La ayuda rusa echa un cable al Gobierno de Mali, acogotado por los yihadistas (pero no durará para siempre)
El bloqueo yihadista ha provocado escasez de combustible y tensión internacional, mientras potencias extranjeras y la junta militar buscan mantener abiertas las rutas vitales para la supervivencia de Bamako
Escenas de colas en Bamako, Mali, esperando en una gasolinera. (Reuters)
La llegada de convoyes de camiones cisterna a Bamako ha aliviado, por el momento, la situación en la capital de Mali. El país sufre una ofensiva yihadista dentro de una nueva estrategia de estrangulamiento económico que trata de aislar Mali de sus salidas al mar por Senegal y Mauritania. La ayuda militar rusa sigue siendo fundamental en un país donde la situación de seguridad se ha agravado en los últimos años.
La semana pasada la entrada de convoyes de camiones cisterna con combustible procedente de Costa de Marfil llevó un alivio, al menos temporal, a Bamako. La capital de Mali llevaba semanas viviendo una situación de crisis por la estrategia de estrangulamiento económico aplicada por la franquicia saheliana de Al Qaeda, el Frente de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM en árabe). Largas colas en las gasolineras, reducción de los servicios de transporte público y un encarecimiento de los productos básicos han afectado a la vida diaria de los malienses en la capital.
Las advertencias de numerosos gobiernos occidentales para que sus ciudadanos abandonaran el país contribuyeron al sentimiento de urgencia que se vio acompañado de titulares que describían un país "al borde del abismo" (Washington Post, 21 de octubre de 2025). Las últimas acciones militares del ejército de Mali parecen haber logrado mantener abiertas las rutas hacia el sur con Costa de Marfil, tras meses de ataques yihadistas contra las comunicaciones del país contra sus vecinos occidentales de Mauritania y Senegal. Mientras tanto, desde los medios oficiales se muestran operaciones contra el acaparamiento de combustible y prácticas de corrupción.
El anuncio el 4 de noviembre por parte de la compañía logística francesa CGM CMA de suspender sus operaciones en Mali fue seguido por otro anuncio igual de MSC, el mayor operador logístico global con sede en Suiza. Negociaciones iniciadas por la junta militar de Mali llevaron a la empresa CGM CMA a anunciar el 6 de noviembre que continuaría ofreciendo transporte de mercancías por carretera a Mali a pesar de las dificultades. Los tres países gobernados por juntas militares que forman la Alianza de Estados del Sahel (Mali, Burkina Faso y Níger) carecen de salida al mar y dependen de las comunicaciones por tierra con los puertos de los países vecinos que forman el arco atlántico de África Occidental.
JNIM redobló la apuesta cuando el 3 de septiembre anunció un bloqueo a la importación de combustible de los países vecinos al oeste y sur de Mali en una estrategia de estrangulamiento económico que hizo que el conflicto armado del país se sintiera por primera vez en la región de la capital. La insurgencia yihadista sólo había logrado hacerse notar en Bamako de forma puntual, como en el ataque contra el aeropuerto internacional de Bamako de septiembre de 2024. Pero desde la intervención militar francesa en enero de 2013, que frenó el avance yihadista hacia el sur del país, la mayor intensidad del conflicto con las fuerzas yihadistas se ha vivido en la región central, en torno a la curva que traza el río Níger en Mali, junto con el norte del país. Allí operan también las fuerzas separatistas de los grupos tuareg y sus aliados.
La ofensiva yihadista en Mali ha tenido su reflejo en el espacio informativo, pero los actores en disputa no son exclusivamente la junta militar que gobierna el país y las fuerzas insurgentes a las que enfrenta. Sino que tienen como protagonista al gobierno y los medios de comunicación de Francia, la antigua potencia colonial que perdió su posición privilegiada en el Sahel. Titulares como "La ofensiva yihadista a las puertas de Bamako" y "Mali: ¿el país pronto estará en manos de los yihadistas?" de medios franceses insisten en una inminente caída de la capital y del país en manos yihadistas que no es compartida por los observadores sobre el terreno. Y que en realidad forma parte de la tormentosa relación del gobierno francés y la junta militar maliense, que el pasado mes de septiembre cortó la cooperación antiterrorista con Francia y expulsó a varios miembros del personal diplomático francés en Bamako.
Uno de los blancos del esfuerzo informativo del gobierno francés en el Sahel es la alianza de las juntas militares con Rusia, país que ha ocupado el papel que hasta 2022 desempeñó Francia como aliado militar principal. El ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, declaró el 6 de noviembre que la estrategia de buscar asistencia en materia de seguridad en Rusia y grupos armados rusos, una referencia al Grupo Wagner, había resultado un fracaso. Mientras que en redes sociales, "Respuesta Francesa", un perfil oficial del ministerio de Asuntos Exteriores compartía un vídeo contrastando los mensajes triunfalistas lanzados desde Moscú hace tres años con la actual realidad sobre el terreno, insistiendo en que desde Francia se anticipó el fracaso de la ayuda rusa.
