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Siria, ¿lugar de vacaciones? Cuando la destrucción atrae a un cierto tipo de turistas
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"Lo mejor es que no hay muchos turistas"

Siria, ¿lugar de vacaciones? Cuando la destrucción atrae a un cierto tipo de turistas

"Homs ha sido mi ciudad favorita. De noche era muy impactante porque se podían oír tiroteos. Es un buen momento para ir porque ahora no hay casi turistas", explica uno que acaba de regresar

Foto: Turistas en las ruinas de la antigua ciudad de Aleppo, en septiembre de este año. (Getty/Ahmad Hasaballah)
Turistas en las ruinas de la antigua ciudad de Aleppo, en septiembre de este año. (Getty/Ahmad Hasaballah)
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En el albergue más barato de Beirut las conversaciones sobre Siria son habituales. Para muchos, Líbano se ha convertido solo en el primer paso para el gran viaje del año: son los primeros turistas que pisan un país que salió, tras una vertiginosa e inesperada reconquista rebelde, de una guerra civil de 14 años. Los que llegan lo hacen con consejos para los nerviosos que esperan su turno. "En Damasco no hay papel de váter" o "No te preocupes, la gente es muy amable y hospitalaria" son algunos de los comentarios que más se repiten.

El perfil del turista que elige Siria es variado, pero la mayoría viene con un teléfono móvil y mil vídeos que subir a Instagram. Un chico de 26 años, de origen italiano, entrará dentro de pocos días: "Tuve un sueño sobre Siria. Dejé el trabajo y he viajado desde Bélgica en autostop para llegar a mi destino final, que es Siria", explica. Ha documentado todo el viaje a través de las redes sociales. Otra de las chicas del albergue, de origen francés, también se plantea cruzar sola la frontera los próximos días: "He recorrido ya el Líbano y he conocido a mucha gente aquí que visita Siria. ¿Por qué no ir?", pregunta. "¡Me faltaba Siria en mi lista de (100) países! Y ahora es buen momento, apostilla una joven taiwanesa.

Actualmente, todos los gobiernos europeos desaconsejan ir a Siria por turismo, atendiendo a la inestabilidad a la que aún está sometido el país. "Se desaconseja el viaje salvo por razones de extrema necesidad", escribe el Ministerio de Exteriores de España en su página web. Las embajadas europeas en Damasco todavía no están abiertas, y casi ninguno de los seguros médicos cubre Siria. Un año después de la caída de Bashar al Asad, aunque la guerra abierta ya se ha terminado, Israel bombardea esporádicamente Damasco y otros objetivos en el país (13 muertos el pasado noviembre, en Beit Jin, barrio meridional de la capital), no se han desterrado los atentados y persisten enfrentamientos y matanzas étnicas en algunas zonas del país, como en Sueida (sur).

Sin embargo, en la frontera el control es mínimo y no se exige ni contactos ni plan de viaje ni seguro para entrar. Hasta la caída del régimen de Al Asad en diciembre de 2024, conseguir una visa para entrar al país solo era posible si se compraba un tour con una agencia de viajes organizada. De hecho, el Ministerio de Turismo de Siria exigía que los turistas fueran acompañados por guías y solo se podían visitar las zonas controladas por el gobierno.

Ahora, no hay necesidad de pedir una visa por adelantado: se paga en la misma frontera y su precio varía en función de la nacionalidad, y no hay limitaciones de zonas (más allá de la seguridad propia). La mayoría de los mochileros que visitan Siria lo hacen solos y sin agencia ni tour organizado. Muchas veces también sin contactos dentro del país y sin un plan de viaje u hoteles reservados: "Ir con un tour es muy caro, te puede valer entre 500 y 900 dólares. Por esto yo voy por libre. Lo más difícil ha sido reservar los hoteles con anticipación, porque por internet no encontraba opciones", explica otro de los viajeros de origen estadounidense instalado en el albergue. "A mí no me da miedo ir a Siria", concluye.

Ese es precisamente el 'gancho' de los influencers de viajes en redes como Instagram y TikTok. "¿Es seguro viajar a Siria en 2025?", tantea un estadounidense con más de 400.000 seguidores. La respuesta, que se repite en otros influencers, pasa por frases como "Lo que más me gusta es que nunca me preocupo por vigilar mi teléfono o mi cartera", "La gente es muy religiosa, no te van a robar nunca", "Son un pueblo muy hospitalario" o, de una joven con tono jocoso: "Efectivamente, tened cuidado, la comida está tan buena, ¡que puede que ganéis peso!"

Si antes de la guerra los objetivos turísticos clásicos eran Damasco, Palmira y Alepo, por su riqueza histórica y arqueológica, ahora este nuevo turismo de la guerra ha añadido Homs: una de las ciudades con más consecuencias visibles de la guerra civil, donde más del 30% de los edificios están destruidos.

"Homs ha sido mi ciudad favorita. De noche era muy impactante porque se podían oír tiroteos. Es un buen momento para ir porque ahora no hay casi turistas", explica otro de los jóvenes huéspedes europeos —en este caso belga—.

