Es noticia
Arranca la COP30 en Brasil: todas las claves del encuentro, con las grandes ausencias de Trump y Xi
  1. Mundo
Y Brasil con sus propias contradicciones

Arranca la COP30 en Brasil: todas las claves del encuentro, con las grandes ausencias de Trump y Xi

Brasil busca liderar la agenda climática global en la COP30, enfrentando desafíos sobre transición justa, financiación, compromisos concretos y el papel de los países emergentes en la lucha contra el cambio climático

Foto: La COP30 empieza en Brasil. (EFE/André Coelho)
La COP30 empieza en Brasil. (EFE/André Coelho)
EC EXCLUSIVO

"Es esencial combatir todas las formas de pobreza energética. Sin energía, tampoco hay conexión digital, hospitales que funcionen, ni agricultura moderna. Un proceso justo, ordenado y equitativo para alejarse de los combustibles fósiles exige acceso a tecnologías y financiación para los países del Sur Global". Con estas palabras, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil y anfitrión de la COP30, defendió su apuesta para investigar la posible exploración petrolera en la Margen Ecuatorial, frente a la costa del Estado amazónico de Amapá.

Lo hizo durante la Cumbre de Líderes que precedió a la COP30, la Conferencia de las Partes, que es el órgano máximo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En Belém, la ciudad amazónica que este año hospeda el evento, Lula prometió que una parte de los beneficios obtenidos de la futura exploración petrolera sea destinada a la transición energética. "Hay espacio para explorar mecanismos innovadores de canje de deuda para financiar iniciativas de mitigación climática y transición energética", afirmó. También subrayó que, si fuese "hipócrita", su Gobierno habría esperado el final de la COP para anunciar la autorización de esta investigación. Su argumento principal fue que, de momento, los países emergentes no pueden prescindir del petróleo.

Esta es sólo una de las muchas contradicciones de una conferencia marcada por la ausencia del presidente Donald Trump, que ha salido por segunda vez del Acuerdo de París (pero no de la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático). Otro asunto de fondo es la pugna de los países más ricos para que China deje de ser considerado un país en desarrollo, tal y como estableció el Protocolo de Kioto en 1997.

Entre el 10 y el 21 de noviembre, la ciudad de Belém, en pleno corazón de la Amazonía brasileña, se transformará en epicentro mundial de la crisis climática. Durante 10 días, más de 160 delegaciones deben discutir temas como la financiación climática, la meta global de adaptación, la mitigación de los impactos, la transición energética y el balance de los 10 años del Acuerdo de París, entre otros.

Foto: cambio-climatico-riesgos-oecc-pita

A más de 30 años de la histórica Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro, en 1992, Lula ha insistido para que la COP30 tenga lugar en la Amazonía, uno de los principales pulmones del planeta, a pesar de la lluvia de críticas sobre la falta de infraestructuras y los precios abusivos del alojamiento, que en las últimas semanas han eclipsado asuntos prioritarios de esta conferencia e incluso han llevado a la desistencia de más una delegación.

Transición energética, justicia climática y pobreza

La transición energética es una de las banderas de la presidencia brasileña de esta COP. Para Lula, no se trata sólo de cambiar las fuentes de generación de la electricidad, sino hacerlo con equidad. Brasil impulsa que la conservación de la Amazonía, la creación de energías renovables, la inversión en infraestructuras resilientes y la inclusión social deben avanzar de la mano bajo el lema de la "transición energética justa". El discurso oficial insiste en que proteger el bosque no está reñido con desarrollar la región y que los países emergentes todavía no pueden descarbonizar sus economías. En el caso de Brasil, esto significa que no puede abandonar el petróleo que abunda en el fondo de sus aguas.

El compromiso de los combustibles sustentables

Durante la Cumbre de Líderes, 19 países firmaron el Compromiso de Belém para los Combustibles Sostenibles, conocido como Belém 4X. Es un plan que busca cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles hasta 2035. La propuesta destaca que la introducción de coches eléctricos por sí sola no basta para descarbonizar sectores de alto consumo energético, como el transporte pesado, y apuesta por alternativas como el hidrógeno y sus derivados: el biogás, los biocarburantes y los combustibles sintéticos, todos ellos producidos a gran escala y a precios competitivos.

Sin embargo, ese plan generó opiniones encontradas. Organizaciones de la sociedad civil advierten que los combustibles sostenibles no pueden sustituir el esfuerzo por reducir la producción y el consumo de petróleo. Por su parte, el Instituto Talanoa señala que el discurso de Lula en la sesión temática sobre transición energética hizo hincapié en acelerar el uso de combustibles sostenibles en lugar de buscar un compromiso con un plazo para que el mundo deje de quemar combustibles fósiles, es decir, carbón, petróleo y gas.

