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Un virus africano está haciendo estragos en Cuba: "La gente va por la calle como zombis"
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No hay ni médicos ni medicamentos

Un virus africano está haciendo estragos en Cuba: "La gente va por la calle como zombis"

Se llama chikungunya y su nombre significa "caminar encorvado". El régimen de La Habana reconoce que hay más contagios de los que puede contabilizar y no tiene recursos para frenar la epidemia

Foto: Un joven que fumiga contra los mosquitos pasa junto a una anciana convaleciente en La Habana. (Reuters/Norlys Pérez)
Un joven que fumiga contra los mosquitos pasa junto a una anciana convaleciente en La Habana. (Reuters/Norlys Pérez)
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"Es increíble ver a la gente caminando a rastras por la calle como zombis. No sabes si reírte o llorar. Es espeluznante. Ver eso en las calles de Pinar del Río o La Habana me recordó al juego de terror Silent Hill", cuenta a este diario un ingeniero informático de paso por Cuba para visitar a su familia. Hasta los vecinos de su casa natal y los pocos amigos que le quedan en la isla le han pedido medicamentos y otros productos sanitarios para mitigar los dolores. “La primera pregunta que todos se hacen aquí es: ‘¿Cogiste el virus?”.

La situación descrita se debe a una sindemia (concurrencia de dos o más epidemias o brotes de enfermedades) que azota a la población de la isla desde hace meses, sin que hasta ahora el régimen cubano reconociera las primeras muertes y contagios. Organizaciones del exilio cubano denuncian que las cifras publicadas no reflejan ni de lejos la grave crisis sanitaria que atraviesa la isla, marcada por el colapso del sistema de salud, y ni los sesgados pronósticos oficiales se atreven a hablar de mejora a corto plazo. Por eso el citado ingeniero camina con mascarilla y no recomienda visitar Cuba en estos momentos. Nunca imaginó ver a su país en esas condiciones.

Las enfermedades que circulan en Cuba ahora son dengue, oropouche, zika, influenza virus H1N1, covid-19 y chikungunya, pero esta última es la que tiene a los cubanos afectados. Se trata de un virus de origen africano y cuyo nombre significa en la lengua makonde “doblarse por el dolor” o “caminar encorvado”, porque ataca directamente a las articulaciones, dificultando gravemente el movimiento de manos y pies.

La crisis arrecia por la escasez

Otros países latinoamericanos o del trópico asiático se enfrentan a las mismas enfermedades que padecen los cubanos. De hecho, fue en Tailandia donde se aisló el virus del chikungunya por primera vez en 1958, y actualmente Bangladesh, Sri Lanka y la provincia china de Guangdong sufren brotes preocupantes, según una reciente alerta de viaje internacional emitida por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de EEUU. Pero aunque en Brasil y Colombia también hay brotes, Cuba fue el único país americano incluido en la alerta, porque la escasez crónica de transporte, comida, medicamentos o electricidad ha creado una especie de tormenta perfecta para que afloren estos virus.

Foto: cuba-coches-pobreza-insalubridad

“Amén de las condiciones climáticas que comparten muchos países de la región, las condiciones higiénico-sanitarias de Cuba son un agravante peligroso”, explica desde su exilio en Bogotá el doctor Miguel Ruano, presidente del Gremio Médico Cubano Libre (GMCL). “Cuba es un país donde apenas se recoge la basura, en cada esquina hay un vertedero y estos virus proliferan ahí donde se acumulan desechos y aguas estancadas, porque los mosquitos que los transmiten se benefician de esos entornos. Aquí en Colombia estos virus también circulan, pero la incidencia no es la misma. Los cubanos no tienen cómo tratarse y por eso desarrollan formas graves de estas enfermedades, como la poliartritis que deja a las personas sin poder apenas caminar o mover los brazos tras padecer chikungunya. En las embarazadas, el zika puede provocar defectos al nacer o la parálisis cerebral de los bebés”.

A mediados de noviembre, la Organización Panamericana de la Salud reconoció que la incidencia acumulada de chikungunya en Cuba era de 183,43 casos por cada 100.000 habitantes, la mayor en toda América en 2025. Estos datos parten de las cifras ofrecidas por el régimen cubano, que ha llegado a reconocer que existe un subregistro de casos. De los más de 40.000 contagios de chikungunya que reconoce La Habana, menos de 2.000 se confirmaron mediante pruebas de PCR, porque solo en la capital de la isla hay un hospital capaz de hacerlas y tampoco existen los reactivos suficientes para realizarlas.

