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Chile cambia sus prioridades: ahora la seguridad y la migración decidirán las elecciones
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Chile cambia sus prioridades: ahora la seguridad y la migración decidirán las elecciones

El temor a la delincuencia y la llegada de nuevos actores políticos marcan una campaña polarizada, mientras el electorado indeciso y el voto obligatorio añaden incertidumbre al desenlace

Foto: Carteles electorales del candidato José Antonio Kast. (EFE/Elvis González)
Carteles electorales del candidato José Antonio Kast. (EFE/Elvis González)
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Las imágenes del estallido social chileno dieron la vuelta al mundo en 2019. Cientos de miles salieron a las calles reclamando medidas para superar el modelo económico neoliberal adoptado durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973 - 1990). Esas protestas dejaron 39 muertos y marcaron profundamente al país andino, dando lugar a la llegada al poder del progresista Gabriel Boric en 2021, con una agenda elaborada en el sentido de cumplir las demandas de las calles entonces.

Hoy las prioridades en Chile son, en cambio, totalmente distintas. Poco se ha hablado en los debates de cara a las presidenciales de este domingo de pensiones, salud o educación, a pesar de que el Ejecutivo saliente dejó muchas de sus propuestas por cristalizar debido a sus dificultades para formar mayorías parlamentarias. Dos temas dominan la agenda: inseguridad y migración han copado los debates, seguidos a cierta distancia por la economía pero más en el sentido de recuperar el ritmo de crecimiento de hace una década que en cuestión de derechos sociales. Buena parte de los chilenos aseguran estos días que les da miedo salir a la calle de noche. La cifra de asesinatos se ha doblado en la última década hasta alcanzar los 6,7 por cada 100.000 habitantes, aunque este año se está reduciendo y podría cerrar en 5 por cada 100.000 habitantes.

Al país han llegado bandas transnacionales como el Tren de Aragua, liderado además por extranjeros, que se dedican a modalidades criminales más violentas, como el narcotráfico a gran escala y el secuestro, aflorando crímenes a los que los chilenos no estaban acostumbrados. Las cifras están todavía muy lejos de la media regional, de 15 por cada 100.000 habitantes, y de los países más violentos -Ecuador está en 38- pero aún así la percepción de inseguridad está disparada en el país andino.

El 63% de los chilenos considera que la violencia es el tema más preocupante en sus vidas. Solo Perú, entre 30 países de distintos continentes encuestados por Ipsos supera esa cifra, y en tres puntos. Ese tema se relaciona con el de la migración, que ha explosionado en los últimos seis años, cuando la población nacida en el extranjero se ha disparado desde el 3% hasta el 9%, especialmente por la llegada de personas provenientes de Venezuela.

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"Todos los políticos abordan la migración de una manera muy radical asumiendo, principalmente la derecha, que todos son delincuentes", comenta a El Confidencial el politólogo Luis Felipe Vergara. "No hay duda que las bandas delictuales han llegado de otros países, particularmente de Venezuela, y eso ha generado un nivel de delincuencia no mayor, pero sí más beligerante, más sangriento, con más disparos, más violencia. Pero eso no se atribuye exclusivamente a todos los migrantes", añade.

En ese contexto, los candidatos de derecha están en su terreno y los discursos de mano dura están ganando adeptos entre la población. Las encuestas muestran una situación paradójica: la práctica totalidad pone en cabeza a Jeannette Jara, del Partido Comunista (PC) candidata del oficialismo formado por partidos de centroizquierda e izquierda, con alrededor de un 28% de intención de voto, pero, al mismo tiempo, casi ningún sondeo le da posibilidades de imponerse en la prácticamente segura segunda vuelta del próximo 14 de diciembre.

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La derecha ve, en cambio, muy cerca la victoria final aunque acude a los comicios dividida, tras no lograr un acuerdo para celebrar primarias en julio. Sus tres principales candidatos ya tienen mayoría absoluta en los sondeos y el campo conservador cuenta además más postulados entre los otros cuatro aspirantes que no tienen posibilidades de alcanzar el balotaje.

Lidera en ese sector el ultraconservador José Antonio Kast, con alrededor de un 20% de intención de voto en su tercera intentona de llegar a la presidencia, tras perder contra Boric en 2021. Ahora el clima político le favorece —no solo por los temas que dominan la agenda, sino porque lo tradicional en Chile es que el oficialismo no reedite Gobierno— y sus asesores parecen ser conscientes de que necesita ampliar su base de votantes para tener ese plus que le de la victoria.

