Los "agentes del caos" de Belgrado y Moscú intentan desestabilizar Kosovo a través de Telegram
Las campañas de desinformación orquestadas desde el extranjero sacuden a las instituciones y a la sociedad civil kosovar en medio de la mayor crisis política del país desde su independencia
Kosovares pasean por Pristina con un cartel electoral al fondo. (EFE)
Este domingo 28, los ciudadanos de Kosovo, el Estado más joven de Europa, despedirán el 2025 acudiendo a las urnas por cuarta vez en un año: tras unas elecciones generales en febrero de las que salió un parlamento bloqueado, y dos rondas de comicios locales en octubre y noviembre, ahora toca una repetición electoral con la expectativa de que el resultado sea similar al de hace diez meses y el bloqueo político se perpetúe. "La sociedad kosovar no había estado tan dividida desde el final de la guerra", lamenta Emir Abrashi, analista e investigador de Democracy Plus, una de las mayores organizaciones civiles del país; "Hay un clima de desconfianza que complica las negociaciones e impide llegar a acuerdos".
El "superaño" electoral se ha visto sacudido por sucesivas campañas de desinformación que han puesto a prueba a las instituciones y a la sociedad civil kosovar. Se trata de un país especialmente vulnerable a estas maniobras de desestabilización: aún parcialmente tutelado por la ONU y la Unión Europea, sin pleno reconocimiento internacional y con una difícil convivencia entre la comunidad albanesa y la minoría serbia concentrada sobre todo en las provincias del norte. El Digital Rights Violations Annual Report de 2025, publicado por BIRN (Balkan Investigative Reporting Network), destaca en su balance anual sobre Kosovo el incremento de la desinformación y los discursos de odio.
Otros estudios recientes arrojan conclusiones parecidas, y apuntan también a la injerencia de potencias extranjeras-Rusia a través de Serbia, su Estado proxy en la región- interesadas en desestabilizar Kosovo. El Vulnerability Index of Disinformation in Kosovo, editado por Democracy Plus, alerta sobre la "seria amenaza a la seguridad" que suponen estas campañas coordinadas de desinformación, sobre todo por su potencial para "exacerbar las tensiones con Serbia e incluso incitar a la violencia". Otro documento —"Tackling ‘TikTokcracy’ in the Balkans", elaborado por Balkan Free Media Initiative— también destaca el origen serbio y ruso de unas operaciones "dirigidas específicamente contra las instituciones de seguridad de Kosovo" y el peligro que suponen por su capacidad para "profundizar la desconfianza étnica, debilitar la credibilidad de las instituciones democráticas y crear tensiones en la vida real".
Los "agentes del caos" del Kremlin libran una guerra cognitiva cuyo objetivo es "fragmentar la verdad, fracturar la resiliencia y corroer el sentido colectivo de los Estados aliados de la OTAN. Una campaña para dividir a sus sociedades, crear grupos antagónicos que desestabilicen los Estados desde dentro y debilitar sus defensas cognitivas". El manual de Moscú está resultando exitoso en un país que aún tiene demasiadas heridas por cicatrizar.
Iryna Synelnyk a veces tiene la impresión de estar viviendo un déjà vu. Esta periodista ucraniana, refugiada en Pristina desde poco después del comienzo de la invasión rusa, colabora ahora con el Octopus Institute for Hybrid Warfare Studies de la capital kosovar investigando los paralelismos entre la guerra informativa de Rusia contra su país y la que practica Serbia contra Kosovo. "Vucic, el presidente de Serbia, está copiando los métodos de Putin", explica en las oficinas de este think tank, "impulsando un relato equivalente al que utilizó la propaganda rusa contra Ucrania".
Según Synelnyk, el despliegue propagandístico es solo el primer eslabón de una cadena de hostilidades: "Rusia no reconoce a Ucrania como un país independiente, del mismo modo que Serbia considera a Kosovo un Estado artificial. Kosovo es para Vucic lo mismo que Donetsk y Lugansk para Putin: un territorio que legítimamente les pertenece, que les ha sido arrebatado por la OTAN, pero que algún día recuperarán".
