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El enésimo 'accidente' de un barco chino abre un nuevo capítulo de la estrategia naval china en Taiwán
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El enésimo 'accidente' de un barco chino abre un nuevo capítulo de la estrategia naval china en Taiwán

Los sabotajes a cables y el despliegue de una milicia marítima encubierta elevan los riesgos en el estrecho. Urge que Europa y los aliados del Indo-Pacífico coordinen la vigilancia y su presencia naval

Foto: La guardia costera de Taiwán en Keelung mientras China lleva a cabo maniobras militar alrededor de la isla. (Reuters/Ann Wang)
La guardia costera de Taiwán en Keelung mientras China lleva a cabo maniobras militar alrededor de la isla. (Reuters/Ann Wang)

En octubre de 2023, un buque de carga con bandera de Hong Kong arrastró su ancla por el fondo del mar Báltico y seccionó un gasoducto y dos cables de comunicaciones entre Finlandia y Estonia. En noviembre de 2024, se dañaron de forma similar cables que conectan Lituania, Suecia, Alemania y Finlandia —rutas críticas para la conectividad de internet regional y la transmisión de datos—.

Los barcos chinos también parecen cada vez más torpes en el estrecho de Taiwán. Solo en los dos primeros meses de 2025, Taiwán registró cuatro casos de daños en cables responsables del 99% del tráfico internacional de internet de la isla. Uno de esos incidentes, ocurrido en febrero, involucró al "Hong Tai 58", que enarbolaba una bandera togolesa "de conveniencia". Para abril, la fiscalía había imputado al propietario chino del barco por sabotaje, algo que China niega rotundamente.

Los accidentes ocurren. Pero estos incidentes con buques de carga son, más probablemente, ejemplos de la estrategia china de "fusión militar-civil", mediante la cual integra los sectores militar y civil y utiliza ambos para perseguir sus intereses globales. La vertiente marítima de esa estrategia va mucho más allá de anclas fuera de control. Sin embargo, los países que la sufren han tenido dificultades para encontrar pruebas concluyentes de coordinación a nivel estatal.

Esto tiene implicaciones geoestratégicas importantes. El despliegue por parte de China de fuerzas no militares plantea un desafío silencioso pero serio a las normas que rigen la guerra y la seguridad marítima. Además, puede reproducir y ampliar su estrategia en cualquier masa de agua. Los europeos necesitan trabajar con sus aliados en el Indo-Pacífico para responder al manual marítimo cambiante de China: por la seguridad de Taiwán, pero también por la suya propia.

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Hostigamiento negable, escalada innegable

China reclama soberanía y jurisdicción sobre las aguas del estrecho de Taiwán. Pero los países occidentales consideran el estrecho aguas internacionales, donde se aplica la libertad de navegación, y se oponen a cualquier cambio unilateral del statu quo. Además, el líder chino, Xi Jinping, ha ordenado al ejército que esté preparado para una invasión de Taiwán en 2027. Como parte de esa preparación, las fuerzas han extraído lecciones de la guerra de Rusia contra Ucrania. La principal es que su victoria debe ser rápida, algo que se vuelve menos probable si actores externos se involucran para ayudar a la isla a defenderse.

Una de las prioridades estratégicas de Pekín es, por tanto, evitar que la comunidad internacional perciba las escaladas relacionadas con Taiwán e impedir que los aliados de Taiwán intervengan. Las tácticas que permite la fusión militar-civil son centrales para ello y para las pretensiones de China sobre el estrecho de Taiwán. En tiempo de paz, China explota el estatus civil de los buques para que su hostigamiento no sea atribuible ni sancionable —incluso, que pase inadvertido—. En tiempo de guerra, el principio de que los buques civiles no deben ser atacados plantea a los adversarios de China un dilema sobre cómo responder.

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En ese marco, China ha ido construyendo una "milicia marítima" cada vez más organizada y coercitiva. Esa milicia es, en la práctica, una parte integral de las fuerzas armadas del país, entrenada y financiada por el Gobierno, pero camuflada como cooperativas pesqueras y pescadores. Los buques de la milicia están equipados con sistemas de navegación por satélite Beidou y capacidades de elevación pesada, lo que significa que pueden realizar cartografiado del fondo marino y desplegar sensores hidrográficos. Estas características permiten a las embarcaciones de la milicia llevar a cabo labores de inteligencia, vigilancia y reconocimiento; utilizar boyas de actividad submarina para investigación hidrográfica y gestión del espacio de batalla; y, en la práctica, poner a prueba la resiliencia defensiva de los países costeros.

Las actividades de la milicia se han centrado durante mucho tiempo en el mar de China Meridional, donde sus barcos a menudo hostigan y chocan con embarcaciones de Estados Unidos, Australia y Filipinas. Pero ahora las embarcaciones de la milicia aparecen cada vez más en el estrecho de Taiwán. Un estudio halló que, en 2024, entre 128 y 209 pesqueros con bandera china podrían haber llevado a cabo actividades de "zona gris" como el sabotaje en el estrecho. Durante los ejercicios militares a gran escala de China alrededor de Taiwán en abril de 2025, el Gobierno taiwanés confirmó por primera vez que naves de la milicia habían participado en las maniobras.

