Trump no se esconde: EEUU regresa a América Latina con la promesa de "gobernar Venezuela"
El presidente estadounidense ha dejado claro tras capturar a Maduro que EEUU se hará con el petróleo venezolano y con el país con o sin el permiso internacional y nacional
Donald Trump, durante su rueda de prensa tras el ataque a Venezuela. (EP)
"Estas son las leyes de hierro que siempre han determinado el poder global, y vamos a seguir manteniéndolo así", dijo el presidente Donald Trump durante su comparecencia tras la captura de Nicolás Maduro, con un ataque militar, en Venezuela. "La Doctrina Monroe es muy importante", añadió, en referencia a la visión imperialista promulgada hace dos siglos. "Y la hemos superado con creces".
El lenguaje de la acción es el más persuasivo, como comprobó el líder venezolano en la madrugada del sábado. Y como comprobaron el resto de gobiernos del mundo. Especialmente los de América Latina. Pero, por si quedaran dudas, Trump ha dejado claro que EEUU se hará con el petróleo y que entrará allí donde quiera entrar, por ejemplo, México; por ejemplo, Colombia. O Groenlandia. Sin permiso internacional (Consejo de Seguridad de la ONU) ni nacional (Congreso de EEUU).
Si bien Estados Unidos nunca ha tenido un historial limpio en lo que se refiere a intervenir en los asuntos internos de los países americanos (la captura de Manuel NoriegaenPanamá, en 1989, fue muy similar a lo que hemos visto en Venezuela), hay varias razones para argumentar que las connotaciones, esta vez, son distintas.
Primero: las razones con las que EEUU justificó el ataque son en gran parte infundadas. Como nos contaban los expertos en narcotráfico Jonathan Rosen y Sebastián Cultrona, Venezuela juega un papel mínimo en el tráfico de drogas a EEUU. El fentanilo, que es la droga más letal para los estadounidenses, no viene de Venezuela, sino de México. Por tierra y por el Pacífico. Ni siquiera llega, por Venezuela, mucha cocaína: el 10% del total. El famoso Cártel de los Soles no es, técnicamente, un cártel, sino una deslavazada organización de militares corruptos.
Los miembros del gabinete de Trump han dado otras razones igualmente cuestionadas, como la venganza por la nacionalización de activos estadounidenses por el Gobierno venezolano, algo que sucedió, sobre todo, en los años setenta. O la inmigración. Trump no quiere que lleguen más refugiados de Venezuela, pero eso es lo que probablemente consiga si estalla una guerra en el país.
La razón más plausible, el cambio de régimen para, entre otras cosas, hacerse con el petróleo, fue negada recientemente por Marco Rubio y Pete Hegseth, miembros del gabinete de Trump. Pero esta parece ser la razón dominante. Donald Trump dijo en su comparecencia que EEUU iba a "gobernar" Venezuela hasta que hubiera un nuevo gobierno local y no dejó de decir, abiertamente, invertiría "miles de millones de dólares" en desarrollar la infraestructura energética paraproducir más crudo. Para las empresas estadounidenses.
Segundo: desde el inicio de la presión militar a Venezuela, a principios de septiembre, y según el consenso de la mayoría de expertos en legalidad internacional, la administración Trump ha actuado unilateralmente, saltándose las reglas y las formas de los foros globales y de la democracia estadounidense.
Por ejemplo, ha usado las Fuerzas Armadas para tareas policiales, como son las operaciones antidroga; ha destruido embarcaciones de supuestos narcotraficantes sin notificárselo al Congreso, ni dar muchas explicaciones después; ha decretado unilateralmente cierres del espacio aéreo y asaltado barcos petroleros sancionados y no sancionados. Y, ahora, más allá de que Maduro sea un líder dictatorial ilegítimo, dado el amaño de las elecciones, ha atacado la soberanía de un país que no representa un peligro inmediato para la seguridad de Estados Unidos.
Tercero: esta acción puede sentar precedentes para otras potencias. El senador Mark Warner, demócrata de mayor responsabilidad en el Comité de Inteligencia de la Cámara Alta, denunciaba la falta de observación de las leyes estadounidenses y también el hecho de que pueda tener un eco en las relaciones globales.
"Nuestra Constitución, con razón, confía las decisiones más trascendentales sobre el uso de la fuerza militar al Congreso", dijo Warner en un comunicado. "El uso de la fuerza militar para provocar un cambio de régimen exige un escrutinio exhaustivo, precisamente porque las consecuencias no terminan con el ataque inicial".
