Si la defensa española tiene que sacar una sola lección de la guerra, que sea esta (la que ha entendido Canadá)
Todas las guerras son distintas, advierten los estrategas militares. Por eso es arriesgado sacar lecciones apresuradas de los conflictos en curso. Pero sí hay una lección subyacente a todas estas consideraciones
Soldado ruso interceptando dron ucraniano. (Ministerio de Defensa de Rusia)
De forma unánime, los estrategas militares aseguran que todas las guerras son distintas. Por eso es arriesgado sacar lecciones apresuradas (o desproporcionadas) de los conflictos en curso, donde una miríada de factores influyen en el choque de fuerzas. El músculo bélico y financiero de los bandos, el contexto geográfico y geopolítico o la idiosincrasia de los combatientes y aliados son elementos que alteran la ecuación de las armas.
Este axioma se puede contrastar de forma sencilla en Ucrania, en Gaza o en cualquiera de las múltiples tensiones fronterizas que laten duro hoy en el mundo. Pero sí hay una lección subyacente a todas estas consideraciones. Una que, por el momento, solo parece haber aprendido Canadá. Una que se cuenta mejor con el sistema de armas de moda: el dron.
¿Recuerdan la operación Spider Web? El pasado mes de junio, las fuerzas armadas ucranianas lograron asestarle al Kremlin uno de los golpes militares y psicológicos más importantes desde el inicio de la invasión a gran escala. Los servicios secretos de Kiev infiltraron cientos de drones más de 5.000 kilómetros dentro de territorio ruso con camiones de carga. Llegado el momento, los techos de los contenedores se abrieron por control remoto y los vehículos no tripulados volaron en masa hacia los objetivos fijados. Unos 13 bombarderos nucleares rusos fueron destruidos en cuatro bases aéreas rusas diferentes.
Se podría pensar que el éxito de este golpe descansa en el hábil subterfugio de inteligencia, en el factor sorpresa de atacar en la retaguardia de Moscú o en el uso, ahora ubicuos, de los drones. En realidad, el secreto de esta acción estratégica está en la unión de objetivo, oportunidad y medios, tejidos con el factor más crucial de todos: el tiempo. Es decir, una rápida capacidad de adaptación al momento del conflicto. Ser lento te hace vulnerable.
La lección no es el uso masivo de drones per se. Es la capacidad de diseñar, desarrollar y producir los sistemas de armas que necesitas para tu misión en el menor tiempo posible. Algo de lo que Europa en general, y España en particular, adolecen. Capacidad de decisión y celeridad. Lo explica mejor Yurii Lomikovskyi, cofundador de Iron, un clúster de defensa encargado de acuerdos militares entre Ucrania, Estados Unidos y Europa.
"Es un ciclo de innovación de alrededor de seis meses. Después de ese tiempo tenemos que lidiar con un nuevo desafío para compensar los avances tecnológicos de Rusia", comenta Lomikovskyi en una entrevista con El Confidencial.
En los casi cuatro años de conflicto en el este de Europa, los drones están reescribiendo los libros de estrategia contemporáneos y deberían modificar las doctrinas militares. Su versatilidad los han hecho indispensables para misiones de inteligencia, reconocimiento y logística, ataques de corto y medio alcance, y elementos ofensivos multidominio. Es una constante carrera tecnológica en la que Kiev y Moscú se van pisando los talones de forma constante.
"Las tácticas también cambian drásticamente porque el producto que utilizamos es diferente al que utilizábamos meses atrás y necesitamos innovar constantemente para que las estrategias militares tengan sentido y mantener una ventaja competitiva", especifica.
Los drones ucranianos han logrado hitos militares inéditos, como un asalto exitoso empleando tan solo vehículos no tripulados. Ocurrió hace poco cerca de la ciudad de Járkov, donde un refugio de soldados rusos en el frente fue asaltado con drones. Los enemigos, sitiados por los UAV, salieron de su escondite con un cartel que decía "queremos rendirnos". Los propios drones escoltaron a los prisioneros hasta el lado ucraniano, donde fueron detenidos.
