Una semana en el país con más inflación del mundo: sueldos de pobres con precios de Europa
Tras pasar unos días en Argentina pudimos comprobar su elevado coste de vida. Para cambiar dólares o euros hay hasta siete tasas diferentes y el hambre se abre paso en las calles
"Lo que pasa es que al país lo dejaron como a un ser humano con las piernas infectadas”, explica un desanimado taxista en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Su tono se mezcla con el frío húmedo que ralentiza la llegada del verano austral en la capital argentina, y remata: “Para que el país vuelva a caminar hay que cortarle las piernas, ¿entendés? Salir de este desastre costará tres o cuatro años, porque los gobiernos kirchneristas arruinaron el país”.
Cuando saca un enorme fajo de billetes para dar el cambio, el taxista niega con la cabeza al mirar los cientos de miles de pesos que amasa. Paga más de un dólar por cada litro de gasolina en un país que encabeza todos los rankings globales de inflación. Desde un menú de McDonald's hasta los huevos o la leche de un supermercado,en Buenos Aires casi todo es más caro que en Madrid, según Numbeo, una base de datos en línea especializada en el coste de vida de diferentes países. Mientras tanto, los salarios argentinos se mantienen a años luz de los europeos. En noviembre de 2025, el salario mínimo que se negocia cada mes entre el Gobierno, las empresas y los sindicatos quedó en 322.000 pesos mensuales (200 euros).
En solo una semana de estancia se pueden descubrir infinidad de ejemplos del elevado coste de vida de Buenos Aires. Un viaje en el “Subte” de allí vale lo mismo que uno en el Metro de Madrid. Aparcar un coche durante una hora en el centro de la ciudad cuesta casi cuatro euros al cambio, más que estacionar cerca de Gran Vía. Las tiendas de una cadena europea de moda de gama media son tan caras en Buenos Aires que la gente toca las perchas con mucho cuidado y mirando a su alrededor, como si fuese el objeto de un museo que quieren tocar. Una camisa de manga corta para mujer cuesta 57 euros al cambio, y un vaquero 73, pero ambas prendas se pueden encontrar a mitad de precio en España.
Pizarra con los precios de un parking en el centro de Buenos Aires. (A.H.S.)
"¿Me dejás una moneda para la comida del nene?"
La inflación argentina provoca “insuficiencia alimentaria” en el 36% de la población, que llega a ser “severa” para el 16%, de acuerdo con un estudio de la Universidad Católica Argentina. Los datos sondeados por esta institución hablan de 4,3 millones de niños y adolescentes con “dificultades para acceder adecuadamente a alimentos”. La gran paradoja radica en que Argentina produce una gran cantidad de alimentos, y encabeza las exportaciones globales de varios productos esenciales como trigo, soja o maíz.
En las calles bonaerenses puede constatarse cómo los problemas con la comida afectan a los menores. En la Avenida Corrientes, a solo seis calles del mítico Obelisco, un niño que no parecía superar los diez años se acurrucaba a media mañana sobre su madre mientras esta repetía a los transeúntes: “¿Me dejás una moneda para la comida del nene?”. Ninguno de los dos llevaba zapatos y estaban envueltos en un montón de ropa sucia. En el portal del mausoleo del prócer independentista José de San Martín, a un costado de la Plaza de Mayo, un centenar de personas se aglutinó para comer en la noche del 6 de noviembre aprovechando algo que los argentinos denominan “merendero” (reparto callejero de alimentos). La escena de la Avenida Corrientes se repetía muy cerca, en la Avenida Callao, con otra madre y su pequeña que pedían “cualquier ayuda para vivir”.
Madre e hijo pidiendo dinero en la Avenida Corrientes del centro de Buenos Aires. (A.H.S.)
Esas familias monoparentales, las más afectadas por el hambre según la citada investigación, en realidad no necesitaban “una moneda”. Las monedas en Argentina dejaron de utilizarse hace años. La inflación las hizo inservibles. Quizás solo se emplean monedas argentinas para confeccionar algunas de las artesanías que se venden en El Caminito, la zona turística del barrio de La Boca. Allí estuvo el primer puerto de la ciudad y con la madera que sobraba de los barcos se construían las casas. Se les llama conventillos porque en cada una de sus habitaciones cuadradas se albergaban familias enteras de inmigrantes. La principal característica del vecindario radica en los colores llamativos de las fachadas, cubiertas de cualquier color con la pintura que no se utilizaba en el astillero.
