Rusia ha tardado más de tres años en atacar los trenes ucranianos. ¿Por qué ha empezado ahora?
Desde principios de agosto, los trenes ucranianos han sido blanco de más de 300 ataques rusos. Hasta ahora, la red ferroviaria se había mantenido casi intacta
Un tren atacado cerca de Kiev, en agosto de 2025. (EFE/Maxim Marusenko)
Kateryna todavía recuerda el primer viaje que hizo en tren cuando empezó la guerra de Ucrania. Lo hizo para acompañar a una amiga de la ciudad de Dnipró a Kiev, donde ha nacido y donde su amiga iba a quedarse temporalmente para huir de los bombardeos. "Veníamos con miedo porque en algunas zonas no sabíamos si el tren podía ser atacado", dice desde un vagón. Esa sensación duró poco, y más de tres años después de ese primer viaje, la ucraniana es incapaz de contar todas las veces que ha viajado a visitar a familiares y amigos a diferentes ciudades del país. "He salido del país y he vuelto a entrar, he ido a muchos sitios. El tren ya es uno de los mayores símbolos de la resistencia", afirma.
En los últimos meses, sin embargo, ha recordado esa sensación de miedo que tuvo al principio de la guerra. Las redes ferroviarias, hasta ahora casi ajenas a la ofensiva rusa, han sido blanco de más de 300 ataques por parte de las fuerzas del Kremlin desde principios del verano, afirmó Oleksii Kuleba, el viceprimer ministro para la Reconstrucción.
"Es un golpe para todos nosotros, porque dependiendo de la ruta, podemos ir con miedo cuando antes no pasaba. Yo tendría dudas si tuviera que ir a estaciones como la de Kramatorsk", reconoce Kateryna.
No nombra esta estación por casualidad. La estación de Kramatorsk se llenó, desde antes de la invasión rusa a gran escala, en un lugar lleno de historias. Como la de Inna y Yulya, dos ucranianas que llegaron el fin de semana de San Valentín del año pasado a esta ciudad del Donbás para reunirse con sus maridos, Vadym y Dima. Allí las esperaban con un ramo de flores, una imagen casi recurrente en la ya conocida como "estación del amor" y una ruta emblemática por ser un punto de encuentro y a la vez de partida para los soldados ucranianos y sus seres queridos.
Desde el pasado 4 de noviembre, se dejarán de contar muchas de estas historias en la estación de Kramatorsk. Ferrocarriles Ucranianos (Ukrzaliznytsia) informó que han suspendido el servicio por un periodo indefinido por la intensificación de los ataques rusos contra la infraestructura ferroviaria. Desde la ciudad de Lviv y Kiev, los trenes hacia el este del país tendrán su última parada en la ciudad de Husarivka, en el óblast de Járkov. Allí se han habilitado autobuses a Sloviansk y Kramatorsk, cercanas a las líneas de frente.
Un soldado se despide de su novia en la estación de Kramatorsk, Ucrania, en abril de 2024. (Reuters)
El cierre de esta ruta es un revés para una infraestructura que es una fuente importante de orgullo nacional y que va mucho más allá del transporte de personas. La red ferroviaria es indispensable para el transporte humanitario y para las exportaciones de cereales y mineral de hierro, que se transporten por tren hasta los puertos del sur del Mar Negro y hacia el oeste a través de Polonia. Además, los líderes políticos visitantes de todo el mundo también entran al país en tren: es la llamada "diplomacia de hierro" ucraniana.
La red ferroviaria es también un factor clave para la logística militar. El equipo, tanto armas como vehículos militares, se importa a Ucrania y se transporta dentro del país por ferrocarril. En algunas zonas del este del país, donde los combates son más intensos, las carreteras están en tan mal estado que las conexiones ferroviarias son aún más importantes para mantener el flujo de suministros. "El deseo de Rusia es obvio: paralizar la logística ucraniana, porque una parte importante de la carga, incluida la carga militar, utiliza el transporte ferroviario", dijo el exministro de Infraestructura ucraniano, Volodymyr Omelyan, a Radio Free Europe.
Pero, a pesar de su gran peso estratégico, la red ferroviaria se ha mantenido casi intacta durante los primeros años de guerra y no ha sido blanco de ataques. Según varios analistas, Moscú estaba convencida de que tomaría rápidamente el control de una gran parte del país. No le interesaba, por lo tanto, destrozar las redes ferroviarias que esperaba utilizar.
