Las elecciones en Ucrania son difíciles. Pero la situación política de Zelenski era ya muy delicada
Kiev baraja comicios en 60-90 días si hay seguridad, mientras crecen críticas por centralización, escándalos y destituciones locales, y Washington presiona con un plan de paz desfavorable para Ucrania
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en Kupiansk, una ciudad cercada por las tropas rusas. (Presidencia ucraniana)
Según Volodímir Zelenski, las elecciones, hace dos años, eran "irresponsables". El presidente ucraniano explicaba ese era el momento para la "defensa, para la batalla". A pocos meses de cumplirse el cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala en el país, esta prioridad se mantiene, pero, por primera vez, parece que el mandatario ha cambiado tímidamente de opinión.
Zelenski dijo esta semana que su país podría estar listo para celebrar elecciones en los próximos 60 a 90 días si se pudiera garantizar la seguridad durante el proceso. "¿Cómo es posible que esto ocurra mientras nuestros militares son atacados con misiles? La pregunta es: ¿cómo votarán?", dijo el pasado martes. "Pido, y lo declaro abiertamente, a los Estados Unidos de América que me ayuden, junto con nuestros colegas europeos, a garantizar la seguridad de las elecciones", añadió.
No fue una petición casual. Días antes, el presidente estadounidense, Donald Trump, acusó a Kiev de usar la guerra para evitar las elecciones, postergadas bajo la ley marcial impuesta desde febrero de 2022. "Hablan de democracia, pero llega un punto en que ya no es una democracia", dijo el republicano.
Estas palabras tuvieron un especial significado para aquellas personas que llevan mucho tiempo criticando algunas de las prácticas políticas del presidente ucraniano. Una de las más reconocidas seguramente sea el alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, uno de los opositores más reconocidos. "Ahora no nos diferenciamos de Rusia, donde todo depende del estado de ánimo de una persona", afirmó en una entrevista con Der Spiegel, en 2023.
Desde que el alcalde lanzó esta acusación, tanto las figuras políticas que se han mostrado contrarias a Zelenski como las críticas contra él han aumentado.
Una gran parte de ellas están centradas en los presuntos esfuerzos del líder ucraniano por mantenerse en el poder y por poner a personas que le apoyan en puestos altos de su Gobierno. "La lealtad ha primado sobre la competencia. Los roles institucionales se han devaluado; las juntas y comisiones se han llenado de amigos y ‘profesionales’ que miden el éxito por sobrevivir a los escándalos, no por prevenirlos", escribió Alexander Rodnyansky, exasesor económico de Zelenski, en una columna para The Economist.
Paralelamente, un artículo publicado en el think tank Carnegie Endowment for International Peace alertaba de una "tendencia preocupante" por la "creciente centralización de la autoridad en la Oficina del Presidente, que ha intensificado la presión sobre los gobiernos locales y los alcaldes de ciudades clave, especialmente aquellos que no están dispuestos a alinearse políticamente con Zelenski".
Una de las prácticas más comunes es la utilización de la ley marcial para establecer administradores militares en ciudades que están sometidas a ataques rusos de manera regular. Según grupos de sociedad civil citados por The New York Times, la función oficial es reforzar las defensas del lugar pero, en la práctica, se ha convertido en una manera de consolidar el poder presidencial.
Uno de los ejemplos más recientes y polémicos ha sido la salida del alcalde de Odesa, Gennadiy Trukhanov, después de que Zelenski le acusara de poseer la ciudadanía rusa. El presidente le obligó a dimitir y luego designó a un administrador militar para que tomara las riendas de la ciudad costera junto con un alcalde interino, miembro del partido oficialista.
A pesar de que Trukhanov representaba una tradición política basada en la corrupción y tenía a sus espaldas varios casos de corrupción, la decisión del presidente ucraniano fue criticada hasta por aquellos que estaban en contra del ahora exalcalde de Odesa.
Algunos residentes y analistas afirmaron que las pruebas que se presentaron contra Trukhanov no eran concluyentes y algunos llegaron a afirmar incluso que parecían inventadas. En general, el temor residió en que la salida del alcalde formará parte de una estrategia para aumentar el poder de Zelenski en la ciudad y destituir a un rival político.
Casos como este han llegado a las oficinas de los alcaldes de otras ciudades de Ucrania, tanto lejanas como cercanas al frente. Desde su oficina en Lviv, una ciudad al noroeste de Ucrania, el alcalde Andriy Sasovy reconoce desde su despacho que tiene suerte de mantener una buena relación con Kiev.
