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"Los veo desde mi ventana": cómo el temor a ser arrestado está poniendo en peligro la vida de los inmigrantes en EEUU
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una crisis de salud pública

"Los veo desde mi ventana": cómo el temor a ser arrestado está poniendo en peligro la vida de los inmigrantes en EEUU

El 84% de los trabajadores sanitarios encuestados afirma haber registrado un descenso significativo o moderado en las visitas de sus pacientes migrantes a las clínicas desde el inicio de las redadas del ICE

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Desde hace meses, Adelina (nombre ficticio para preservar su identidad) vive en un estado de intranquilidad constante. Todos los días, cuando amanece, descorre sus cortinas con cuidado y estudia la calle. Es raro el día en el que no aparece en su vecindario patrullas de agentes del ICE, el Servicio de Inmigración y Gestión de Aduanas que, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, han endurecido sus redadas contra la inmigración hasta el punto de convertir las calles en escenarios donde los arrestos pueden producirse en cualquier momento.

A base de la fuerza más bruta, este tipo de cuerpo de seguridad ejecuta detenciones arbitrarias ante la mínima sospecha de ser un inmigrante sin papeles. El proceso se recrudece más si el ICE cree que el arrestado podría estar vinculado a algún crimen. El argumento que la Casa Blanca emplea es la lucha contra la delincuencia y el aumento de la inseguridad en las calles estadounidenses que Trump vincula directamente con la inmigración. Los críticos de su medida, sin embargo, aseguran que esta es una forma de "castigo" contra los Estados demócratas (donde los agentes del ICE están desplegados) para "avanzar en su agenda autoritaria" y una forma de infundir temor dentro de la comunidad migrante con el objetivo de disuadir la llegada de más personas.

Más del 70% de las personas que han sido retenidas por el ICE desde mediados a finales de este año no tenían condenas penales —lo que contradice la retórica de que están combatiendo a los "peores criminales"—, según un análisis de datos realizado por el Cato Institute y el Deportation Data Project. De este porcentaje, algunas de sus víctimas denuncian a The New York Times que en estos arrestos han sido tratadas como delincuentes, esposadas con cadenas, despojadas de sus familiares y obligadas a estar retenidas en salas de los centros de detención con otras 30 personas. Otros, incluso, aseguran que han sido obligados a desnudarse delante de los otros.

En el mejor de los escenarios, parte de ellos son puestos en libertad bajo fianza. Otros son enviados directamente de vuelta a sus países de origen sin más explicación. Por ello, el aumento cada vez más agresivo de estas redadas ha obligado a muchos de ellos a confinarse sin salir de sus casas. El miedo ha calado hasta el punto de que cientos de ellos han dejado de acudir a sus citas médicas, incluidas las de sus hijos, por miedo a poder ser arrestados. Así lo confirma una encuesta de Physicians for Human Rights con datos obtenidos de Migrants Clinicians Network realizada a 691 profesionales sanitarios de 30 estados desde marzo hasta agosto de este año. Señalan que muchos de sus pacientes inmigrantes han dejado de acudir a las consultas y aseguran que las áreas más afectadas son la atención primaria, el manejo de enfermedades crónicas y los servicios de salud mental.

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El 84% de los trabajadores sanitarios encuestados afirma haber registrado un descenso significativo o moderado en las visitas de pacientes desde el inicio de las redadas. Más de una cuarta parte de los clínicos sostiene que la intensificación de la aplicación de la ley migratoria ha afectado de forma directa a la atención que pueden ofrecer.

La doctora Eva Gálvez, médica de familia en la clínica comunitaria Virginia García, en Oregón, es uno de estos testigos. Asegura en conversaciones con el Confidencial que cerca del 70% de sus pacientes son latinoamericanos, muchos de ellos sin un estatus migratorio regular. "Desde que llegó esta administración, empezaron a decirme que tenían mucho miedo de venir a la clínica o de ir al hospital", explica. Durante un tiempo, pese a la preocupación, siguieron acudiendo, pero en el último mes —con los operativos más visibles y agentes del ICE rondando la zona— la situación se ha vuelto insostenible.

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Gálvez relata que cada día recibe llamadas para renovar medicamentos de personas que prefieren no salir ni siquiera para recoger una receta. "Hay pacientes que me dicen: 'Solo he venido porque era estrictamente necesario, pero ya no salgo a misa, ni a comprar, ni a nada'”, relata. Y hay otros que directamente ya no aparecen.