"Si Estados Unidos se arroga el derecho a usar la fuerza militar para invadir y capturar a líderes extranjeros a los que acusa de conducta criminal", continuaban, "¿qué impide que China reclame la misma autoridad sobre los líderes de Taiwán? ¿Qué detiene a Vladímir Putin de esgrimir una justificación similar para secuestrar al presidente de Ucrania? Una vez que se cruza esta línea, las normas que limitan el caos global comienzan a desmoronarse, y los regímenes autoritarios serán los primeros en aprovecharse de ello".
Cuarto: la agresión exterior es indisociable de la agresión interior. Las Fuerzas Armadas que han intervenido en Venezuela son las mismas Fuerzas Armadas que han sido purgadas y desnudadas de contrapesos internos, con el despido de abogados militares, que son los encargados de velar por el cumplimiento de los códigos éticos por parte del Ejército; con el despido o reubicación de una veintena de altos mandos; con episodios llamativos como la dimisión del almirante a cargo del Comando Sur, responsable de la presión a Caracas.
Trump gobierna para Trump
En septiembre, Trump convocó a los 800 militares de mayor rango a que fueran a escucharle en persona a una base de Virginia. Les dijo que, a partir de ahora, las Fuerzas Armadas iban a combatir al "enemigo interno" y que usarían las ciudades de EEUU como "campo de entrenamiento". Algo que ya ha sugerido con acciones: con los despliegues en Los Ángeles, Chicago, Portland y otras ciudades del país.
De nuevo: Trump no se esconde. De nuevo: está politizando a las Fuerzas Armadas, con vistas al exterior, pero también al interior. El ataque a Venezuela, ninguneando al Congreso, ha de ser entendido también en el contexto interno.
Quinto: Donald Trump gobierna como si no le importara la opinión pública. Para ganar las elecciones, habló de los precios de la cesta de la compra y del "sentido común", de la paz y del pragmatismo que marcó su primer mandato. En este primer año, sin embargo, haatacado Irán, bombardeado otros seis países y derrocado a un líder extranjero. Acciones criticadas por varios voceros del America First.
Tideo Hernández. CaracasA. AlamillosMapa: Unidad de DatosMapa: Emma Esser
Sexto: la actitud intervencionista de Trump no se limita a las Américas. El polémico documento estratégico publicado por Estados Unidos reivindicaba el hemisferio occidental como su principal zona de influencia, pero también decía que su prioridad era apoyar activamente a los "partidos patriotas" (de extrema derecha) de la Unión Europea para evitar el supuesto "suicidio civilizacional" del continente.
Esto no quiere decir que vayamos a ver a los Delta Force arrastrar de la cama a un presidente europeo en mitad de la noche mientras las bombas caen sobre el Museo del Louvre o la Puerta de Brandenburgo, pero sí que EEUU va en serio. Y puede tomar medidas de presión económicas (aranceles), militares (debilitar la OTAN) o psicológicas (inundar nuestras redes sociales con propaganda extremista).
En este sentido, Groenlandia puede ser el nexo de unión entre estas dos variables: un territorio europeo, al ser parte de Dinamarca, pero situado en las Américas. Donald Trump ha dicho y repetido que codicia el territorio, y que se lo anexionará "de una manera o de otra", sin descartar el uso de la fuerza.
Alba SanzMapa: Emma EsserMapas: Blanca CasanovaDatos: Unidad de Datos
Siete: se ha dicho hasta la saciedad que Donald Trump es un presidente televisivo, que valora el espectáculo y que sabe cómo esclavizar nuestra atención, etcétera. Otra manera de verlo es que es un líder pagano, en el sentido literario de aquellos emperadores romanos decadentes obsesionados con la gloria y la conquista. Un personaje rodeado de corrupción, intrigas, sexo, escándalos y proezas militares.
La rueda de prensa que Trump ofreció en Mar-a-Lago no incluyó referencias a la necesaria regeneración democrática de Venezuela, pero sí menciones continuas al abundante petróleo y la grandeza increíble de la operación. Una exaltación desnuda de la violencia y de la mano dura. La imagen de Maduro con los ojos tapados a bordo del buque anfibio americano inspiró comparaciones con los líderes bárbaros atados a los carruajes que cruzaban Roma para celebrar un "triunfo". La diferencia es que, en esta ocasión, no había un esclavo susurrando al oído del general victorioso las palabras memento mori. En este caso, el victorioso está desatado.
"Estas son las leyes de hierro que siempre han determinado el poder global, y vamos a seguir manteniéndolo así", dijo el presidente Donald Trump durante su comparecencia tras la captura de Nicolás Maduro, con un ataque militar, en Venezuela. "La Doctrina Monroe es muy importante", añadió, en referencia a la visión imperialista promulgada hace dos siglos. "Y la hemos superado con creces".