Como La Boca es la cuna del Boca Juniors, el Real Madrid argentino, casi todo su comercio local se basa en el fútbol. Los antiguos conventillos hoy son enormes supermercados con souvenirs para los visitantes que persiguen la estela dejada en el barrio por Diego Armando Maradona. Hay decenas de estatuas suyas y de Lionel Messi portando camisetas que se venden por 15 dólares como mínimo. Las estanterías se repletan con tazas por 10 euros o imanes para nevera por cinco, y si preguntas por algo los trabajadores no te sueltan hasta convencerte de alguna “oferta”.
“Además del precio que tenga el dólar, también dependemos de los precios que den nuestros proveedores”, explica una joven vendedora sobre la mercancía que puede mandar a producir en China o Bangladesh. “Intentamos mantener los precios, pero cada tres meses los revisamos todos debido a los cambios constantes de la economía. Si me suben esto (señala un termo para mate con la cara de Mafalda), tendría que aumentarle al menos 2.000 pesos (1,20 euros) sobre los 15.000 que ya cuesta. Ahora 15.000 pesos no es nada, pero antes era un montón de plata. Un kilogramo de fruta antes costaba 1.000 pesos, pero ahora vale el triple”.
Al igual que las tiendas de recuerdos, no tienen mucha afluencia de público las parrillas callejeras con chorizos y carne, o las milongas (sitios donde se baila tango). Parecen lugares preparados para un momento que jamás llega, quizás porque no es mucho el público que se puede permitir un imán por cinco euros o un “menú Messi” por 12.
Calle de La Boca con restaurantes, vendedores ambulantes y tiendas de recuerdos con pocos visitantes. (A.H.S.)
El dólar y sus siete tipos de cambio lo deciden todo
Este año el turismo en Argentina ha caído un 18% interanual y muestra una tendencia de estancamiento desde 2010. De hecho, el país emite casi el doble de turistas que los que recibe, hecho que se traduce en una salida de capital hacia el exterior y en una disminución de los ingresos por viajero. Quizás en este fenómeno influya el tipo de cambio establecido para las divisas extranjeras como el dólar o el euro.
“Hace dos años, a dos días de que Milei asumiera la presidencia, el peso sufrió una devaluación del 100%”, explica Luis Alberto Valle, un pequeño comerciante de la provincia de La Pampa que se ha visto afectado por la volatilidad financiera. “Un dólar pasó de costar 400 pesos a 800 y, como nuestra economía está atada al dólar, empezaron a subir las cosas, principalmente los combustibles y alimentos. Incluso ha subido la comida que no se importa mientras los salarios y pensiones se mantuvieron. Al disminuir el poder adquisitivo cayó el consumo y las ventas en mi almacén se desplomaron. Empezó a importarse de todo y aquí cada día cierran fábricas, por eso hay menos trabajo también. Durante los Gobiernos kirchneristas la inflación y los precios subían cada mes, pero al menos los salarios y las pensiones también”.
Olivia Romero, una joven de 28 años que no terminó la universidad debido a los problemas económicos que sacudieron al país durante la presidencia de Mauricio Macri, cuestiona la existencia de ciertas pensiones: “Tengo una tía que nunca trabajó y está jubilada solo porque tuvo dos hijos. En algún momento eso se consideró como un motivo para recibir una pensión. Tiene la mínima, como 280.000 pesos al mes. Eso no alcanza para mucho, pero es plata que sale de la gente que “labura” (trabaja). Cuando Milei llegó, al menos los precios se estabilizaron y no variaron tanto de un mes a otro. Yo, que necesito comprar leche sin lactosa, por ejemplo, con Alberto Fernández en el poder pagaba un litro a 500 pesos, y al mes siguiente ya estaba a 1.500”.
Lista de productos en oferta en la entrada de un supermercado de Buenos Aires. (A.H.S.)
Valle vive en Perera, un pueblo de solo 3.000 habitantes con una economía que gira en torno a la ganadería. Allí reconoce que reina cierta tranquilidad en la vida diaria, pero muchos de sus clientes dejaron de ir a su tienda de alimentos o redujeron las compras. Tras dos años de Gobierno, Valle todavía no entiende cómo llegó a la Casa Rosada un hombre que se ha propuesto “destruir al Estado” cuando en la práctica debería liderarlo. “Para unos, Milei es un loco y para otros se lo hace, pero la gente lo volvió a votar nuevamente. Coincido con algunos analistas que señalan como causa el temor que indujo Donald Trump con su préstamo condicionado”, lamenta Valle.
