María Corina Machado reivindica desde Oslo "la libertad" y asegura que Venezuela es un "hub criminal"
En su trayecto por el mar Caribe, el equipo de la líder opositora llamó a Washington para informar de su ruta con el objetivo de no confundirles con una narcolancha
Después de una travesía de infarto, la líder opositora María Corina Machado logró llegar a Oslo tras un viaje en el que ha asumido enormes riesgos después de haber vivido 16 meses en la clandestinidad más absoluta. A pesar de sus esfuerzos, Corina no logró llegar a tiempo para recibir el Nobel de la Paz —en su lugar fue su hija, Ana Corina, quien lo recibió—, pese a que ella había iniciado su viaje casi 48 horas antes de la gala.
Según adelantó The Washington Post, Corina comenzó su trayecto en la tarde de este pasado lunes. Las investigaciones apuntan a que la ganadora del Nobel logró salir disfrazada desde Caracas, junto con otros dos acompañantes, hacia la costa. Los tres lograron superar una decena de controles de seguridad y de servicios de inteligencia hasta llegar a un puerto pesquero frente al mar Caribe. Allí tomaron una lancha de madera pequeña rumbo a la isla de Curazao, perteneciente a los Países Bajos, donde se estima que llegaron el martes.
En este tramo, su odisea transcurrió en un momento de máxima tensión, mientras la Administración Trump libra una guerra abierta contra los narcotraficantes en el mar Caribe. La escalada entre Washington y el Gobierno de Nicolás Maduro ha llegado a un punto en el que actualmente hay más de 15.000 soldados estadounidenses desplegados en aguas caribeñas, junto a decenas de aeronaves y el portaviones USS Gerald R. Ford, capaz de transportar más de 75 aeronaves.
El equipo de la líder opositora, según informaciones del mismo medio, llamó a Washington para informar de su camino con el objetivo de no confundirles con una narcolancha. Durante el trayecto de la venezolana, dos aviones F-18 de la Armada de Estados Unidos sobrevolaron el Golfo de Venezuela, permaneciendo aproximadamente 40 minutos en círculos cerrados cerca de la ruta que llevaría a Corina desde la costa hasta Curazao. Desde allí —y después de pasar la noche en la isla— se subió un avión privado Legacy 600, registrado en México y operado por JetVip Business Aviation, con capacidad para 13 pasajeros.
El avión despegó del Aeropuerto Ejecutivo Opa Locka en Miami con rumbo al Aeropuerto Internacional Hato, en Willemstad, Curazao. Posteriormente, el vuelo partió el miércoles a las 6:42 hora local con destino a Bangor, Maine, en Estados Unidos, realizando una escala técnica de casi cinco horas.
Después de la escala y tras más de 6 horas de vuelo, finalmente, Corina consiguió llegar a la capital noruega alrededor de las 2 de la madrugada. El presidente del comité del Nobel, Jorgen Watne Frydnes, fue el primero en sorprenderse del periplo de su travesía cuando, antes de coger el avión, Corina le llamó para asegurarle que estaba de camino.
La expectación de su llegada fue mayúscula. Decenas de personas se agolparon bajo el balcón del Grand Hotel en Oslo para saludar a Corina. Dio igual que su llegada se produjera a altas horas de la madrugada. Entre abrazos y lágrimas de Corina con otros ciudadanos venezolanos, la principal opositora del régimen de Maduro agradeció el apoyo que el mundo le brindó.
Durante la mañana del jueves, Corina ofreció dos ruedas de prensa. La primera se produjo junto al primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, con quien se reunió en Oslo tras recibir el Premio Nobel de la Paz. "En Venezuela tenemos una situación en la que un líder autoritario está librando una guerra contra su pueblo", afirmó Støre, que aprovechó para agradecer públicamente la labor de Machado en favor de la democracia en el país.
Corina aseguró, además, que llevaría el Premio Nobel a Venezuela, aunque no dijo cuándo regresaría. "Vine a recibir el premio en nombre del pueblo venezolano y lo llevaré de vuelta a Venezuela en el momento oportuno. Por supuesto, no diré cuándo", declaró a la prensa.
