La letra pequeña económica del 'acuerdo de paz' de EEUU en Ucrania
La discusión pública se ha centrado, con razón, en los territorios y garantías de seguridad. Sin embargo, lo que se ha ido filtrando de las propuestas EEUU-Rusia también tienen mucho de económico
Estas últimas semanas, europeos, ucranianos y estadounidenses siguen con su tira y afloja de reuniones, borradores, últimos acuerdos y ultimísimas contraofertas que desató la filtración de aquel “Pan de 28 puntos” ruso estadounidense. Por razones evidentes, la discusión pública se ha centrado en la cuestión de los territorios y las garantías de seguridad que impedirían una futura o continuada agresión rusa.
Sin embargo, también es interesante intentar abordar la ‘letra económica’ que empieza a vislumbrarse. No tanto porque vaya a ser definitivo (no hay nada definitivo ni aceptado por todas las partes todavía en las negociaciones) sino porque dibujan mucho de la perspectiva estadounidense a la hora de entender el conflicto, a la propia Europa, y el futuro de Rusia en el mundo. Algunos puntos clave que se repiten son: fondos de recuperación y compensaciones (para EEUU), centros de datos y zonas de libre comercio.
En las últimas semanas, funcionarios de la Administración estadounidense han estado entregando a su contraparte europea una serie de documentos (de una sola página), con el modelo económico que esperan construir en Ucrania y Rusia. Según ha publicado el diario Wall Street Journal, los documentos detallarían planes para que firmas estadounidenses utilicen aproximadamente 200.000 millones de activos rusos (ahora mismo congelados, la mayoría en Francia y Bélgica, y solo una pequeña parte en EEUU) para proyectos en Ucrania, incluido un nuevo y gigantesco centro de datos en la región meridional de Zaporiyia, ahora parcialmente ocupada por tropas rusas.
Igual que en su momento el “acuerdo de tierras raras” en Ucrania, levantar este masivo centro de datos encaja con el último interés/obsesión de Donald Trump.
La nueva prioridad estratégica de Donald Trump y de Estados Unidos tiene una traducción muy concreta en el territorio: centros de datos, muchos y cada vez más grandes. El país alberga ya más de 2.500 instalaciones y en apenas tres años la inversión anual en centros de datos en Estados Unidos ha pasado de 13.800 a 41.200 millones de dólares, un salto del 200%. Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, eso se ha acelerado con la firma de una Orden Ejecutiva titulada “Accelerating Federal Permitting of Data Center Infrastructure” para agilizar (a nivel federal) la tramitación/permisos de infraestructura de centros de datos, anuncios de inversiones específicas (20.000 millones de dólares para construir nuevos centros de datos) y un dato clave: el 74,3% de la capacidad en construcción de nuevos centros en 2025 estaba previamente comprometida, es decir, "alquilada" antes incluso de poner el primer ladrillo.
E, igual que en el acuerdo de tierras raras, EEUU se lleva su buena parte del pastel.
Según lo filtrado al WSJ, este centro de datos en Zaporiyia sería construido y gestionado por empresas de EEUU, dejando a los ucranianos, como mucho, como trabajadores técnicos. Con sueldos de Silicon Valley o los de un país postconflicto, eso no se detalla.
Además, el centro de datos utilizaría como fuente energética la producida por la central nuclear de Zaporiyia, actualmente ocupada por tropas rusas.
Trump ya había presentado otras ideas sobre la central nuclear de Zaporiyia, como en una agitada llamada con Zelenski el pasado marzo, cuando planteó que la planta pasara a ser “propiedad estadounidense”, como “la mejor protección” para esa infraestructura. La idea fue rechazada por Rusia, que está ya construyendo nuevas líneas de alta tensión para conectarla a su propia red eléctrica.
La central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, era responsable del 20% de la energía que producía Ucrania antes de la invasión y de casi la mitad de su energía nuclear gracias a sus seis reactores funcionales. Era, por tanto, clave para uno de los proyectos de Kiev en su futura relación con la Unión Europea: ser su proveedora energética, supliendo el agujero que dejó el gas ruso con ventas de su excedente. Según estimaciones del Ministerio de Energía, tras algunas reformas técnicas de sincronización y seguridad de la red una vez acabada la guerra, Ucrania podría exportar a Europa 2,73 gigavatios de electricidad, y si se le permite una exportación eléctrica a escala total, podría reemplazar más de 5.000 millones de metros cúbicos de gas ruso.
