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A Lula se le vuelve a escapar el acuerdo Mercosur… y ahora se abre la posibilidad de que nunca haya
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Italia y Francia bloquean el proceso

A Lula se le vuelve a escapar el acuerdo Mercosur… y ahora se abre la posibilidad de que nunca haya

Brasil amenazó con que "no habrá más acuerdo" si no se firmaba el próximo 20 de diciembre

Foto: El presidente de Francia, Emmanuel Macron,  y su homólgo Luiz Inácio Lula da Silva. (Europa Press)
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y su homólgo Luiz Inácio Lula da Silva. (Europa Press)

Parecía estar al alcance de la mano. Luiz Inácio Lula da Silva había convertido la firma del acuerdo Mercosur en un objetivo casi personal después de 25 años de negociaciones —y por algunos momentos— parecía que podía llevarlo a cabo. Había una fecha fijada (el 20 de diciembre) y conversaciones con los líderes europeos para conseguir el ansiado sí.

Sin embargo, este jueves por la tarde, las ilusiones del presidente brasileño se han dinamitado después de que Francia e Italia bloquearan el proceso. Tanto París como Roma defendieron la conveniencia de aplazar la firma hasta enero —para que el Gobierno italiano pueda estudiar con mayor detenimiento el contenido del pacto— según varias fuentes diplomáticas conocedoras de las conversaciones.

La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, había dicho este jueves al presidente brasileño que estaba "dispuesta" a firmar el acuerdo "tan pronto como se den las respuestas necesarias a los agricultores" y había pedido al mandatario brasileño "unos días" para resolver si apoyaría el pacto ante "problemas políticos con los agricultores" de su país. Sin embargo, los días han acabado siendo semanas y es probable que a Lula se le haya agotado la paciencia.

Las mismas fuentes diplomáticas señalaron que este aplazamiento sería "aceptable" para los países del Mercosur, aunque pasaron por alto la advertencia lanzada por Brasil —que ostenta la presidencia rotatoria del bloque— de que "no habrá más acuerdo" si no se lograba firmar este fin de semana. Por ahora, Lula no se ha pronunciado.

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Han sido muchas las conversaciones en las que el presidente brasileño ha intentado convencer al resto de socios. En junio pasado —en una visita oficial de París— se dirigió a Emmanuel Macron, uno de los oponentes más férreos al pacto, para intentar convencerle: "Quiero informarles que no dejaré la presidencia del Mercosur sin concluir el acuerdo con la Unión Europea. Por lo tanto, querido amigo, abra su corazón a la posibilidad de alcanzar este acuerdo con nuestro querido Mercosur", dijo.

Meses después de estas palabras, las ilusiones de Lula se desvanecen. Se esperaba que la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, viajase a Brasil, a la ciudad fronteriza de Foz do Iguaçu, para sellar el acuerdo en los próximos días. Los países del bloque formado también por Argentina, Paraguay y Uruguay aspiraban también a una firma definitiva, aunque ya reconocían de antemano que no todo está ganado porque primero, Von der Leyen debía conseguir el suficiente apoyo de las capitales de la UE.

Sin embargo, la precondición para el viaje de los presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión Europea a Brasil para la firma era que los gobiernos diesen su visto bueno por mayoría cualificada (un 55 % de países que representen a un 65 % de la población europea), algo casi imposible dado el rechazo frontal de Francia y las dudas de última hora de Italia.

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Lula, hasta ahora, había puesto el foco en su socio francés. Para intentar convencer a Macron, el brasileño recordó, con datos de la balanza comercial en la mano, que Brasil y Francia han dado varios pasos atrás en comparación con el nivel de comercio registrado en 2012, fecha de la última visita de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, a Francia. "No es posible que los valores registrados en 2024, 9.000 millones de dólares, sean inferiores a los de 2012. Esto significa que, en materia comercial, hemos retrocedido un paso y ahora necesitamos avanzar dos pasos, como si estuviéramos bailando un buen bolero latinoamericano", bromeó.

