"En la batalla por la libertad, si perdemos España, Occidente está perdido"
El presidente de la Heritage Foundation, el think tank más relevante del ámbito conservador estadounidense, el que diseñó el 'Proyecto 2025' para Trump, analiza el presente y el futuro de las nuevas derechas
El presidente de la fundación conservadora The Heritage Foundation, Kevin Roberts, posa para El Confidencial. (S. B.)
Kevin Roberts es el presidente de la Fundación Heritage, la más influyente en el ámbito conservador estadounidense y la que diseñó el Proyecto 2025 para Trump. El propósito era tener un programa claro y bien dibujado para que, en los primeros meses de su mandato, el presidente dispusiera de un buen número de ideas y de políticas públicas para desarrollar de forma rápida.
Sin embargo, el papel de la fundación va más allá que la de un mero think tank. Ha sido un espacio de conexión entre el viejo partido republicano y el nuevo, el representado por Trump, pero también es la difusora de sus ideas en los países aliados, y ejerce de enlace con buena parte de las nuevas derechas occidentales. En España, tiene una relación excelente con la fundación de Vox, Disenso.
Roberts ha estado en el centro de la polémica las últimas dos semanasa raíz de la publicación de un vídeo en el que respaldaba a Tucker Carlson y abogaba por la unidad de las derechas, pero no mostraba la distancia suficiente, según los suyos, con figuras controvertidas como Nick Fuentes, el líder de los groypers, el grupo más radical del ámbito conservador. Tras las críticas recibidas, Roberts publicó dos vídeos más en los que dejaba claro su alejamiento de Fuentes y mostraba una posición más conciliadora. Sin embargo, su intervención sirvió como detonante para que esa coalición que había logrado Trump entre sectores muy diferentes comenzara a mostrar sus diferencias.
Roberts ha visitado España para presentar un libro, Un tiempo nuevo. El renacer de la derecha” (CEU ediciones), pero también para estrechar lazos con fuerzas afines. Ayer, Roberts y Abascal estuvieron reunidos y trataron tanto la coyuntura internacional como la situación española.
Kevin Roberts: 'España es fundamental para el futuro de Europa, para el futuro de Occidente y, por supuesto, para el futuro de Estados Unidos'. (S. B.)
PREGUNTA. ¿Qué importancia tiene España para Estados Unidos y qué importancia tiene lo que sucede en nuestro país para el entorno conservador estadounidense?
RESPUESTA. Mis compañeros de la Heritage Foundation y yo estamos en España porque España es fundamental para el futuro de Europa, para el futuro de Occidente y, por supuesto, para el futuro de Estados Unidos. Los conservadores estamos ganando en Estados Unidos la batalla contra lo woke y contra la centralización excesiva del poder. Pero, sobre todo, estamos ganando la batalla a favor del autogobierno y de la prosperidad del ser humano. España y su gloriosa historia es una de las razones por las que Estados Unidos puede defender estas ideas. En Heritage estamos recorriendo el mundo para animar a la gente de todos de todos los países a defender no solo un gobierno limitado y buenas políticas, sino, sobre todo, las cuestiones del corazón, como la libertad, la autonomía personal y la prosperidad. Y en esa batalla, si Occidente pierde a España, Occidente está perdido.
P. ¿Considera que Europa está agotada y debe transformarse? ¿Qué cambios debe llevar a cabo?
R. Europa está agotada, pero el proyecto europeo no está muerto. Ocurre igual que con cualquiera de nosotros, que podemos cansarnos y sentirnos agotados, pero también recuperarnos. En EEUU lo estamos haciendo, nos estamos revitalizando.
La razón por la que Europa está agotada es que casi todas las naciones europeas han cedido demasiada soberanía a una organización supranacional como la Comisión Europea. Quizá los españoles y los europeos quieran que la Unión Europea siga adelante. Depende de ustedes, no de EEUU. Lo que nosotros observamos es una erosión de la identidad nacional y del orgullo nacional en lugares donde jamás debería existir, comenzando por España.
La solución a ese problema consiste en regenerar nuestra política. Pero si la queremos regenerar de forma que refleje la voluntad popular, estamos obligados a regenerar nuestras instituciones. Si la gente está desencantada con la política, si está desencantada con el proyecto europeo, miren a Bruselas. Y luego miren a sus líderes en España y exíjanles no solo una mejor política y mejores políticas públicas, sino también instituciones como escuelas y universidades que reflejen la verdad y la bondad y que nos inspiren en lo más importante, que es poner al ser humano primero.