Antes, Machado concedió una entrevista a la BBC. "Por supuesto que voy a regresar. Sé exactamente los riesgos que corro. Estaré donde sea más útil para nuestra causa", aseguró al medio británico. "Hasta hace poco, creía que mi lugar debía ser Venezuela; hoy, en nombre de nuestra causa, siento que debo estar en Oslo", añadió. "Durante más de 16 meses no he podido abrazar ni tocar a nadie. De repente, en cuestión de horas, pude ver a las personas que más quiero, tocarlas, llorar y rezar juntas", relató.
"El Gobierno venezolano dice que soy terrorista y que debo pasar el resto de mi vida en la cárcel y me buscan", afirmó. "Salir de Venezuela hoy, en estas circunstancias, es extremadamente peligroso", reconoció Machado. "Solo quiero decir que estoy aquí gracias a que muchos hombres y mujeres arriesgaron sus vidas para que pudiera llegar a Oslo".
La dirigente venezolana respondió con un breve discurso centrado en el significado del galardón para la diáspora y para quienes siguen en el país. "Estoy muy esperanzada de que Venezuela sea libre y de que convertiremos al país en un referente para la democracia", señaló. Insistió en que la paz "solo es posible con democracia" y que esta, a su vez, "no puede existir sin libertad", un concepto que describió como una “decisión individual y consciente” que se convierte en fuerza colectiva cuando la amenaza al propio país se vuelve intolerable.
Aseguró, además, que el motor de su lucha es “el amor de millones de venezolanos por nuestra tierra, por nuestros hijos y por la posibilidad de volver a vivir con dignidad”.
Cuestionada sobre si respalda una intervención estadounidense en Venezuela, Machado rechazó el planteamiento. "La gente habla de una invasión en Venezuela, pero Venezuela ya ha sido invadida", aseveró. Afirmó que en el país operan agentes rusos e iraníes, organizaciones como Hezbolá, guerrillas colombianas y cárteles del narcotráfico, además de redes de trata y prostitución.
Esa convergencia criminal, sostuvo, ha convertido al país en "el criminal hub de las Américas" y sostiene a un aparato represivo que se financia a través del tráfico de drogas, el mercado negro del petróleo, el contrabando de armas y la explotación de personas. "Hay que cortar esos flujos. Es lo único que le queda al régimen: violencia y terror", afirmó, en referencia al Gobierno de Nicolás Maduro.
Sobre los meses que pasó oculta para evitar la detención, Machado aseguró que el régimen no logró localizarla: "De haber sabido dónde estaba, habrían hecho todo para impedir que viniera" Agradeció a quienes la ayudaron a salir del país “arriesgando su vida” y afirmó que, cuando regrese, seguirá protegida por redes de apoyo dentro de Venezuela: "Tenemos maneras de cuidarnos".
En su segunda rueda de prensa, Machado se dirigió a los venezolanos y aseguró que el Nobel es un reconocimiento para todos los que han resistido al régimen de Maduro. “Pronto estaré de vuelta en Venezuela y sé que pronto ustedes también”, afirmó, en referencia a los millones de ciudadanos que se han visto obligados a abandonar el país.
Por último, recordó el discurso que pronunció su hija en su nombre en la ceremonia del miércoles —dado que ella no logró llegar a tiempo a la ceremonia— y sostuvo que esta generación, que no ha conocido la democracia, será la que pasará a la historia por recuperarla.
En paralelo, este mismo jueves, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, trasladó su apoyo a su homólogo venezolano en una conversación que habrían mantenido por teléfono. "Putin expresó su solidaridad con el pueblo venezolano y reafirmó su apoyo a las políticas del Gobierno de Maduro dirigidas a proteger los intereses y la soberanía nacionales frente a la creciente presión externa", ha indicado el Kremlin en un breve comunicado publicado tras la conversación.
Así, ha destacado que "los jefes de Estado intercambiaron opiniones sobre el desarrollo de las amistosas relaciones ruso-venezolanas, en línea con el acuerdo de asociación estratégica y cooperación", que entró en vigor en noviembre de 2025.
Después de una travesía de infarto, la líder opositora María Corina Machado logró llegar a Oslo tras un viaje en el que ha asumido enormes riesgos después de haber vivido 16 meses en la clandestinidad más absoluta. A pesar de sus esfuerzos, Corina no logró llegar a tiempo para recibir el Nobel de la Paz —en su lugar fue su hija, Ana Corina, quien lo recibió—, pese a que ella había iniciado su viaje casi 48 horas antes de la gala.