El 'Mesías' de los venezolanos de Miami se queda corto: "Estamos desconcertados"
Los venezolanos residentes en Miami han celebrado la captura de Maduro, pero ahora reina un ambiente de incertidumbre por el futuro de Venezuela con el chavismo todavía en el poder
Venezolanos en Florida celebran la captura de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026. (EFE / Cristobal Herrera-Ulashkevich)
La misa del domingo en la iglesia de Nuestra Señora de Coromoto, en el distrito de Doral, en Miami, fue especial. El día después de que fuerzas especiales de Estados Unidos apresaran en Caracas al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, y se los llevaran presos a Nueva York, la colonia venezolana que acude a este templo no hablaba de otra cosa.
Banderas de Venezuela, estampillas de la virgen de Coromoto, una de las más veneradas en el país y conversaciones sobre lo ocurrido marcaban el ambiente de un domingo distinto a todos los demás. "Hoy, todos somos venezolanos, ¿verdad?", preguntaba el padre Israel Mago. Es venezolano, como la mayoría de los congregados.
A la hora de las peticiones, el cura pidió a Dios "una transición justa y pacífica en Venezuela", justo lo que todos quieren, pero que nadie puede ahora asegurar. Las fuerzas de Trump se llevaron a la pareja Maduro-Flores, pero dejaron intacto a todo su gobierno y al mando a su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, una chavista de la vieja guardia.
María Corina Machado, la premio Nobel de la Paz que lideró a la oposición pese al acoso y persecución del régimen, despachado por Trump, quien afirmó que no cuenta con "el apoyo ni el respeto" necesarios dentro del país.
El panorama es ahora de máxima incertidumbre y no faltan quienes temen que la euforia y la esperanza alimentadas por la noticia en la víspera de la caída de Maduro acaben malogradas, como tantas veces en la historia reciente de la atribulada nación caribeña.
"Pasé la noche en vela siguiendo las noticias que llegaban de allí y sentí una inmensa alegría cuando Trump anunció la captura de Maduro, pero la rueda de prensa que dio en Mar-A-Lago nos ha dejado muy desconcertados", le dijo a El Confidencial María Zegarra, nombre ficticio de una venezolana que planea regresar a su país y está a la espera de que se aclare el panorama.
En su residencia de Florida, el presidente estadounidense dijo que la persona al cargo era Rodríguez y, aunque advirtió que podría ordenar nuevasacciones militares si no se pliega a sus designios, sus palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre los muchos venezolanos que ya celebraban en público y en privado la caída del dictador.
"Ahora hay que esperar y ver cómo evoluciona el escenario político para no cometer errores", le dijo al Miami Herald Nmanuel Román, un venezolano de 53 años, resumiendo el sentir general. La calma y la expectativa en este vecindario, uno de los principales puntos de concentración de venezolanos en Florida, contrastan con las escenas de euforia y alegría desmedida del día anterior, cuando el júbilo por la caída del gobernante al que culpan del desastre que les empujó a abandonar su país lo inundaba todo.
'Necesitamos libertad'
Frente al restaurante El Arepazo, que se ha convertido en símbolo y punto de encuentro para los venezolanos de Miami, centenares de personas se concentraron en las primeras horas del sábado para celebrar que Maduro ya volaba esposado hacia Estados Unidos.
Ondeaban la bandera de Venezuela y agitaban carteles en los que habían escrito mensajes como "libertad" mientras los autos que pasaban por allí hacían sonar sus cláxones. Otro punto de encuentro para celebrar fue el Café Versalles, el mítico local de laCalle Ocho que durante décadas ha sido lugar de reunión del exilio cubano que en los últimos años ha ido sumando a su parroquia habitual a los venezolanos que en los últimos años escapaban del desastre y la persecución del chavismo.
Frente a El Arepazo, Alejandra Arrieta, que llegó a Estados Unidos en 1997, le dijo a la agencia AP: "Hemos esperado esto demasiado tiempo. Necesitamos libertad". Fue todo un baño de alegría colectiva para una comunidad golpeadapor la nostalgia de su país, la preocupación por los familiares que dejaron allí y en el último año también por la ofensiva antiinmigración impulsada por Trump.
Tideo Hernández. CaracasMónica RedondoA. AlamillosMapa: Emma EsserDatos: Unidad de Datos
El Arepazo había visto caer su clientela en los últimos meses por la amenaza de las redadas contra inmigrantes que se han convertido en habituales en el primer año de la segunda presidencia de Trump. Y los que seguían acudiendo, rara vez aceptaban hablar con los reporteros. Pero el histórico 3 de enero de 2026 todo era distinto y nadie tenía reparos en hablar, fuera cual fuera suestatus migratorio.
La pregunta que todos se hacen ahora es qué viene ahora para Venezuela. Lejos de lo que era habitual en gobiernos anteriores, Trump no ha hecho en sus mensajes énfasis en los derechos humanos ni el restablecimiento de la democracia en Venezuela, sino más bien en el control de sus recursos y de su gobierno por Washington. Eso se ha acompañado de un endurecimiento de la política migratoria que ha tenido a los venezolanos en el punto de mira.
El presidente anunció hace semanas la paralización de todos los trámites migratorios de los venezolanos y también puso fin al programa de protección temporal que permitía a muchos permanecer en Estados Unidos. El mensaje que parece transmitir es que quiere que todos regresen a Venezuela, una sin Maduro pero en la que su régimen sigue en pie, y envuelta en la mayor de las incertidumbres.
La misa del domingo en la iglesia de Nuestra Señora de Coromoto, en el distrito de Doral, en Miami, fue especial. El día después de que fuerzas especiales de Estados Unidos apresaran en Caracas al presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su esposa, Cilia Flores, y se los llevaran presos a Nueva York, la colonia venezolana que acude a este templo no hablaba de otra cosa.