P. Han pasado solo unos meses desde el regreso del presidente Trump al poder y ya hemos presenciado enormes transformaciones. ¿Qué le queda por hacer a Trump en la política internacional y en la económica?
R. Donald Trump es una bendición para Estados Unidos y para el mundo porque tiene la firmeza necesaria para enfrentarse a cualquiera, ya sea en Estados Unidos, en Pekín o en Bruselas, que quiera violar la libertad y la autonomía personales. En menos de un año en el cargo ha logrado una transformación radical de la política estadounidense.
Dicho esto, tenemos mucho trabajo por hacer. Los conservadores de Estados Unidos necesitamos estar en el poder al menos una década para revertir todos los excesos que la izquierda radical ha producido en nuestro país durante los últimos 75 años. Pero lo lograremos, porque él está actuando con rapidez para implementar las políticas necesarias.
En particular, lo que se necesita es una continua reducción del poder del gobierno federal, con una disminución del número de empleados del gobierno y un presupuesto mucho menor, de modo que nuestros estados, que ostentan la soberanía primordial en nuestro sistema, tengan mayor capacidad de acción. Dicho de otro modo, el mayor logro de Trump, y lo que debe seguir haciendo (y lo hará), es devolver más poder al pueblo.
Confiamos en que, de esta manera, nuestros amigos en todo el mundo, independientemente de su ideología política o de lo que piensen de Donald Trump (yo soy un gran admirador, claro), vean en él un motivo de esperanza. Lo que el ejemplo de Trump demuestra es que, aunque la política de un país no vaya bien, el declive no es inevitable: es posible revertir la situación.
P. La pasada semana, usted sufrió numerosos ataques a consecuencia de un vídeo en el que apoyaba a Tucker Carlson. Sin embargo, a partir de entonces, también se han producido ataques a otras figuras del ámbito conservador, como Patrick Deneen o Johnny Burtka. Es una señal de una división significativa en la derecha. Quizá las viejas élites conservadoras se estén negando a aceptar los cambios que promueve Trump.
R. Existe una fisura en el movimiento conservador, no solo en Estados Unidos, sino también en Europa, entre la vieja y la nueva derecha. Otros hablarán por sí mismos, yo lo haré en nombre de Heritage. Lo que nuestra fundación pretende es que, en el movimiento conservador, los mejores elementos de la vieja derecha se reúnan con lo mejor de la nueva derecha. Lo cierto es que, independientemente de la postura filosófica de cada uno sobre estos temas, la realidad política coincide con la realidad filosófica. Necesitamos algo que ofrece la vieja derecha, como es el vínculo con lo permanente y con los principios. No necesitamos, por el contrario, su colaboración con la izquierda radical en algunos temas sociales y culturales. De la nueva derecha lo que necesitamos es el entusiasmo que surge de trabajar para el pueblo. A veces se confunde el término nueva derecha con el de populismo, y algunos miembros de la vieja derecha lo consideran una palabra malsonante. Pero el populismo consiste simplemente en llevar a efecto la voluntad del pueblo.
A pesar de la controversia existente, en Heritage estamos entusiasmados con el futuro del movimiento conservador, porque si se cuenta con estas dos cosas, el amor por los principios y la puesta en práctica de la voluntad popular, podremos estar en el poder durante un siglo. Pero, aunque solo estuviéramos durante medio siglo, ¿se imaginan la cantidad de problemas que podríamos solucionar? ¿Todo lo que podríamos hacer en nombre y en beneficio del pueblo? De modo que este no es un momento para frustrarse, sino para ilusionarse.
Roberts con un pin de The Heritage Foundation en la solapa de su chaqueta. (S. B.)
P. ¿Existe una visión diferente acerca de cómo afrontar el futuro entre los conservadores protestantes y los católicos? ¿Se está librando una batalla por el alma conservadora dentro de la derecha estadounidense?
R. Más allá de las diferencias teológicas, ya sean católicos, cristianos o judíos, todos compartimos la misma visión política: necesitamos un gobierno más pequeño, aunque eso no sea un fin en sí mismo.
