El golpe ¿definitivo? a los medios anti-Meloni en Italia: "Nuestra historia no se puede vender"
La posible venta de 'La Repubblica' y 'La Stampa', los dos principales periódicos de oposición al Gobierno, ha provocado un terremoto político y social en Italia
Un kioskero en Roma, en 2025. (Reuters/Hannah MacKay)
En una sala de reuniones, unas hojas selladas evidencian una oferta de compra preliminar. El nombre del comprador es Antenna Group, un conglomerado de medios griego. Los que sostienen esas hojas son los ejecutivos de GEDI, el grupo editorial al que pertenecen dos de los grandes periódicos en Italia: La Repubblica y La Stampa. No hay todavía nada firmado, pero la oferta de compra ha supuesto una revolución en el ecosistema mediático y político del país.
La polémica estalló porque los dos medios progresistas son los principales que se oponen al Gobierno de la ultraderechista Giorgia Meloni. Otro de los factores gira en torno al líder de Antenna Group, Theodore Kyriakou, afín al presidente estadounidense Donald Trump y socio del príncipe Mohamed Bin Salman de Arabia Saudí. La posible compra de los dos periódicos, junto con emisoras de radio nacionales como Radio Deejay y activos digitales, se han convertido en fragmentos de una democracia editorial a la venta en un mercado donde las finanzas globales dictan el ritmo y las reglas. "Nuestra historia no se puede vender a bajo precio", dijo el consejo editorial de La Stampa.
Las negociaciones para la compra se han ampliado y no se espera ningún anuncio hasta mediados de enero. Pero hay tiempo suficiente para que continúe el escándalo sobre el que se ha pronunciado hasta la embajada estadounidense en Italia. La oficina diplomática celebró la oferta de compra y afirmó que espera que los nuevos propietarios de los periódicos no sean "megáfonos de una desenfrenada propaganda antirrusa".
El grupo Antenna ha asegurado desde el primer momento que respeta los valores editoriales de dos de los medios más famosos de Italia, aunque las reservas sobre el futuro informativo de los diarios continúan. Ya no se trata solamente de una venta de activos y de un pulso ideológico, sino de la percepción generalizada de la "salida" de una dinastía que definió el rostro, la industria y la narrativa del país durante más de un siglo.
Alrededor de este escándalo, John Elkann es otro de los protagonistas de un complejo entramado empresarial y social.
El presidente del grupo GEDI se ha convertido en el lema de una transformación que muchos interpretan como una desinversión más que como una evolución. Nacido en Nueva York y criado en Brasil, Francia e Italia, Elkann encarnó desde el principio una distancia cultural y geográfica que, con el paso de los años, se ha traducido en una visión industrial precisa: menos fábricas, menos arraigo nacional, más finanzas y gobernanza global.
Su visión, sin embargo, no fue neutral. En este punto, entra en escena la familia Agnelli. Dueños de GEDI y de FIAT, su historia está inextricablemente entrelazada con la de Italia. Desde la fundación de la empresa de automóviles en 1899, FIAT ha sido sinónimo de empleo, identidad, política industrial y empoderamiento social. Los Agnelli no eran simples accionistas, eran unaclase dirigente. Para bien o para mal.
Con John Elkmann, acabaron los años de bonanza. Nombrado heredero por el abuelo Agnelli, (que todo el mundo llamaba avvocato), Elkann guio a la familia a través de un período de profunda crisis, eligiendo como guía la sostenibilidad financiera y la desinversión de activos considerados no estratégicos. La fusión Fiat-Chrysler, seguida de la creación de la financiera Stellantis, marcó el fin del concepto automovilístico italiano, reemplazado por un gigante multinacional sin centro ni bandera. Esta decisión dejó atrás las fábricas, los empleos y la soberanía productiva.
La compra se interpreta como el fin de una dinastía italiana
El mismo patrón se repite hoy en día con el sector editorial. La venta de GEDI, la última de una larga serie de ventas, marca la salida definitiva de los Agnelli de un sector que durante décadas representó un bastión de la cultura y la democracia, además de poder. Son los casos de Repubblica, La Stampa y L'Espresso (ya cedida en 2022); no solo empresas, sino partes de la infraestructura civil del país.
Elkann, por su parte, reivindica una gestión "responsable" de la fortuna de la familia Agnelli. Pero la pregunta persiste: si esta responsabilidad recae únicamente en los accionistas o también en la Italia que contribuyó a forjarla. Ahora, más que el heredero de una dinastía industrial, el empresario aparece cada vez más como el liquidador ordenado de las joyas del país. Una elección legítima, pero que marca el fin de una era.
