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Las potencias se preparan para reventar la caja fuerte del Ártico: "Hay una gran batalla imperial"
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Las potencias se preparan para reventar la caja fuerte del Ártico: "Hay una gran batalla imperial"

Conversamos con Marzio G. Mian, autor de 'Guerra Blanca. En el frente ártico del conflicto mundial', una brutal radiografía geopolítica, ambiental y humana de cómo las grandes mueven sus piezas para el inminente asalto al Ártico

Foto: El hielo ártico en mínimos históricos. (NASA)
El hielo ártico en mínimos históricos. (NASA)
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Si existiera Papá Noel, Marzio Mian sin duda ya lo habría entrevistado. Esta es la única ligereza que uno se puede permitir tras conversar con este periodista italiano (Fanna, 1961) que lleva dos décadas dedicado a recorrer, estudiar e informar sobre el Ártico. Su libro Guerra Blanca. En el frente ártico del conflicto mundial (NED, 2025) es una brutal (y honesta) radiografía geopolítica, ambiental y humana de cómo las grandes potencias están preparando el inminente asalto al Polo Norte y sus posibles consecuencias. Su advertencia es alarmante: "El riesgo de conflicto es grande".

Mian nos atiende casi una hora y media por videoconferencia antes de presentar el pasado jueves la edición española de su libro en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona. En sus páginas, el reportero —confundador de The Arctic Times Project y nominado al premio Pulitzer— nos lleva a ver el extremo norte del planeta a través de los ojos de monjes en remotos páramos siberianos y curtidos marineros rusos a bordo de rompehielos nucleares; pero también con la cruda mirada realpolitik de gobiernos, militares y corporaciones multinacionales. El cambio climático, ya irreversible, está alumbrando un nuevo Ártico. Y eso lo va a cambiar todo.

Una caja fuerte que se derrite

PREGUNTA. Durante décadas, el mantra geopolítico que dominó el Ártico fue el de High North. Low Tensions (Alto Norte, Tensiones Bajas). Pero en tu libro explicas que esa era en la que el círculo polar ártico era considerado un tótem de la lucha contra el cambio climático y la cooperación científica global ha llegado a su fin. ¿Qué ha sucedido?

RESPUESTA. Por supuesto, hay un antes y un después de la guerra en Ucrania. Antes existía un equilibrio. Menciono en el libro el discurso de Gorbachov en Múrmansk (la principal ciudad portuaria rusa en el Ártico), justo antes del colapso de la Unión Soviética, donde se refería al Ártico como una región de paz. Incluso cuando la zona comenzó a ser una región de competencia y la fiebre polar se inició, todavía había un equilibrio y un espacio para la colaboración. El Consejo Ártico (compuesto por los ocho países con soberanía al norte del círculo polar: Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia y Suecia) es el ejemplo perfecto.

Al principio, era un club casi desconocido. Pero, a medida que el Ártico ganaba protagonismo por el cambio climático, se convirtió en un lugar donde ministros de Asuntos Exteriores, como Hillary Clinton o Serguéi Lavrov, se sentaban a la misma mesa. Había muchos proyectos, desde científicos hasta discusiones sobre nuevas rutas y de salvamento. Incluso después de la anexión rusa de Crimea en 2014, seguía funcionando, con más de 430 proyectos conjuntos solo entre Rusia y Estados Unidos. Todo cambió con la invasión de Ucrania. La cooperación en el Consejo Ártico se detuvo, dividiendo a los países árticos occidentales de Rusia.

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P. Así que el Ártico es ahora otra frontera caliente entre la OTAN y Rusia.

R. Rusia representa más de la mitad del Ártico, con 24.000 km de costa, un 53% del total. Ahora, con la adhesión de Finlandia y Suecia, todos los países árticos occidentales están en la OTAN. Por otro lado, Moscú ha fortalecido su colaboración con China en áreas como energía, logística y militar que incluyen al Ártico. Ha habido varios ejercicios navales combinados entre Rusia y China en los últimos años. Un lugar que era símbolo de cooperación, ahora tiene un riesgo de conflicto grande. Y en varios frentes.