Necesitamos un gobierno más pequeño para que nosotros, como individuos, a través de entidades no gubernamentales que prioricen nuestras familias y nuestras comunidades, tengamos más poder y mayor autonomía. En Estados Unidos, obviamente, la gente puede practicar la religión que desee. En lo que respecta al proyecto político y filosófico del conservadurismo estadounidense, tengo plena confianza en que compartimos la misma visión del mundo. Cuanto más nos centremos en eso, independientemente de la iglesia a la que asistamos, más nos daremos cuenta de que tendremos éxito en la política.
P. Hay una apuesta evidente en la administración Trump por la inteligencia artificial y la construcción de centros de datos. ¿Es compatible el desarrollo a gran escala de la inteligencia artificial y el aumento de los empleos bien pagados para el trabajador estadounidense? ¿Ese desarrollo de la IA no va a dar lugar a una batalla entre MAGA y el ‘Make Silicon Valley Great Again’, entre las empresas tecnológicas y el ciudadano común que votó a Trump?
R. La fusión de la coalición MAGA con la llamada derecha tecnológica ofrece muchas oportunidades, pero también plantea numerosos desafíos, por razones obvias.
Hay ciertos sectores de la derecha tecnológica que otorgarían mucha más libertad a las empresas de inteligencia artificial de la que estamos dispuestos a conceder los conservadores de larga data. En otras palabras, como conservadores, debemos comprender que no hay lugar para una IA sin regulación en nuestro movimiento, en nuestro país ni en nuestras políticas. Debemos rechazar la postura libertaria de que la IA es infalible.
La IA es una herramienta muy útil, pero tan poderosa que puede socavar la propia humanidad. En Heritage, del mismo modo que actuamos como interlocutores y mediadores entre la derecha tradicional y la nueva, buscamos mediar, de forma constructiva, entre la derecha tecnológica y la derecha MAGA. Hay algunas preguntas que requieren respuesta y muchas de ellas están siendo contestadas por las políticas de la administración Trump. Le queda mucho por hacer, pero confiamos en que sus próximas decisiones serán acertadas. Hasta ahora ha demostrado una gran prudencia, no solo al integrar estas dos alas, sino también en el diseño de las políticas. En definitiva, la inteligencia artificial debe estar a nuestro servicio y no al revés.
P. Esta semana ha habido muchas voces en la derecha estadounidense que señalaban que el movimiento MAGA había muerto. Pueden ser exageraciones, pero responden a una posibilidad real, la de que los votantes que logró atraer Trump queden decepcionados. ¿Las elecciones de medio término, que se celebrarán el próximo año, serán un termómetro de cómo se sienten?
R. (Se ríe) He leído muchas afirmaciones absurdas en las últimas dos semanas, pero la más absurda es la que el movimiento MAGA ha muerto. No solo está vivo y coleando, sino que está creciendo. No va a desaparecer. Puede que haya gente de la izquierda radical y de una pequeña parte de la derecha que crean que ha muerto y lo estén celebrando, pero no pueden estar más equivocados.
El futuro de MAGA lo estamos viendo hoy, con hombres y mujeres que, cuando son elegidos para cargos públicos, ya sea la presidencia de Estados Unidos o para una alcaldía, gobiernan con toda la autoridad legal y ética que les corresponde, y no con la indecisión con la que demasiados políticos de derecha han gobernado en los últimos 25 años. En Heritage, lo que observamos, no solo de cara a los próximos ciclos electorales —las elecciones de mitad de mandato del próximo año, las presidenciales de 2028— sino, aún más importante, como movimiento social y cultural para el resto del siglo, es que MAGA le ha recordado al pueblo estadounidense que son ellos, y no Washington, quienes están al mando. Esperamos que nuestros amigos en Europa se inspiren en esto y empiecen a afirmar que son ellos, y no Bruselas, quienes están al mando.
Foto: S. B.
P. Hemos visto a un partido demócrata incapaz de reaccionar en estos meses posteriores al triunfo de Trump. Sin embargo, la victoria de Mamdani y las de Virginia y New Jersey han elevado mucho su moral. ¿Cree que el partido demócrata puede girar hacia las posturas de Mamdani? Peter Thiel advertía de que, si no se solucionan los problemas de la deuda estudiantil y la vivienda, el país puede dirigirse hacia el socialismo.
R. Lamentablemente, los resultados electorales en Virginia y New Jersey eran previsibles, favorecieron al partido en el poder. Probablemente no sean un buen indicador de las elecciones de mitad de mandato. Sin embargo, la elección de Nueva York no fue solo lamentable, sino trágica. Mamdani representa una coalición no solo tóxica, sino sumamente peligrosa, la que existe entre neomarxistas e islamistas. Esta combinación es bien conocida por nuestros amigos en Europa, y ha llegado a Estados Unidos con la elección de Mamdani como alcalde de Nueva York. Probablemente esto sea un indicio del rumbo que tomará el Partido Demócrata.