La 'desconexión' italiana
La polémica incluye incluso el domicilio social de Elkmann, que se encuentra en Países Bajos. El centro de toma de decisiones se extiende entre Europa y Estados Unidos, y la conexión con Italia es cada vez más lejana.
Al mismo tiempo, la sociedad familiar, Exor, ha cambiado radicalmente su identidad. Se han vendido activos históricos como Magneti Marelli, Comau e Iveco. La participación en Ferrari, la marca más emblemática del Made in Italy, se ha reducido progresivamente. El capital se ha reasignado a sectores con mayor crecimiento y menor exposición política: salud, tecnología, bienes de lujo y medios de comunicación internacionales. "Ya no somos un holding industrial, sino una empresa de inversión a largo plazo", declaró Elkann.
Esta frase resume toda la filosofía de la nueva Exor: disciplina financiera, diversificación global y distanciamiento territorial.
La venta del grupo GEDI es quizás el acto más simbólico de este desmantelamiento. Tras años en los que la industria editorial italiana experimentó pérdidas de circulación, disminución de ingresos y presión digital, las acciones de GEDI han perdido gran parte de su fuerza industrial. Ahora, los compradores extranjeros miran con interés a Roma y Turín, mientras que las redacciones protestan.
"Con la venta de GEDI, se acabó la idea de que una gran familia industrial también deba sentirse responsable del discurso público", escribió Ezio Mauro, exdirector primero de La Stampa y luego de Repubblica. "Es una decisión legítima, pero marca una ruptura histórica". Políticos de diversas tendencias no han tardado en comentar. Antonio Tajani, ministro de Asuntos Exteriores, declaró que "si los periódicos italianos permanecen en manos italianas, es mejor", enfatizando el valor estratégico de estas publicaciones para la libertad de información y el interés nacional.
Sin embargo, desde el gobierno llegan señales contradictorias. Mientras el subsecretario del grupo editorial exige garantías en materia de empleo e independencia, hasta la fecha no se ha bloqueado la operación. La golden power, el instrumento con el que el Estado puede intervenir en activos estratégicos, sigue sobre la mesa, pero su activación parece ser un arma contundente frente al poder del mercado global.
Juventus: un símbolo que (todavía) perdura
En medio de esta tormenta, hay otro capítulo: el de la Juventus. "Lo que se aplica a la Juventus no se aplica a nuestro periódico", decía también el consejo editorial de La Stampa, tras enterarse de que John Elkann rechazó una oferta por la compra del equipo de fútbol, pero no ofrecía ninguna certeza sobre el futuro de los periódicos.
El propio Elkann tomó la palabra, una acción inusual para un hombre habitualmente reservado, para rechazar públicamente una oferta de más de 1.100 millones de eurosdeTether, el gigante de las criptomonedas. "La Juventus, nuestra historia, nuestros valores, no están en venta", declaró en un vídeo transmitido por los canales del club, vestido con la sudadera del club y en un tono que mezclaba afecto y defensiva.
La Juventus se ha convertido así, paradójicamente, en el último bastión de la italianidad en la galaxia Exor. Un club que representa mucho más que un equipo de fútbol y que, por ahora, se resiste a la lógica de la mera monetización. Para algunos, sin embargo, esta defensa también tiene un valor simbólico más que económico. La líder de la oposición, Elly Schlein, ha denunciado el riesgo de que la familia Agnelli "se retire de la escena italiana".
Sin embargo, para muchos analistas, la cuestión no es solo quién compra, sino qué queda por comprar. Un país que vende importantes piezas editoriales, industriales y símbolos culturales cuestiona su capacidad para mantener su soberanía y competitividad.
Mientras continúan las negociaciones, los periodistas hacen huelga, los políticos debaten y las redacciones escriben editoriales de resistencia, Italia se pregunta si aún existe un espacio donde las raíces nacionales ya no sean un valor residual. Porque no se trata solo de un juego de acciones y ganancias. Es un juego de pertenencia colectiva, que hasta ahora ha encontrado sus pilares indispensables en las fábricas, los equipos de fútbol y los periódicos italianos. Hoy, esos mismos pilares están cambiando de propietario y, quizás, de destino.
En una sala de reuniones, unas hojas selladas evidencian una oferta de compra preliminar. El nombre del comprador es Antenna Group, un conglomerado de medios griego. Los que sostienen esas hojas son los ejecutivos de GEDI, el grupo editorial al que pertenecen dos de los grandes periódicos en Italia: La Repubblica y La Stampa. No hay todavía nada firmado, pero la oferta de compra ha supuesto una revolución en el ecosistema mediático y político del país.