Sin Zaporiyia, ese plan no es imposible, pero a mucha menor escala.
Claro está que la nueva Administración Trump no parece que quiera que sea Ucrania la que provea de energía a Europa. Estados Unidos se ha beneficiado del desacoplamiento UE-Rusia, con récord de exportaciones de gas natural licuado de EEUU a Europa. A principios de 2025, las exportaciones de GNL a la UE y Reino Unido supusieron más del 60% del total, siendo Europa el principal destino. Pero paralelamente, otro capítulo del acuerdo obtenido por el WSJ es “sacar a la economía rusa de su aislamiento, con empresas estadounidenses invirtiendo en sectores estratégicos —desde la extracción de tierras raras hasta la perforación petrolera en el Ártico—” y “ayudando a restablecer los flujos energéticos rusos hacia Europa Occidental y el resto del mundo”.
Así, ofrece a Moscú la manzana de recuperar su vapuleada (pero no muerta) economía mediante la venta de gas a Europa y se centra en lo que siempre ha obsesionado a Trump desde aquella primera llamada con Putin en febrero: los negocios que puede lograr en Rusia.
Desde entonces, empresas estadounidenses con estrechos vínculos con la Administración Trump se han ido posicionando para beneficiarse del “Plan de Paz” de Estados Unidos, con reuniones no del todo secretas con importantes figuras cercanas al Kremlin en lugares como Miami.
Para ello, según esa ‘letra económica’ del acuerdo, utilizarían cerca de 100.000 millones de dólares de los activos rusos congelados en una suerte de fondo de inversión EEUU-Rusia. Esto ya había levantado ampollas antes: según relató Politico, esta cláusula generó “indignación” entre los europeos, por lo que era un intento de “repartirse los fondos entre sí y Rusia”.
Se trataría del ‘sobrante’ tras descontar otros 200.000 millones de dólares de activos rusos que serían utilizados en proyectos de reconstrucción en Ucrania. Sin embargo, gracias esta vez a una filtración del medio Axios, sabemos que esos proyectos de reconstrucción serían siempre bajo supervisión de empresas estadounidenses y “EEUU recibirá el 50% de los beneficios de esta iniciativa”.
“Es realmente lamentable que en un momento en el que Ucrania atraviesa tantas dificultades, Washington intente aprovecharse de ello”, afirmaba Timothy Garton Ash, investigador del programa sobre Rusia y Eurasia en Chatham House. Garton Ash argumenta también que ese formato “no responde” a las necesidades reales de la reconstrucción de Ucrania, que podría quedar sin financiar. Y una Ucrania económicamente inestable no es una buena perspectiva para la UE, su vecina.
Aunque Europa ha criticado duramente esa posibilidad, incidiendo en que “Ucrania será plenamente reconstruida y compensada financieramente, también mediante activos soberanos rusos, que permanecerán congelados hasta que Rusia indemnice los daños causados a Ucrania”, tampoco ha sido capaz de encontrar la unidad política para utilizar esos activos para financiar el esfuerzo bélico de Kiev. Este jueves, los países europeos acordaron un histórico crédito a Kiev por valor de 90.000 millones, pero sin los activos rusos.
Funcionarios europeos que han visto esos documentos repartidos por la Administración Trump sobre sus planes económicos para la paz en Ucrania aseguraron al WSJ que “no tenían claro hasta qué punto tomarse en serio” las propuestas. Uno las comparó con la “Riviera Gaza” de Trump, y otro, con una suerte de “versión económica” del encuentro donde EEUU y la Unión Soviética se repartieron Europa tras la Segunda Guerra Mundial. “Es como Yalta”, afirmó la fuente.
También lo dijo Donald Tusk, primer ministro de Polonia: “Sabemos que esto [el plan de Trump] no tiene nada que ver con la paz. Es sobre los negocios”.
Estas últimas semanas, europeos, ucranianos y estadounidenses siguen con su tira y afloja de reuniones, borradores, últimos acuerdos y ultimísimas contraofertas que desató la filtración de aquel “Pan de 28 puntos” ruso estadounidense. Por razones evidentes, la discusión pública se ha centrado en la cuestión de los territorios y las garantías de seguridad que impedirían una futura o continuada agresión rusa.