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La derecha se consolida en Chile y el oficialismo sale debilitado: los extremistas Jara y Kast se disputarán la presidencia
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El centro desaparece

La derecha se consolida en Chile y el oficialismo sale debilitado: los extremistas Jara y Kast se disputarán la presidencia

Para José Antonio Kast los resultados superaron cualquier expectativa. No solo le aseguran el paso a la segunda vuelta, sino que el avance del resto de la derecha le posiciona todavía más cerca de la presidencia de Chile

Foto: José Antonio Kast, habla tras conocer los resultados de las elecciones este domingo, en Santiago (Chile). (EFE/Ailen Díaz)
José Antonio Kast, habla tras conocer los resultados de las elecciones este domingo, en Santiago (Chile). (EFE/Ailen Díaz)
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La comunista Jeannette Jara, representante de los partidos de izquierda chilenos, y el ultraderechista José Antonio Kast, candidato del partido Republicano, se disputarán la presidencia chilena el próximo 14 de diciembre tras no haber logrado hacerse con el 50% de los votos necesario. En la primera vuelta, Jara se impuso por un estrecho margen de apenas dos puntos porcentuales (26,69%) frente a Kast (24,15%), un resultado que cae como un jarro de agua fría para el oficialismo, que esperaba —según las encuestas— una ventaja de al menos diez puntos sobre el candidato de extrema derecha.

A pesar de que la candidata comunista ha conseguido ponerse a la cabeza, todo eran caras largas entre los miembros de la coalición de izquierdas. "Uno siempre espera mejores resultados, esa es la realidad, pero eso nos hace plantearnos mayores desafíos", admitió Jara anoche al subir al escenario para dirigirse a sus simpatizantes. Tanto ella como su equipo son conscientes de que será complicado captar nuevos apoyos entre un electorado que ya muestra un claro giro hacia la derecha.

Otra de las sorpresas de la noche fue la consolidación del populista Franco Parisi, del Partido de la Gente, quien alcanzó el 19,7% de los votos y desplazó a Johannes Kaiser, el libertario alineado con la corriente de Javier Milei, que obtuvo un 13,9%. La gran derrotada fue la derecha tradicional chilena representada por Evelyn Matthei, con un 12,4%, un resultado que se interpreta como el golpe definitivo para la coalición de centroderecha Chile Vamos.

Para José Antonio Kast los resultados superaron cualquier expectativa. No solo le aseguran el paso a la segunda vuelta, sino que el avance del resto de la derecha le posiciona todavía más cerca de la presidencia de Chile. Si se suman el 13,94% obtenido por el libertario Johannes Kaiser y el 13,41% alcanzado por la candidata de Chile Vamos, las derechas ya reúnen un 51,23% de los votos. Se trataría del mejor resultado electoral de este sector en una primera vuelta presidencial.

Foto: Jara:

"Millones de chilenos han decidido abrazar un proyecto que plantea la oposición a este gobierno fracasado, a este mal gobierno, que le hizo daño a nuestra patria", expresó el candidato de extrema derecha en su discurso oficial. "Esta noche Chile sí despertó, pero despertó de verdad, luego de seis años de violencia, de ideología y de mediocridad", aseguró.

Son varias las circunstancias que han favorecido a los partidos de derecha y contribuido al retroceso de la izquierda chilena, pero todas comparten un factor común: el rechazo hacia el Gobierno progresista de Gabriel Boric. "Jara ha tratado de desacoplarse del oficialismo porque actualmente tiene un porcentaje altísimo de desaprobación", explica Paulina Astroza, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad de Concepción en Chile, a El Confidencial.

Sin embargo, ni siquiera ese intento le ha servido para ganar más votos, porque "ese distanciamiento le ha resultado muy difícil", asegura. Jara fue ministra de Trabajo de Boric, es militante del Partido Comunista —uno de los pilares de la coalición oficialista— y su candidatura está respaldada por nueve partidos, de los cuales ocho forman parte del actual Gobierno, por lo que existe un continuismo con el que la población no estaría de acuerdo.

Por otro lado, la candidatura de José Antonio Kast, Johannes Kaiser y, en menor medida, Evelyn Matthei y Franco Parisi, buscan, según Astroza, "marcar una ruptura clara con el actual Gobierno, que acumula una desaprobación superior al 60% y fue golpeado por el rechazo en el primer proceso constituyente". Estos candidatos, añade, "promueven un refuerzo del sistema neoliberal, un Estado mínimo y trasladar al sector privado la mayor parte de las funciones públicas", llegando incluso a calificar a algunos funcionarios como "parásitos" porque significan "un gasto muy grande" para Chile.

Sin embargo, aclara que incluso los partidos considerados extremos han moderado su discurso público. "Si uno escucha a José Antonio Kast en 2019, en 2021 y hoy, es mucho más moderado. Y lo mismo ocurre con candidaturas del Partido Comunista que, pese a definirse marxistas-leninistas, presentan programas alejados de esos postulados". A su juicio, aunque se proyectan como fuerzas radicales, el mensaje que finalmente transmiten a la ciudadanía es mucho más cercano al centro.