La Pampa no padece tanto de “las villas” (término argentino para los asentamientos ilegales, símbolo inequívoco de la pobreza extrema), pero se ve afectada por otros fenómenos ligados a la gestión de Milei, explica Valle. Su pueblo está a más de 600 kilómetros de Buenos Aires y ya nota cómo avanza el deterioro de las vías que lo conectan con el resto del país: “Este Gobierno alardea de su bajo déficit fiscal, pero en realidad lo que ha hecho es cortar un montón de gastos en obra pública. Al poner un pie fuera de Buenos Aires se nota cómo las carreteras están destruidas y abandonadas, porque de mantenerlas se encargaba una empresa pública que ha sido privatizada por Milei”.
Llegado el punto máximo de tensión por la supuesta debacle electoral que sufriría el partido de Milei durante las últimas legislativas de octubre, Trump entró al juego para salvar a su aliado. Ofreció una línea de crédito de 20.000 millones de dólares bajo la condición de que Milei ganara, y ganó. Mientras la Administración Trump asegura haber obtenido beneficios con la operación financiera, el precio del dólar se mantuvo inmóvil en Buenos Aires.
Precios en dólares de viviendas anunciadas en una agencia inmobiliaria de Buenos Aires. (A.H.S.)
La calle comercial Florida acoge un montón de tiendas de marca y casas de cambio. Allí hay unos hombres altos con gorra que se acercan preguntando por dólares. Esa es la moneda de referencia oficial y su cambio se rige por al menos siete tasas simultáneas y oficiales, según BBVA. Se les conoce como dólar oficial, dólar de ahorro o solidario, dólar blue o paralelo, dólar tarjeta o turista, dólar contado con liquidación, dólar bolsa o MEP, y dólar cripto. El dólar blue es el que se opera en el mercado informal y se vende en las llamadas “cuevas o arbolitos”.
Al decir la palabra euro miran raro a sus clientes, pues esa moneda les resulta menos habitual y más atractiva. El proceso comienza cuando te toman de la mano e indican el camino a seguir hasta un mostrador donde suelen prometer “el mejor cambio” de Buenos Aires. Todos los clientes se detienen a revisar cada uno de los billetes recibidos, pues existe la posibilidad de que al menos una parte de los miles de pesos obtenidos sean falsos. “Hay que tener mucho cuidado, aquí hacen cualquier cosa por estafarte”, murmuraba una pareja que dedicó varios minutos a la inspección.
Vista de la Casa Rosada desde la Plaza de Mayo. (A.H.S.)
El euro es el santo grial para los cambiadores de la calle Florida, pero también para algunos políticos argentinos. El 6 de noviembre arrancó el juicio más grande de la historia del país, que juzga la conocida como Causa Cuadernos. Hay 22 exfuncionarios acusados, incluida la expresidenta Cristina Fernández, y unos 65 empresarios. La trama indaga en cómo los Gobiernos kirchneristas habrían robado 42.000 millones de dólares entre 2005 y 2015. Carlos Stornelli, el fiscal que ha instruido la causa, explicó en televisión que los implicados comenzaron a utilizar billetes de 500 euros para trasladar las maletas cargadas de dinero en efectivo: “Con esos billetes podían acumular más dinero en menos espacio. Como las compras de euros en nuestro mercado eran limitadas, tanta compra de esos billetes provocó que en Europa se les conociera como ‘los argentinos’”.
El juicio es tan grande que no se puede hacer de manera física porque no hay donde meter a tantos imputados y a los 672 testigos que deben declarar. Se está haciendo a través de Zoom y en la primera vista Cristina Fernández compareció poniendo a su abogado al frente de la cámara. De ella salía solo el hombro en la transmisión para evitar dar la cara, pero el juez le dijo que quería verla.
"Lo que pasa es que al país lo dejaron como a un ser humano con las piernas infectadas”, explica un desanimado taxista en el barrio de Palermo, Buenos Aires. Su tono se mezcla con el frío húmedo que ralentiza la llegada del verano austral en la capital argentina, y remata: “Para que el país vuelva a caminar hay que cortarle las piernas, ¿entendés? Salir de este desastre costará tres o cuatro años, porque los gobiernos kirchneristas arruinaron el país”.