Siguen muriendo soldados americanos en Siria: una verdad incómoda para Trump
El atentado del pasado sábado enterró una idea: que EEUU podía dar por zanjada la lucha contra el Estado Islámico (EI) en Siria
El ataque del pasado sábado contra un destacamento militar estadounidense en el desierto sirio dejó tres víctimas mortales: dos sargentos de la Guardia Nacional de Iowa y una tercera persona con pasaporte norteamericano que hacía las labores de traducción. Pero el atentado de aquella tarde enterró también una idea: que EEUU podía dar por zanjada la lucha contra el Estado Islámico (EI) en Siria.
En territorio sirio quedan menos de mil efectivos estadounidenses. La mayoría están apostados en la base militar de Al Tanf, un pedazo de desierto entre Palmira y las fronteras con el oeste de Irak y el noreste de Jordania. Los demás están al este del Éufrates, en las regiones controladas por las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), una coalición de mayoría kurda respaldada por Washington desde su creación en 2015. Ese mismo año empezó el despliegue terrestre estadounidense: tras una campaña aérea en 2014, Barack Obama envió a sus tropas a Siria para brindar apoyo y entrenamiento a grupos rebeldes que pudieran combatir al Estado Islámico.
En aquel momento, el autoproclamado califato se extendía por un área similar a la del Reino Unido. La misión se cumplió, y en 2019 el Pentágono dijo haber vencido al EI. Desde entonces, EEUU solo reforzó su misión tras el 7 de octubre de 2023, ya que a través de sus posiciones en Siria podía impedir el flujo de combatientes y armas iraníes y respaldados por Irán hacia el país y, en última instancia, a Hezbolá en el Líbano.
A principios de este año, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca se tradujo en recortes en gasto militar en Siria. El republicano —que ya intentó retirar todas sus tropas del país en su primer mandato— empezó en abril una campaña de retirada a pesar de las recomendaciones del ejército de mantener al menos medio millar de efectivos en permanencia. Hoy, EEUU tiene en Siria a unos 900 hombres, menos de la mitad de los 2.000 que había cuando Joe Biden dejó la Casa Blanca. La mayoría de las retiradas se han dado en el noreste del país, donde se han cerrado cinco de las ocho bases americanas que había.
Tras el ataque del sábado, el enviado estadounidense a Siria, Tom Barrack, publicó en X: "Un número limitado de fuerzas estadounidenses permanece desplegado en Siria con el único objetivo de terminar de derrotar al EI de una vez por todas". La presencia estadounidense "permite a los socios locales sirios luchar contra estos terroristas sobre el terreno, lo que garantiza que las fuerzas estadounidenses no tengan que participar en otra guerra costosa y a gran escala en Oriente Medio", afirmó, y añadió: "No vacilaremos en esta misión hasta que el EI sea completamente destruido".
La América de Trump confía en el nuevo presidente de Siria, Ahmed al Sharaa, para derrotar al EI. En noviembre, el sucesor de Bashar al Asad se convirtió en el primer mandatario sirio en visitar la Casa Blanca desde la independencia del país en 1946. En Washington, Al Sharaa firmó la entrada de Damasco en la coalición global liderada por EEUU contra el EI. Sin embargo, aún no está claro cuál será el papel de Siria en la coalición, explica a este diario Alex McKeever, investigador y autor de la newsletter This Week in Northern Syria. "Por ahora, Siria solo ha entrado en la coalición en calidad política, no militar", cuenta. Si bien la entrada en la coalición supone un paso hacia una mayor coordinación entre los ejércitos sirio y estadounidense, las fuerzas de seguridad sirias no se han unido oficialmente a la Operación Inherent Resolve, la misión militar liderada por Estados Unidos contra el EI en Irak y Siria, en la que sí llevan años colaborando las SDF kurdas.
Para Al Sharaa, la cooperación con EEUU sirve un doble propósito: a la vez que consolida el nuevo poder en Damasco como aliado de Washington, resta utilidad a la administración kurda del noreste que hasta ahora mantiene vínculos estrechos con el Pentágono. "El Gobierno sirio espera que esto haga innecesario el apoyo estadounidense a las SDF y acelere la retirada de Estados Unidos", observa McKeever, y añade que una de las principales prioridades del nuevo gobierno sirio es la integración de las regiones del noreste. Sin embargo, no está claro hasta qué punto cooperan el ejército estadounidense y los servicios de inteligencia y seguridad sirios. "Es importante tener en cuenta que las fuerzas aliadas con las que EEUU siempre ha colaborado en Tanf —el Ejército Sirio Libre— ahora están afiliadas oficialmente al Ministerio del Interior sirio", explica el investigador, que anota que las declaraciones públicas del Comando Central de EEUU sobre la cooperación con las fuerzas de seguridad sirias "no especifican si se trata de las fuerzas entrenadas por EEUU o de las que están totalmente bajo el control de Damasco".