P. Cuáles son esos puntos de tensión.

R. La OTAN tiene ahora una mayor tracción en el norte debido al ingreso oficial de Suecia y Finlandia, y ese mar fronterizo de Barents está en el centro de los planes y estrategias de la Alianza. El archipiélago de Svalvard (Noruega), en el mar de Barents, es un lugar de posibles incidentes. También lo es el estrecho de Bering, porque la frontera ruso-estadounidense no ha sido ratificada, lo que podría generar una disputa. Y hemos visto importantes maniobras militares rusas a escasas millas de aguas estadounidenses.

También estuve recientemente en la isla de Ellesmere (la más septentrional del Archipiélago Ártico Canadiense) y desde esa zona, hasta la bahía de Baffin, es donde se pueden concentrar las tensiones dentro de la propia OTAN. Una región fronteriza, extremadamente rica. Allí los canadienses incluso están trasladando gente para ejercer soberanía.

placeholder Marzio Mian en el Ártico. (Cedida)
Marzio Mian en el Ártico. (Cedida)

P. A lo largo de las páginas de Guerra Blanca vas desglosando las enormes riquezas materiales, estratégicas y ambientales de la región. ¿Qué esconde la caja fuerte del Ártico?

R. Se estima que alrededor del 30% de los recursos naturales sin explotar del planeta se encuentran en el Ártico. Petróleo, gas, minerales, tierras raras… Solo Groenlandia tiene entre el 20% y el 25% de los depósitos mundiales de tierras raras. Y hay recursos realmente difíciles de calcular hoy. Las nuevas rutas comerciales aún están en una etapa embrionaria, con bajo tránsito y no vale para todos los productos. Pero esto podría acelerarse, dependiendo de cómo evolucionen los otros nudos del comercio marítimo. El Canal de Suez está bajo tensión geopolítica permanente y el Canal de Panamá parece frágil ante el cambio climático.

Está claro que China, que ya controla el 90% del transporte marítimo global, tiene un enorme interés en el Paso del Noreste, ruta marítima que bordea la costa rusa, conectando el Océano Atlántico con el Océano Pacífico a través del Ártico. Y a medio plazo, se está trabajando en el Paso Transpolar (que ahora es limitado y estacional), que reducirá casi en dos tercios el tiempo y el costo del paso tradicional por Suez. En Nunavut (bahía de Baffin), en el ártico canadiense, escuché que hay una creciente tensión en toda la zona porque Washington tiene un claro interés en ese paso, que evitaría el estrecho de Panamá. Pero EEUU no reconoce el Paso del Noroeste como un paso canadiense nacional, sino que lo reclama como internacional, al igual que los chinos.

Fiebre polar en la Yalta del Ártico

P. Mencionas varias veces que estamos en una suerte de Yalta del Ártico, en referencia a las negociaciones en las que Roosevelt, Stalin y Churchill dirimieron el futuro de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué sabemos sobre estas maniobras diplomáticas con las que las grandes potencias negocian, y compiten, para repartirse la región?

R. Sabemos mucho de lo que se está negociado. Tanto en las cumbres de Riad (Arabia Saudí) antes (marzo), como en Anchorage (Alaska) después (agosto), quedó claro que el Ártico está sobre la mesa. Hay citas explícitas. El propio Putin dijo que Rusia continuaría con sus proyectos de expansión, pero que acepta, más o menos, las reclamaciones estadounidenses sobre Groenlandia.

P. ¿Y cuál es el estado actual del Gran Juego Ártico?

R. La gran duda es si las grandes empresas estadounidenses, que se habían retirado por las saciones por la guerra en Ucrania, regresan al Ártico ruso para el desarrollo conjunto de proyectos que necesitan del know-how, tecnologías de extracción y la investigación sísmica norteamericana, especialmente para implementar nuevas áreas en la parte oriental, en Yacutia. Por eso, Rusia acudió a China, que está dispuesta a ayudar de manera decidida. Un ejemplo son las estructuras de GNL en Múrmansk, LNG 1 y LNG 2, proyectos enormes destinados a exportar gas a Europa. China está lista para darle el espaldarazo financiero y tecnológico a Putin allí.

P. En esta nueva fiebre polar, Rusia es quien más tiene que ganar y que perder. ¿Puede la guerra de Ucrania hacer descarrilar los faraónicos proyectos de energía e infraestructura de los gigantes estatales rusos como Rosatom, Novatek, Gazprom, Rosneft, Lukoil? ¿Pueden seguir los rusos avanzando solos?

