Paz para hoy, ¿guerra para mañana? Por qué necesitamos garantías de seguridad reales en Ucrania
Sin garantías de seguridad operativas, cualquier paz para Ucrania sería solo una pausa para Rusia. El acuerdo necesita fuerzas internacionales sobre el terreno, un escudo aéreo europeo y una disuasión visible y automática
Edificios dañados durante un bombardeo ruso en Kostiantynivka. (Reuters/Oleg Petrasiuk)
Mientras continúan las discusiones sobre la versión revisada del plan de paz para Ucrania, una idea debería imponerse por encima del ruido diplomático: sin garantías de seguridad operativas, no habrá una paz duradera. Ni para Ucrania ni para Europa. Rusia ha demostrado una y otra vez que no respeta las declaraciones formales. Respeta la fuerza, la presencia y la certeza de que una nueva agresión tendría consecuencias inmediatas. Un alto el fuego sin un mecanismo de cumplimiento sería, en la práctica, una pausa táctica para Moscú. Para Ucrania significaría un paréntesis; para Europa, una falsa sensación de estabilidad.
Por eso cualquier acuerdo creíble debe ir más allá de fórmulas diplomáticas. Debe incluir una garantía de seguridad respaldada por fuerzas internacionales sobre el terreno. El ejército ucraniano ha probado ser la fuerza más eficaz del continente frente a las unidades rusas. Nadie discute su capacidad. Pero una fuerza europea de "reaseguro" —desplegada detrás de las líneas ucranianas, no en las trincheras— es esencial para dar solidez a cualquier acuerdo y evitar que Rusia trate el alto el fuego como una oportunidad para rearmarse.
La escala puede crecer de forma progresiva. Un primer contingente de alrededor de 20.000 personas. Esto incluiría una brigada de respuesta rápida de unos 5.000 efectivos, un componente aéreo de 150 aviones de combate encargado de la defensa aérea y antimisiles, y unidades marítimas dedicadas a la vigilancia y el control en el mar Negro. El objetivo no es sustituir a las fuerzas ucranianas, sino dejar claro a Moscú que cualquier violación del acuerdo encontrará una respuesta preparada, no improvisada. La disuasión requiere visibilidad y capacidad, no declaraciones bienintencionadas.
Un escudo aéreo europeo que proteja ciudades clave —Leópolis, Ternópil, Vinnytsia, Odesa, y progresivamente todo el espacio aéreo bajo control ucraniano— es indispensable para evitar ataques combinados contra la población civil. En el ámbito marítimo, una vigilancia conjunta ucraniano-europea con Turquía cerraría los espacios grises que Rusia ha explotado durante años. El Reino Unido y Francia, miembros destacados de la llamada "Coalición de los Dispuestos", cuentan con los medios para liderar esta tarea.
Este enfoque responde a lo que algunos líderes europeos llaman "disuasión acumulativa": anunciar cifras claras, desplegar capacidades reales y ampliarlas en función de la amenaza. Enviar a Moscú el mensaje de que cada violación tendrá una reacción automática forma parte de la esencia de cualquier paz sostenible. Europa no puede permitirse otro ciclo de avances rusos seguidos de conmoción diplomática.
La seguridad de Ucrania y la seguridad europea hoy son indistinguibles. Un acuerdo que deje a Ucrania expuesta dejaría expuesta a Europa el día siguiente. Las garantías operativas no son un complemento. Son la base sobre la que debe asentarse cualquier acuerdo.
A esto debe sumarse una segunda decisión: utilizar de inmediato los activos rusos congelados para la recuperación, reconstrucción y defensa de Ucrania. Rusia provocó la devastación; Rusia debe financiar su reparación. En este esfuerzo colectivo, España debe asumir también que el mundo que rodea a Europa se ha vuelto más inestable, más competitivo y más dispuesto a utilizar la fuerza.
La respuesta no puede recaer siempre en los mismos. España dispone de capacidades militares, industriales y geoestratégicas que deben ser integradas de forma más decisiva en el proyecto europeo. Desde el refuerzo de la defensa aérea hasta la ampliación de su contribución naval en el Mediterráneo y el Atlántico, España tiene margen - y responsabilidad— para elevar su peso real. Hacerlo no es un favor a terceros; es una inversión directa en la seguridad propia.
El punto de partida obliga a una revisión honesta. Durante años, España permaneció muy por debajo del umbral del 2 % del PIB en defensa, situándose a la cola de la OTAN. El reciente aumento presupuestario, que sitúa a España por primera vez en torno a ese 2 %, representa un giro necesario, pero insuficiente frente a un entorno estratégico que exige algo más que mínimos formales.
Para que España pueda contribuir plenamente a una arquitectura de seguridad europea más autónoma, deberá mantener un incremento sostenido de la inversión, acelerar la modernización de sus capacidades y reforzar tanto su defensa aérea como su presencia naval y cibernética. Solo así podrá operar con credibilidad junto a sus aliados y desempeñar el papel que su posición geoestratégica demanda.
* Fabrice Pothier es CEO de Rasmussen Global y exdirector de Planificación de la OTAN
Mientras continúan las discusiones sobre la versión revisada del plan de paz para Ucrania, una idea debería imponerse por encima del ruido diplomático: sin garantías de seguridad operativas, no habrá una paz duradera. Ni para Ucrania ni para Europa. Rusia ha demostrado una y otra vez que no respeta las declaraciones formales. Respeta la fuerza, la presencia y la certeza de que una nueva agresión tendría consecuencias inmediatas. Un alto el fuego sin un mecanismo de cumplimiento sería, en la práctica, una pausa táctica para Moscú. Para Ucrania significaría un paréntesis; para Europa, una falsa sensación de estabilidad.