Kast ha moderado su discurso, evitando hablar de temas espinosos como las libertades sociales o la dictadura -hizo campaña abierta en 1988 por el "sí" a Pinochet en el referéndum y un hermano fue dos veces ministro del dictador- y se ha centrado en seguridad, migración y economía.

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Todo el campo conservador, eso sí, está sacudido por la tremenda irrupción de Johannes Kaiser, un candidato que se define a sí mismo como libertario, como el presidente argentino Javier Milei —muy popular en la derecha chilena— pero con una agenda ultra que está ganando gran popularidad muy rápidamente y está sacando al resto de candidatos de derecha de su discurso inicial más moderado.

Su historia es singular. No es un político de vieja data y sí definición más genuina posible de outsider. En 2013, a sus 37 años, trabajaba como recepcionista de noche en un hotel del Tirol, tras casi dos décadas dando tumbos como camarero y albañil en Alemania —país obviamente de sus ancestros— y Austria, cuando tuvo una idea que cambiaría su vida: creó un blog en YouTube bautizado como "El Nacional-Libertario" para criticar al progresismo y fue escalando en seguidores hasta lograr cierta popularidad.

En 2019 volvió al Chile del estallido y su canal se disparó, convirtiéndose en una referencia para quienes eran contrarios a las protestas callejeras. Consiguió un asiento en la Cámara de Diputados con el Partido Republicano de Kast gracias al apoyo de sus seguidores, pero abandonó en 2022 a su padrino político acusándolo de haberle permitido demasiado margen de decisión a la izquierda en la fallida Asamblea Constituyente de aquel año.

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Ahora su programa se diferencia por ser más duro que el programa ya de por sí duro de Kast. Donde Kast propone que haya 2.000 vuelos de deportación de migrantes, Kaiser propone un campo de migrantes en la frontera. Donde Kast propone un endurecimiento de condenas, Kaiser propone reinstaurar la pena de muerte para sicarios o violadores. Donde Kast propone cárceles más seguras, Kaiser propone expulsar a los extranjeros condenados al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) de Nayib Bukele en El Salvador.

"La derecha ha crecido y es más fuerte que hace unos años atrás. Su discurso se concentra principalmente en migración, delincuencia y economía y bajo esos conceptos ha capitalizado la sensación que tiene la ciudadanía en esos temas con propuestas en muchas ocasiones ficticias o prácticamente imposibles de cumplir desde ya. Uno sabe perfectamente que no va a ser así, pero venden bastante bien y captan el descontento ciudadano", asegura Velasco.

Kaiser también lleva el debate a otros campos. Kast rehusa hablar de temas sociales como feminismo o derechos LGTBI mientras Kaiser espolea activamente lo que él llama la "batalla cultural", asegurando que prohibirá la enseñanza de género en escuelas y restringirá la causal de violación que permite el aborto.

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Kast no habla ya de la dictadura, mientras Kaiser asegura que él hubiera apoyado de frente el Golpe de 1973 "con todas las consecuencias, lamentablemente" —asumiendo sin nombrarlo las 3.200 ejecuciones y 1.162 desapariciones durante el pinochetismo— y propone que indultará a los militares de la dictadura, dando también alguna suerte de amnistía a los policías condenados por el estallido de 2019..

Kaiser inició la campaña sin muchas posibilidades de llegar al poder, pero ese discurso está calando y tiene ya alrededor del 14% de intención de voto.

El margen de error y las singularidades de esta elección podrían meterle en el balotaje, siendo, eso sí, según los sondeos actuales, el único candidato contra el que la izquierdista Jara tendría posibilidad de vencer, ya que el bloguero lidera las encuestas en ese eventual escenario, pero por escaso porcentaje.

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Su crecimiento ha ido en detrimento de las posibilidades de Evelyn Matthei, la candidata de la derecha tradicional, hija de un general miembro de la junta de Gobierno de Pinochet y exministra del fallecido trágicamente Sebastián Piñera, a quien recordó en su mitin de cierre de campaña. Lideraba todos los sondeos hasta julio, con un discurso más moderado que el del resto de candidatos conservadores con posibilidades, pero la irrupción de Kaiser drenó parte de su apoyo.

