Silencio en Caracas tras la gran huida de María Corina: esperando su incierto regreso
Entre euforia migrante y silencio interior por la represión, Venezuela oscila entre temor y expectativa ante el Nobel para Machado, dudas sobre su retorno, y vida cotidiana marcada por inflación y vigilancia digital
Partidarios del Gobierno de Maduro en Caracas el mismo día que María Corina Machado salió de Venezuela. (Reuters/Leonardo Fernández)
Mientras la diáspora venezolana celebraba la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Machado, publicando imágenes en redes sociales de concentraciones con música y banderas tricolores en varios países, los ciudadanos que siguen dentro del país mantuvieron el ritmo de su rutina. El silencio es hijo de la ola de represión y censura que inundó el país desde la consumación del fraude electoral que llevó a la inauguración del tercer mandato presidencial de Nicolás Maduro, que sigue convocando marchas en las que ha calificado a la líder opositora galardonada como una "criminal, nazifascista y asesina". Y quienes la defienden lo hacen en susurros.
Dentro del centro comercial Cristal en la ciudad de Valencia, un hombre de la tercera edad duda antes de decidir si se expresa sobre el premio. "Ese es uno de los temas sobre los que no puedo comentar, no puedo ni decir lo contento que me siento…". Y calla, como corrigiéndose, y mira alrededor. "Estamos en una situación mucho más seria de lo que pensamos, y hay mucha gente que es mala no solo en palabra, sino por lo que puede hacerle a uno, entonces prefiero no opinar", apunta. Una de las herramientas de la "gente mala" a la que hace referencia es VenApp, una aplicación digital de vigilancia ciudadana por la que cualquiera puede denunciar a quien protesta o incluso se queje del gobierno para que lo multen o lo detengan.
Para un viernes a pocas semanas de la Navidad, el edificio se encuentra casi vacío, una señal de la desaceleración económica fuera de la capital, Caracas. Unas pocas mesas ocupadas en los cafés y apenas unos pocos paseantes que pululan entre los locales. Uno de ellos pide declarar sin revelar su identidad, como la mayoría de los entrevistados por El Confidencial. "Es que no hay libertad de expresión, si por hablar me pueden levantar un expediente o algo peor", dice. Sobre la avalancha de noticias sobre el escape de Machado hasta Noruega para recibir el premio, asegura que "no conocemos sino lo de la superficie, y no lo vamos a saber por lo pronto", pero no deja de celebrar a la premiada. "María Corina ha estado luchando por un cambio que es necesario en un país donde un 5% vive como millonarios mientras el resto está jodido", señala.
Toda la inactividad del centro comercial contrasta con la de la oficina del Servicio Autónomo de Registros y Notaría (SAREN) que se encuentra a pocos pasos: largas colas de personas con carpetas y contratos. Yandry, asesora inmobiliaria, hace llamadas telefónicas afuera de la notaría. "Siempre está lleno de gente, ahora muchos están comprando casas, incluyendo bastantes extranjeros", dice. Si esto es una señal sobre las apuestas a favor del futuro del país, no puede adivinarlo, pero mantiene se siente nerviosa por el bienestar de Machado, que ha asegurado que volverá a Venezuela. "Estamos todos a la expectativa, pero personalmente prefiero que ella no vuelva, no vaya a ser que le hagan algo si la atrapan".
La esperanza y desilusión de los venezolanos en España
Más de nueve millones de venezolanos han construido su vida fuera de su país, según el Observatorio de la Diáspora Venezolana, y muchos de ellos comparten sus expectativas, su euforia y su melancolía, desde lejos. La ceremonia del Nobel ha sido recibida de manera estruendosamente positiva por ellos, como lo resume Antonio Sánchez, que declara con un pseudónimo incluso desde España, refiriéndose al discurso de Jørgen Watne Frydnes, presidente del Comité Noruego del Nobel: "habló de una manera tan descriptiva y positiva hacia la causa democrática, como casi ninguna persona o actor de la comunidad internacional ha podido hacer sobre la situación venezolana".
También Antonio Machado, abogado venezolano que ejerce en España, destacó la "acusación directa de ilegitimidad al régimen" y "un respaldo de modo casi inequívoco al sentir del país".
