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (c), escoltado por agentes de la Administración para el Control de Drogas (EFE)
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La última vez que Nicolás Maduro habló desde un púlpito en Nueva York fue el 27 de septiembre de 2018. El entonces presidente de Venezuela dijo ante la Asamblea de las Naciones Unidas: "El presidente de los Estados Unidos de Norteamérica una vez más atacó al noble pueblo de Venezuela y apoyó, como él dijo, la doctrina fundada por el imperio de los Estados Unidos hace 200 años (referencia a la Doctrina Monroe). Es un conflicto histórico entre la doctrina esclavista e intervencionista contra la doctrina de Simón Bolívar de dignidad, justicia, libertad e igualdad".

Es probable que el mandatario caribeño, que se ha sentido intocable durante años en su patria convertida en su cortijo, no imaginara entonces que la próxima vez que hablaría públicamente en la Gran Manzana sería esposado y ante un juez. Y lo hará (este mismo lunes) porque justamente el mismo presidente al que hacía referencia entonces, Donald Trump, presume de haber ejecutado una doctrina política que consagra desde hace décadas el dominio estadounidense sobre todo el continente. "La Doctrina Monroe era muy importante, pero la olvidamos. Con nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental no volverá a ponerse en duda", dijo el neoyorquino en la rueda de prensa del sábado en la que anunció la detención del caribeño.

El ahora "narcotraficante" Nicolás Maduro, bajo esa acusación ha sido detenido y transportado para ser juzgado a Estados Unidos, puede que pase muchos años, hasta el resto de su vida, entre sus "odiados" gringos. La Fiscalía le acusa de diversos graves delitos:

Conspiración de narcoterrorismo. Se le acusa de fabricar y distribuir cocaína para ser importada a EEUU con la intención de apoyar a las FARC colombianas, organización terrorista extranjera en 2020 (hoy ya no lo son). La pena máxima por este delito es cadena perpetua.

Conspiración para importar cocaína a los EE.UU. Para establecer la pena máxima, entre 20 años de cárcel y cadena perpetua, habrá que demostrar la cantidad de droga importada y observar los agravantes.

Conspiración para poseer y usar ametralladoras y dispositivos destructivos. Se le acusa de poseer y usar armas de guerra para apoyar el trasiego de drogas. Pena máxima posible de 20 años de prisión.

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Posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos. Se le acusa de tenencia de armas prohibidas, lo que parece una ironía proviniendo esa acusación de los Estados Unidos, pero se relaciona su posesión con el delito del tráfico de drogas. La pena es variable, pero puede llegar hasta la cadena perpetua.

Conspiración criminal continuada. Se le acusa de dirigir una empresa criminal de forma continuada y de participar de sus beneficios. También puede castigarse hasta con cadena perpetua.

Ante ese panorama, Maduro ya no se podrá pasear en los próximos años previsiblemente por las calles del barrio de Harlem, como le gustaba hacer cuando visitaba NY para intervenir ante la ONU a denunciar imperialismo, y se tendrá que contentar con contemplar la vida exterior desde la reja de su furgoneta en las visitas al juzgado. Por ahora, ese bunker del que recientemente presumía en una entrevista en el que vivía en Caracas es la prisión de máxima seguridad, Metropolitan Detention Center (MDC) de Brooklyn, en la que está recluido. Se trata de un penal provisional donde estará encerrado a la espera de sentencia.

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Allí comparte espacio previsiblemente con otros celebres narcos como Ismael el Mayo Zambada o Rafael Quintero. Incluso, puede que se tropiece con alguna pintada que dejara el celebre Chapo Guzmán, que estuvo allí mucho tiempo retenido hasta que se terminó su proceso y fue trasladado a un penal en Colorado. Su causa, y la de algunos de sus compañeros de inmueble, tiene ciertas similitudes, así que puede ver en ellos algo de su destino.

Un largo proceso judicial

Maduro empieza este lunes su particular calvario judicial en Nueva York. Desde 2020, el venezolano estaba en busca y captura. El Gobierno Federal ofrecía ahora hasta 50 millones de dólares a los que ayudaran a detenerle. Cantidad que Trump y el secretario de estado, Marco Rubio, se encargaron de decir el sábado pasado que quedaba exenta de cobro porque la detención se había hecho sin ayuda externa. ¿Excusatio non petita, accusatio manifiesta? (¿Explicación no pedida, culpa manifiesta?).

Este proceso, y desde luego la posterior condena y tiempo que Maduro esté en prisión, servirán para aclarar muchas cosas sobre una operación militar que deja muchas dudas. Se ha filtrado en medios que alguien del círculo de Maduro pasó información para detenerle en una intervención extremadamente limpia y quirúrgica para su previsible complejidad. Quizá se sabrá la verdad de lo que sucedió aquella noche cuando se conozca el tiempo real que pasará en prisión el venezolano, o cuando se aclare el proceso político que viene en Venezuela y se descubra si hay grietas entre los altos mandos del chavismo.

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Ahí intervienen ahora muchas variables. Maduro enfrenta cargos penales, algunos parecen complicados de demostrar. ¿Es Maduro el líder de un cártel? El 26 de marzo de 2020, el entonces fiscal por el distrito sur de Nueva York, Geoffrey S. Berman, presentó los cargos por los que ahora se juzgará al caribeño: "El régimen venezolano, liderado por Nicolás Maduro Moros, sigue plagado de criminalidad y corrupción. Durante más de 20 años, Maduro y varios de sus altos cargos presuntamente conspiraron con las FARC, lo que provocó la entrada de toneladas de cocaína que devastaron comunidades estadounidenses (…) El alcance y la magnitud del presunto tráfico de drogas solo fue posible porque Maduro y otros corrompieron las instituciones de Venezuela y proporcionaron protección política y militar para los delitos de narcoterrorismo descritos en nuestros cargos".