La experiencia en Homs se enmarca dentro del turismo oscuro, término acuñado en 1996 por los investigadores escoceses Malcolm Foley y John Lennon, que lo describen como "el fenómeno que abarca la presentación y el consumo, por parte de los visitantes, de lugares donde ocurrieron desastres con muertes reales que son, de esta forma, mercantilizadas". Eso sí, muchos de esos viajeros de mochila y teléfono advierten en sus propias redes sociales que viajar a estos sitios "no es para todo el mundo".

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El Gobierno sirio actual ve el turismo como una fuente de ingresos importante para fomentar el desarrollo del país, explicaba el viceministro de Turismo, Ghiath al Farra, a la Agencia de Noticias Siria (SANA). "El gasto turístico directo en alojamiento, transporte, alimentación, entretenimiento y compras inyecta liquidez a la economía nacional y fortalece la demanda de bienes y servicios en sectores como la agricultura, el comercio, la construcción y los servicios auxiliares", afirma Al Farra. De hecho, antes de la guerra, Siria se perfilaba como uno de los puntos con más turismo de la región, con cifras de 8,5 millones de visitantes internacionales en 2010, números superiores a los de países como Argentina o Indonesia.

"Antes no había este tipo de turismo sin planificación que hay ahora. Además, hay mucho intrusismo laboral. Se necesita un conocimiento para trabajar en este sector", argumenta Abdel Kaddour, propietario de Dar Halabia, un hotel situado en el centro de Alepo, en una antigua casa histórica. Abdel trabaja en el turismo desde hace casi 40 años: desde 1986 como guía turístico, en 1993 creó su propia agencia de viajes Halabia Travel and Tours en Alepo y en 2000 abrió el hotel. Hoy en día, muchos habitantes locales ven el turismo como una opción para generar beneficios y abren sus propios alojamientos sin regulación u ofrecen su servicio como guías sin ninguna cobertura de seguro ni licencia.

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Los grupos de WhatsApp se han convertido en las herramientas de información más utilizadas para estos nuevos turistas que buscan experiencias locales y ahorrar el máximo de dinero. "En el grupo cada uno pide sus dudas y todo el mundo responde, incluso personas que no saben cómo funciona el sector ni conocen el país. Lo que parece importar más a este nuevo turismo es pagar poco, aunque sea en detrimento de la calidad de los servicios y la seguridad de ellos mismos", añade.

La caída del régimen y el establecimiento del nuevo Gobierno de transición es una oportunidad para plantear qué se espera del sector turístico y cuáles son las prioridades para invertir. Para Abdel, las necesidades son claras: "El gobierno tiene que apostar por la preservación y la promoción de los yacimientos históricos que tenemos. Es impresionante la cantidad de patrimonio que existe en nuestro país, pero necesita estar vallado y protegido para que se conserve".

De momento, el nuevo gobierno sirio ha empezado a apostar por un turismo más de lujo y residencial, con inversiones de Arabia Saudí. A finales de noviembre, la Autoridad de Inversiones de Siria firmó un Memorando de Entendimiento (MoU) con una de las empresas líderes del sector inmobiliario saudí, AJDAN, para establecer un proyecto turístico en Damasco de más de 800.000 metros cuadrados. La apuesta se enmarca en una iniciativa más amplia para modernizar el sector turístico de Siria e impulsar su economía.

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En una declaración para Al Arabiya English, el ministro de Turismo de Siria, Mazen al-Salhani, habló de la importancia de los acuerdos con Arabia Saudita como "un gran paso adelante en nuestros esfuerzos para revitalizar la industria turística de Siria y liberar su verdadero potencial". Otro ejemplo de este interés mutuo es la remodelación de uno de los hoteles más conocidos de Damasco por parte de un grupo hotelero saudí, que se convertirá en un hotel de lujo de cinco estrellas.

En esta misma línea, el mes pasado el ministro de Turismo firmó otro acuerdo con la Organización de Turismo Árabe que incluye la activación con políticas de garantía de inversiones, la formación y cualificación de profesionales locales del turismo, la creación de una academia dedicada al turismo y la mejora de las instalaciones para cumplir con las normas de certificación ISO. También tiene como objetivo promover más las oportunidades de inversión en Siria en foros regionales e internacionales, ya que las inversiones firmadas en Siria hasta el momento ascienden a un total aproximado de 1.500 millones de dólares.

Pero, de momento, lo que más gusta a los turistas en Siria es que... no hay turistas. Una peregrina canadiense ha viajado a Siria siguiendo los pasos de Pablo de Tarso, que pasó por allí: "Estoy muy contenta de estar aquí, me siento muy bienvenida y siento que la gente está contenta. Todavía no están hartos del turismo y todo el mundo es amable y abierto. Estoy segura de que en el futuro eso cambiará".

En el albergue más barato de Beirut las conversaciones sobre Siria son habituales. Para muchos, Líbano se ha convertido solo en el primer paso para el gran viaje del año: son los primeros turistas que pisan un país que salió, tras una vertiginosa e inesperada reconquista rebelde, de una guerra civil de 14 años. Los que llegan lo hacen con consejos para los nerviosos que esperan su turno. "En Damasco no hay papel de váter" o "No te preocupes, la gente es muy amable y hospitalaria" son algunos de los comentarios que más se repiten.

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