Tras el Qatargate, un nuevo escándalo por fraude sacude el corazón de la UE donde más duele
La detención e imputación de la antigua jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, pone de relieve la falta de transparencia en algunas licitaciones públicas y daña la credibilidad de la UE
Federica Mogherini, en 2019. (Reuters/Johanna Geron)
En diciembre de 2022, estalló un escándalo que sacudió a la burbuja de Bruselas. El conocido como ‘Qatargate’ destapó una red de sobornos por parte de países como Qatar o Marruecos que pagaron cientos de miles de euros a eurodiputados para que se comportaran de manera favorable a sus intereses. La policía encontró 1,5 millones de euros en efectivo en varios puntos de la capital belga. Casi exactamente tres años después, un nuevo escándalo, muy diferente, pero también con efectos muy graves para la credibilidad europea, ha estallado en pleno corazón del barrio europeo.
Este martes, la policía federal belga hizo registros en la sede del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) y el Colegio de Europa, una institución educativa que forma a muchos de los futuros altos funcionarios de la Unión Europea. Como parte de la investigación, se detuvo a Federica Mogherini, Alta Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad entre 2014 y 2019, antes de la llegada del español Josep Borrell, y ahora rectora del Colegio de Europa. Este miércoles, Mogherini ha sido imputada por fraude y corrupción en la contratación pública, conflicto de intereses y violación del secreto profesional. Ha sido un auténtico bombazo en la capital comunitaria, algo nunca antes visto.
También ha sido detenido Stefano Sannino, antiguo secretario general del SEAE y desde que abandonó el puesto, sustituido por la españolaBelén Martínez Carbonell, como director general de Oriente Medio, África del Norte y el Golfo dentro de la Comisión Europea.
El escándalo poco tiene que ver con el 'Qatargate', pero afecta de manera directa a cómo los ciudadanos ven a la Unión Europea. El 'Qatargate'se trató de una red que permitió lucrarse a un grupo de eurodiputados y asistentes parlamentarios, reforzando así el estereotipo de unaclase política corrupta, que se traslada a Bruselas únicamente con el objetivo de lucrarse a nivel personal. Conviene señalar también que tres años después el caso sigue abierto, habiéndose detectado también varios errores de bulto en la investigación.
Este nuevo caso es muy diferente. No hay bolsas de dinero, Estados terceros que violan derechos humanos ni personajes variopintos. En esta ocasión, la Fiscalía Europea (EPPO) se centra en la posibilidad de que el SEAE diera información privilegiada al Colegio de Europa sobre cómo hacerse con una licitación pública para acoger la Academia Diplomática de la Unión Europea para formar a jóvenes diplomáticos europeos.
Si el 'Qatargate' dañó la imagen de la Eurocámara y puso de relieve la falta de controles internos dentro de la institución, en esta ocasión lo que se refuerza es la imagen de nepotismo dentro de la Unión Europea. Este segundo caso afecta a otra idea dañina: que las instituciones se benefician entre ellas con fondos europeosy que tratan el dinero con poco cuidado. Aunque la realidad es que la inmensísima mayoría de casos de fraude relacionado con fondos europeos tiene como protagonistas a las autoridades nacionales, las ópticas importan y mucho.
Nadie se lucra directamente de ello, pero mantiene un sistema de costes que no hacen más que aumentar. Con amplios problemas de corrupción en varios Estados miembros, un punto importante de las instituciones europeas es mantener la credibilidad como ‘policía’ de las autoridades nacionales en las que el Eurobarómetro demuestra continuamente que los ciudadanos europeos confían más que en las nacionales.
Un golpe a la credibilidad europea
La Oficina de Lucha contra el Fraude en la Unión Europea (OLAF), que ha sido central en esta investigación, sigue de cerca las actividades de las instituciones europeas. En 2024 destapó que una agencia de la UE contaba con un programa de formación que acumuló irregularidades por valor de 4,4 millones de euros, sobre todo por no haber tenido en cuenta la depreciación de los bienes. No hay fraude, pero sí un comportamiento imprudente que llamó la atención de la OLAF. La misma oficina ha puesto el foco en posibles conflictos de intereses en procesos de contratación.
El caso de Mogherini junta demasiados puntos que hacen daño a la credibilidad de la UE. Cuando ella salió del SEAE Sannino, que había sido entre 2016 y 2020 embajador italiano en Madrid, alcanzó el puesto de secretario general del Servicio. Ese mismo año, Mogherini fue escogida por el consejo de administración del Colegio de Europa como su rectora.
En 2019, ese consejo pasó a estar presidido por Herman Van Rompuy, un antiguo primer ministro de Bélgica que entre 2009 y 2014 había sidopresidente del Consejo Europeo, el foro de jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea. El Colegio está financiado fundamentalmente por la Comisión Europea, una institución de la que Mogherini también fue vicepresidenta entre 2014 y 2019 en su condición de alta representante.
La triangulación de influencias y nombres, experiencias e intereses, hace que la sospecha de la fiscalía europea (EPPO) de que el SEAE informó al Colegio de lo que debía hacer para ganar la licitación pública para acoger la Academia parezca natural. Y ese es, de hecho, el gran daño que produce el escándalo que ha sacudido a Bruselas dos años después del 'Qatargate'. Es mucho menos vistoso, mucho menos sucio, a nadie se le han encontrado bolsas con dinero, pero para la Unión Europea puede ser más dañino.
La EPPO sospecha que, para obtener el contrato para acoger la Academia, el Colegio supo, de antemano, que debía contar con una sede. De ahí la institución dirigida por Mogherini habría comprado por unos 3,2 millones de euros una sede en la Spanjaardstraat (Calle del Español). Gracias a esto, el Colegio de Europa ganó el concurso público para acoger la Academia con un contrato de 654.000 euros por parte del SEAE, según ha explicado el medio especializado en información europea, Euractiv.
En diciembre de 2022, estalló un escándalo que sacudió a la burbuja de Bruselas. El conocido como ‘Qatargate’ destapó una red de sobornos por parte de países como Qatar o Marruecos que pagaron cientos de miles de euros a eurodiputados para que se comportaran de manera favorable a sus intereses. La policía encontró 1,5 millones de euros en efectivo en varios puntos de la capital belga. Casi exactamente tres años después, un nuevo escándalo, muy diferente, pero también con efectos muy graves para la credibilidad europea, ha estallado en pleno corazón del barrio europeo.