Pero París, el mayor productor de carne de vacuno del bloque europeo, ha sido uno de los principales obstáculos. El país ha mostrado su preocupación por el impacto que puede tener Mercosur en los agricultores y por los estándares ambientales y sanitarios más laxos en las importaciones de Brasil y Argentina. En el pasado, Macron defendió las reivindicaciones de los productores agropecuarios y tildó el acuerdo de "obsoleto" y "mal remendado". Con el fin de empujar la firma hacia adelante, se han previsto unas salvaguardias que posibilitan a la UE suspender temporalmente el acuerdo si descubre que el aumento de las importaciones está causando daño a cualquier sector de la agricultura local.

Estos esfuerzos y el tono conciliador de Macron se han quedado solo en un gesto. La oficina del primer ministro francés, Sébastien Lecornu, dijo el domingo que la votación del Consejo Europeo sobre el acuerdo debería posponerse para invertir más tiempo en las protecciones para los agricultores. Por su parte, la directora de relaciones internacionales de la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil (CNA), Sueme Mori, ha resaltado que estas salvaguardias preocupan al sector agrario brasileño porque pueden limitar las exportaciones brasileñas al mercado europeo.

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En su opinión, "es contradictorio en un momento en que se espera firmar un acuerdo de libre comercio". "La Unión Europea no vino aquí a preguntarles a Brasil, Paraguay y Uruguay si estábamos de acuerdo o en desacuerdo (con las salvaguardias)", destacó Mori.

El principal beneficiario de Mercosur

A pesar de las objeciones y el nuevo retraso, Mercosur cuenta con muchos defensores. En la actualidad, la UE exporta a los países de Mercosur 55.000 millones de euros en bienes y 29.000 millones de euros en servicios, según datos de la Comisión Europea de 2024 y 2023, respectivamente. El acuerdo permitiría suprimir el 91% de los aranceles de los productos exportados al Mercosur, lo que proporcionaría un ahorro de más de 4.000 millones de euros anuales para las empresas.

En el sentido inverso, la UE recibió 56.000 millones de euros en importaciones y 13.400 millones de euros en servicios de los países del Mercosur. Más del 80% del flujo comercial se produjo entre la UE y Brasil. "Es un punto de inflexión, un salto de calidad, y esperamos que, a partir de ahora, podamos aumentar nuestra presencia internacional", señala Lucas Ferraz, profesor de Economía de la Fundación Getúlio Vargas (FGV) y ex secretario de Comercio del Ministerio de Economía.

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Brasil, sin embargo, sigue siendo el mayor promotor de Mercosur. El gigante latinoamericano es uno de los mayores productores de alimentos del mundo y sería uno de los principales beneficiarios del acuerdo entre la UE y el Mercosur. El bloque europeo ya es el segundo mayor consumidor de productos agrícolas brasileños, después de China y por delante de Estados Unidos.

Se trata de exportaciones por valor de unos 19.500 millones de euros. "Este acuerdo es importante para Brasil por su magnitud, lo que tendrá impacto en la balanza comercial", recuerda Lia Valls, investigadora asociada del Instituto Brasileño de Economía de la Fundación Getulio Vargas (FGV Ibre).

Concretamente, el acuerdo prevé la eliminación de los aranceles de importación del 77% de los productos agrícolas que la UE compra al Mercosur. Así, el sector podrá aumentar las ventas de productos como el café (Brasil es el mayor productor del mundo), fruta, pescado, crustáceos y aceites vegetales. Los aranceles serán reducidos a lo largo de un periodo de entre 4 y 10 años, dependiendo de cada producto. La carne de res y el pollo, en cambio, tendrán cuotas de exportación, al ser alimentos considerados ‘sensibles’ por los europeos, ya que compiten directamente con la producción local.

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El sector cárnico está en el centro de la discordia. Los ganaderos europeos, encabezados por Francia, Polonia e Italia, temen perder cuota de mercado frente a los sudamericanos, que podrían ganar competitividad en el continente. Brasil es el mayor exportador mundial de estos dos tipos de carne y, desde hace años, consigue ofrecerlos a precios inferiores a los de sus competidores. Juntos, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay podrían llegar a exportar un total de hasta 99.000 toneladas por año, con un arancel inicial del 7,5%.

