'Et tu, Colombia?': la cifra secreta que da cobertura al mayor giro de política exterior de EEUU en años
Una estadística que Colombia quiso ocultar sirve de pretexto a Washington para agitar el avispero en Sudamérica y abre dudas sobre las intenciones que tiene Trump para influir en Colombia
Un paquete de cocaína incautado en Colombia. (Reuters/John Vizcaino)
Estados Unidos está dando el giro de política exterior más agresivo en América Latina en años, mientras suenan los tambores de guerra y el avispero se agita en Venezuela. Y una cifra oculta se ha convertido en su arma más letal.
"He oído que Colombia está produciendo cocaína. Tiene plantas donde la fabrican y luego nos la venden", ha dicho el presidente estadounidense, Donald Trump, esta misma semana. "Cualquiera que haga eso se arriesga a ser atacado", añadió. "No solo Venezuela".
A Washington no le ha hecho ninguna gracia que la producción de cocaína en Colombia haya crecido más de un 50% el último año, según el World Drug Report de Naciones Unidas, publicado en junio de este año. Y en Bogotá han decidido silenciar la cifra real porque no están de acuerdo con la metodología que se utiliza para la estimación, pero, sobre todo, por las consecuencias de la mano dura que Donald Trump está mostrando en Sudamérica.
El magnate estadounidense ha calificado a Gustavo Petro, presidente colombiano, de "narcotraficante ilegal" y "líder del narcotráfico", en repetidas ocasiones, pero nunca tan directamente como en esta ocasión. "Él [Petro] ha sido bastante hostil con Estados Unidos, no le he dado mucha importancia. Más le vale que se dé cuenta o será el siguiente", remarcó Trump.
Una retórica que ya utiliza contra Nicolás Maduro desde su primera legislatura. Un discurso que ha terminado en acción.
En los últimos meses, Estados Unidos ha desplegado su mayor portaviones frente a las costas venezolanas, junto con 15.000 hombres y cerca de 100 aviones de combate. Además de reabrir bases militares para la operación "Lanza del Sur". Una demostración de fuerza sin precedentes que muchos leen con el objetivo de apartar a Maduro de Venezuela, a cuyo gobierno también ataca por otras vías.
Washington está virando ahora sus esfuerzos hacia la flota fantasma de petroleros venezolanos que busca saltarse las sanciones internacionales. El primer buque incautado, con 1.100 barriles de crudo, se dirigía a Cuba.
"Maduro tiene los días contados", amenaza Trump día sí y día también, desde que volvió a poner al país en el punto de mira, sosteniendo que juega un papel central en el envío de cocaína a Estados Unidos. Sin embargo, muchos expertos consideran que la llamada "ofensiva" contra las drogas es solo un pretexto. Venezuela no es un país productor ni una de las principales rutas de exportación. La maniobra podría responder, en cambio, al brutal realineamiento de la Administración Trump en la que considera su zona de influencia geopolítica, reducir la influencia de China en esta área y debilitar a los regímenes de izquierdas en América Latina. Un giro que el líder republicano ya ha respaldado políticamente en Argentina, El Salvador, Bolivia, Ecuador y, más recientemente, Honduras.
¿Y Colombia? Las dudas aumentan sobre las intenciones que tiene Donald Trump para influir en un país que el año que viene celebra elecciones. Unos comicios a los que el exlíder guerrillero, primer político de izquierdas en dirigir Colombia en el último siglo, no podrá presentarse.
Gustavo Petro ha sido, desde el inicio, uno de los líderes políticos que más ha aireado públicamente sus disonancias con la nueva administración estadounidense. Una pierdra en el zapato de Trump, a pesar de las históricas relaciones que han unido Bogotá con Washington. El pasado enero, a los pocos días de la toma de posesión, Petrobloqueó la llegada de varios vuelos con inmigrantes ilegales deportados por Estados Unidos, aunque acabó reculando. También ha sido una de las figuras que más ha criticado la recompensa de 50 millones que la Casa Blanca ofrece por la cabeza de Maduro o los ataques aéreos del ejército estadounidense en el mar Caribe que dejan, por el momento, al menos 87 muertos.
El presidente colombiano, incluso, ha asignado a su abogado personal en Estados Unidos a la familia de Alejandro Carranza, un supuesto pescador del norte de Colombia fallecido en un ataque estadounidense a una narcolancha el pasado septiembre. Esos "ataques" son "ejecuciones extrajudiciales", ha denunciado Petro.
Ante el último señalamiento de Trump, el presidente colombiano ha apuntado a voces de "mafiosos" que estarían mintiendo a Trump sobre la lucha antidrogas del país. "Trump es un hombre muy desinformado de Colombia. Es una lástima, porque desecha el país que más sabe de tráfico de cocaína, parece que sus interlocutores lo engañan por completo”, aseguró.
El enfrentamiento político no es gratis. Y ha tenido para él consecuencias personales. La administración Trumprevocó a Gustavo Petro el visado estadounidense tras una visita a la sede de Naciones Unidas en Nueva York, el pasado septiembre. Y pocos días después, fue incluido en la llamada ‘Lista Clinton’ "por su participación en el tráfico ilícito de drogas".
Este selecto club reúne a más de 18.000 nombres vinculados al crimen organizado, seleccionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro. Más allá del daño reputacional, impide a cualquiera que figure en dicho listado hacer negocios con personas o empresas estadounidenses, lo que, en la práctica, supone quedar prácticamente excluido del sistema bancario mundial.