En contraste con la posición de Francia, desde el gobierno Trump se lanzaba un mensaje de apoyo a la junta militar. El 4 de noviembre, el subsecretario de Estado, Christopher Landau, informó de haber hablado con el ministro de Asuntos Exteriores de Mali "para tratar nuestros intereses de seguridad comunes en la región". En su mensaje en redes sociales dando cuenta de la conversación, felicitó a las fuerzas armadas de Mali en su lucha contra "los militantes islamistas extremistas" de JNIM y transmitía que esperaba "una mayor cooperación". Esta mano tendida a la junta militar refleja la política pragmática del gobierno Trump para África, donde comercio y lucha contra el terrorismo van de la mano. El gobierno Trump además ha mostrado su voluntad de cooperar con las juntas militares, dejando a un lado criterios de democracia y derechos humanos. Se trataría de una estrategia para recuperar el espacio perdido frente a otros actores como Rusia, que han ocupado el espacio geopolítico que dejaron vacante los países occidentales en el Sahel.
El apoyo ruso ha resultado fundamental para la supervivencia de la junta militar de Mali. Pero, a pesar del esfuerzo mediático ruso de presentar a Moscú como un aliado mucho más eficaz en lo militar que Francia, la realidad sobre el terreno es que la situación de seguridad en Mali se ha deteriorado en los últimos años. La ayuda militar rusa a Mali ha tenido que ser aumentada en cantidad y potencia de fuego.
En 2025 varios enormes convoyes cargados de material militar ruso y chino llegaron a Bamako. El primer convoy, llegado en enero, incluyó carros de combate T-72. Se trata de los primeros carros de combate que recibe Mali desde la Guerra Fría. Su utilidad en la lucha contra las fuerzas insurgentes es cuestionable, lo que apuntaría a que la junta militar se refuerza militarmente contra un golpe interno. Hay que recordar que el actual líder del país, Assimi Goïta, llegó al poder en 2021 tras un golpe de Estado contra la junta golpista en la que él mismo había participado.
La actual crisis en Mali ha generado movimientos logísticos desde Rusia. Un enorme Antonov An-124 con matrícula RA-82030 visitó Bamako dos veces en el mes de septiembre. Su rastro fue registrado por el portal FlightRadar24.com y difundido por la comunidad de analistas de fuentes abiertas en redes sociales. Su rastro apareció nuevamente cerca de Bamako el 4 de noviembre. Por su parte, un segundo aparato con matrícula RA-82040 realizó al menos un viaje en octubre
El Antonov An-124 se trata del mayor avión de transporte estratégico en el inventario de la fuerza aérea rusa. Es capaz de trasladar 80 toneladas de carga a 8.400 kilómetros. En sus recientes vuelos a Mali desde Rusia hicieron escala en Libia. Los dos aparatos que han volado a Mali pertenecen a una entidad pública rusa, la 224ª Unidad de Vuelo. Se trata de una compañía propiedad de la fuerza aérea que realiza traslados de material especial.
Por ejemplo, los vehículos blindados de la comitiva del presidente Vladímir Putin en sus viajes oficiales. Los repetidos vuelos de aparatos tan grandes hacen suponer el traslado de importantes cantidades de material militar trasladado a Mali con cierto grado de urgencia. Esto sería prueba del compromiso de la Rusia de Putin de no dejar caer a la junta militar, incluso en medio de la guerra de Ucrania que tantos recursos militares consume y ha impedido en ocasiones a la industria militar rusa atender a sus clientes tradicionales.
La ayuda rusa parece haber contribuido a que la junta militar de Mali pueda mantener las rutas comerciales que mantienen viva la capital del país. Pero sigue siendo discutible que en el largo plazo el apoyo militar ruso, con los brutales métodos mostrados por el Grupo Wagner sobre el terreno, sea la solución definitiva que el país necesita. Esto ofrece a la Unión Europea un dilema sobre cómo afrontar su cooperación con los países del Sahel.
Los estrictos criterios de respeto a la democracia y los derechos humanos, que llevarían a minimizar los contactos y aplicar sanciones, suponen retirarse del tablero y dejar vacíos geopolíticos que ocupan otros países como Rusia. Mientras tanto, Estados Unidos ha optado por una vía pragmática de mano tendida que todavía tiene que mostrar si da frutos. El deterioro de la situación y la necesidad de los países africanos de no depender excesivamente de Rusia como principal socio estratégico ya mostró en la vecina República Centroafricana que se abren ventanas de oportunidad para los países occidentales de retomar los lazos con los países africanos. La Unión Europea debería estar atenta para ese momento en el Sahel.
La llegada de convoyes de camiones cisterna a Bamako ha aliviado, por el momento, la situación en la capital de Mali. El país sufre una ofensiva yihadista dentro de una nueva estrategia de estrangulamiento económico que trata de aislar Mali de sus salidas al mar por Senegal y Mauritania. La ayuda militar rusa sigue siendo fundamental en un país donde la situación de seguridad se ha agravado en los últimos años.