También han revolucionado el frente naval en el mar Negro, en el que drones marítimos como el Sea Baby han puesto en jaque a la marina de guerra rusa. Pese a su armamento pesado, capaz de alcanzar blancos a 1.500 kilómetros y sus sistemas tecnológicos de precisión, muchas naves de Moscú han sido atacadas y neutralizadas por vehículos no tripulados de bajo coste.
En cualquiera de los ejemplos verán que la tecnología es accesoria. Es la capacidad de emplearla rápidamente, mientras las condiciones lo permitan. Algo similar sucede con el resto de sistemas de armas. Cuanto más tiempo pase entre la definición del objetivo, la elección del material y su puesta en marcha operativa, aumentan los riesgos de ineficiencia y obsolescencia.
Lento es débil
En España, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante general Teodoro Esteban López Calderón, advirtió esta semana del desafío que supone para las Fuerzas Armadas recibir el impulso financiero de forma fraccionada o tarde. El máximo responsable militar del país pidió más flexibilidad y agilidad en los sistemas de financiación y contratación del ministerio para hacer frente a la "rápida evolución tecnológica" de la industria armamentística.
"(Algunos sistemas de defensa llegan) obsoletos por los complejos y largos procesos de licitación y la escasa flexibilidad de los procedimientos", reconoció el almirante López Calderón. El planteamiento, programación, contratación y puesta en servicio de estos programas es "bastante largo" y se necesitan normativas presupuestarias y de contratación que respondan "apropiadamente" a los ciclos de vida y demanda del armamento.
"Solo así podremos responder con eficacia y determinación a las exigencias de nuestro tiempo y conseguir unas Fuerzas Armadas acordes con las necesidades existentes", aseguró el almirante en un encuentro de PwC y la Asociación de Diplomados en Altos Estudios de la Defensa Nacional (ADALEDE).
No es una singularidad española, ni mucho menos. Europa lleva meses intentando ponerse a la altura de una amenaza que ha pasado de ser una teoría en informes de inteligencia a una realidad para los países fronterizos con Rusia. De nuevo, los drones quizás sean el mejor ejemplo de esta falta de celeridad.
¿Se acuerdan del muro europeo de drones? El año pasado, un grupo de países europeos del flanco oriental de la OTAN propusieron un proyecto para blindar sus cielos ante una hipotética escalada entre Rusia y Occidente. Los recientes incidentes en países como Polonia, donde varios drones violaron el espacio aéreo europeo y la seguridad de la navegación, dieron un empujón a esta iniciativa, discutida por jefes de Estado y de Gobierno de la UE en la cumbre del mes pasado en Copenhague.
"Este sistema antidrones será un escudo para toda nuestra Unión, incluido nuestro flanco sur", dijo en ese momento la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
Pero el optimismo de la líder europea chocó con el baño de realidad de la defensa europea. Varias personas familiarizadas con el proyecto afirmaron que llevarlo a cabo es complejo. El propio ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, avisó que esta muralla de aparatos no tripulados -una red estratificada de sistemas de detección e interceptación- no se va a materializar "en los próximos tres o cuatro años, ni mucho menos".
¿Por qué tanto tiempo? Problemas para la coordinación política, para la financiación conjunta y, sobre todo, para seguir el ritmo al que avanza la tecnología de drones. Ahora mismo, cualquier plan que se haga hoy día sobre el papel probablemente verá la luz ya desfasado.
"La tecnología de vanguardia de 2024 ya no es tan avanzada en octubre de 2025. Ahora todos entienden que necesitábamos este muro de drones hace uno o dos años", dijo Edgars Rinkevics, presidente de Letonia, en una entrevista con la agencia Bloomberg.
Los expertos militares comparten la misma inquietud que el líder del país báltico. "Hay muchos desafíos. Si la guerra sigue igual que ahora, no sabemos qué pasará en tres años, o incluso en un año, en términos de tecnología. Y eso significa que tendrán que adaptar el escudo antidrones. Y si tarda años en construirse, será todavía menos fidedigno", añade el experto militar Lomikovskyi.