Desde Madrid, algunos venezolanos prefieren mantenerse alejados de las noticias por miedo a ilusionarse con que Venezuela "consiga su libertad" y, finalmente, no ocurra. Es el caso de Claudio Aponcio, dueño de un gimnasio en la capital española. "Supone un gran dolor para mí. Han sido muchos años de esperanzas y decepciones", afirma en conversaciones con El Confidencial. Él dejó Venezuela hace una década tras vivir de cerca la inseguridad y el colapso de la empresa familiar de ropa de la que formaba parte.
"El vínculo con Venezuela era simplemente una melancolía de algo que ya no existía"
"Viví secuestros, robos… demasiadas situaciones que me hacían sentir completamente incómodo", recuerda. Entre 2000 y 2012, la plantilla de su familia pasó de 30 a apenas tres empleados, un reflejo de la asfixia, cada vez mayor, a la que el régimen de Maduro sometió —y continúa sometiendo— al país. Ante esa situación, Claudio decidió emigrar.
Al llegar a Madrid, encontró su vocación en el deporte. Se formó como entrenador, realizó varios cursos y, gracias al apoyo de un inversionista inglés, pudo montar su propio negocio. Esto le permitió traer a España a su abuela de 90 años, sus padres y su hermano. "El vínculo con Venezuela era simplemente una melancolía de algo que ya no existía", y recuerda que muchos de sus amigos también residen en el extranjero, principalmente en Miami y en otros países.
Aun así, Aponcio asegura apoyar cualquier medida que contribuya a la libertad de Venezuela. "Todo lo que pueda sumar para que Maduro salga del poder y que el pueblo sea libre, yo estoy a favor", afirma, incluso contemplando la posibilidad de una intervención internacional como último recurso.
Isabella Rocafull pertenece al grupo de los que mantienen sus reservas respecto al futuro, sin poder entregarse al triunfalismo ni al sentimiento de derrota que abundan en los ecosistemas digitales. "El Nobel fue un momento para sentirnos orgullosos todos los que hemos luchado por el país cuando hemos ido a protestar, a votar y a defender nuestro voto, no solo es para María Corina", dice. "Pero me causa cierta disonancia cognitiva premiar a una persona que ha defendido la democracia, pero también ha celebrado a figuras como Donald Trump [presidente de los Estados Unidos], que se ha vuelto un líder autoritario, y Benjamin Netanyahu [primer ministro de Israel], que protagoniza un genocidio en Gaza [como lo han definido informes de organizaciones como las Naciones Unidas y Amnistía Internacional]".
Sin embargo, la periodista asentada en Madrid reconoce, como muchos compatriotas suyos, el pragmatismo de estas relaciones. "Es fácil criticar cuando no eres quien sufre los cortes de luz, cuando no te meten preso a un primo o te torturan por una publicación en redes sociales", admite. También Sánchez señala la utilidad de estas alianzas. "María Corina es de las personas más buscadas en todo el país, así que tenía que contar con apoyo tanto extranjero como a nivel local para poder salir, probablemente funcionarios de los servicios de inteligencia".
Sobre el regreso de Machado a Venezuela, Sánchez propone que su equipo debe tener planes para evitar su captura, pero también otros en el caso de que sea apresada. "¿Pero qué va a conseguir si la meten presa? El liderazgo opositor quedaría descabezado, ninguno de sus asesores tiene su liderazgo y carisma", afirma.
Por su lado Antonio Machado apunta que la líder opositora "ahora afirma que ella siempre pensó que se quedaría en Venezuela mientras ella considerase que era el sitio donde debía estar, como si hubiese un plan B desde el inicio, lo que no se corresponde con el planteamiento original". "Pero si tú estás haciendo una gestión para la cual necesitas hacer lobby, presión, conseguir alianzas estratégicas, sobre todo con factores extranjeros, sea para cuadrar o organizar una salida negociada, es mucho más útil el trato en persona, tanto por la autoridad moral y porque naturalmente tiene mucho más margen de maniobra que a través de una videollamada", explica.
Rocafull no se enreda en hipótesis: "Los exiliados no volvemos, y los opositores que se quedan tienen que negociar con el gobierno. Yo creo que María Corina no va a poder regresar,su salida hizo que el régimen diera una imagen de gobierno débil y entonces no pueden permitir que ella entre otra vez. Y no queremos más mártires, ella tiene que seguir viva".