En los últimos años, marinas europeas —incluidas las de Reino Unido, Francia y Alemania— han incrementado las operaciones de libertad de navegación en el Indo-Pacífico, incluidos tránsitos por el estrecho de Taiwán. Con ello buscan proteger cadenas de suministro de, por ejemplo, semiconductores, más del 60% de los cuales se fabrican en Taiwán y sin los que las industrias y los ejércitos europeos se paralizarían. Desde el inicio de 2025, buques de Reino Unido y Francia (y de aliados como Estados Unidos, Australia y Japón) han atravesado el estrecho. A medida que crece su presencia, es probable que surjan patrones de coerción similares a los del mar de China Meridional. Estos incidentes podrían convertirse en precursores de un conflicto, ya sea por un error de cálculo o por incidentes deliberados de falsa bandera.

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China también está movilizando ferris comerciales de tipo roll-on, roll-off (RoRo), capaces de transportar cientos de vehículos y pasajeros. Ya en 2019, el EPL (Ejército Popular de Liberación) había integrado RoRo en sus ejercicios de desembarco anfibio. Se trata de un avance significativo, dado que la principal limitación de China en una invasión de Taiwán reside en su capacidad para poner en tierra suficientes tropas y equipo. La inteligencia estadounidense indica que China planea construir más de 70 grandes ferris antes de finales de 2026. Esto es más del doble de los 30 buques señalados por los Five Eyes en 2022, lo que apunta a un aumento sustancial de la capacidad de China para materializar sus ambiciones expansionistas.

Además, a comienzos de 2025 China probó, a lo largo de su litoral oriental, una nueva clase de barcaza de desembarco, equipada por primera vez con una rampa de desembarco extendida. Está diseñada para acoplarse a los ferris RoRo. La integración de ambos es un ejemplo claro de fusión militar-civil y muestra cómo China es cada vez más capaz de incorporar RoRo a sus operaciones anfibias.

Estrategias encubiertas, respuestas abiertas

Dado el uso por parte de China de estrategias encubiertas y negables, la UE y los gobiernos europeos deben sustentar su enfoque sobre las actividades militar-civiles de China con señales políticas claras. Una actividad naval más regular —como tránsitos por el estrecho de Taiwán y ejercicios conjuntos en aguas del Indo-Pacífico— enviaría una señal más contundente de que la atención y la implicación internacionales en la región aumentan de manera constante. Desde una perspectiva tanto legal como estratégica, esos esfuerzos deben formar parte de cualquier intento creíble de contrarrestar el manual marítimo de China.

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Pero una presencia militar sólida y la señalización política, por sí solas, no pueden abordar las tácticas cada vez más híbridas de China. Las marinas no siempre tienen autoridad legal para responder a incidentes que involucren a buques civiles. Sin una comprensión más clara de cómo están evolucionando las actividades de China, será imposible construir mecanismos de respuesta eficaces. Esto no solo arriesga que incidentes individuales de seguridad marítima queden fuera de las normas existentes, sino también perder la capacidad de acción crítica que europeos y aliados necesitan para evitar la escalada y sostener el orden jurídico marítimo global.

Por esta razón, los gobiernos europeos y asiáticos deben integrar aún más su experiencia y su pericia en políticas públicas. Plataformas prometedoras para reforzar el diálogo y la cooperación con socios del Indo-Pacífico incluyen ESIWA, un programa de la UE para mejorar la cooperación en seguridad con aliados en Asia; y CRIMARIO, el proyecto del bloque para salvaguardar rutas marítimas críticas. Los Estados europeos han establecido sólidos mecanismos de intercambio de información e iniciativas de fortalecimiento de capacidades marítimas con países como Filipinas. También han desarrollado asociaciones de seguridad y defensa con Japón y Corea del Sur. Deberían aprovecharlo para ampliar su conocimiento situacional del dominio marítimo e identificar patrones emergentes de amenazas a la seguridad marítima.

Esa colaboración permitiría a los países del Indo-Pacífico mantener una presencia continua y visible, hacer valer su jurisdicción y disuadir o interceptar, en una fase temprana, actividades arbitrarias de buques chinos. Un monitoreo proactivo también posibilitaría una mayor exposición pública de esas actividades para imponer costes políticos a China. Recopilar de forma sistemática pruebas sobre la actividad de buques vinculados a la fusión militar-civil también ayudaría a la comunidad internacional a construir un caso sólido sobre la ilegalidad de estas acciones. Eso, a su vez, serviría para orientar y reforzar contramedidas regulatorias y legales tanto en el ámbito interno como en el internacional.

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Por último, Taiwán está en la primera línea de las actividades de fusión militar-civil de China y cuenta con amplia experiencia para identificar y responder a las amenazas relacionadas. Por ello, los europeos deberían ampliar su diálogo con Taiwán sobre la seguridad de los cables submarinos y apoyar la participación de Taipéi en debates regionales sobre amenazas de seguridad no tradicionales. Esto podría incluir incluso la participación en ejercicios regionales relacionados con esas amenazas. Ello reforzaría el intercambio de información, fortalecería la preparación colectiva y aumentaría la resiliencia en toda la región. Estos esfuerzos no solo benefician a Asia: son una salvaguarda que Europa necesita para sí misma.

En octubre de 2023, un buque de carga con bandera de Hong Kong arrastró su ancla por el fondo del mar Báltico y seccionó un gasoducto y dos cables de comunicaciones entre Finlandia y Estonia. En noviembre de 2024, se dañaron de forma similar cables que conectan Lituania, Suecia, Alemania y Finlandia —rutas críticas para la conectividad de internet regional y la transmisión de datos—.

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