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La exespía que vio nacer a Putin: "Es un soviético… tiene metidos en la cabeza los días de gloria de la URSS"
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ENTREVISTA A SUSAN MILLER

La exespía que vio nacer a Putin: "Es un soviético… tiene metidos en la cabeza los días de gloria de la URSS"

Susan Miller, exagente de la CIA, alerta sobre Putin y China desde la experiencia acumulada en cuatro décadas de servicio, y confía en que Trump no dejará tirada a la OTAN

Foto: Susan Miller, en una vieja fotografía en Moscú. (Cedida)
Susan Miller, en una vieja fotografía en Moscú. (Cedida)

Durante casi cuarenta años en la CIA, Susan Miller trabajó dentro de uno de los engranajes más opacos del poder estadounidense: la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Asegura haber estado en algunas de las áreas más sensibles de la inteligencia estadounidense: Rusia, Oriente Medio y análisis estratégico, y formó parte de unidades dedicadas al seguimiento de operaciones encubiertas rusas, redes de influencia y movimientos militares del Kremlin. La agencia nunca confirma destinos ni funciones operativas de su personal, pero Miller afirma que sirvió en misiones sobre el terreno en Israel, que colaboró con servicios europeos en contraterrorismo y que vivió de cerca la evolución de las alianzas occidentales frente a regímenes autoritarios.

Su primer destino importante fue Moscú en 1989, donde, explica, llegó como joven oficial encubierta bajo cobertura administrativa en la embajada estadounidense. Ese periodo, relata, la marcó profesionalmente y le dio una primera exposición directa al sistema soviético en descomposición y a la cultura de los servicios de seguridad rusos. Vio de cerca, como analista y como enlace, cómo se construyen, se rompen y se recomponen las alianzas occidentales frente a regímenes autoritarios.

Miller, que hoy tiene 62 años y asegura haberse retirado de la CIA en 2024, se describe a sí misma como parte de esa generación de analistas que vivió la transición entre el final de la Guerra Fría, el ascenso de Vladímir Putin y el profundo deterioro posterior de la seguridad europea tras la invasión rusa de Ucrania. En sus intervenciones sostiene que conoce "los códigos internos del Kremlin", los límites reales del aparato militar ruso y lo que define como la psicología de un líder "soviético" que "no retrocede si la presión no viene de su propia población".

Retirada ya del servicio, afirma mantener contacto con antiguos colegas de la comunidad de inteligencia y sigue de cerca las tensiones dentro de la OTAN, la respuesta europea frente a Moscú, la influencia creciente de China y la fragilidad del equilibrio estratégico en Oriente Medio. Su voz, aunque no respaldada por documentos oficiales -algo habitual en el mundo del espionaje-, refleja la perspectiva de una funcionaria que pasó décadas moviéndose en la sombra del poder estadounidense.

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En conversación con El Confidencial, Miller desgrana un mapa descarnado: una Rusia sin objetivos nuevos pero cada vez más aislada; una Europa cuya resistencia podría ser decisiva; un Estados Unidos dividido por el retorno de Trump; un Irán que actúa por provocación; e Israel, atrapado en una espiral de ataques cruzados.

PREGUNTA. Rusia comenzó la guerra convencida de que sería rápida. ¿Qué pretende ahora Moscú? ¿Ha cambiado algo respecto a 2022?

RESPUESTA. Los objetivos de Putin no han cambiado nada. Quienes conocimos su trayectoria en el Segundo Directorado de la KGB supimos desde su llegada al poder hace décadas que estábamos ante lo peor de lo peor, ante alguien que intentaría recomponer el espacio soviético, no exactamente el mismo mapa, pero sí la influencia y el control que ejercía Moscú sobre regiones clave. Tiene muy metida en la cabeza la idea de volver a los días de gloria de la URSS, así que no creo que Putin vaya a decir, por iniciativa propia: "Bueno, quizá ya hemos tenido suficientes muertos, paremos". Quizás si la gente empieza a levantarse contra él y siente que está perdiendo el control, e incluso entonces encontrará una manera de presentarlo como una decisión propia. Él no va a querer echarse atrás sin más.

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P. ¿Qué nivel de estabilidad tiene ahora mismo el sistema ruso?

R. Cuando eres un dictador, la estabilidad existe mientras el líder central no sea cuestionado. Putin tiene un sistema sólido porque gobierna en vertical: no se le contradice. Ha despedido a un par de generales, pero las decisiones se toman arriba y solo arriba. Hay asesores, hay figuras próximas, pero nadie quiere arriesgar su puesto, su familia, su casa o su futuro para decirle "esto es un error". Porque o te despiden o te pasa algo peor. Así que le van a decir: "Sí, señor, está haciendo lo correcto".