La operación militar del sábado debe ahora desembocar en un proceso judicial que se ajuste a la legalidad. "No se puede decir que se trataba de una operación policial y luego dar un giro de 180 grados y afirmar que ahora necesitamos gobernar el país", opina Jeremy Paul, profesor de la Northeastern University especializado en derecho constitucional, en Reuters.

"Una acusación penal por sí sola no otorga autoridad para utilizar la fuerza militar con el fin de derrocar a un gobierno extranjero, así que es probable que la Administración hable de la teoría de la defensa propia", afirma Matthew Waxman, profesor de Derecho de la Universidad de Columbia especializado en legislación sobre seguridad nacional, en la misma pieza de Reuters que se titula: "¿Fue legal la captura del presidente de Venezuela por parte de Estados Unidos?".

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Los precedentes similares: de Noriega al Mayo Zambada

Maduro tiene espejos en los que mirarse. El más claro es el del también dictador y jefe de estado, el panameño Manuel Noriega, al que también los marines detuvieron y llevaron a EE.UU. en 1989 acusado de narcotráfico y vínculos con el cartel de Medellín. Como a Maduro, un tribunal, en este caso de Miami, le había acusado antes, en 1988, de conspiración de traficar cocaína, crimen organizado y lavado de dinero.

Cara de Piña, como se conocía al panameño, intentó usar la carta de detención ilegal, de ser un prisionero de guerra y de tratarse en realidad de una detención política. Los jueces rechazaron sus alegatos y se le condenó en 1992 finalmente a 40 años de cárcel, que acabaron reducidos a 30, por ocho cargos. Los jueces dijeron que aunque la captura fuera militar o irregular, eso no invalidaba el juicio penal a un hombre formalmente en busca y captura.

El panameño vio rebajada su pena por buen comportamiento y cumplió condena en EE.UU. hasta 2010. Posteriormente, fue extraditado a Francia, donde tenía causas pendientes, donde estuvo procesado hasta 2011. Ese año volvió a Panamá acusado de diversos delitos, entre ellos asesinato y desaparición forzosa. Fue condenado a 60 años de cárcel en su país. En 2017, gravemente enfermo, pasó a arresto domiciliario hasta su muerte, el 29 de mayo de ese mismo año.

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Fermín Torrano. Cúcuta (frontera colombovenezolana)

También puede Maduro mirarse en el espejo de alguno de sus compañeros de edificio. El último ejemplo famoso de narco allí detenido tiene algunas similitudes. Quizá el venezolano se cruce con Ismael, "el Mayo Zambada", uno de los dos grandes líderes del Cártel de Sinaloa, que también pasó de estar tranquilamente en su casa a dormir en una celda en Nueva York.

La detención de Zambada sigue envuelta en un cierto oscurantismo. El cómo el que fuera discreto líder de la organización narco más poderosa del planeta en la última década acabó en un avión rumbo a la Gran Manzana sigue siendo un misterio. Teorías hay muchas, como seguro las habrá con Maduro. Se habla de una traición dentro del propio Cártel de Sinaloa, que habría protagonizado Guzmán López, hijo del socio de Zambada, el famoso Chapo Guzmán. Pero también hay quien afirma que todo es un teatro y que la entrega fue voluntaria a cambio de ciertos beneficios.

Zambada, por su parte, acusa al Gobierno estadounidense de haberle secuestrado en México y haberle trasladado por la fuerza a EE.UU. El método de captura, como el de Maduro, pese a ser controvertido legalmente, no ha cambiado que el mexicano esté por ahora encerrado, veremos cuánto tiempo, en el mismo penal de Brooklyn.

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Pero una cosa es la condena y otra cosa son los años que se esté en la cárcel. El líder de un grupo narco es una fuente inagotable de inteligencia. La valiosa información que pueden dar puede acabar reduciendo su tiempo entre rejas. Carlos Lehder, cofundador del Cártel de Medellín, vio cómo su cadena perpetua en EE.UU. se redujo y acabó siendo liberado en 2020. Se fue primero a Alemania, tiene pasaporte también germano, y regresando a Colombia donde finalmente vive en libertad. Los mismos ejemplos hay de famosos narcos mexicanos como el Vicentillo, Alfredo Beltrán Leyva… que cooperaron con las autoridades y han visto reducidas considerablemente sus condenas.

¿El "narco" Maduro podrá acogerse a algún beneficio por cooperar? El exdictador caribeño es, desde luego, una fuente privilegiada de información para los Estados Unidos. Tiene algunas buenas cartas aún que jugar.

La última vez que Nicolás Maduro habló desde un púlpito en Nueva York fue el 27 de septiembre de 2018. El entonces presidente de Venezuela dijo ante la Asamblea de las Naciones Unidas: "El presidente de los Estados Unidos de Norteamérica una vez más atacó al noble pueblo de Venezuela y apoyó, como él dijo, la doctrina fundada por el imperio de los Estados Unidos hace 200 años (referencia a la Doctrina Monroe). Es un conflicto histórico entre la doctrina esclavista e intervencionista contra la doctrina de Simón Bolívar de dignidad, justicia, libertad e igualdad".

FARC Marco Rubio Nicolás Maduro