Hace un año, el Partido Demócrata podía tomar dos caminos, el de los radicales como Mamdani y Alexandria Ocasio-Cortez, y el que representan personas como Chuck Schumer. No comparto las posturas políticas de ninguno de ellos, pero sería mejor que los demócratas se inclinaran hacia el centroizquierda, y no parece que eso esté sucediendo. Al contrario, están dejando claras sus intenciones.
Como conservador, sin embargo, lo celebro políticamente, porque tengo mucha confianza en nuestras ideas y en nuestra capacidad para defenderlas, a diferencia de la toxicidad que supone la coalición Mamdani-AOC. Ahora bien, también tengo presente que no debemos caer en la arrogancia ni pecar de exceso de confianza. No solo debemos ganar la batalla de las ideas, sino que, cuando las ideas de Mamdani lleguen al debate nacional en las elecciones presidenciales de 2028, debemos estar seguros de que los estadounidenses van a comprender el daño que causan, de modo que no flirteen con ellas.
Esto es importante porque Mamdani sí hizo algo bien a nivel puramente político: hablar sobre la crisis de la vivienda en la ciudad de Nueva York. Mis amigos conservadores, a veces, dicen que no deberíamos hablar de la crisis de la vivienda asequible. Es una tontería, debemos hacerlo. A menos que seamos capaces de hablar de ese tema y de poner sobre la mesa la efectividad para solucionarlo de nuestras políticas, basadas en un gobierno limitado y en la libre empresa, vamos a perder.
Roberts posa para El Confidencial este viernes en Madrid. (S. B.)
P. ¿Cuál es el papel que va a jugar la Fundación Heritage en el resto del mandato del presidente Trump? ¿Cuáles son sus planes de acción?
R. En Heritage no solo tenemos las que considero las mejores ideas para las políticas públicas, sino que, además, y esto es muy importante, facilitamos el intercambio de esas ideas con otras organizaciones de todo el país y del mundo, y las compartimos informalmente con legisladores, desde la administración hasta el Congreso. Lo llevamos haciendo 50 años y seguiremos haciéndolo. Pero ahora existe una oportunidad política, ya que creo que los conservadores van a estar en el poder al menos 50 años, para hablar de esas ideas con más detalle.
En otras palabras, no se trata solo del próximo mes o los próximos seis meses, sino de hacia dónde deben evolucionar ciertas áreas o cuestiones políticas en los próximos cinco o diez años. Adoptar esta visión a largo plazo, tanto para las políticas en sí como a la hora de formar a personas que posiblemente lleguen a trabajar para la administración o en el Capitolio, o que incluso puedan ser congresistas, es nuestra tarea. Tenemos una oportunidad y, si no la aprovechamos, quizá nunca la volvamos a tener.
P. ¿Es JD Vance el futuro de la derecha estadounidense tras Trump?
R. El vicepresidente sin duda parece ser el favorito, no solo para 2028, sino, e igual de importante, como líder social y filosófico del movimiento conservador. Contamos con una base sólida. El secretario de Estado, Marco Rubio ha tenido un desempeño excelente. Lo mismo ocurre con varios senadores y con un importante grupo de gobernadores. Pero es evidente para cualquiera que está prestando atención, que además de su actitud política y de su visión filosófica, el vicepresidente posee una habilidad comunicativa que le permite conectar genuinamente con el pueblo estadounidense. Y dejando lo meramente político a un lado, lo que los estadounidenses más desean es que sus líderes sean auténticos.
Ya sea el vicepresidente, el secretario de Estado Rubio, o un senador o un gobernador que surja en los próximos años, si son conservadores, comparten la filosofía del presidente Trump de priorizar al pueblo sobre Washington y si son auténticos, entonces no solo serán figuras emblemáticas de nuestro movimiento, sino que llegarán a ser presidentes de los Estados Unidos.
Kevin Roberts es el presidente de la Fundación Heritage, la más influyente en el ámbito conservador estadounidense y la que diseñó el Proyecto 2025 para Trump. El propósito era tener un programa claro y bien dibujado para que, en los primeros meses de su mandato, el presidente dispusiera de un buen número de ideas y de políticas públicas para desarrollar de forma rápida.