P. La guerra iba a ser rápida y no lo fue. ¿Puede la población forzar un giro?

R. Es posible. No es lo más probable ahora mismo, pero es posible. He vivido protestas enormes en Moscú: el cinturón de circunvalación lleno, calles enteras tomadas, en 2000 y 2001. Entonces sí podría plantarse y decir: "Un momento". O podría simplemente sacar un montón de tropas y disparar gases lacrimógenos. Pero hay algo que un régimen no puede controlar: la rabia de las madres que pierden hijos en guerras absurdas. Esa presión, si crece, puede mover algo. Sé que Putin ha hecho todo lo posible para no volver a tener un ejemplo de alguna protesta grande o un gran levantamiento contra él, pero está caminando sobre una cuerda muy fina, y podría caer hacia cualquier lado.

P. ¿Está Europa valorando bien la fortaleza militar rusa?

R. Europa es consciente, y también EEUU, pese a la distancia. El tema es el siguiente: sé con certeza, y no es que yo sea una gran fan de Trump ni nada por el estilo, pero sí sé que ha abrazado a los aliados europeos, y en este asunto concreto, aunque fuese a regañadientes, lo hizo. Y esto importa. Y al final del día, creo que el poder y la resistencia europea se impondrán. ¿Qué quiero decir con eso? Que la mayoría de los rusos que están luchando son reclutas. No quieren estar allí. Estaban tan tranquilos haciendo algún tipo de podcast, o lo que sea que hagan ahora en Rusia, trabajando en negocios, o yendo a la universidad. No les interesa esta guerra, y seguramente tengan un montón de parientes que se casaron con ucranianos o con alguien de otra república exsoviética. Eso es algo que quizá no se termina de entender.

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P. Trump ha tensado relaciones con socios europeos de la OTAN. ¿Qué lectura hace?

R. Trump quiere que Europa aporte más dinero a defensa, algo que cualquier presidente podría desear. El problema es la forma: amenazar con salir de la OTAN o con dejar de apoyar a Ucrania es extremadamente peligroso. La OTAN se basa en la idea de igualdad estratégica. Estados Unidos paga más porque puede, tenemos más dinero que cualquier otro país individualmente. Si sumas todos vuestros presupuestos, quizás seguiría siendo un poco menos que le nuestro, pero sería algo más equilibrado. Lo que dijo fue bastante inquietante, siendo sincera. Preferiría que recortara al Guarda Costera o a la Guardia Nacional y no a la OTAN, sobre todo en un momento en el que una democracia como Ucrania ha sido atacada. Todos sabemos que, si Rusia gana en Ucrania, lo siguiente será Europa del Este.

P. Desde el punto de vista de inteligencia, ¿qué carencias existen en el frente ucraniano?

R. La principal carencia es estructural: no saber qué hará Rusia mañana. Puedes tener un análisis perfecto del movimiento de tropas de hace dos semanas y aun así perder un giro estratégico que se decide en una conversación a puerta cerrada. Por eso, otra vez, esta alianza de la OTAN es tan importante. La cooperación entre servicios es esencial. Solo trabajando juntos podremos descifrar esto, cada uno de nosotros va a aportar trozos de información que, unidos, cuentan la historia

P. ¿Puede sustituirse el apoyo occidental a Ucrania si hubiera divisiones políticas internas?

R. No sé quién lo sustituiría. Estados Unidos, Europa, Reino Unido, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… ese bloque es el único capaz de sostener una estrategia a largo plazo. Si uno duda, otro le empuja. Rusia lo sabe. Dicho esto, mi sensación es que en Occidente estamos completamente en la misma página en lo que respecta a "qué demonios está haciendo Rusia y por qué lo está haciendo". Bueno, yo sé por qué, pero es algo que tenemos que ganar. Porque lo siguiente que ocurrirá es que empezarán a ir a por todas las demás antiguas repúblicas.

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P. Cuando Trump ridiculiza a Zelenski o cuestiona la ayuda, ¿qué piensa Moscú?

R. Se alegran. Siempre. Pero Trump funciona así: primero dice lo que quiere decir, a menudo para contentar a su base más radical, y después el Congreso, el Senado y parte del electorado le obligan a corregir. Tiene impulsos autoritarios, eso es evidente, ya ha hablado de un tercer mandato, que es inconstitucional, y cosas así. Observa a Putin con demasiada simpatía. Pero cuando la presión interna es fuerte, rectifica. No quiere perder a su base. Y la parte desafortunada es que buena parte de su base es igual de… no sé cómo decirlo… fascista, ¿es esa la palabra?, o comunista, lo que sean los rusos, fascistas comunistas, porque probablemente sean lo mismo, ahora que lo pienso. Creo que piensan de forma muy parecida.

P. Rusia busca aliados en África, los Balcanes o América Latina. ¿Qué importancia tiene ese entramado?

R. Es un entramado real. Rusia y China compran lealtades en África mediante sobornos, acuerdos opacos, proyectos estratégicos. Europa y Estados Unidos no hemos hecho lo suficiente y no queremos sobornar, como hacen los rusos, que simplemente le dan un montón de dinero a un dictador y ya está. Occidente perdió terreno cuando se debilitó USAID, que era nuestra herramienta para contrarrestar esas influencias sin comprar voluntades. USAID ha perdido peso, y eso me preocupa un poco, porque es una herramienta que ahora mismo no tenemos. China es su socio más potente, pero no se fiarán mutuamente. Ambos, ruso y chino, creen que son el líder mundial por excelencia, así que hay un choque inevitable. China no entrará directamente en la guerra, no le va a dar soldados, pero puede ayudar de forma encubierta. Quizá pasen material de contrabando por la frontera, a través de Mongolia o lo que sea. Harán lo mismo los iraníes, cualquiera en ese "cártel" de países no democráticos con los que tienen alianzas.