placeholder Un vertedero improvisado en una esquina de la avenida Infanta de La Habana, a principios de febrero de 2025. (Alfredo Herrera)
Un vertedero improvisado en una esquina de la avenida Infanta de La Habana, a principios de febrero de 2025. (Alfredo Herrera)

“Ese subregistro es intencional por parte del régimen, que con un interés político intenta minimizar el caos para mantener una imagen de destino turístico seguro”, detalla Ruano. “En el caso de los fallecidos, por ejemplo, se indican otras causas de muerte para no achacar tantas víctimas a estas arbovirosis. Eso es un crimen, porque cuando no hay datos reales de lo que está pasando en el país, todo se complica. Nosotros, desde el GMCL, denunciamos toda esta situación ante las instituciones como la OMS, pero no ocurre nada”.

Los datos publicados hablan de 44 muertes hasta el 8 de diciembre: 28 han sido víctimas del chikungunya y 16 del dengue. Lo más complejo es que la mayoría son niños, pues 29 fallecidos tenían menos de 18 años. Las autoridades sanitarias de la isla explicaron que los más propensos a desarrollar formas graves son los niños menores de un año, especialmente los menores de tres meses. Con síntomas que van desde lesiones y ampollas en la piel hasta fallas intestinales agudas y complicaciones neurológicas o cardíacas, en Cuba había hace pocos días 11 menores de un año en estado crítico por chikungunya.

“Aquí muchas personas están padeciendo chikungunya”, explica a El Confidencial la socióloga Helen Ochoa, residente en la ciudad de Cienfuegos, en la costa sur de Cuba. “Los meses de octubre y noviembre fueron los de más contagios, pero ahora muchos sufren las secuelas, que son muy dolorosas y traumáticas. Las personas se ven en las calles con dificultades para caminar y quejándose de las terribles dolencias que deja el virus en manos y pies. Es frecuente ver casos de personas sanas sin enfermedades de base que se han puesto muy mal, condicionadas por la menguada alimentación que tenemos los cubanos. Mi hija, por ejemplo, convulsionó cuando tuvo el virus. Después de casi tres meses, todos en mi casa padecemos dolencias e inflamaciones articulares”.

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El 80% de las personas que desarrollan formas graves de chikungunya sufren poliartritis que puede quedarse para toda la vida, precisa Ruano, porque para enfrentarla se necesitan antiinflamatorios y tratamientos con esteroides específicos que no hay en Cuba. Ochoa explica que la conversación cotidiana en las calles gira en torno a las dolencias que dejan estos virus y a las condiciones de abandono total que siente la población. En su barrio, uno de los más céntricos de Cienfuegos, se han normalizado apagones de más de 50 horas, y luego tienen “alumbrones” de solo tres o cuatro horas en las que tienen que intentar hacer cosas elementales como cocinar o lavar.

“En Cienfuegos han muerto niños y personas jóvenes con o sin enfermedades crónicas de base”, precisa Ochoa. “El problema está en el colapso total del sistema de salud, sumado a la insalubridad, la mala alimentación, y la escasez de medicamentos y de personal médico. Estos virus ponen de manifiesto el fracaso total del sistema, la indolencia del régimen para dar una respuesta certera, y el agotamiento de un pueblo con cuerpos maltratados por muchos años de crisis”.

“No fui nunca al hospital, ¿para qué?”

Amén de las carencias ya descritas, los cubanos también se enfrentan a la resaca del poderoso huracán Melissa que dejó 3,5 millones de damnificados. La misión de la ONU en la isla explicó a mediados de noviembre que las primeras valoraciones subestimaron el alcance de la devastación, pero que más de 90.000 viviendas quedaron destruidas o afectadas, y unas 100.000 hectáreas de cultivos resultaron dañadas. Todo el desastre se concentró en las provincias del oriente cubano, por donde pasó el huracán.

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Una habanera que prefiere mantener el anonimato explica que se contagió en Santiago de Cuba mientras acompañaba a su esposo fotógrafo para retratar el desastre generado por el huracán. “Donde estábamos nosotros, todo el mundo lo empezó a coger porque había muchos mosquitos y el día que regresamos a La Habana, nuestro camarógrafo empezó con fiebre alta. Luego caí yo con inapetencia, vómitos, diarreas y fiebre de más de 40 grados Celsius durante tres días, pero lo peor fueron los dolores corporales. Estuve semanas sin poder levantarme de la cama y caminé de nuevo con la ayuda de un bastón”.