Y la prevención —que supone arriesgar la salud física de estas personas— a veces no es suficiente. Uno de sus pacientes —padre de familia y jardinero— estaba desplazándose de un puesto de trabajo a otro cuando una redada del ICE acabó deteniéndolo. Ahora permanece en un centro de detención mientras la madre, que acaba de dar a luz, se ha quedado sola a cargo de los tres menores.

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Según explicó, las dos hijas mayores están profundamente afectadas por la detención de su padre y muestran claros síntomas de problemas de salud mental. El equipo ha intentado derivarlas a terapeutas y consejeros, pero la búsqueda resulta extremadamente complicada, ya que en la zona no hay suficientes especialistas y, otra vez, por el temor a desplazarse y que ocurra una redada como le pasó a su padre.

Ese aislamiento está empezando a notarse en la salud de toda la comunidad. Enfermedades crónicas como la diabetes, que muchos pacientes tenían controladas, se están descompensando. También se están posponiendo vacunas y los chequeos pediátricos esenciales. "Varios padres me piden retrasar las vacunas de sus hijos porque no quieren venir a la clínica. Esto puede convertirse en una crisis de salud pública", lamenta, por no estar vacunados. Lo mismo ocurre con los tratamientos oncológicos o con los exámenes preventivos. Gálvez apunta a que hay pacientes que ni siquiera van a recibir tratamiento por miedo a poder ser detenidos en cualquier momento, lo que puede acelerar y deteriorar la situación de los pacientes.

Además, lejos de que la situación pueda revertirse, la administración ha recurrido a la Patrulla Fronteriza, conocida por su cultura de corte paramilitar, para encabezar un mayor número de operativos. Según diversas informaciones, la Patrulla Fronteriza se desplegará en breve en zonas de Luisiana y Misisipi en una operación bautizada como Swamp Sweep, siguiendo el modelo de Charlotte’s Web, llevada a cabo en Charlotte, Carolina del Norte, donde fueron detenidas más de 250 personas.

Protocolos contra las redadas

No existe una fórmula para prever dónde ni cuándo pueden producirse las redadas. Ocurren en escuelas, parques —a los que muchos padres han dejado de llevar a sus hijos—, iglesias, estadios e incluso en las inmediaciones de centros sanitarios. Ningún lugar es completamente seguro, más allá, por ahora, de los propios domicilios. Aunque el ICE no puede entrar en los recintos hospitalarios, hay algunos que cuentan con protocolos de actuación, como es el caso de la clínica Virginia García.

En la clínica explican que existe un protocolo interno para estos casos. Cuando alguien detecta la posible presencia de agentes de inmigración, lo primero es avisar a un supervisor para confirmar que realmente se trata de ellos. A partir de ahí, se cierran las puertas, se informa a los pacientes con cita para que, si lo prefieren, la realicen por teléfono, y se mantiene dentro del edificio a quienes ya están en la sala de espera hasta que el riesgo haya pasado. Señalan que muchos hospitales y centros de salud no cuentan con políticas similares, pero que ellos las han desarrollado debido al elevado número de pacientes latinos a los que atienden.

Muchos pacientes han empezado incluso a organizarse por su cuenta mediante grupos de WhatsApp o Facebook, donde se avisan mutuamente cuando hay presencia de agentes migratorios en la zona. También, al conocer que los operativos suelen concentrarse por la mañana, algunas familias han optado por reorganizar su rutina diaria y hacer sus recados por la tarde. Son pequeñas estrategias temporales que se han ido adoptando para tratar de esquivar, en la medida de lo posible, un posible arresto, pero nada garantiza que puedan seguir huyendo de ellos eternamente.

Esta médico asegura que allí saben que "para que una persona tenga éxito en su salud y pueda manejar sus enfermedades crónicas, necesitan tener confianza en sus médicos y en el sistema de salud. Y creo que ahora eso se está acabando", concluye.

Desde hace meses, Adelina (nombre ficticio para preservar su identidad) vive en un estado de intranquilidad constante. Todos los días, cuando amanece, descorre sus cortinas con cuidado y estudia la calle. Es raro el día en el que no aparece en su vecindario patrullas de agentes del ICE, el Servicio de Inmigración y Gestión de Aduanas que, desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, han endurecido sus redadas contra la inmigración hasta el punto de convertir las calles en escenarios donde los arrestos pueden producirse en cualquier momento.

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