R. No, no pueden. Se están retrasando los proyectos. Por eso recurrieron a los chinos. Es parte de ese famoso acuerdo de "amistad sin límites" que firmaron Putin y Xi Jinping antes de la guerra.

P. ¿Y pueden las empresas chinas reemplazar las inversiones y tecnologías estadounidenses?

R. Sí, ya lo hicieron en gran parte. Esto sucedió con las plantas de GNL y luego en el noreste, donde están invirtiendo en puertos. El puerto de la ciudad ártica Sabetta, en la península de Yamal, está casi totalmente financiado por China. Estuve en Chukotka (de la que fue gobernador el empresario Román Abramóvich) y esperaban más y más inversiones chinas porque estaban muy interesados en obtener cobre en la región. Así que sí, China está ocupando el espacio dejado por Estados Unidos.

P. Es irónico que a China le venga bien que su aliado se desgaste en la guerra para negociar mejores términos en su acceso al ártico.

R. Esto podría ser muy peligroso para Rusia, por supuesto. Aunque las dos superpotencias nunca tuvieron una guerra directa a gran escala, China y Rusia son enemigos históricos, con tensiones fronterizas y se han visto siempre con recelo. Siempre menciono que cuando Mao visitó Moscú en 1949, Stalin envió a recibirlo a un nimio subsecretario del Ministerio de Asuntos Exteriores. Esta era el nivel de relación.

P. Así que las dos potencias están ante un dilema cruzado. Rusia todavía necesita tecnología estadounidense para sus megaproyectos o tendrá que negociar con Pekín desde una posición de debilidad. Mientras que a Estados Unidos le conviene reanudar los proyectos con Rusia para intentar romper la colaboración sino-rusa, pero con ello le daría un peligroso balón de oxígeno a Moscú en el Ártico y en Europa. ¿Qué escenario ves más probable?

R. Lo que llamo la nueva Yalta es un acuerdo de reparto de influencia entre Putin y Trump. La luz verde rusa para Groenlandia se refiere a esto. El Kremlin no tiene gran interés en Groenlandia en sí, sino en las rutas que conectan Groenlandia con el Atlántico Norte, una zona crucial para los submarinos rusos. Pero a Rusia le parece bien permitir que Estados Unidos tenga su propio enfoque en el Ártico, en este caso, neocolonial y agresivo. En este sentido, el Ártico es un elemento clave, primordial, para encontrar una solución al conflicto ucraniano. El futuro de la guerra depende de eso. Es el "elefante ártico" en la habitación en las negociaciones entre EEUU y Rusia.

P. Es significativo que Rusia, pese a las exigencias materiales y las bajas sufridas por sus tropas en el frente ucraniano, ha tratado de preservar en todo momento el flanco ártico.

R. El flanco ártico permanece intacto porque es el epicentro de la economía, la política y el ejército rusos. De su visión neoimperial. Es lo que llamo el cajero automático de Putin. Esa frontera, incluso durante la Guerra Fría, estaba defendida por la naturaleza, por el hielo y el clima hostil. Ahora es vulnerable. Y es donde se encuentran las mayores reservas no explotadas de petróleo y gas. Esto para Moscú es un arma de doble filo: su enorme frontera es vulnerable pero, por primera vez en su historia, Rusia tiene un mar inmensamente estratégico que conecta temporalmente el Atlántico y el Pacífico.

Groenlandia huele a pólvora

P. No solo nuevos mares. La desaparición del permafrost también va a crear mucho territorio nuevo.

R. Es lógico imaginar cómo en un planeta superpoblado, cada vez más desertificado y con más hambre de recursos, las potencias buscan nuevos espacios. Y ahí tienes un nuevo y gran espacio en el planeta. Por supuesto, no hay palmeras, y probablemente nunca las habrá. Pero es cada vez más habitable. Ya hay inversiones en esta dirección por parte de varios tipos de fondos, especialmente en Canadá. Hay estudios y proyectos inmobiliarios para construir en el norte de Canadá porque, al igual que Rusia, este país se beneficiará en este aspecto del cambio climático. Aunque hay problemas con el permafrost en Siberia que afectan las infraestructuras, las tierras agrícolas están creciendo. Estuve en la región del Volga en Rusia y me decían cómo se está expandiendo la tierra agrícola; también en los Urales y en Siberia.

