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El hombre que conoció desde dentro la 'salchicha legislativa' de la UE tiene un plan para cambiarla
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Una nueva Constitución para la Innovación

El hombre que conoció desde dentro la 'salchicha legislativa' de la UE tiene un plan para cambiarla

El exeurodiputado de Ciudadanos y economista Luis Garicano propone, junto a otro economista y un jurista, seis grandes reformas para enfocar a la UE hacia el Mercado Interior

Foto: Luis Garicano, exlíder de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.
Luis Garicano, exlíder de Ciudadanos en el Parlamento Europeo.

Durante mucho tiempo, la religión no oficial de la capital comunitaria ha sido la del "Efecto Bruselas", como lo bautizó la profesora norteamericana Anu Bradford, un espejo del llamado "Efecto California". Era la manera oficial de la Unión Europea de proyectar poder: a través de la regulación. En la teoría, Bruselas establece estándares y, usando el poder de atracción del enorme mercado interior europeo, obliga al resto de países a seguir su estela regulatoria.

En la práctica son muchos los que defienden que todo esto se ha desmoronado, que el mundo ha cambiado en un giro violento y que Europa necesita una nueva brújula política, basada en la simplificación y la competitividad. Uno de sus defensores de esta nueva visión es Luis Garicano (Valladolid, 1967), que fue eurodiputado de Ciudadanos entre 2019 y 2024 y que conoce bien la maquinaria europea desde dentro. Otros, como el director del think tank económico Bruegel, Jeromin Zettelmeyer, aunque consideran que "todos amamos la simplificación", son escépticos respecto a su efectividad.

Más allá de la simplificación general de normas, en los últimos tiempos Garicano ha presentado dos ideas que han sonado mucho en Bruselas: lo que ha titulado como una nueva Constitución para la Innovación, junto al también economista Bengt Holmström, profesor emérito del Massachusetts Institute of Technology (MIT), y el jurista Nicolas Petit, del Instituto Universitario Europeo de Florencia; y un artículo respecto a los incentivos que generan lo que el antiguo eurodiputado considera un exceso de regulación europea, conociendo el sistema desde dentro.

Lo que en Bruselas se llama la "salchicha legislativa, el proceso poco elegante por el que se diseñan las leyes. En el primero de los proyectos los tres académicos argumentan que Europa debe abandonar la "superstición de la regulación" y volver a poner el mercado interior como su prioridad, convirtiendo la recuperación de la prosperidad económica como único objetivo que permitirá a la Unión Europea avanzar en sus otras prioridades, para así volver a competir a nivel global.

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¿Cómo argumenta que la prosperidad económica sea el único objetivo de la Unión Europea en un momento en el que se enfrenta crisis tan grave a nivel geopolítico? "Sin prosperidad, todo lo demás, defender a Ucrania, sostener las pensiones, hacer la vivienda asequible, mejorar el medio ambiente, es imposible", responde Garicano a El Confidencial.

"La Unión Europea se ha precipitado a hacer todas las misiones imaginables, dejando abandonada su misión principal: asegurar que lo que se puede vender en Barcelona se puede vender en Roma. (…) Al adentrarse en temas geopolíticos en los que no tiene competencias, la Comisión se ve obligada a contentar a los estados para que le dejen hacer, como desgraciadamente hemos comprobado en España", responde el antiguo eurodiputado. De hecho, para Garicano "la realidad es que lo que nos une, a todos, es el Mercado Único, las libertades de comercio de bienes, de servicios, de movimiento de personas, de capitales". "En lo demás - con un fuerte componente geopolítico - tendrá que haber grupos de estados que se pongan las pilas y avancen", añade.

Garicano se suma así al coro de voces que en público y en privado critican que la Comisión Europea se haya olvidado de lo que muchos consideran su misión central: garantizar que el Mercado Único funcione y realmente no tenga barreras internas. Consideran que no es una opinión, sino que es una conclusión lógica de seguir de cerca la actividad política de la Comisión y su presidenta, Ursula von der Leyen.

Los tres académicos presentan seis propuestas. La primera de las ideas que se incluyen en esta Constitución para la Innovación, probablemente una de las más atractivas, tiene que ver con la sustitución de las directivas europeas, que tienen que ser transpuestas a la legislación nacional, por reglamentos de aplicación directa. Los autores argumentan que en el proceso de transposición las autoridades nacionales añaden requisitos adicionales y crean diferencias en cómo se aplica la norma europea en cada uno de los Estados miembros, alimentando la fragmentación del mercado.