P. ¿Funcionan las sanciones? ¿Se nota dentro de Rusia?

R. Hay muchas maneras de rodear las sanciones, pueden conseguir lo que necesitan, solo que no será comercio normal. Pero las sanciones se notan, muchísimo. Los rusos vivieron un periodo en el que podían viajar, trabajar en una empresa tecnológica en Silicon Valley o en Países Bajos o en cualquier otro sitio, participar en el sector tecnológico global, ganar dinero. Hoy nadie quiere contratar a un ruso. Nadie confía. No hablo de un ruso étnico que ahora es neerlandés o estadounidense, esos están a salvo, hablo de alguien que es ruso y viene de Rusia. A eso se suman las cadenas de suministro, la compra de cosas que se obtenían de Occidente. Cuando yo estaba en la Rusia soviética, no podías comprar nada en Occidente si eras ruso. Putin ha devuelto el país a esa lógica de la URSS: escasez, aislamiento y pérdida de oportunidades, especialmente para los jóvenes.

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P. Con el regreso de Trump, socios europeos muestran cautela al compartir inteligencia. ¿Está debilitándose esa cooperación?

R. Europa es más prudente, sí. El problema es que Trump ha dejado claro, en varias ocasiones -por ejemplo, cuando dijo "Voy a salir de la OTAN porque no quiero apoyar a Ucrania"-, que está dispuesto a dar pasos que en Europa se ven como impensables. Y solo después de que un montón de gente le atacara diciendo "¿qué demonios estás haciendo?", entonces reculó. Eso genera dudas reales.

Lo que tenemos es a alguien que no está 100 % en contra de Putin; quizá está un 50 % en contra de lo que hace, pero por su comportamiento en Estados Unidos ha dejado claro que está más del lado del dictador que del lado de la democracia en ciertas cosas, no en todo. Eso habrá que vigilarlo. Pero el Congreso y el Senado siguen siendo un freno. Y, aunque sea obligado, Trump a veces recula.

P. ¿Cuál es el riesgo real de una escalada regional en Oriente Medio?

R. Estamos perdidos… ¡Es broma! Mira, hice dos misiones en Israel: una en el 98 y la última fue mi último destino antes de jubilarme el año pasado. Conozco bien Israel; Irán provoca e Israel responde. Israel golpea instalaciones clave, científicos, infraestructura. Es un ciclo permanente. Habrá más episodios así: ataques puntuales, respuestas puntuales, escaladas cortas.

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Israel eliminó a Mohsen Fakhrizadeh, el hombre nuclear, eso es algo con lo que estoy totalmente de acuerdo. Ocurrió mientras yo estaba allí, fue algo bastante impresionante de ver. Los israelíes nos avisaron de que iban a ir a por él y nos preguntaron si queríamos participar. Dijimos que no podíamos, porque no teníamos el tipo de autorización que se requiere. Que ellos fueran a por Irán de esa manera nos hizo un favor a todos. ¿Provocó guerra? Sí, provocó cohetes. Esos cohetes se pueden interceptar rápido. Lo que no queremos ver es una guerra total, y eso solo ocurriría si Irán cruza una línea roja demasiado evidente. Israel no iniciará una guerra grande porque necesita a Europa y a Estados Unidos.

P. ¿Qué papel jugaría Trump en un conflicto de ese tipo?

R. Trump es extremadamente cercano a Netanyahu, hablan constantemente, es muy proisraelí. En esto, no se apartará. Israel es quizá el único tema en el que Trump siempre ha sido coherente: apoyo total, sin matices. Es una cosa en la que no discrepo con Trump, quizá una de las pocas.

Y Netanyahu, como me decían algunos israelíes, es bastante "trumpiano" en sí mismo: no tan cruel de carácter, pero en el sentido de que quiere gobernar Israel, igual que Trump quiere gobernar Estados Unidos. No quiere escuchar a congresistas, senadores o a nadie más, y Netanyahu tampoco quiere escuchar a los que le llevan la contraria.

Durante casi cuarenta años en la CIA, Susan Miller trabajó dentro de uno de los engranajes más opacos del poder estadounidense: la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Asegura haber estado en algunas de las áreas más sensibles de la inteligencia estadounidense: Rusia, Oriente Medio y análisis estratégico, y formó parte de unidades dedicadas al seguimiento de operaciones encubiertas rusas, redes de influencia y movimientos militares del Kremlin. La agencia nunca confirma destinos ni funciones operativas de su personal, pero Miller afirma que sirvió en misiones sobre el terreno en Israel, que colaboró con servicios europeos en contraterrorismo y que vivió de cerca la evolución de las alianzas occidentales frente a regímenes autoritarios.

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