P. El Ártico bien podría ser el epicentro del terremoto geopolítico del segundo mandato de Donald Trump. Alertas en el libro de un nuevo momento imperial estadounidense, con sus amenazas de tomar o invadir Canadá y Groenlandia (Dinamarca). ¿Cómo de probable ves un potencial conflicto en esta zona entre aliados teóricos? ¿No será otra bravata diplomática?

R. Creo que tenemos que cambiar nuestra mentalidad. No podemos abordar la realidad, la política y la geopolítica como solíamos hacerlo. Ahora estamos en un momento en que rige la ley del más fuerte, el derecho internacional casi no existe. Y Estados Unidos está actuando como un imperio sin ley, más allá de la doctrina Monroe. Ya veremos qué sucede en Venezuela.

Pero, según mis fuentes e informaciones, el plan para dominar Groenlandia y el Ártico norteamericano es real. Hay lobby, hay espionaje, hay mucha actividad militar y financiera estadounidense en Groenlandia. Hay posibilidades de encontrar una vía administrativa o legal, digamos, que no implique las armas (que públicamente Trump no ha renunciado a usar). Acuerdos de asociación al de estilo Puerto Rico o las Islas Marshall. Hay varios modelos. Y además tenemos esta nueva élite tecnócrata estadounidense, que ve Groenlandia como una tierra de experimentación. Un lugar sin ley.

P. Groenlandia está en una disyuntiva complicada: quieren independencia de Dinamarca, pero si la logran, podrían quedar a merced de Estados Unidos.

R. Groenlandia obtiene en torno a 750 millones de euros de Dinamarca y ahora incluso la UE va a financiar de alguna manera la región. Pueden llegar a 1.000 millones, o incluso más. Pero ya sabes, demasiado poco, demasiado tarde. Mientras, EEUU les está vendiendo un pacto como el de los inuit en Alaska, que obtienen directamente parte de las regalías de explotación, generando empleos, atrayendo a empresas de Wall Street. Pese a todo esto, en Alaska los nativos están devastados por el alcohol y los suicidios, es terrible. Aunque esto poco le importa a estas empresas.

placeholder El rompehielos ruso Proyectos 22220 en los astilleros de San Petersburgo en 2019. (EFE/Anatoly Maltsev)
El rompehielos ruso Proyectos 22220 en los astilleros de San Petersburgo en 2019. (EFE/Anatoly Maltsev)

P. Explicas en tu libro que para China, la nueva ruta ártica es una suerte de nueva Ruta de la Seda Polar. ¿Cuáles son las ambiciones de China para el Ártico sin ser un estado ártico?

R. China tiene una agenda ártica muy fuerte. Es el mismo enfoque que tienen en África. Proporcionan tecnología, logística, etc. y obtienen petróleo y gas barato, al tiempo que incrementan su huella con misiones científicas bajo sospecha, como la operación Dragón Blanco. Incluso la presencia militar china está creciendo, lo que está alarmando al Pentágono. Otro problema es que Canadá está dispuesta a trabajar con China en la explotación minera (el 40% de Canadá es Ártico) porque es muy difícil operar allí y necesitan ayuda. Tuvieron muchos proyectos con Estados Unidos que están parados. Ahora quién sabe si la colaboración con China está creciendo y cuáles podrían ser las implicaciones de esto. Lo que sí sabemos es que China está invirtiendo en buques rompehielos nucleares y más barcos para su flota ártica.

P. Dices que China considera el Ártico como su frigorífico particular; una enorme reserva de proteínas para el futuro.

R. Hay enormes bancos de peces que se están desplazando cada vez más al norte en busca de aguas más frías. Una parte significativa del pescado que se consume en Estados Unidos proviene del Ártico, y lo mismo ocurre en Europa. Existe una moratoria para no pescar en las aguas internacionales en el Ártico, pero nadie sabe qué podría pasar si los chinos o los coreanos simplemente comienzan a operar allí. Estamos hablando de un nuevo mar, más o menos del tamaño del Mediterráneo, muy rico en recursos.

Polo militarizado norte

P. Hablamos mucho de las rutas comerciales y en tu libro las explicas en términos muy realistas. Es cierto que en algún momento serán más rápidas y más baratas. Pero aún no lo son. El Ártico es todavía una región muy hostil y fría, por lo que se requieren carísimos buques rompehielos, con tripulaciones cualificadas y operaciones estacionales. ¿Cuándo podemos esperar que estas rutas sean seguras y comercialmente viables?