La directora de relaciones internacionales de la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil considera esta cuota pequeña, pero al mismo tiempo reconoce que, de ejecutarse, el acuerdo elevaría el nivel de la relación entre los socios comerciales y podría convertir al Mercosur en un socio preferente de la UE.

Algo parecido debe acontecer con la carne avícola. Hoy, el sector cuenta con diferentes cuotas de acceso a la Unión Europea. En el caso del pollo fresco, por ejemplo, Brasil puede exportar 15.050 toneladas sin aranceles, mientras que los excedentes pagan 1.024 euros por tonelada, según datos de la Asociación Brasileña de Proteína Animal (ABPA). Con el acuerdo, Brasil tendría, junto con los demás países del Mercosur, una cuota anual de exportación de 180.000 toneladas sin aranceles. "Si el acuerdo logra implementarse y respeta las reglas, hay espacio concreto para un aumento de las exportaciones brasileñas de carne de pollo", señala la ABPA.

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En el caso del café, un producto que no tiene competencia local, la situación es totalmente diferente. Se trata del segundo producto brasileño más vendido a la UE en términos de valor de exportación, después de la soja. El café en grano, que representa el 97% de las ventas del sector a la UE, ya entra a Europa sin aranceles. Sin embargo, actualmente el bloque aplica un impuesto del 9% al café soluble y del 7,5% al ​​café tostado y molido, según Marcos Matos, director general del Consejo Brasileño de Exportadores de Café (Cecafé).

"Nuestro mayor competidor en café soluble, Vietnam, ya tiene el arancel cero. Por lo tanto, el acuerdo puede hacer que nuestro café soluble sea más competitivo en Europa", señala Matos. El tratado estipula que los aranceles sobre el café soluble, tostado y molido se reduzcan a cero en un plazo de cuatro años.

Por otro lado, la firma del acuerdo no debería afectar en nada a la soja, el producto agrícola brasileño más exportado a la Unión Europea. Esto es porque este producto ya cuenta con un arancel cero tanto para el grano como para la harina, tal y como destaca la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (Abiove).

Los efectos de la gestión Trump

La firma del acuerdo UE-Mercosur habría sido un motivo de alivio para Brasil en un año especialmente delicado, marcado por los aranceles impuestos por el presidente estadounidense, Donald Trump, que en el caso brasileño llegaron al 50%. Como resultado, las exportaciones de productos agrícolas a Estados Unidos se desplomaron. Aunque estos gravámenes fueron eliminados en noviembre, casi la mitad de las exportaciones agrícolas de Brasil siguen todavía afectadas por ellos.

Al mismo tiempo, la subida de los aranceles de Trump también ha afectado a la UE, y este es un punto crucial para que países como Alemania y España defiendan el acuerdo con más ahínco, a pesar de la oposición férrea de Francia. Algunos analistas creen que Macron podría encontrar dificultades para conseguir los apoyos suficientes para bloquear el tratado.

Para José Ronaldo Souza, profesor de economía del Instituto Brasileño de Mercado de Capitales (Ibmec) es una situación beneficiosa para todos o, como dicen los anglosajones, un win-win. "El acuerdo bilateral parece muy positivo para ambas regiones. Hay una fuerte tendencia a centrarse en quién gana y quién pierde, pero a menudo ambas partes ganan. Y entiendo que ambas partes ganan por una razón muy simple: tenemos economías complementarias con diferente potencial y, por lo tanto, podemos beneficiarnos de una mayor libertad comercial entre los países. Más aún en este momento", señala. Pero por el momento habrá que seguir esperando.

Parecía estar al alcance de la mano. Luiz Inácio Lula da Silva había convertido la firma del acuerdo Mercosur en un objetivo casi personal después de 25 años de negociaciones —y por algunos momentos— parecía que podía llevarlo a cabo. Había una fecha fijada (el 20 de diciembre) y conversaciones con los líderes europeos para conseguir el ansiado sí.

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