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La segunda es crear un nuevo sistema de cumplimiento de las reglas, poniendo un énfasis especial en la velocidad de las decisiones. Esto es algo a lo que se debería dedicar la Comisión Europea y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), pero el proceso es extraordinariamente lento, lo que convierte en una "quimera" el "reconocimiento mutuo". Proponen así unos tribunales comerciales, que tienen encaje dentro de los tratados europeos actuales, que tengan poder exclusivo respecto a las violaciones de las normas del mercado interior, permitiendo fallos en menos de 180 días.

El tercer objetivo es establecer lo que los autores califican de una "Federal field pre-emption", una "preferencia federal". Es decir, que cuando la UE legisle en un campo de competencia exclusiva o respecto a normas del mercado interior, el resto de normas nacionales, regionales o locales dejen de aplicarse de manera inmediata para evitar una superposición de regulación. La cuarta idea consiste en crear un "régimen 28" efectivo, una propuesta que ya realizó el italiano Enrico Letta en su informe sobre la competitividad europea y en la que trabaja el Ejecutivo comunitario. Los autores critican que esta idea, que pretende aplicarse vía una directiva, probablemente termine con veintiocho diferentes "regímenes 28", una bonita paradoja europea. La quinta idea consiste en confiar en las instituciones existentes y evitar aumentar el entramado institucional europeo.

La sexta idea es reformar la práctica legislativa. Por ejemplo, Garicano, Holmström y Petit proponen la inclusión de cláusulas de extinción (sunset clauses) para la legislación, de manera que salvo que los Estados miembros decidan que quieren mantenerla, una determinada ley desaparezca cuando ya no es útil o se ha demostrado como ineficaz, en vez de ser permanente y quedarse ya para siempre dentro del entramado legal europeo.

Cómo y por qué se hacen las leyes

Lo que hace Garicano en su último artículo es profundizar en esta sexta idea, partiendo de su experiencia desde dentro del proceso legislativo europeo. A grandes rasgos, este funciona de la siguiente manera: la Comisión Europea presenta una propuesta legislativa y después el Consejo, donde se encuentran representados los Estados miembros a través de sus ministros y diplomáticos, y el Parlamento Europeo, elegido en las elecciones europeas, hacen sus cambios a esa propuesta. Tras ello, las tres instituciones se reúnen a puerta cerrada, en los conocidos como "trílogos", y tratan de encontrar un compromiso entre las tres versiones del texto, hasta llegar a un documento final, que es votado en la Eurocámara y en el Consejo antes de ser publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea.

Con un proceso tan complejo, que incluye a 27 gobiernos nacionales muy diferentes y a un Parlamento Europeo enormemente heterogéneo y dividido, Garicano apunta que "debería provocar un estancamiento, aun mayor que la parálisis que se suele asociar al Gobierno federal estadounidense". "Sin embargo, funciona con rapidez y produce mucho, tanto bueno como malo. La razón radica en los incentivos: todos los actores del sistema son recompensados por elaborar legislación, y no por ejercer su derecho de veto", escribe.

Los funcionarios y eurodiputados cuentan con poderes limitados, con un presupuesto muy pequeño y con una manera fundamental de hacer carrera, que es legislando. O eso defiende Garicano, justo en un momento en el que la UE se encuentra justo en el proceso contrario: la Comisión Europea, los Estados miembros y una mayoría de eurodiputados están defendiendo la "simplificación" de esas regulaciones. Los progresistas consideran que el riesgo es que eso lleve a una desregulación. Garicano rechaza que los mismos incentivos que a su juicio operaban para que todos los actores del proceso colegislativo cooperaran y evitar el bloqueo, produciendo una sobrerregulación, aplica para el proceso de simplificación. "No veo los incentivos como similares", responde a esta teoría.

Para Garicano "hay que darles a los diputados y a los funcionarios muchas más tareas de supervisión de la implementación del mercado único" para alejarlos de la tentación de seguir legislando. "Que viajen a los países, que hagan informes sobre cómo se saltan las reglas. Que ayuden en el cumplimiento de las leyes que existen, en vez de crearlas nuevas", propone.

Durante mucho tiempo, la religión no oficial de la capital comunitaria ha sido la del "Efecto Bruselas", como lo bautizó la profesora norteamericana Anu Bradford, un espejo del llamado "Efecto California". Era la manera oficial de la Unión Europea de proyectar poder: a través de la regulación. En la teoría, Bruselas establece estándares y, usando el poder de atracción del enorme mercado interior europeo, obliga al resto de países a seguir su estela regulatoria.

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