El ejemplo de Canadá
El Gobierno canadiense ha reconocido esta tara en su sistema y acaba de anunciar la creación de un nuevo órgano estatal para la adquisición y desarrollo de material de defensa. Los militares del país norteamericano, como los españoles y europeos, insisten en que los sistemas actuales no pueden mantener el ritmo con la evolución de los desafíos estratégicos y el propio cambio tecnológico. Por eso han decidido crear algo nuevo de cero que triunfe allí donde décadas de pequeños cambios paulatinos han fracasado.
La Agencia de Inversión en Defensa (DIA, por su sigla en inglés) es considerada como la más ambiciosa reforma del sistema de adquisición militar canadiense en una generación. Su misión es acelerar la capacidad de entrega para las Fuerzas Armadas y la Guardia Costera del país, asegurándose de que las compras benefician la capacidad industrial y tecnológica del país.
"Durante décadas, el sistema de obtención de capacidades militares de Canadá ha estado definido por la parálisis, con silos departamentales, largas revisiones, aversión al riesgo en la compra y el desarrollo y una cultura que estaba más cómoda con seguir el procedimiento que en conseguir capacidades", explicó Paul Fraioli, en un análisis el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).
Para el experto ucraniano, este tipo de medidas son un paso en la dirección adecuada ante la dificultad para saber hacia dónde se moverá la tecnología militar. "La manera de lidiar con esto sería adoptar sistemas de adquisición flexibles que tengan un ciclo más corto. Un sistema que sea fácil de mejorar para que no esté desactualizado", asegura.
Know-how y fábricas
Pero no es la única. Además de dotar de más velocidad y cintura a los entes de adquisición y desarrollo, también aboga por trabajar de cerca con socios expertos. Y, en este caso, Ucrania se ha convertido en el mayor desarrollador de drones del mundo.
"Solo podemos mejorar si avanzamos juntos. Y eso se hará deteniendo la guerra, porque cuando eso pasa, el ciclo de innovación también se frenará. Casi no existe un ritmo de innovación similar durante conflictos o guerras en otros países", asegura Lomikovskyi, quien cita iniciativas es Build with Ukraine, dedicada a construir fábricas ucranianas fuera del país para colaborar con empresas locales o los pactos con compañías europeas que están sobre el terreno en Ucrania para aprender los procesos de innovación de drones desde dentro.
En casi cuatro años de guerra, Ucrania ha desarrolladoun arsenal de drones único en el mundo. Su elenco desde los FPV de ataque (visión en primera persona) de fabricación masiva y bajo coste, a los Mavic de reconocimiento adaptados al frente, pasando por drones kamikaze de largo alcance como el Beaver, los navales no tripulados que hostigan Crimea o el Sokil-300, su plataforma estratégica de ala fija. "La capacidad que tenemos en el país para la producción de drones es enorme. Podemos hacer realidad un prototipo en semanas", asegura el experto ucraniano.
Pero Rusia también tiene otra lección que ha dejado clara la guerra. Importa la tecnología y la capacidad de adaptación, pero también el músculo industrial. Las fábricas y los contratos de adquisición no paran y el Kremlin ha llegado a lanzar más de 1.000 drones en una sola noche sobre ciudades ucranianas. "Funcionamos de manera diferente. Nosotros somos muy rápidos, pero si queremos escalar el producto somos más lentos porque tenemos más burocracia y competencia. En Rusia, la fase de desarrollo es más larga, pero luego son capaces de producir miles de unidades al mes", avisa Lomikovskyi.
De forma unánime, los estrategas militares aseguran que todas las guerras son distintas. Por eso es arriesgado sacar lecciones apresuradas (o desproporcionadas) de los conflictos en curso, donde una miríada de factores influyen en el choque de fuerzas. El músculo bélico y financiero de los bandos, el contexto geográfico y geopolítico o la idiosincrasia de los combatientes y aliados son elementos que alteran la ecuación de las armas.