Matthei mantiene, eso sí, un 14% de intención de voto y no se descarta en absoluto su pase a segunda vuelta porque uno de cada cinco chilenos todavía no ha decidido su voto, pero sobre todo porque estos comicios tienen dos particularidades que los hacen altamente imprevisibles.

Será, por un lado, la primera elección presidencial que se lleve a cabo tras el establecimiento del voto obligatorio en 2022 en un país con gran abstención. No es un tema baladí. Alrededor de cinco millones de nuevos electores se sumaron a los comicios constituyentes de aquel año y a las regionales de 2024 y es ahora incierto su efecto en las elecciones clave de este domingo.

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Son personas que no piensan en la política en su día a día, según los analistas, y que solo acuden a las urnas porque si no serán multados con sanciones de hasta 130 euros al cambio en pesos chilenos. Hay indicios de que son propensos a votar contra los políticos que en ese momento ocupan el poder, pero también de que cambian de opinión de una vuelta a otra, según los resultados de las regionales, haciendo imprevisible un pronóstico.

Además, los migrantes no solo copan la agenda de las elecciones, sino que podrían ser decisivos para el resultado. Hasta 886.000 de los 15,8 millones de electores llamados a las urnas son personas nacidas en el extranjero, la mayoría venezolanos llegados en la última década y peruanos.

Encuestas realizadas en ese segmento específico muestran que la candidata de izquierda solo obtendría un 15% de los apoyos (Panel Ciudadano) pero la medición en encuestas es compleja y las más recientes propuestas de los candidatos derechistas podrían alterar ese resultado, añadiendo imprevisibilidad al resultado.

La nueva situación política ha acabado además con la teoría de los tercios en Chile, la que cuantificaba en un tercio la población que apoyaba a la izquierda, un tercio la que apoyaba la derecha, y un tercio de centro que decidía y además gobernaba.

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"Llevan un buen tiempo bastante fraccionados. Los candidatos de centro no lograron pasar a segunda vuelta en 2021, algo que fue histórico, y ahora pareciera que el camino es el mismo, considerando además que el centro hoy día no lleva ni candidato presidencial. Ese sector está bastante huérfano", destaca Velasco.

La agenda política está afectando, mientras tanto, a las posibilidades de Jara, una abogada cuya popularidad despegó como ministra de Trabajo de Boric cuando logró la aprobación de una reforma pensional que, aunque alejada de lo planteado en el programa, es considerada uno de los mayores hitos del gobierno del líder progresista por la tradicional reticencia de la derecha y del centro a aceptar esos cambios.

La candidata izquierdista aglutina los apoyos de quienes reclaman mayor protagonismo de lo público en pensiones, salud y educación pero el alejamiento de esos temas de la línea de fuego de los debates afecta a sus posibilidades finales.

Tiene, además, dos hándicaps a superar de cara al balotaje en el que posiblemente estará. Primero, su total identificación con un gobierno criticado tanto a la derecha como a la izquierda, a pesar de que Boric mantiene el apoyo de entorno al 40% de la población —considerable para los actuales estándares en América Latina— y su popularidad no se desplomó como la de algunos de sus predecesores.

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Por otro lado, pesa como una losa en amplios sectores su pertenencia al Partido Comunista, prohibido en dictadura y con posiciones alejadas del centro, al que llegó en 1989 cuando se afilió a sus juventudes. Buena parte de los analistas cree que Jara deberá generar una ruptura con su formación si quiere tener posibilidades de atraer a suficientes votantes de centro como para ganar, y que aún así lo tendrá complicado.

Ya ha dado algunos pasos. Ha llegado a decir que se alejará del PC si se convierte en presidenta y califica al Gobierno venezolano de Nicolás Maduro como un "régimen autoritario", distinguiéndose de la línea oficial de su formación que es una defensa del actual statuquo en el país caribeño.

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Se ha visto obligada, eso sí, a debatir en torno a seguridad y migración, temas que no son el fuerte tradicional de la izquierda. Propone seguir las rutas de dinero ilícito del narcotráfico, levantando el secreto bancario, para luchar contra el crimen, y crear un registro biométrico obligatorio para migrantes y programas para inserción laboral, medidas que se pierden ante el maremagnum de propuestas de los contrincantes de la otra orilla política.

Este primer round es visto por muchos, por lo tanto, como una suerte de primarias de la derecha.

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Chile Partido Comunista Augusto Pinochet
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