Es de notar que, aunque el EI lleve casi siete años sin apenas dominio sobre ningún territorio, la organización está resurgiendo en el país según alertan tanto las Naciones Unidas como EEUU. En junio, un miembro del subgrupo Ansar al Sunna mató a más de 25 personas en un atentado contra una iglesia greco-ortodoxa de Damasco. En el último mes, el EI ha comenzado a anunciar atentados contra las fuerzas gubernamentales sirias en el oeste del país, desde Damasco hasta Alepo. "Anteriormente solo había reivindicado un par de atentados de este tipo, todos ellos en zonas desérticas remotas", explica McKeever. En la última semana, la alerta se ha extendido a las sedes de organizaciones internacionales en Damasco, después de que grupos no identificados publicaran amenazas contra ciudadanos occidentales en Siria.
Aunque Trump ha prometido represalias y "un gran daño" por los "tres grandes patriotas" que murieron en Palmira, el atentado de este fin de semana revela una verdad incómoda para el presidente estadounidense: las filas de su nuevo socio en Damasco tampoco están libres de la "mala gente" que pretende erradicar.
Los días posteriores al ataque, el Ministerio del Interior sirio reconoció que el atacante era uno de los 5.000 nuevos reclutas en la región de Palmira. Ahora que Al Sharaa está empezando a reconstruir el ejército sirio, el episodio del sábado pasado deberá servir a su vez de lección al nuevo presidente sirio, que, según el New York Times, está diseñando unas fuerzas armadas de leales, con una formación más coránica que militar, y en la que las 100.000 incorporaciones del último año son íntegramente musulmanes suníes. "Hay una minoría de proporciones desconocidas que aún puede albergar simpatías por el EI o, al menos, seguir atribuyéndose una ideología similar. En este momento, la cuestión principal es el mando y el control. ¿Controla realmente el Ministerio de Defensa el uso de la violencia o actúan por su cuenta cuando quieren las facciones rebeldes semiintegradas, incluidas algunas yihadistas?", explica McKeever. Según una fuente del diario emiratí The National, en las filas de las nuevas autoridades sirias "podría haber miles" como el responsable del atentado de Palmira.
La forma que están tomando las nuevas fuerzas armadas sirias pone en peligro la integración de las SDF, que custodian en sus cárceles a más de 8.000 excombatientes del EI y a más de 27.000 de sus viudas, esposas e hijos. Menos de la mitad son sirios: el 60% son iraquíes, centroasiáticos, azeríes y también franceses o belgas. EEUU también juega un papel aquí: los recortes al programa de ayuda exterior estadounidense (USAID) tras la llegada de Trump al poder han dejado sin atención médica ni educación a los hijos de los yihadistas. Durante este último año, en las cárceles del noreste de Siria ha habido ataques a grupos de ayuda, guardias y voluntarios. El principal temor en el noreste es que, si hay una integración con las fuerzas de seguridad de Damasco, una posible minoría simpatizante con el ideario fundamentalista del EI abra las puertas de las prisiones.
Tanto en Damasco como en Washington, la muerte de tres ciudadanos estadounidenses el pasado sábado es un recordatorio de que la nueva relación entre ambos países es frágil y requiere esfuerzos. Según la fuente de inteligencia del The National, el incidente de Palmira impulsará a Al Sharaa a proporcionar a los estadounidenses más información sobre el EI para lanzar un ataque de represalia y no socavar así la idea que el exlíder rebelde ha intentado cultivar este último año: que es un baluarte seguro contra los extremistas en el país.
En la Casa Blanca, si algo cambia en la política de Trump hacia Siria, será porque el reciente episodio lo empuje a escuchar a sus asesores militares. "Trump y algunos de sus allegados desean una retirada total, mientras que otros, incluidos los líderes militares desplegados localmente, desean permanecer y mantener de alguna forma la relación con las SDF", explica Alex McKeever a El Confidencial. Para el investigador, este ataque podría "reforzar a los partidarios de esta última postura, que instan a Trump a actuar con cautela, ya que demuestra que, en la actualidad, el ejército estadounidense no es capaz de integrarse de forma segura con las fuerzas de seguridad del gobierno sirio".
El ataque del pasado sábado contra un destacamento militar estadounidense en el desierto sirio dejó tres víctimas mortales: dos sargentos de la Guardia Nacional de Iowa y una tercera persona con pasaporte norteamericano que hacía las labores de traducción. Pero el atentado de aquella tarde enterró también una idea: que EEUU podía dar por zanjada la lucha contra el Estado Islámico (EI) en Siria.