R. Es difícil estimar plazos fiables. Pero hay indicios: en Corea, China y Finlandia hay astilleros están trabajando en un tipo especial de portacontenedores que pueden transportar material sensible, como ordenadores, que ahora no pueden soportar las bajas temperaturas. Actualmente, solo algunos tipos de mercancías pueden por el Ártico. No sé el momento exacto, por supuesto. Incluso si el deshielo se ralentiza algunos años, la tecnología ya está trabajando para acelerar los tiempos.

Y es segundo factor depende mucho de la seguridad global. Lo que sucede en Oriente Medio dode están Suez y Ormuz, en América del Sur/Central, donde está el canal de Panamá, o en Asia, en el estrecho de Malaca, que son las rutas comerciales clave. Pero sin duda, esto pone al Ártico en la cima de la agenda china. Y ahora también estadounidense, cuya principal preocupación son las ambiciones chinas.

Foto: cooperacion-diplomacia-rusia-congeladas-artico

P. Todos estos intereses encadenados están provocando una creciente militarización del Ártico. Ya no solo Rusia, que lleva años de ventaja, sino todos los actores.

R. Rusia tiene una enorme presencia militar en el Ártico. Tiene bases aéreas y terrestres operativas, tiene radares, rompehielos nucleares, misiles nucleares. También se está profundizando la cooperación militar entre Moscú y Pekín, con nuevas tecnologías como radares o probando la alternativa china al GPS. Estados Unidos todavía está lejos de este nivel de militarización, aunque ahora estén invirtiendo en buques rompehielos. La estrategia norteamericana para dominar el Ártico está ganando impulso. Quieren ganar posiciones para recuperar el tiempo perdido. Además de la base de Thule, el Pentágono planea construir dos bases más en Groenlandia, —que controla militarmente desde hace 50 años—.

La militarización del Ártico canadiense también es enorme. Canadá destinará al Ártico prácticamente todos los nuevos fondos comprometidos con la OTAN para alcanzar el 5% del PIB de gasto en defensa. Estuve en Resolute Bay y están construyendo una base para 4.000 personas. Estamos hablando de un entorno realmente duro, muy severo, con temperaturas de 50 grados bajo cero, así que son inversiones enormes. También en Alert, el asentamiento más septentrional. Más que un asentamiento, es una estación meteorológica y militar, donde ahora están construyendo un nuevo aeródromo.

placeholder Marines holandeses en unas maniobras de la OTAN en Bardufoss, en el Círculo Ártico. (Reuters/Yves Herman)
Marines holandeses en unas maniobras de la OTAN en Bardufoss, en el Círculo Ártico. (Reuters/Yves Herman)

P. ¿Y Europa?

R. También hay militarización dentro de los países europeos de la OTAN, esta nueva alianza entre Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega, especialmente en sus fuerzas aéreas. Solo Dinamarca acaba de financiar con 3.000 millones de euros para fortalecer su presencia militar en Groenlandia. Está claro que esa parte del Ártico se está volviendo muy compleja porque hay disputas y enfrentamientos diplomáticos dentro de la propia OTAN, entre Estados Unidos y Canadá, y con Dinamarca.

P. ¿Es este nuevo Ártico irreversible? ¿Ya no podemos hacer nada para detenerlo?

R. Soy pesimista. Absolutamente, soy pesimista con respecto a la irreversibilidad del proceso y soy pesimista con respecto al futuro de los pueblos indígenas, porque esta carrera no hace prisioneros. Y este es el lugar donde las potencias batallarán con esta nueva actitud imperial y neocolonial. Porque el Ártico está todavía está lejos y tristemente fuera del foco de atención.

Si existiera Papá Noel, Marzio Mian sin duda ya lo habría entrevistado. Esta es la única ligereza que uno se puede permitir tras conversar con este periodista italiano (Fanna, 1961) que lleva dos décadas dedicado a recorrer, estudiar e informar sobre el Ártico. Su libro Guerra Blanca. En el frente ártico del conflicto mundial (NED, 2025) es una brutal (y honesta) radiografía geopolítica, ambiental y humana de cómo las grandes potencias están preparando el inminente asalto al Polo Norte y sus posibles consecuencias. Su advertencia es alarmante: "El riesgo de conflicto es grande".

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