¿Qué se les ha perdido a cientos de chinos en el pueblo más escondido del Atlas marroquí?
En los ocho meses del año 2025, Marruecos ha recibido alrededor de 200.000 turistas chinos —el doble que recibió el año pasado— y se espera que esa cifra llegue a los 300.000, según la Oficina Nacional de Turismo de Marruecos
Un hombre comprando dátiles en Imilchil. (EFE/Jalal Morchidi)
En la comarca de Imilchil, enclavada entre las montañas del Atlas marroquí, conviven varias tribus bereberes. Por las carreteras sinuosas que cruzan la zona, los niños corren hacia cualquier coche que se acerque, con la esperanza de conseguir algún dulce. A 2.000 metros de altitud, la vida aquí depende casi por completo del pastoreo. Esos mismos niños, que apenas alcanzan los diez años, avanzan detrás de sus hermanos, con un bastón más alto que ellos. Pasan el día caminando entre la tierra árida y las rocas, atentos a que ninguna cabra se pierda. Los padres se quedan en el poblado o emprenden larguísimos trayectos de coche hasta el siguiente pueblo, siempre a varias horas de distancia.
Pero en esta pintoresca escena de repente se cuela una nota discordante: un chino hablando perfecto dariya, el árabe coloquial marroquí.
En los últimos años, la escena se ha hecho cada vez más común, y los números de chinos hablando el dialecto —"en el que se desenvuelven muy bien", según aseguran guías turísticos locales de la zona— superarían los centenares. Y para muchos, como Ahmed, trabajador de una de las múltiples agencias turísticas que operan en el país, empieza a convertirse en una preocupante amenaza.
¿Qué se les ha perdido a este centenar de chinos en los pueblos más remotos del difícilmente accesible Atlas marroquí? Forman parte de una apuesta impulsada por diversas agencias chinas que, según explica Ahmed a El Confidencial, "pagan viajes a sus trabajadores, con todo incluido, para que aprendan árabe en Casablanca". Después, "van a practicarlo a las montañas y a otras partes de Marruecos", como el Atlas, y así obtienen el certificado de guía turístico.
Su ventaja, relata, es que al hablar árabe de forma muy fluida —además de chino—, los turistas procedentes del gigante asiático prefieren contratar servicios operados por ellos. No es algo único de Marruecos: otros países turísticos, como la propia España, se enfrentan a una tesitura similar en la que incluso centros comerciales de lujo prefieren contratar al menos un personal chino para atender a esta clientela. Pero en el caso de Marruecos, donde el turismo emplea al 15% de la población activa y es uno de los sectores con mayor crecimiento porcentual dentro del PIB, puede suponer un drama.
"Nos afecta mucho como profesionales", asegura este guía. "Al final lo que suelen hacer es contratar a hoteles y restaurantes chinos y se van ayudando entre ellos", continúa, generando una especie de galaxia donde todo el dinero se queda en manos chinas, con poca capilaridad a la economía local. "El turismo en Marruecos cada vez va a ir a más y aún no sabemos hasta qué punto nos va a afectar que solo contraten agencias de Pekín", lamenta.
En los ocho primeros meses de 2025, Marruecos ha recibido alrededor de 200.000 turistas chinos —el doble que recibió el año pasado— y se espera que esa cifra llegue a los 300.000, según la Oficina Nacional de Turismo de Marruecos. Para el año 2030, la Oficina se ha propuesto alcanzar el objetivo de un millón, un número que prevén lograr por la relación, cada vez más estrecha, entre Pekín y Rabat.
Marruecos se ha convertido en un objetivo clave de la política exterior del presidente de China
Es una época dulce para Marruecos. En 2024 logró erigirse como el 'rey del turismo' en África con 17,4 millones de visitantes, superando por fin en 1,7 millones a Egipto, que hasta ese año lograba encabezar todos los rankings turísticos en el continente.