"He decidido que toda mi vida financiera, larga pero frugal, se publique", contestó Petro en X, en un intento de disipar las dudas sobre su participación y enriquecimiento con el tráfico de drogas. Los extractos de sus tarjetas revelaron gustos caros en marcas de lujo como Gucci, las elevadas retiradas de efectivo o, incluso, una visita a un club de striptease en Portugal.
Sin embargo, más allá del cotilleo, este alarde de transparencia ni es suficiente para descartar cuentas ocultas ni sirvió para aplacar la retórica de Trump. El Estado colombianoafronta ahora las consecuencias. Washington ha expulsado a Colombia del grupo de países que luchan contra el narcotráfico, poniendo fin, de un plumazo, a todo el intercambio de inteligencia entre ambos países. Una larga relación forjada en la lucha contra Pablo Escobar y el Cártel de Medellín a principios de los noventa. Un río revuelto en el que todos quieren pescar.
Refundar la 'Gran Colombia'
Contra las cuerdas y bajo la paranoia de una posible traición, Nicolás Maduro llamó esta semana a "refundar la Gran Colombia", una referencia "antiimperialista" a la república que aglutinaba a Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá y partes de Perú y Brasil, en el siglo XIX.
"Somos hijos de la misma bandera", clamó Maduro en un mitin en Caracas, este miércoles –en alusión a los colores amarillo, rojo y azul que comparten ambas banderas–. "Y también hijos de la misma espada", añadió, invocando a Simón Bolívar, figura de culto en Sudamérica por su destacado papel en la Guerra de independencia contra España, dos siglos atrás.
Un llamamiento a la unidad que busca encontrar aliados en Cuba y Brasil, los otros dos grandes estados de izquierda en la región. Precisamente hacia el primero se dirigía esta semana el petrolero sancionado que terminó interceptado por la Guardia Costera de Estados Unidos, elevando aún más la tensión en el Caribe.
¿Y por qué ahora? María Corina Machado dio la clave desde Oslo, donde recibió el Nobel de la Paz, tras escapar en lancha en una misión de película dirigida desde la Casa Blanca.
Maduro "ha convertido a Venezuela en el 'hub criminal' de América. Y lo que ha sostenido al régimen es un sistema de represión muy poderoso y fuertemente financiado", dijo. "¿De dónde provienen esos fondos? (…) del mercado negro de petróleo, del tráfico de armas, de la trata de personas".
Y también del narcotráfico.
Las toneladas de la discordia
Cuatro dígitos ocultos: 3.001. Eso ha bastado para saltar por los aires tres décadas de cooperación que convirtieron a Colombia en el principal socio de la Casa Blanca en Sudamérica. Este es el número estimado de toneladas de cocaína que Colombia produjo en 2023, el último año analizado por la agencia de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
Y, aunque Petro acuse a Trump de estar "desinformado" sobre "la lucha de Colombia contra el narcotráfico", la cifra de 3.001 toneladas es un número que el propio ejecutivo de Petro trató de guardar en un cajón antes de que fuera revelada por El País, y que representa algo más del 80% de la producción mundial de cocaína.
"Desde que el presidente Gustavo Petro llegó al poder, la producción de cocaína en Colombia se ha disparado hasta alcanzar el nivel más alto en décadas, inundando Estados Unidos y envenenando a los estadounidenses", acusó el secretario del Tesoro, Scott Bessent, en un comunicado publicado el pasado octubre.
Pero las cifras, sin contexto, pueden llevar a engaño.
La metodología que utiliza la agencia de la ONU desde 1999 para la estimación divide Colombia en cuatro regiones. Y cada año selecciona una para extrapolar la producción a nivel nacional. El último informe se centró precisamente en la región más productiva, según el Gobierno de Petro. El exguerrillero también sostiene que, desde que llegó al poder en 2022, Colombia ha incautado 2.800 toneladas de cocaína. Una cifra récord. Y aunque el dato neto es, efectivamente, un 60% superior al de la anterior administración, se trata del porcentaje más bajo si se compara con el volumen total de cocaína producida en el país, como señaló el medio colombiano, La Silla Vacía.
Esta red de corrupción, considerada más bien un entramado de sobornos y lealtad interesadas, que una jerarquía formal, opera en total libertad a ambos lados de la frontera entre Colombia y Venezuela. Y financia a los antiguos grupos armados, dedicados ahora al narcotráfico. Como el Ejército de Liberación Nacional (ELN), un antiguo grupo guerrillero que opera a caballo entre ambos países y que este viernes ordenó un "paro armado" de 72 horas el fin de semana (un bloqueo de toda actividad civil, bajo amenaza de represión violenta, en las zonas bajo su control) en "protesta contra el plan neocolonial de Trump".
#JUDICIAL| El Ejército de Liberación Nacional (ELN) anunció un paro armado de 72 horas que iniciará el 14 de diciembre a las 6:00 a. m. y se extenderá hasta el 17 de diciembre a las 6:00 a. m., en lo que la guerrilla denomina una "protesta contra el plan neocolonial de Trump".… pic.twitter.com/aTMsE9JKRL
Las consecuencias: sanciones económicas, restricciones de movimiento, congelación de activos y severas limitaciones al negocio internacional para la élite política y militar venezolana. Aunque la etiqueta va mucho más allá.
También proporciona la base legal para una intervención militar en suelo venezolano, o contra objetivos concretos del cártel, sin necesidad de autorización del Congreso de EEUU. Una situación que abre la puerta a operaciones en suelo colombiano.
“Si Petro no espabila, será el siguiente”, amenazaba Trump este miércoles. “Será el siguiente. Y pronto”.
Estados Unidos está dando el giro de política exterior más agresivo en América Latina en años, mientras suenan los tambores de guerra y el avispero se agita en Venezuela. Y una cifra oculta se ha convertido en su arma más letal.