Geopolítica y la ausencia de EEUU

El presidente de los Estados Unidos no asistirá a esta COP (y tampoco lo hará el presidente chino Xi Jinping). La decisión de Trump de no venir tiene implicaciones políticas importantes: su ausencia deja un vacío en una geopolítica que intentaba colocar a Brasil como mediador entre Sur y Norte en la agenda del clima. La falta de una delegación de peso de EE UU podría interpretarse como un mensaje de desconfianza hacia la arquitectura multilateral o una estrategia de posicionamiento interno de este país, en medio de su ciclo electoral y debates sobre la transición energética.

La no asistencia de Trump ofrece varios ángulos de lectura: para empezar, porque Estados Unidos sigue siendo uno de los mayores emisores del mundo y su protagonismo en la política climática es clave. Al mismo tiempo, su ausencia en Belém abre espacio para nuevos liderazgos. Existe la posibilidad de que nuevas coaliciones emerjan, pero también significa que muchos compromisos clásicos podrían diluirse sin ese motor.

Foto: paradojas-verdes-lula-g20-lider-climarico-exportador-petroleo

Además, la negativa de Trump a participar deja a Brasil en una posición ambivalente: por un lado, el país anfitrión tendrá mayor visibilidad; por otro, la falta de uno de los pesos pesados de la escena global puede hacer que algunos compromisos pierdan fuerza o queden sin contrapeso. Finalmente, su ausencia puede funcionar como un recordatorio de que la gobernanza climática mundial está en plena reconfiguración, donde alianzas entre países del sur global y economías emergentes adquieren mayor protagonismo.

Fondo para los Bosques Tropicales

Es un mecanismo financiero propuesto por Brasil que utiliza un modelo de inversión de renta fija para generar recursos para la conservación de los bosques tropicales. No se piden donaciones y sí inversiones, cuyas ganancias se utilizarán para remunerar a los países que conservan sus bosques, dando prioridad a naciones como Brasil, Indonesia y Congo.

La propuesta pretende crear una fuente permanente de financiamiento para los países que conservan sus bosques, haciendo que la conservación sea más ventajosa que la deforestación.

Foto: cumbre-climatica-cop-remedios-emisiones Opinión
TE PUEDE INTERESAR
COP29. Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio
Nemesio Fernández-Cuesta

Las promesas iniciales suman más de 5.500 millones de dólares estadounidenses. Noruega se ha comprometido a aportar 3.000 millones de dólares a lo largo de 10 años; Brasil e Indonesia, 1.000 millones de dólares cada uno; y Francia, 500 millones de dólares. Alemania ha confirmado su participación, pero aún no ha detallado las cantidades. La Comisión Europea debe anunciar una inversión en las próximas semanas.

Los ecologistas apoyan esta iniciativa como una forma de valorar económicamente la preservación de los bosques y garantizar una financiación estable para la protección del medio ambiente. Sin embargo, el fondo también genera dudas. Organizaciones de la sociedad civil afirman que la cantidad de dinero prevista inicialmente (25.000 millones de dólares) sigue siendo insuficiente dada la magnitud del desafío y exigen transparencia en la gestión, indicadores de resultados y prioridad para los pueblos indígenas y las comunidades locales. Estas cuestiones deben cobrar relevancia en las negociaciones de la COP30, especialmente en los debates sobre la deforestación cero para 2030.

El fin de los combustibles fósiles

Uno de los principales gestos de la Cumbre de Líderes fue situar el fin de los combustibles fósiles en el centro del debate. Brasil, como país anfitrión, argumentó que la transición energética debe ser justa e inclusiva para todos los países, sin dejar a nadie atrás.

Sin embargo, en la práctica, el debate se quedó en meras intenciones y mermado por la decisión de Lula de extraer petróleo de la Margen Ecuatorial.

Foto: flotilla-yaku-mama-asi-es-cop30-amazonas-1qrt

Faltan detalles sobre las medidas concretas de la futura descarbonización, como plazos, fuentes de financiación y garantías de equidad.

Algunos expertos señalan que las naciones ricas siguen evitando abordar cómo cumplirán con sus responsabilidades históricas o si apoyarán al Sur Global en la sustitución del petróleo, el gas y el carbón. Quedan muchas dudas de si la COP30 conseguirá convertir el discurso en acción, con compromisos claros para reducir la dependencia de los combustibles fósiles y acelerar las inversiones en energías limpias.