La capital agotada
Desde la céntrica Plaza Venezuela, pasando al lado del monumento a la Unión Soviética, se llega al inicio del bulevar de Sabana Grande, donde aparecen cientos de puestos de comercio informal con ropa, decoraciones y aparatos. A pesar de 20 años de discursos estatales en contra de la influencia estadounidense, el imaginario navideño del norte sigue apareciendo en estampados y dibujos en los productos: copos de nieve, cuernos de reno, pinos adornados y numerosos Papá Noel con trajes rojos y barbas blancas.
Miles de personas recorren la calle, cruzando las avenidas entre motos y coches mientras buscan regalos de Navidad o se devuelven del trabajo. El escenario es diferente del que se veía en otros años: todavía quedan las señales de la liberalización del cambio de divisas, iniciada en el 2022, pero una inflación monstruosa obliga a los caraqueños a gastar los bonos de las fiestas, pagados en bolívares, antes de que se devalúen.
El propietario de un negocio de electrónica mantiene sus esperanzas en la caída del gobierno por las promesas de María Corina Machado. "Ella dice que cuando salga esta gente, va a buscar muchas inversiones extranjeras, y eso nos viene mejor que estar ahogándonos con los impuestos que tenemos", comenta. Sobre Machado, dice que "le ha bailado a todo el gobierno cuando se escapó". "Y seguro que vuelve por tierra, si es hasta más fácil y lo revisan menos", dice entre risas.
No todos comparten su ilusión. Una buhonera vende ropa desde un puesto desmontable, uno entre centenares en la calle, que trabaja con la aquiescencia de la policía por tratarse de la temporada madrileña, y lamenta lo que considera la oportunidad perdida de Machado. "Yo iba con ella hasta el final, pero pasó el tiempo y vimos que se vendió a Estados Unidos y no hizo nada aquí", dice mientras fuma un cigarrillo. Curtida en las protestas en Antímano, el barrio popular, dice que llegó a pasar encima de cadáveres de manifestantes para buscar a su hijo mayor y escapar. "Pero nosotros tenemos que seguir viviendo. Claro que lo mejor sería que desapareciera la gente del gobierno, pero nadie hace nada por nosotros". Ahora enseña a su hijo menor, que sufre una discapacidad, a trabajar para poder mantenerse. "Si no, ¿qué va a hacer cuando yo me muera?", reclama.
Un hombre que se identifica con el chavismo espeta un insulto contra Machado y las instituciones que la premiaron: "El premio Nobel se fundó para ser algo bueno, con valores, pero fíjate que premian a esa mujer tan nefasta, a Barack Obama [expresidente de EEUU] y a Koffi Annan [exsecretario de las Naciones Unidas], que tienen las manos llenas de sangre", denuncia. En sus palabras, no entiende a la gente de su barrio que apoya a Machado, que "se inventó eso de que la persiguen, pero es verdad que el presidente debería mandar a que la juzguen y la metan presa de verdad por apoyar la agresión de los Estados Unidos en el Caribe". No levanta la voz, se expresa con calma y seguridad mientras camina.
Mientras anochece, varios vendedores informales retiran sus puestos y llevan sus mercancías en bolsas enormes. Los negocios empiezan a cerrar sus rejas. Yéremi hace una señal a su colega en un restaurante de comida árabe, que le reclama que le ayude a cerrar el local. "Yo tengo 24 años y siento que perdí parte de mi juventud cuando las cosas se pusieron feas en el 2016", dice. Su estado natural es la incertidumbre, la duda y no encuentra la fe que tenía antes en el cambio. "No sé si María Corina va a venir, si la van a meter presa, no me queda claro si los EEUU van a tumbar al gobierno o si van a reventar unas lanchas más y dejarlo así", suspira. Después va a ayudar a su amiga en el restaurante. El bulevar sigue asfixiado por miles de viandantes que se enfrentan a la noche y al futuro.
Mientras la diáspora venezolana celebraba la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Machado, publicando imágenes en redes sociales de concentraciones con música y banderas tricolores en varios países, los ciudadanos que siguen dentro del país mantuvieron el ritmo de su rutina. El silencio es hijo de la ola de represión y censura que inundó el país desde la consumación del fraude electoral que llevó a la inauguración del tercer mandato presidencial de Nicolás Maduro, que sigue convocando marchas en las que ha calificado a la líder opositora galardonada como una "criminal, nazifascista y asesina". Y quienes la defienden lo hacen en susurros.