Al mismo tiempo, añade Arben Fetoshi, presidente de Octopus y profesor de la Universidad de Pristina, se trata de transmitir el mensaje de que "los serbios no están seguros dentro de Kosovo, que las instituciones no velan por sus derechos ni respetan su identidad". Mitrovica, la provincia del norte donde se concentra buena parte de la comunidad serbia del país, es el laboratorio ideal donde poner a prueba esta doctrina de la tensión.
El río Ibar divide en dos la ciudad: a un lado, los albaneses; a otro, los serbios; en medio, una patrulla de la OTAN custodia las 24 horas del día el puente que une ambas partes. Esta ciudad es el nudo gordiano del bloqueo político que paraliza el país y el flanco más vulnerable a la desinformación. Mientras que en otros municipios de mayoría serbia del país —por ejemplo, Gračanica, a 10 kilómetros de Pristina— se ve propaganda electoral de distintos partidos, en la zona serbia de Mitrovica solo hay carteles de uno: Lista Serbia, una formación que mantiene estrechos vínculos con el gobierno de Vucic y que comparte su irredentismo respecto a Kosovo.
Abrashi explica que una de las razones de la parálisis parlamentaria es que ninguna de las partes es capaz de formar una mayoría sin contar con los escaños de Lista Serbia: "Es una cuestión muy delicada. Los partidos no quieren pactar con ellos porque les puede perjudicar en futuras elecciones". En los comicios locales de octubre, el candidato de Lista Serbia se hizo con la alcaldía de Mitrovica Norte con el 60% de los votos, mientras que en las legislativas de febrero el partido obtuvo 9 de los 10 escaños que la constitución kosovar reserva para los representantes serbios.
La población serbia de Mitrovica es el principal objetivo de estas campañas de guerra híbrida, como no duda en calificarlas Fetoshi: "Es una propaganda muy intensa para transmitir que los serbios están sufriendo violaciones de sus derechos humanos con el objetivo de movilizar a esa comunidad contra las instituciones kosovares e impedir su integración en el sistema, generando así una situación de inestabilidad".
Hay otros temas recurrentes en esos contenidos que se difunden principalmente por Telegram: la supuesta parcialidad y corrupción de los tribunales de justicia kosovares, los ataques contra el patrimonio religioso ortodoxo y el revisionismo respecto a algunos episodios de la última guerra.
"Este revisionismo es un aspecto que está afectando gravemente a la polarización étnica", cuenta Ramadan Ilazi, jefe de investigación del Kosovar Centre for Security Studies, una organización dedicada a promover la democracia y la convivencia interétnica en el país, "porque afecta a la posibilidad de crear un relato compartido. Por ejemplo, existe una gran campaña para negar la masacre de Račak y que utiliza los mismos argumentos que Rusia para negar la matanza de Bucha en Ucrania". Ilazi concluye que "sin duda, la desinformación dirigida a fomentar la radicalización etnopolítica es el mayor riesgo para la estabilidad de Kosovo. Se trata de una estrategia calculada, que coincide con momentos de crisis política y que persigue mantener a ambas comunidades separadas y temerosas una de otra".
Fitim Gashi es uno de los periodistas de SBunker, un medio de comunicación fundado en 2016 y dedicado en exclusiva a monitorizar e investigar la desinformación en Kosovo. Aunque otros colegas de profesión y algunas organizaciones civiles se preocupan desde hace tiempo por esta cuestión, lamenta que el gobierno "aún no haya hecho nada para afrontar este problema, que aún puede agravarse mucho más". Según Gashi, uno de objetivos recurrentes de la desinformación es boicotear el proceso de integración de Kosovo en la UE. Este país balcánico, tradicionalmente uno de los más proeuropeos de la región, podría empezar a cambiar de bando.
Este domingo 28, los ciudadanos de Kosovo, el Estado más joven de Europa, despedirán el 2025 acudiendo a las urnas por cuarta vez en un año: tras unas elecciones generales en febrero de las que salió un parlamento bloqueado, y dos rondas de comicios locales en octubre y noviembre, ahora toca una repetición electoral con la expectativa de que el resultado sea similar al de hace diez meses y el bloqueo político se perpetúe. "La sociedad kosovar no había estado tan dividida desde el final de la guerra", lamenta Emir Abrashi, analista e investigador de Democracy Plus, una de las mayores organizaciones civiles del país; "Hay un clima de desconfianza que complica las negociaciones e impide llegar a acuerdos".