Foto: la-izquierda-pierde-el-poder-en-bolivia-el-centrista-rodrigo-paz-gana-por-sorpresa-en-primera-vuelta

"Lo que está polarizado son las posturas de los partidos y algunos liderazgos que han llevado la discusión hacia los extremos para capitalizar el hartazgo, la molestia y la desesperanza que sí sienten muchos ciudadanos", afirma Astroza. Según la académica, ese descontento ha sido aprovechado por todas las candidaturas, aunque con mayor intensidad por las de los extremos, tanto de derecha como de izquierda.

En este sentido, con los buenos resultados de Kast se cierra un ciclo político en Chile que se ha extendido durante los últimos seis años y que comenzó con el estallido social del año 2019 tras la subida de los precios en el transporte público. La analista recuerda que aquella revuelta tuvo "causas profundas" —desigualdad, abusos de poder, discriminación— que aún no han desaparecido en la sociedad chilena. Sin embargo, "el impacto emocional" que supuso el Estallido ha quedado enterrado, desplazando la "conversación pública a la seguridad", especialmente en las calles.

La seguridad y el miedo a la inmigración

Además de capitalizar el rechazo a Boric, la migración y la seguridad se han convertido en los ejes centrales de la campaña de Kast, favoreciendo también, en cierta medida, el ascenso de Parisi. En el primer caso, el partido liderado por Kast presentó un "Pan Implacable" basado en la "mano dura" contra la inmigración —a la que relaciona con la inseguridad— y propuso construir cárceles de máxima seguridad que incluyan un aislamiento absoluto para los líderes del narcotráfico, además de endurecer las penas para las bandas criminales.

Foto: gran-negocio-criminal-latinoamerica-extorsion

"Hoy escuchamos hablar de sicariato, portonazos, ajustes de cuentas o incluso descuartizamientos, fenómenos que no eran característicos de Chile", explica. Esta situación, sumada a la asociación entre criminalidad e inmigración, "ha sido utilizada por distintos actores políticos para enfatizar un diagnóstico catastrofista del país" y el resultado es un "vaciamiento del centro" en la representación política.

Aunque las estadísticas sitúan a Chile entre los países más seguros de Latinoamérica, la inseguridad se ha convertido en la principal preocupación de su sociedad. Chilenos que actualmente residen en España explican a El Confidencial que el aumento de robos y delitos en los últimos años ha intensificado la sensación de vulnerabilidad entre la población, lo que ha provocado que se perciba la seguridad como uno de los asuntos más urgentes del país.

"Esto es nuevo en Chile", asegura Salvador Martí, analista especializado en Latinoamérica del think tank Barcelona Centre for International Affairs. "El problema no es tanto la seguridad objetiva, sino la percepción. Chile es muchísimo más seguro que México, pero los chilenos han tenido la sensación de que el país se ha vuelto más inseguro" explica. A su juicio, la inquietud crece especialmente entre las clases populares y medias, aunque en comparación regional el fenómeno sigue siendo menor.

"Chile no tenía experiencia migratoria y, de golpe, una parte importante de su población es de origen extranjero"

Martí atribuye parte de esta centralidad del discurso de la inseguridad al encuadre impulsado no solo por las formaciones de derechas, sino también por medios de comunicación. En su opinión, ese enfoque ha beneficiado inicialmente a figuras como Evelyn Matthei —quien fue exministra del Gobierno de Sebastián Piñera— y, con el tiempo, ha sido capitalizado también por opciones más radicales como las de Kast y Parisi.

El hecho de que Chile ha recibido en pocos años un volumen inédito de migrantes procedentes de países vecinos —bolivianos, peruanos, paraguayos— y una llegada masiva de venezolanos, también han sido una de las principales razones que han motivado el aumento de votos hacia la derecha. "Chile no tenía experiencia migratoria y, de golpe, una parte importante de su población es de origen extranjero. Esto genera extrañeza y facilita la asociación, muchas veces falaz, entre migración e inseguridad", advierte. Martí reconoce que la pobreza puede llevar a que ciertos grupos migrantes queden más expuestos a situaciones de marginalidad, pero insiste en que la relación entre migración y criminalidad "no es en absoluto obvia".

En la mayoría de países latinoamericanos, los candidatos desafiantes suelen imponerse por un "descontento generalizado hacia la política"

No obstante, Martí recuerda que Chile vive una paradoja: es uno de los países donde el mercado tiene mayor peso en la regulación económica y social, lo que hace que las cuestiones de equidad y desigualdad sigan siendo una preocupación central para la ciudadanía. Estos temas resultaron decisivos en la victoria de Gabriel Boric, aunque —advierte— aún no está claro hasta qué punto podrían beneficiar ahora a Jara.

El politólogo también apunta a una tendencia regional más amplia, ya que en la mayoría de países latinoamericanos, con la excepción de México, los oficialismos están perdiendo y los candidatos desafiantes suelen imponerse por un "descontento generalizado hacia la política". Y ese descontento viene marcado por un clima de polarización que los extremos políticos han sabido aprovechar.

La comunista Jeannette Jara, representante de los partidos de izquierda chilenos, y el ultraderechista José Antonio Kast, candidato del partido Republicano, se disputarán la presidencia chilena el próximo 14 de diciembre tras no haber logrado hacerse con el 50% de los votos necesario. En la primera vuelta, Jara se impuso por un estrecho margen de apenas dos puntos porcentuales (26,69%) frente a Kast (24,15%), un resultado que cae como un jarro de agua fría para el oficialismo, que esperaba —según las encuestas— una ventaja de al menos diez puntos sobre el candidato de extrema derecha.

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