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Del despacho más gris del Pentágono a negociar la paz en Ucrania: ¿quién es Dan Driscoll?
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Ascenso meteórico

Del despacho más gris del Pentágono a negociar la paz en Ucrania: ¿quién es Dan Driscoll?

De la noche a la mañana, el secretario del Ejército de EEUU se ha posicionado como pieza central en el apresurado intento de la administración Trump de impulsar un acuerdo de paz en Ucrania

Foto: El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, estrecha la mano del secretario del Ejército de EEUU, Dan Driscoll. (Reuters)
El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, estrecha la mano del secretario del Ejército de EEUU, Dan Driscoll. (Reuters)

Hace apenas unas semanas, Dan Driscoll era un hombre confinado a la burocracia del Pentágono y desconocido para la inmensa mayoría de estadounidenses, por no hablar del resto del planeta. No era de extrañar. Al fin y al cabo, estamos hablando del secretario del Ejército. Un cargo importante, sí, pero principalmente dedicado a la aburrida tarea de gestionar presupuestos, personal y adquisiciones. Sin embargo, el pasado 20 de noviembre, su foto estrechando la mano del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, dio la vuelta al mundo y su nombre empezó a resonar como pieza central en el apresurado intento de la administración Trump de impulsar un acuerdo de paz en Ucrania.

¿Sorprendido? No se preocupe, puede que el propio Driscoll también lo estuviera.

Según han reportado múltiples medios estadounidenses, la visita de Driscoll a Kiev estaba diseñada como un viaje técnico sobre drones, el área en el que más se ha implicado desde que asumió el cargo. Sin embargo, poco antes de salir, recibió una instrucción directa de la Casa Blanca: aprovechar el desplazamiento para presentar ante Zelenski un plan de paz de 28 puntos acordado previamente en negociaciones secretas con Rusia. Un borrador que, para aquel entonces, ya se había filtrado, desatando el pánico tanto en Ucrania como entre el resto de los aliados europeos.

Desde ese momento, Driscoll se convirtió en el rostro más visible del proceso. Encabezó las conversaciones con las autoridades ucranianas durante su visita a Kiev y, días después, participó junto al secretario de Estado, Marco Rubio, en la reunión de Ginebra que desembocó en un borrador reducido a 19 puntos. Su agenda no terminó ahí. Inmediatamente después, según informó The New York Times, lideró en Abu Dhabi las conversaciones con una delegación rusa para intentar ajustar el marco del acuerdo.

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¿Cómo explicar este ascenso meteórico? Para entenderlo hay que mirar menos a Driscoll y más al estado actual del aparato de seguridad estadounidense. Su superior directo, el secretario de Defensa Pete Hegseth, atraviesa desde hace meses una etapa de desgaste marcada por polémicas internas, filtraciones y una relación deteriorada tanto con el propio Ejército de EEUU como con los aliados europeos. Según varias fuentes citadas por Politico, en Washington “no hay mucha confianza en Hegseth para transmitir mensajes delicados”, motivo por el cual la Casa Blanca habría recurrido a una figura más amable y de fiar. Driscoll, discreto, joven —no llega a los 40— y sin protagonismo público previo, encaja sin dificultad en ese perfil.

Su relación personal con el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, también pesa. Ambos coincidieron en la Facultad de Derecho de Yale, donde comenzaron una amistad que han mantenido desde entonces. Tras varios años en el sector financiero y una candidatura fallida al Congreso, fue el propio Vance quien lo llamó en 2024 para que se incorporara a la campaña presidencial de Trump. Ese vínculo lo situó desde el principio en el entorno más cercano del poder y le abrió un acceso privilegiado a los espacios donde se toman decisiones rápidas, incluidas las que afectan a política exterior.

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Aunque su puesto es, en teoría, administrativo, Driscoll ha visitado la Casa Blanca en múltiples ocasiones desde enero. Su nombre aparece vinculado a varias tareas que van bastante más allá de la supervisión del Ejército: desde la coordinación de despliegues de la Guardia Nacional en ciudades estadounidenses hasta la dirección interina de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF).

Su ascenso a la primera línea de las negociaciones en Ucrania también ha coincidido con la caída de otros actores, como el ya mencionado Hegseth, pero también del propio enviado especial para Ucrania, Keith Kellogg. Kellogg había sido recibido inicialmente con alivio en Kiev y Bruselas, donde se le consideraba un interlocutor razonable y una figura proucraniana dentro de una administración a menudo hostil hacia el Gobierno de Zelenski. Sin embargo, su peso político se fue evaporando con el paso de los meses.

Según reporta Reuters, Kellogg quedó prácticamente apartado de las conversaciones en otoño, cuando la Casa Blanca empezó a canalizar los contactos sensibles a través del secretario de Estado, Marco Rubio, y del empresario Steve Witkoff, nombrado por Trump como su enlace para los conflictos de Ucrania y Gaza. Finalmente, su salida de la Administración Trump fue anunciada la semana pasada. En este contexto, Driscoll ha sido quien ha asumido, de forma extraoficial, el rol de enviado especial.

placeholder Dan Driscoll. (Reuters)
Dan Driscoll. (Reuters)

No es un encargo que Kiev reciba con entusiasmo. Según reveló NBC News, en su reunión con responsables ucranianos, Driscoll les advirtió de que la situación militar era “crítica” y que Rusia contaba con capacidad para mantener la ofensiva “de forma indefinida”. También les trasladó que Estados Unidos no puede seguir suministrando armamento y defensas antiaéreas al ritmo necesario para proteger el país. “El mensaje era básicamente: estáis perdiendo y tenéis que aceptar el acuerdo”, afirmó una de las fuentes citadas por la cadena.

Dentro de la administración Trump existe una pugna sobre cómo resolver el conflicto. Por un lado, está el sector encabezado por J.D. Vance y por Witkoff, que considera que el principal obstáculo para cerrar un acuerdo no es Rusia, sino Ucrania. Este grupo defiende que Washington debe utilizar su capacidad de presión para empujar a Kiev hacia concesiones rápidas, aunque estas impliquen aceptar gran parte de las exigencias territoriales de Moscú.

Enfrente se sitúa el bloque representado por el secretario de Estado, Marco Rubio, junto con diplomáticos de carrera y parte del aparato de seguridad nacional. Su diagnóstico es opuesto: consideran que la raíz del conflicto está en la agresión rusa y que cualquier acuerdo estable solo puede surgir si Moscú percibe que prolongar la guerra tendrá un coste insostenible.

A la vista del mensaje que Driscoll transmitió en Kiev —y de su cercanía con Vance—, resulta sencillo deducir cuál de estas dos visiones está imponiéndose en el entorno del presidente.

Hace apenas unas semanas, Dan Driscoll era un hombre confinado a la burocracia del Pentágono y desconocido para la inmensa mayoría de estadounidenses, por no hablar del resto del planeta. No era de extrañar. Al fin y al cabo, estamos hablando del secretario del Ejército. Un cargo importante, sí, pero principalmente dedicado a la aburrida tarea de gestionar presupuestos, personal y adquisiciones. Sin embargo, el pasado 20 de noviembre, su foto estrechando la mano del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, dio la vuelta al mundo y su nombre empezó a resonar como pieza central en el apresurado intento de la administración Trump de impulsar un acuerdo de paz en Ucrania.

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