Autoridades locales como Oleksandr Pertsovskyi, el director de la red ferroviaria del país, sostienen que no es casualidad que la ofensiva contra los trenes ucranianos se haya recrudecido precisamente en estos últimos meses. Uno de los factores clave es el estancamiento del frente ruso. "El enemigo está intentando detenernos por completo porque no puede hacerlo en el frente. Esto forma parte de una táctica de guerra destinada a provocar pánico entre la población civil, destruir nuestra economía y hacer que el país sea inhabitable", sostuvo Pertsovskyi a la cadena BBC. "Es una batalla muy clara por los ferrocarriles".
Por otro lado, estos ataques se enmarcan en la estrategia rusa de atacar la infraestructura ucraniana. Desde hace meses, estos ataques se llevan a cabo con mayor precisión por la nueva tecnología de drones de largo alcance. "Lo que sucede no se trata solo de la cantidad, sino también del enfoque de las fuerzas enemigas. Ahora, como cuentan con drones Shahed muy precisos, están apuntando a locomotoras", sostuvo Oleksandr Pertsovskyi.
La campaña rusa acaba de empezar
En la misma línea se posicionó Kateryna Stepanenko, investigadora del Institute for the Study of War (ISW), que afirmó para El Confidencial que Rusia ha logrado aumentar drásticamente la producción de drones Shahed y utilizarlos para atacar objetivos ferroviarios. "Asimismo, ha desarrollado nuevos drones de alcance medio, sistemas nodriza y drones resistentes a la guerra electrónica, que representan nuevas amenazas para los vehículos que circulan por carreteras a 50 km de la línea del frente y para la infraestructura ferroviaria".
Y esta campaña, continúa, se intensificará en los próximos meses. "Los rusos intentan lograr una interdicción aérea parcial en el campo de batalla, debilitando la logística ucraniana en la retaguardia. Una interdicción aérea rusa exitosa podría aislar sectores de la línea del frente, lo que dificultaría la capacidad de Ucrania para abastecer posiciones defensivas, transportar equipo militar pesado y realizar rotaciones y evacuaciones. Los recientes ataques contra la infraestructura ferroviaria en el este de Ucrania se suman a las campañas de interdicción rusas contra las carreteras", explica a este periódico.
Los equipos de reparación del país llevan años trabajando a contrarreloj después de un bombardeo de las tropas del Kremlin. En la mayor parte de los casos, no hacen falta más de 24 horas para que los servicios públicos se restablezcan en zonas atacadas y los trabajadores ferroviarios quieren ser igual de eficientes. En las últimas ofensivas contra la red, el tren y las vías se repararon en menos de 10 horas. Pero, los cada vez más continuos ataques con drones contra las locomotoras, amenazan con poner el trabajo de reparación cada vez más difícil. "Si los rusos siguen atacando locomotoras diésel y eléctricas, llegará muy pronto el momento en que la vía férrea seguirá intacta, pero no nos quedará nada para circular por ella", aseguró Serhii Beskrestnov, un experto militar experto en drones.
Las consecuencias son todavía difíciles de calcular, pero según el Servicio Estatal de Estadísticas, los volúmenes de carga transportados por ferrocarril entre enero y agosto de 2025 cayeron un 11,7% interanual, mientras que el tráfico de pasajeros disminuyó un 4,2%.
Una ofensiva con "doble impacto"
El presidente,Volodímir Zelenski, afirmó que Ukrzaliznytsia transportó más de 135 millones de toneladas de carga en 2025, y más del 90% de los trenes de pasajeros llegaron a tiempo, "estrictamente de acuerdo con el horario, incluso en momentos en que las condiciones son extraordinarias debido a las ofensivas rusas", dijo.
En el que será el cuarto invierno desde el inicio de la invasión a gran escala, algunos analistas como Kateryna Stepanenko están convencidos de estos ataques, así como la ofensiva contra la infraestructura energética, se recrudecerán en los próximos meses. Uno de los más recientes fue el que tuvo lugar con drones contra una estación de tren en la ciudad de Shostka, en la región de Sumy. Mientras los equipos de rescate intentaban atender a los heridos, un segundo dron ruso impactó la estación, un tipo de ataque conocido como de "doble impacto". En total, 30 personas resultaron heridas y una de ellas falleció.