Paralelamente, Marruecos se ha convertido en un objetivo clave de la política exterior del presidente de China, Xi Jinping. Y no solo en el turismo. Desde hace años, el Gobierno de Pekín ha incrementado sus inversiones en las infraestructuras marroquíes, sobre todo en el sector ferroviario donde la empresa estatal China Overseas Engineering Company (COVEC), logró imponerse a su competidor directo francés tras lograr un contrato de 1.340 millones de dirhams.
Sin embargo, el auge de la llegada de turistas chinos amenaza con frenar el impacto positivo que tiene el turismo en la economía local. Cada vez son más los chinos que reservan sus viajes a través de agencias de su propio país, lo que implica que buena parte de los ingresos generados no se queda en Marruecos.
Además, el sector se enfrenta al crecimiento del aumento de guías turísticos no certificados que hablan mandarín —una amenaza que el Gobierno erradicó, fortaleciendo los controles sobre los propios guías— y que, en muchos casos, han sido formados en ciudades como Casablanca, donde ya existe un Chinatown. En 2019, las autoridades llegaron a detener a más de 1.800 guías no autorizados, muchos de ellos chinos.
Según la prensa marroquí, algunos de estos falsos guías chinos residen de manera irregular en Marruecos, mientras que otros optan por salir cada tres meses a Túnez para regresar luego como supuestos turistas. Asimismo, aseguran que difunden versiones erróneas sobre la cultura y la sociedad marroquíes y, en ocasiones, llegan incluso a desprestigiar la cultura del país.
“Los profesionales del sector se quejan de la competencia del mercado ilegal”, advertía el portal Tourism Review. Según este medio, el servicio ofrecido carece de profundidad y no favorece la fidelización ni el boca a boca entre los viajeros.
A pesar de la amenaza que supone para las agencias locales, el mercado chino es demasiado beneficioso como para permitirse ignorarlo y el Gobierno de Marruecos sabe que apostar por el turista de China es una ganancia asegurada. "El turista chino busca viajes de lujo y opta por experiencias muy personalizadas", asegura Sandra Ramos Martínez, analista especializada en las relaciones entre China y África. "Prefieren moverse en un ecosistema gestionado directamente desde Pekín y eso es lo que buscan en sus viajes", indica.
Sello friendly con China y pagos en WeChat
La estrategia se produce en paralelo a los esfuerzos que ha ido ejecutando Pekín por facilitar su llegada. Entre las últimas medidas —además de la eliminación de los visados para turistas marroquíes— el Gobierno también ha impulsado la simplificación de pagos digitales a través de aplicaciones chinas como WeChatque ya permiten vincular tarjetas internacionales.
No son las únicas. Marruecos, además, está detrás de alcanzar el sello China Ready, que tiene como objetivo que tanto empresas como instituciones turísticas se especialicen en el mercado turístico chino. Un certificado que para este tipo de turismo resulta crucial. "Aporta confianza y familiaridad", asegura Ramos. Comunica a "los viajeros que el destino está preparado para recibirles de una manera adaptada a su cultura, por lo que se reduce ese shock cultural que desconcierta a tantos viajeros", añade.
"Estas certificaciones tienen una doble función", señala Ramos. "Son una herramienta estratégica de marketing a largo plazo y, al mismo tiempo, un sello de calidad muy valorado en la cultura china, que prioriza el desarrollo de alta calidad y el largoplacismo", reitera. Algo que no ocurre con el turista europeo o estadounidense que prefiere contratar paquetes a través de las agencias locales", concluye.
En la comarca de Imilchil, enclavada entre las montañas del Atlas marroquí, conviven varias tribus bereberes. Por las carreteras sinuosas que cruzan la zona, los niños corren hacia cualquier coche que se acerque, con la esperanza de conseguir algún dulce. A 2.000 metros de altitud, la vida aquí depende casi por completo del pastoreo. Esos mismos niños, que apenas alcanzan los diez años, avanzan detrás de sus hermanos, con un bastón más alto que ellos. Pasan el día caminando entre la tierra árida y las rocas, atentos a que ninguna cabra se pierda. Los padres se quedan en el poblado o emprenden larguísimos trayectos de coche hasta el siguiente pueblo, siempre a varias horas de distancia.