Esta mujer de 55 años insiste en que su caso no ha sido de los más graves, porque ella pudo acceder a medicamentos gracias a una hermana que se los enviaba desde España. La mayoría de los cubanos no pueden permitirse los precios que se manejan en la calle por medicamentos elementales como el paracetamol o el ibuprofeno. “Esos son los que peor lo han pasado; basta con ir a cualquier lugar y fijarte en cómo caminan las personas para saber cuánto daño están haciendo estas enfermedades”, explica la residente en el municipio habanero Cerro. “Nosotros vivimos muy cerca de la Plaza de la Revolución y ni aquí fumigan contra los mosquitos o recogen la basura. El poco repelente que nos queda para evitar los mosquitos lo dejamos para mi madre, quien apenas sale a la calle. Donde mejor se puede proteger uno es en su casa. Yo ni siquiera fui al hospital cuando me enfermé, para qué iba a ir, si ver a un médico aquí es por gusto”.

Otro problema que afecta el tratamiento de estos virus consiste en la falta de un diagnóstico claro, señala Ruano. “La gente no sabe lo que tiene realmente y si van al médico llegan con enfermedades que se parecen en cuanto a síntomas. Como no hay diagnóstico serológico, no se sabe qué virus tienen. Todas estas circunstancias hacen que en Cuba proliferen más estas enfermedades y los pacientes desarrollen formas más agresivas de las mismas”.

placeholder Un vertedero improvisado en el centro de la ciudad de Colón de la provincia de Matanzas, a principios de febrero de 2025. (Alfredo Herrera)
Un vertedero improvisado en el centro de la ciudad de Colón de la provincia de Matanzas, a principios de febrero de 2025. (Alfredo Herrera)

En Mayarí, un municipio de Holguín (otra provincia afectada por el huracán Melissa), la ruralidad condena a los enfermos a un doble aislamiento. Si en las grandes ciudades o La Habana resulta casi imposible acceder a insumos y servicios básicos con regularidad, en una zona montañosa como Mayarí el caos se acrecienta. “Aquí hay muchos casos de covid-19, zika, chikungunya y dengue, y estas últimas son las que más secuelas dejan”, explica el periodista independiente Osmel Ramírez. “Quienes cogen chikungunya y no hacen reposo absoluto, quedan con las articulaciones lastimadas e hinchadas. Lo peor es que muchos tienen que trabajar a pesar de estar en esas condiciones. Mi mujer cogió chikungunya y lo pasó muy mal, tres vecinos lo tienen ahora mismo y un joven que trabaja para mí en una cafetería que tengo estuvo sin andar buen tiempo. Ninguno va al hospital y pasa la enfermedad en su casa como puede”.

No hay ni medicamentos ni médicos

Además de la escasez de medicamentos que ha obligado a los galenos a recetar infusiones y remedios caseros por la falta de antibióticos, la crisis migratoria también ha mermado el personal sanitario. Entre 2021 y 2025, más de 30.000 médicos dejaron de trabajar en el sistema de salud cubano para irse a otro país o simplemente dedicarse a otra cosa. Tal es el caso de Armando*, un joven de 29 años que decidió dejar su puesto como director de un policlínico (hospital pequeño) en un municipio de la provincia de Matanzas, la más afectada por virus como el chikungunya.

“Mi esposa, también doctora, estaba embarazada y no podía enfrentarse al nacimiento de mi hijo ganando tan poco como médico”, explica el joven que acababa de recibir la canastilla que le envió su padre desde Brasil, porque en Cuba es muy difícil encontrar el ajuar de un bebé. “Al dejar la medicina me puse a revender cosas por la calle. Eso da más dinero y así no me busco problemas atendiendo a pacientes sin tener recursos para hacerlo. Cada día llegaban decenas de personas con virus y no sabíamos qué decirles. Mi idea es coger una misión cuando me avisen para irme a trabajar fuera de aquí”.

Foto: cuba-sanidad-problemas-medicamentos

Armando se refiere a los convenios que sostiene el régimen cubano con decenas de países de todo el mundo para exportar a médicos, como los que están en la región italiana de Calabria. El despliegue de estos médicos ha sido condenado por el Parlamento Europeo debido a que el régimen cubano les confisca más del 80% de sus salarios y les retira el pasaporte para impedir su movilidad.

*Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente.

"Es increíble ver a la gente caminando a rastras por la calle como zombis. No sabes si reírte o llorar. Es espeluznante. Ver eso en las calles de Pinar del Río o La Habana me recordó al juego de terror Silent Hill", cuenta a este diario un ingeniero informático de paso por Cuba para visitar a su familia. Hasta los vecinos de su casa natal y los pocos amigos que le quedan en la isla le han pedido medicamentos y otros productos sanitarios para mitigar los dolores. “La primera pregunta que todos se hacen aquí es: ‘¿Cogiste el virus?”.

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