Compromisos climáticos de cada país

Hasta la fecha, sólo dos países cuentan con planes compatibles con el límite de 1,5 °C, y casi 90 ni siquiera han presentado nuevos compromisos. En la práctica, los objetivos actuales cubren apenas el 30% de las emisiones del planeta y sólo conducirían a una reducción de la temperatura global del 4% para 2035, cuando la ciencia indica que sería necesario reducirlas en un 60% para mantener el clima bajo control.

Para varios expertos y organizaciones brasileñas, Belém no puede ser otra COP sin concreción. La conferencia debe restaurar la confianza en el Acuerdo de París y ofrecer respuestas políticas de alto nivel, con objetivos más ambiciosos y planes concretos para esta década.

"Es un tema muy importante que se ha debatido poco o casi nada. Los países no han cumplido sus promesas climáticas y corremos el riesgo de tener una COP que empiece y termine sin que sepamos qué van a hacer. Los discursos son bienvenidos, pero necesitamos que esto se convierta en un compromiso formal: que los países que aún no han cumplido, lo hagan, y que aquellos que han cumplido poco, revisen y mejoren sus objetivos", señala Márcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima.

Adaptación al cambio climático

De la COP30 debe salir el denominado Marco de los EAU-Belém para la Resiliencia Climática Global, que definirá los indicadores del Objetivo Global de Adaptación (GGA). Es un instrumento creado para medir cómo se están preparando los países para afrontar los impactos del cambio climático.

La propuesta en debate incluye unos 100 indicadores, que abarcan desde el acceso a la financiación, la tecnología y el desarrollo de capacidades, hasta la inclusión de datos sobre los grupos más vulnerables, como las comunidades tradicionales y las poblaciones de bajos ingresos.

Foto: cumbre-baku-azerbaiyan-cop29-onu-fracaso

Estos indicadores deben estar vinculados a los planes nacionales de adaptación, las comunicaciones sobre adaptación y los informes de transparencia, lo que permitirá comparar el progreso entre países. En la práctica, el objetivo es clarificar quién se está adaptando y quién se está quedando atrás.

Sin embargo, las conversaciones están estancadas. Los países exigen objetivos más ambiciosos y advierten que, sin recursos estables, el sistema de control corre el riesgo de convertirse en algo puramente simbólico. La adaptación está directamente vinculada al debate sobre la financiación climática, que debería dominar las negociaciones en Belém.

Financiación climática: la madre del cordero

La COP30 será la prueba de fuego: quién paga, cuánto, cómo y cuándo. Los países en desarrollo insisten en que para la transición energética, la protección de los bosques y la adaptación se necesita financiación a gran escala, con tipos bajos de interés, más donaciones y menos deuda, especialmente dado el alto costo del crédito en el Sur Global. Diplomáticos e investigadores señalan que la arquitectura financiera internacional aún funciona como si la crisis climática fuera un capítulo aparte de la economía, y no el eje central de las políticas públicas y la inversión global.

Además Brasil defiende que los países más industrializados, que contribuyeron más a la destrucción del planeta, paguen más. Es un asunto muy peliagudo que puede conducir a un impase de las negociaciones.

A fin de cuentas…

La expectativa es que Belém no solo sea un escenario de discursos, sino que genere resultados concretos: nuevas metas de reducción de emisiones, mecanismos de financiación para la adaptación de países vulnerables, acuerdos vinculantes para conservación de bosques, instrumentos legales para la transición energética, y un nuevo pacto que relacione medio ambiente, desarrollo y justicia social.

El presidente Lula ha dicho en más de una ocasión que quiere que la COP30 sea la conferencia de la implementación de decisiones adoptadas en ediciones anteriores y no la COP de los objetivos ambiciosos, pero poco realistas.

Habrá que esperar al 21 de noviembre para descubrir si sus deseos se cumplen y si la diplomacia brasileña, famosa por su experiencia y eficiencia, será capaz de unir a tantos países en torno a propuestas prácticas y tangibles.

"Es esencial combatir todas las formas de pobreza energética. Sin energía, tampoco hay conexión digital, hospitales que funcionen, ni agricultura moderna. Un proceso justo, ordenado y equitativo para alejarse de los combustibles fósiles exige acceso a tecnologías y financiación para los países del Sur Global". Con estas palabras, Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente de Brasil y anfitrión de la COP30, defendió su apuesta para investigar la posible exploración petrolera en la Margen Ecuatorial, frente a la costa del Estado amazónico de Amapá.

Brasil Lula da Silva
El redactor recomienda