"Veo esa competición entre la autoridad central y las locales y sé que no es bueno para mi país. Klitschko (el alcalde de Kiev) no tiene buena relación con Zelenski y otros alcaldes ucranianos sienten esta batalla", explica en un encuentro con periodistas celebrado el pasado octubre en Lviv y donde estuvo presente El Confidencial. "Pero yo soy alcalde desde hace mucho tiempo y tengo buenos contactos con nuestros ministros", aseguró.
Sasovy afirma que llegarán las elecciones a su país y que habrá tiempo de discutir cuestiones políticas. "Pero ahora, lo primero es sobrevivir".
El temor de muchos ucranianos es que los problemas políticos que azotan Ucrania internamente contaminen también la imagen del país fuera de sus fronteras.
Además de las críticas por casos concretos como el alcalde de Odesa, recientemente salió a la luz uno de los escándalos de corrupción más importantes en la historia moderna del país y que involucra al círculo más íntimo de Volodímir Zelenski.
Según las investigaciones de los organismos anticorrupción, se malversaron cerca de 100 millones de dólares de fondos destinados a la construcción de sistemas de defensa para las centrales eléctricas del país. Dos ministros de la administración dimitieron, pero la salida de Andriy Yermak, considerado el hombre que gobernaba el país en la sombra, fue el hito político más importante hasta la fecha relacionado con el escándalo.
Poco después de que saliera a la luz este escándalo, el presidente Donald Trump aumentaba la presión sobre Zelenski para que aceptara un plan de paz negociado entre EEUU y Rusia y que incluye la cesión de todo el Donbás al Kremlin y la promesa de que Ucrania nunca formará parte de la OTAN.
Esta semana, después de una semana de negociaciones infructíferas, el presidente estadounidense volvió a poner a su homólogo ucraniano en la difícil tesitura de aceptar unas condiciones que algunos consideran una rendición o aguantar asumiendo la pérdida de un gran aliado militar.
Por ahora, Volodímir Zelenski está intentando una tercera vía, destinado a enfocar la atención en las garantías de seguridad. La estrategia sería intentar presionar a Washington para que se comprometa y así avanzar en el camino hacia un alto al fuego con Rusia, una de las grandes ambiciones diplomáticas de Trump.
La petición de ayuda a EEUU para la celebración de las elecciones formaría parte de esta maniobra.
Sin embargo, el presidente estadounidense se ha mostrado hasta ahora cauteloso a la hora de brindar garantías de seguridad a Ucrania y ha apostado por una propuesta de acuerdo de paz señalada por responder directamente a los intereses de Rusia.
Además, Ucrania debe asumir varios obstáculos antes de la celebración de unos comicios presidenciales. Actualmente, hay casi 6 millones de refugiados ucranianos en el extranjero y más de 4 millones desplazadas dentro del pais, según datos del Gobierno ucraniano recopilados por CNN.
Además, el país tiene un gran problema de infraestructura y muchos colegios electorales no están operativos actualmente. Ir a votar sería especialmente peligroso en ciudades cercanas al frente o atacadas con frecuencia por las tropas del Kremlin con drones y misiles. Adicionalmente, de celebrarse en invierno, la ofensiva contra la infraestructura energética ha dejado barrios enteros sin luz ni calefacción.
Por otro lado, casi un millón de ucranianos están luchando en el frente y podrían tener muchas complicaciones para llegar a sus centros de votación y abandonar las posiciones.
Pero todas estas complicaciones o el temor a un limbo político en tiempos de guerra, son suficientes para que algunos activistas y ciudadanos ucranianos estén convencidos de la necesidad de celebrar un proceso electoral que, por lo menos, ponga la gestión de Zelenski bajo la lupa de los ciudadanos. "Se trata de la reputación y la legitimidad del Estado ucraniano tal como es. Sin legitimidad, este Estado no sobrevivirá, porque Rusia destruirá nuestra reputación y entonces seremos un Estado fallido", declaró Olha Aivazovska, del grupo de reforma electoral Red Civil Opora, a CNN.
Según Volodímir Zelenski, las elecciones, hace dos años, eran "irresponsables". El presidente ucraniano explicaba ese era el momento para la "defensa, para la batalla". A pocos meses de cumplirse el cuarto aniversario de la invasión rusa a gran escala en el país, esta prioridad se mantiene, pero, por primera vez, parece que el mandatario ha cambiado tímidamente de opinión.