Según el operador ferroviario ucraniano, desde este verano, los ataques han aumentado cada mes y en septiembre se produjeron el doble que en agosto, no solo contra trenes, sino también contra la infraestructura que da soporte a la red ferroviaria. "Casi a diario durante los últimos dos meses hemos sufrido ataques selectivos contra la infraestructura de Ukrzaliznytsia y contra las instalaciones de transmisión de energía", afirmó Oleksiy Balesta, viceministro del departamento que supervisa la red ferroviaria.
Fermín Torrano. Kostiantynivka (Ucrania)Mapa: Emma Esser
A pesar de todo, se intenta mantener la moral alta. El director de Ukrzaliznytsia añadió que, sea donde sean los ataques, esperan tener siempre un plan B, C, y D para que los pasajeros lleguen a su destino en otro tren o en autobús. El estado de ánimo de aquellos que se suben a los trenes también es un factor importante para Pertsovskyi, que explicaba para la cadena británica que después del ataque a una estación en la región de Sumy, se añadieron seis horas de viaje en la ruta hacia Kiev por cuestiones de seguridad. "Una pasajera publicó en redes sociales que pasaría su cumpleaños en el tren en lugar de con su novio, pero dijo que lo entendía. Le enviamos una tarta y flores", recordó.
El cierre de estaciones como Kramatorsk es una mala noticia para los ucranianos que ven en los trenes una señal de resistencia contra el Ejército del Kremlin. Para los habitantes de la ciudad del óblast de Donetsk, es un capítulo más de una historia en uno de los puntos calientes de la guerra. Algunas zonas de la ciudad se encuentran a menos de 20 kilómetros de las posiciones rusas y, en una ciudad donde vivían antes de la guerra 200.000 habitantes, las miles de personas que todavía viven allí batallan con la decisión de abandonar sus hogares o quedarse.
Esta última opción es cada vez más peligrosa por la presencia casi constante de los drones rusos, una amenaza que ha convertido el simple hecho de ir en bicicleta o coger el coche en un peligro de muerte. Lo fue para los dos periodistas ucranianos que murieron este octubre por el impacto de un dron ruso en la ciudad. Este jueves, un autobús de pasajeros fue atacado con otro dron en un ataque en el que cinco personas resultaron heridas.
Un soldado besa a su novia en la estación de trenes de Kramatorsk, Ucrania, en junio de 2024. (Reuters/Alina Smutko)
Mientras las tropas rusas avanzan hacia la cercana Pokrovsk, un importante nudo ferroviario en la región, la ciudad de Kramatorsk lucha por ser uno de los pocos lugares que se interponen en el camino de Putin en Donetsk.
En 2023, los trenes llegaban llenos un año después de que cientos de personas salieran huyendo en autobuses de evacuación. En esos primeros meses de guerra de 2022, un misil impactó contra la estación de Kramatorsk, donde murieron 35 personas y numerosas personas resultaron heridas. Un año después, en 2023, otro bombardeo en un restaurante de la misma ciudad sembró el pánico. Más de 11 personas murieron, entre ellas la escritora ucraniana Victoria Amelina, y decenas resultaron heridas. Fue justo el momento en el que muchos habitantes de Kramatorsk empezaban a volver a sus hogares: se volvían a celebrar bodas en el ayuntamiento y volvía a haber vida.
Este 2025, los drones rusos amenazan con hacer la vida en Kramatorsk todavía más difícil. Y, por primera vez desde hace más de tres años, la "estación del amor" dejará de ser temporalmente el lugar de los reencuentros y las despedidas de una ciudad asediada por los ataques del Kremlin.
Kateryna todavía recuerda el primer viaje que hizo en tren cuando empezó la guerra de Ucrania. Lo hizo para acompañar a una amiga de la ciudad de Dnipró a Kiev, donde ha nacido y donde su amiga iba a quedarse temporalmente para huir de los bombardeos. "Veníamos con miedo porque en algunas zonas no sabíamos si el tren podía ser atacado", dice desde un vagón. Esa sensación duró poco, y más de tres años después de ese primer viaje, la ucraniana es incapaz de contar todas las veces que ha viajado a visitar a familiares y amigos a diferentes ciudades del país. "He salido del país y he vuelto a entrar, he ido a muchos sitios. El tren ya es uno de los mayores símbolos de la resistencia", afirma.